San Francisco 49ers. The Catch: Part I, II & III
The Catch: Part I. Pase de Joe Montana para Dwight Clark. Juego de Campeonato de la Conferencia Nacional entre los Dallas Cowboys y los San Francisco 49ers. 10 de enero de 1982; en el Candlestick Park de San Francisco, California.
Esos eran hombres y no pedazos. A punto de terminar el partido, perdiendo 27 -21, contra una feroz defensiva vaquera y con toda la presión de un estado completo mirando sus movimientos, Joe Montana (el mejor Quarterback que ha pisado y jamás pisará un emparrillado) tomó el balón en su propia yarda 11 y condujo a su equipo en una peregrinación de 85 yardas, construida a base de pases cortos y acarreos precisos. Y a las puertas del touchdown, enfrentando una tercera y 3, en la yarda 6 de Dallas, Montana tomo el balón y se abrió hacia atrás y a la derecha, jalando la marca y congelando a los profundo con sus ojos. Y cuando tenía tres enemigos frente a él, cuando ya no tenía ninguna visión de las diagonales, soltó un pase elevado, a la parte derecha y más profunda de la zona de anotación, que fue bajado de manera increíble por Clark usando solamente las puntas de sus dedos y formando un triangulo perfecto con sus manos y el ovoide. Una jugada hermosa, que le dio la vuelta al juego cuando ya solo faltaban 50 segundos para terminar el partido. Los 49ers ganaron ese juego y días después dieron cuenta de los Bengals en el Super Bowl XVI (en otro juegazo), iniciando una dinastía de 4 Campeonatos ganados por Montana y sus muchachos. Nada más.
The Catch: Part II. Pase de Steve Young para Terrell Owens. Juego de Comodines de la Conferencia Nacional entre los Green Bay Packers y los San Francisco 49ers. 3 de enero de 1999; en el Candlestick Park de San Francisco, California.
Después de 5 Campeonatos (San Francisco fue el primer equipo en llegar a 5 anillos de Super Bowl) y ya sin Montana, los 49ers comandados por Steve Young se enfrentaban el playoffs a los Packers, que por aquél entonces eran el mejor equipo de la Nacional habiendo llegado a 2 Super Bowls de manera consecutiva (ganaron uno y perdieron otro) y contando con un cuadro sumamente completo tanto en el ataque como en la defensa. Ya en 3 ocasiones anteriores, los empacadores habían despachado a los gambusinos en postemporada, por lo que se perfilaban a ganar el cuarto al hilo y consolidar la paternidad. Y parecía que lo lograban. En un juego loco, de balones sueltos y grandes drives, faltando menos de 3 minutos y ganando por 4, Favre se sentó (después de comandar una serie impresionante para darle la delantera a su equipo de nuevo) y espero que su defensiva detuviera a San Francisco. Steve Young (un digno "heredero de las glorias de Joe Montana") tomó el balón y condujo a su equipo en una serie impecable de 76 yardas, que culminó con un pase de anotación de 25 yardas para Terrell Owens, cuando ya solo faltaban 8 segundo para terminar el juego. Owens, quién a lo largo del juego habia soltado 4 pases y había tenido un balón suelto, tuvo en esta jugada su propia y particular redención. No fue una atrapada tan estética como la de Clark, pero fue una jugada de cojones debido a la forma en la que fue castigado el receptor al entrar a las diagonales. Y no soltó el balón. Y los 49ers ganaron ese día y se quitaron la paternidad. Y aunque no llegaron más lejos (Atlanta los despachó en el juego divisional en la siguiente semana), la jugada aún se recuerda como la última gloria de un equipo que antes de The catch: Part II había sido ganador, pero que después -debido a reconstrucción y malos manejos-, ya solo daba penas. Claro, hasta que llegó la tercera parte.
Los 49ers, que en los últimos años habían sido un equipo perdedor, no habían ganado un juego de playoffs desde hacía más o menos 10 años. Y aunque habían tenido una gran temporada, quedando segundos sembrados en la Conferencia, con una buena defensiva y un ataque que ya había dejado atrás los errores estúpidos, casi nadie creía que podía ganar el juego divisional en contra de los ultrapoderosos Santos, quienes venían jugando por nota, apaleando a todo mundo y cuyo QB Drew Bress había roto la mítica marca de Dan Marino de más yardas por pase en una temporada. Pero esto no le importaba demasiado a la gente que llenó el Candlestick Park como siempre, esperando ver una hazaña histórica como las de antaño. Y parecía que lo lograban. Los 49ers, jugando de manera casi irreconocible, tuvieron un mágico primer cuarto en el que anotaron 17 puntos sin respuesta y no solo eso, sino que habían hecho ver muy mal a Nueva Orleans. Pero la marcha de los santos inició en el segundo cuarto, cuando se acercaron a solo un gol de campo de San Francisco, que desperdiciaba oportunidades valiosas y que sentía que había dejado ir viva a la paloma. Para el tercer cuarto el juego se torno sumamente sordo, en el que las defensivas dominaron y en el que solamente San Francisco anotó un gol de campo. Pero ya casi terminado el último periodo, perdiendo por 6, Darren Sproles (un tipo que literalmente fue corrido de San Diego) se consolidó como el mejor agente libre de la temporada y anotó el touchdown de la voltereta: 24-23, ganaba ahora Nueva Orleans. La gente no lo podía creer; sentían que lo habían tenido muy cerca y que ya no lo iban a recuperar. Pero no contaban con la astucia de Alex Smith, que guió a su equipo cerca de 60 yardas y gracias a una escapada monumental de Frank Gore se colocaron en la yarda 32 de los Santos cuando llegó la pausa de los 2 minutos finales. Era tercera y 9 y todo el mundo esperaba un pase desesperado o un acarreo corto que colocara el escenario para el gol de campo de la voltereta. Pero Smith (bueh, su coach) sorprendió a todo mundo con un acarreo personal por toda la banda izquierda, con grandes bloqueos y gran habilidad. Una jugada sacada auténticamente de la chistera. Y ahora los gambusinos ganaban 24-29 (fallaron la conversión de 2), pero el problema es que le habían dejado 1:50 en el reloj a Bress. Y este no lo desaprovechó. Segundos después, un pase de 66 yardas para Jimmy Graham y una exitosa conversión le volvían a dar la ventaja a los Santos 32-29. Los 49ers recibieron el balón en su propia yarda 15 y con 1:37 en el reloj. Y fue entonces que el espíritu de Montana y de Young se apoderó de Smith, quién condujo una impecable serie de más de 70 yardas en la que brilló como nunca Vernon Davis, quién al final recibió el pase de anotación de la victoria (de 14 yardas) cuando ya solo faltaban 9 segundos para terminar el partido. Era la locura en las gradas y en la cancha. Y Vernon Davis lloraba como jeva viendo Titanic. Y la afición de rojo y dorado recuperó una alegría que no había conocido desde hacía ya mucho tiempo. Y por ese día los 49ers se sintieron invencibles y dispuestos a regresar por la gloria perdida hace ya un rato. Veremos si es cierto.






