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Hugo

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Hugo es diferente a cualquier otra película que Martin Scorsese haya hecho nunca, y sin embargo es, posiblemente, la más cercana a su corazón: tienen un gran presupuesto –es una épica en 3-D impecablemente filmada y para toda la familia- y es, en cierto modo, un espejo de su propia vida. Es la obra de un gran artista al que se han dado las herramientas y los recursos que necesitaba para hace una película sobre… eh, las películas. Que también es una fabula fascinante para (algunos, no todos) los niños que verán mejor que ningún otro espectador la profundidad sentimental de la obra.


En términos generales, la historia de su héroe Hugo Cabret es la historia de Scorsese. Todo ocurre en París, en los años 30 del siglo pasado, donde la escolarización sirve como el parámetro para el funcionamiento de los mecanismos artísticos que se ejecutan en la familia. El tío de Hugo está a cargo de los relojes en una cavernosa estación de tren en París. Y el sueño de su padre es completar un autómata, un hombre automatizado que encontró en un museo. Él muere sin haberlo perfeccionado.


En lugar de ser tratado como huérfano, el niño se esconde en el laberinto de escaleras, vestíbulos, pasillos y engranajes de su propio mecanismo de relojería en el que se ha convertido su mundo, manteniéndolo en movimiento, en el momento justo. Se alimenta de croissants robados de las tiendas de la estación y comienza a escabullirse a las películas.


Su vida en la estación se complica gracias al dueño de una tienda de juguetes llamado Georges Mélies. Sí, ese viejo gruñón (interpretado por Ben Kingsley) no es otro que el Inmortal pionero del cine francés. Y también es el inventor original del autómata. Hugo no tiene ni idea de esto. El Mélies real era un mago que hizo sus primeras películas para jugar malas pasadas a sus audiencias.


Martin Scorsese ha hecho su primera película en 3-D y se trata nada más y nada menos sobre el hombre que inventó los efectos especiales. No podría ser de otra manera.  Y es que hay un paralelo entre la historia de su película y la del pequeño Martin asmático, observando su barrio de Little Italy desde la ventana de su apartamento, tomando la esencia del cine de la tele y los teatros locales, tomando a los grandes directores como sus mentores.


La forma en la que Hugo se ocupa de Mélies es encantadora por si misma, pero la primera mitad de la película está dedicada a las aventuras de su joven héroe. La cinta utiliza CGI y otras técnicas  para crear la estación de tren y la ciudad; todo visualmente es impresionante. El primer shot abre con el paisaje urbano de París en su vasta longitud y termina con Hugo (Asa Butterfield) mirando por un agujero en una esfera de reloj muy por encima del suelo de la estación. Seguimos pues sus aventuras, muy a la Dickens, viendo cómo siempre se mantiene delante del colérico inspector de la estación (Sacha Baron Cohen) en las secuencias de persecución a través de multitudes de viajeros. Hugo siempre se las arregla para escapar de vuelta a su refugio detrás de los muros y por encima de los techos de la estación.


Su padre (Jude Law), visto en flashbacks, le ha dejado sus apuntes, incluyendo entre ellos sus planes para terminar el autómata. Hugo parece una clase de genio de los engranes, tornillos, resortes y palancas, y el hombre mecánico mismo es una obra maestra del impresionismo, de brillante y acero y de latón.


Un día Hugo es capaz de compartir su secreto con una chica llamada Isabelle (Chloe Grace Moretz), que también vive en la estación y fue criada por el viejo Mélies y su esposa. Ella se introduce en el mundo secreto de Hugo y él en el suyo: los libros de las cavernosas bibliotecas que gusta de explorar. Estos dos niños brillantes están a kilómetros de distancia del estereotipo tierno y pequeño de los niños en la mayoría de las películas familiares.


Para un amante del cine las mejores escenas vienen en la segunda mitad del film: una colección de flashbacks que trazan la historia y la trayectoria profesional de George Melies. Ustedes pueden haber visto alguna vez su cortometraje más famoso, Un viaje a la Luna (1902), en la que viajeros espaciales entran en un barco que recibe un disparo de cañón hacia la Luna. Scorsese ha hecho documentales sobre grandes películas y directores y aquí aplica esas habilidades para contar historias. Vemos a Mélies (que fue el primero en construir un estudio de filmación) utilizando conjuntos de trajes fantásticos y extraños para hacer películas con efectos mágicos –todas ellas entintadas a mano, cuadro por cuadro. Y a medida que la trama hace conexiones poco probables, el anciano  es capaz de descubrir que no es olvidado, y que merece estar por siempre y para siempre en el Olimpo de los artistas.


La mayoría de las películas actuales en 3-D usa esa tecnología de un modo más bien ingenuo. Pero Scorsese utiliza el 3-D aquí de la forma en la que siempre debería utilizarse: no como un truco publicitario, sino como una forma de intensificar el efecto total. Observen en particular su recreación del famoso cortometraje de los hermanos Lumiere Llegada de un Tren a La Ciotal(1897). Ustedes probablemente hayan escuchado la leyenda que envuelve esa película: como un tren corre hacia la cámara y la audiencia entra en pánico tratando de salir de su camino. Esa es la muestra de un buen uso del 3-D, que los Lumiere podrían haber utilizado de haber estado disponible en sus días.


Hugo celebra el nacimiento del cine y dramatiza la cruzada personal de Scorsese: la preservación de películas antiguas. En una escena desgarradora, nos enteramos de que Mélies, convencido de que su tiempo había pasado y su obra había sido olvidada, fundió incontables películas suyas para que su celuloide se usara en la fabricación de tacones de zapatos de mujer. Pero no todas fueron fundidas y al final de Hugo vemos que, gracias a ese chico, nunca lo serán. Ahora, un final feliz hecho especialmente para ustedes.

:)

Gigantes, otra vez

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Pues sí, mis estimados. La noche de anoche no hubo revancha. Más bien hubo un mucho de Déjà vu. Como recordábamos en el post anterior, hace 4 años Asante Samuel (líder de la defensiva secundaria patriota de aquellos años) tuvo la oportunidad de terminar con el juego en la última serie de los Giants, con una intercepción que literalmente se le cayó de las manos.  Ayer, en la que parecía iba a ser la serie ofensiva ganadora para Nueva Inglaterra, Wes Welker (estadísticamente el mejor receptor de la NFL en los últimos 3 años) dejó caer un pase dentro de la yarda 30 de los Giants. De hacerlo atrapado hubiera podido irse hasta la zona de anotación y los Pats se hubieran colocado a 9 puntos de ventaja con menos de 3 minutos en el reloj. Y es cierto, el pase de Brady pudo ser mejor, fue un poco atrasado y elevado, pero los pases no siempre son perfectos. Y Welker nos ha enseñado atrapadas más difíciles a lo largo de su carrera. Pero esta vez no pudo.

Pero vamos, no estoy enojado. Estoy un poco triste, es cierto, también tengo algo de resaca y la cabeza me duele algo, pero no estoy enojado. Este no es un post de ardido. Más bien es uno de agradecimiento. La verdad, y esto hay que decirlo con todas sus letras, los Patriotas a lo largo de la temporada nunca fueron favoritos. Muchos ni siquiera los consideraban para pasar a playoffs. Siempre fueron criticados por su casi absoluta falta de ataque terrestre, por su pésima defensiva y por un Brady que este año sufrió más intercepciones que en las últimas 4 temporadas. Pero poco a poco, con trabajo, fueron ganado los juegos, fueron mejorando a la defensa, fueron mejorando por tierra y por aire se convirtieron en el segundo mejor ataque. Brady, sin ir más lejos, tuvo su mejor año en yardas por pase. Y fueron los mejores sembrados de la Conferencia. Y en playoffs dieron cuenta de Tebow con una verdadera madriza. Y aunque el juego contra los Ravens fue muy sufrido, al final lo ganaron con la defensiva. Y perdieron el Super Bowl, pero pelearon hasta el último momento. Lo dejaron todo y cayeron con la cara hacia las lámparas, perdiendo como pierden los hombres. Por eso, más que triste y crudo y un tanto enfermo, este día me siento sumamente orgulloso de mi equipo y agradecido por las alegrías. Y por los corajes también, ¿por qué no?

La verdad es que es difícil hablar de una dinastía cuando se pierden 2 Super Bowl, pero los Patriots son una verdadera dinastía, gracias a sus tres anillos de campeón, pero más que nada a que han sido los verdaderos protagonistas de la Liga desde el año 2001. Siempre peleando, casi siempre calificándose a playoffs y sobre todo a cómo lo han hecho. Si, alguien menos informado podría creer que por los nombres Brady Y Belichick siempre presente, en realidad es el mismo equipo como base desde el primer título, como ocurrió por ejemplo con los Steelers de la Cortina de Acero, los Niners de Montana y los Cowboys de Eikman. Pero la realidad es que son poquísimos los jugadores que han aparecido en los 5 Super Bowl de los Pats. De hecho, los equipos tácticamente han sido siempre muy diferentes, pasando de tener a una defensiva sumamente sólida como fortaleza, a un equipo con un ataque terrestre muy fuerte, a un circo aéreo dependiente del bombazo, hasta llegar a este equipo de pases cortos con la fortaleza en las alas cerradas principalmente. Y siempre con éxito. Y siempre dando pelea. Y siempre ganado partidos y campeonatos. Atrás de esta constante está, claro, el head coach del equipo Bill Belichick, un verdadero genio de este deporte. La última jugada ofensiva de los Giants fue un muestra digna de su esencia: una jugada arriesgada, sin contemplaciones, en la que dejaba patente su hambre por morir peleando y una confianza absoluta en sus jugadores. Y cómo no hacerlo cuando tienes como tu brazo ejecutor en el terreno de juego a nada más y nada menos que a Tom Brady, un virtuoso y un ganador nato. Quizá siempre se diga que Joe Montana siempre va a ser mejor, en parte porque él sí ganó 4 Super Bowl. Pero Tom Brady es el mejor Quarterback que he visto jugar y que probablemente veré jugar de aquí a que muera, en parte porque ya me tocó un Montana en su última etapa. Ayer no se pudo, mi buen Tom, pero diste un juegazo.

Pero al Cesar lo que es del Cesar. Y es que perdimos con los Gigantes otra vez, pero nos ganaron bien. Y es que si hablamos de temporadas difíciles, ¿qué me dicen de la de los Giants? A media campaña nadie daba nada por ellos, lograron meterse s postemporada prácticamente con el último boleto y de ahí pal real, nadie los paró. Ya en este juego, Nueva York jugó para ganar y al final su victoria es por demás merecida. Se vieron intensos durante todo el juego (se me hace que Coughlin los dejó sin comer tres días y por eso salieron así de encabronados), prácticos, efectivos (ellos hicieron la única jugada grande del partido, una atrapada casi mágica de Manningham de 40 yardas en la serie ganadora) y hasta corrieron con suerte: soltaron dos balones, pero los recuperaron. Vaya, pues así no se puede, mi lic. Pero lo sufrieron y cómo no. Igual admiro su forma de controlar el balón, teniendo a su ofensiva en el terreno más del doble del tiempo que jugó Brady. Admiro su fortaleza mental para no desesperarse cuando les dieron la vuelta con dos series ofensivas increíbles orquestadas por los Pats de manera perfecta. Admiro a su defensiva que presionó en los momentos justos y al trabajo cuasi perfecto de su perímetro (Brady tuvo tiempo, pero a veces no encontraba a nadie). Y claro, no me queda nada más que reconocer que Eli, el menor y más enjundioso de los Manning, jugó estupendamente, sin errores, con un toque perfecto y con unos yarbloklos que no cabían en el estadio.

Y pues sí, podría recatar esto de pretextos, como que Brady jugó un poco tocado del hombro, al igual que lo hizo durante todo el año. Que Gronkowski no pesó nada, en mucho por la lesión del pasado juego. Que los receptores vinieron a soltar muchos pases en el peor momento (Welker!!!!), y mucho más bla bla bla. Pero esas son pendejadas. Perdimos porque el otro equipo fue mejor y porque hubo errores costosos. Y ya ni modo. Y sí, me queda el consuelo de que se perdió en un graaaan partido, que se dio una campaña soberbia y que, por donde se vea, este equipo tiene mucho futuro. Ahora hay que ir por defensivos en el draft y reforzar los puntos débiles. Y prepararnos para la próxima temporada. Porque el 2012/2013 va a ser nuestro año.

Así fue, señoras y señores, el cerrojazo final de una temporada grandiosa. Una de las mejores que he visto en mi vida, con grandes juegos cada semana, con jugadas inverosímiles, con momentos cuasi divinos y hasta sumamente ridículos. Y ya, solo queda decirles a los haters del futbol que ya se terminó y que ahora pueden regresar a su mundo de #sicrepusculofueramexicano. Enjoy. Nosotros vamos  aguantar estoicamente el ayuno de 7 meses, en parte compensado con Olimpiadas y Mundial Sin Pobres (torneo también conocido como Eurocopa) y contaremos los días para el próximo kickoff, en septiembre. Cuando regrese la mejor época del año.


Ah, por cierto. No sé ustedes, pero a mí no me gustó el espectáculo de Madonna. Y eso que soy fan, pero no más no prendió. Este me gustó más, fijense.

       

Super Bowl XLVI

Superbowl

Muchas cosas han pasado desde el 3 de febrero del 2008, pero yo personalmente aún recuerdo el partido de aquella tarde. Era, claro, un tiempo diferente. De hecho, era una década diferente. En ese entonces todavía teníamos la ilusión de una economía capitalista fuerte, fíjense nada más. Pero aún así todavía recuerdo aquella fatídica recepción de Plaxico Burrest en las diagonales de Nueva Inglaterra con la que se le daba cerrojazo final a los marcadores del Super Bowl XLII, que los Giants terminaron ganado 17-14 sobre los Patriots. Mis Patriots. Porque muchas cosas han cambiado desde aquél 3 de febrero del 2008, pero mi equipo sigue siendo Nueva Inglaterra.

Vaya, es raro que una fecha relativamente cercana este a la vez taaan lejos. Piensen por un momento en todas las personas que han conocido en los últimos 4 años. O piensen, si es que les ha pasado, en las personas que conocían hace 4 años, pero que hoy lamentablemente ya no están con ustedes. Yo vi aquél Super Bowl con un grupo de 5 amigos, tres chicas y dos vaclayos. Uno de los vaclayos ya es papá, háganme el xodido favor. Y es que si recuerdo, en aquél domingo 3 de febrero del 2008, el ahora flamante cabeza de familia estaba completamente alcoholizado antes del espectáculo de medio tiempo que dieron Tom Petty and The Heartbreakers. El otro vaclayo está tratando de hacerle al estudiante eterno cursando su maestría. Una de las chicas vive ahora en el H. Estado de Jalisco, muy específicamente en Zapopan. La otra vive en las Arboledas, como antes. Como siempre. Y la última de ellas lamentablemente falleció, quizá no hace tan poco tiempo, pero cuya ausencia aún se siente fresca. Como hemos cambiado, diría aquella canción.

Hace 4 años yo veía sumamente lejana el término de la carrera. Y ahora ya estoy a tres segundos de mi examen profesional. Por aquél entonces vivía en otra casa, tenía una rutina diferente, una vida diferente. No mucho, pero si distinta. Tenía amigos que ahora ya casi no veo, hacía cosas que ahora extraño hacer y hasta tenía un blog distinto a este. No tenía Facebook, en ese tiempo, sino que tenía Hi5 (diablos, ¿se acuerdan de eso?). Aunque mi mail primario sigue siendo el mismo, y sigo estresándome tanto como ahora y encabronándome por pendejadas tanto como ahora. La esencia, pues, es la misma, pero si ha habido cambios. Mi sobrina hace cuatro años no sabía siquiera caminar y ahora ya va a la escuela y todo. Gran cambio. Lo cual es bueno. Siempre es bueno moverse hacia delante. Hace 4 años vestía otra ropa, escuchaba otra música, veía otras películas y escribía, creo, un poco peor de lo que lo hago ahora, los cual creo que ya es ganancia, mi lic.

El partido del próximo domingo tiene un ambiente previo sumamente distinto del de hace 4 años. En aquellos tiempos solo se hablaba de la temporada perfecta de los Patriotas, quienes llegaban al juego con un record de 18-0 en la temporada, después de partir madres a diestra y siniestra, incluso a los propios Giants en la última semana regular. Aquél equipo contaba con una gran defensa y con un ataque despiadado, aunque hay que decir que la forma para anotar la mayoría de los touchdowns era el bombazo de Tom Brady a Randy Moss, una fórmula que podría sonar monótona, pero que nadie pudo detener. Los Giants, por otro lado, llegaban de manera muy parecida a la de ahora. Entrando como comodines y dando la sorpresa en playoffs. En ese entonces escribí que había sido una lástima que los Packers hubiesen perdido la oportunidad de jugar el Super Bowl contra los Patriotas, ya que esa fue la última temporada de Brett Favre como QB de Green Bay. No todas las cosas son distintas: los Gigantes ganaron la final de la Conferencia Nacional jugando de visita, con un gol de campo conectado en tiempo extra. ¿Les suena familiar?

Como sea, tanto expertos como villamelones se preguntaban solamente por cuantos puntos iban a ganar los Patriotas. Yo mismo, lo acepto, estaba muy seguro del triunfo de mi equipo. O bueno, la verdad es que estaba casi seguro. Ya saben lo que pienso de las sorpresas deportivas, y siempre me ha dado mala espina que algún equipo o deportista sea marcado como absoluto favorito antes de un encuentro. La historia enseña que casi siempre aplica la contraria. Así que tenía un dejo de duda que, por otro lado, no empañaba mi buen humor. El día del juego, mientras nos armábamos delo que le llaman la botana y la bebida, me di cuenta de que un conocido todavía estaba aceptando apuestas. Creo que había sido un Super Bowl muy bajo en esas, por lo mismo del absoluto favoritismo de los Pats. Y entonces, sin saber muy bien por qué, aposte unos 2 mil pesitos de aquellos años a favor de Nueva York. MI pick era una victoria por 3 puntos, 20-17. No me sentí mal ni nada por el estilo; la verdad es que había apostado por los Pats en otros lados y aquél dinero a favor de Nueva York lo consideré una pérdida más que nada romántica, hecha en un momento de debilidad. Aunque más bien fue en un momento de premonición. El dinero que gané con aquella apuesta ayudó a mitigar mi dolor.

Hay que decir que con todo y todo fue un juego bastante raro. La línea ofensiva de Nueva Inglaterra, prácticamente invulnerable a lo largo de aquél año, vino a hacer agua y de fea forma en el peor momento posible. Aquél fue el juego en el que más le han pegado a Brady en toda su carrera. Por otro lado, Eli Manning sacó el corazón más grande que se había visto en un Super Bowl en mucho tiempo y fue el alma de su equipo en todos los sentidos. Tacticamente, Belichick perdió en duelo contra el viejito Coughlin. La defensiva de Nueva York dio un partido perfecto, contra todos los pronósticos. Y aunque el ataque de los Pats no fue del todo neutralizado, si fue un bajón claro. En la última serie del juego, con Manning y sus muchachos perdiendo por 4 y con 2.39 en el reloj, Asante Samuel tuvo la oportunidad de hacer la intercepción más fácil y gloriosa de su vida, pero falló. Manning siguió avanzando yardas y poco después llegó aquella jugada ya clásica en la que parecía que lo tenía, pero eludió la presión y lanzón un pase en apariencia descompuesto que fue bajado de manera espectacular por David Tyree (un tipo mundialmente deconocido antes y despues de esa atrapada), con una mano y usando el casco. No de una manera estética, pero si sumamente efectiva. Esa era la señal. Los Giants iban a ganar el juego y así fue. Jugadas más tarde, Burrest (que después de ese Super Bowl pasó un tiempo en el tanque) entraba  las diagonales y se había cocinado la sorpresa deportiva más grande que se recordaba.

Ahora es diferente, no solo en los jugadores, sino también en las circunstancias. Patriotas llega con un ataque quizá menos explosivo, pero con más variantes, y con una defensiva menos buena, pero quizá más motivada. Hay que recordar que la defensiva de Nueva Inglaterra pudo detener a Tebow (algo que ninguna otra había podido hacer) y que fueron ellos los que le dieron el pase al Super Bowl. Los Gigantes, por otro lado, llegan con un ataque terrestre menos fuerte que el de antaño, pero con un Eli Manning más maduro y efectivo. Y su defensiva sigue luciendo tan fuerte como la de hace cuatro años, aunque hayan cambiado los nombre. Quizá eso sea una señal de lo que va a ocurrir el domingo: un juego tan cerrado como el anterior que protagonizaron ambas escuadras. Aunque hay que decir ahora el ataque aéreo de Nueva York es más fuerte que antes y buscarán aprovecharse de los débiles profundos de Patriotas. Y también es cierto que la defensiva de Nueva York no es tan buena cubriendo a los alas cerradas, la principal arma de Brady. Por lo tanto, yo me inclino por un juego más ofensivo, con más puntos, aunque estoy seguro de que se definirá por menos de una anotación.

Creo que van a ganar los Patriotas, aunque será un juego duro. Estoy seguro de que Brady lucirá espectacular, porque acaba de dar su peor partido del año y viene en busca de revancha. Creo que Belichick aprendió la lección y ya sabe como contrarrestar a los neoyorquinos. Creo que la defensiva de Nueva Inglaterra va a seguir con la intensidad con la que ganaron el campeonato de la Conferencia Americana. Y aunque no tengo nada en contra de los Gigantes, creo que ahora si les va a tocar la de perder. Porque la herida aún se siente y esto la mitigara un poco. Porque la venganza es un platillo que sabe mejor frio. Porque nos la deben. Y porque Tom Brady debe tener un lugar en aquél recinto en el que ahora solo viven Montada y Bradshaw. Mi pick es 28-24, favor Patriotas.


Los Patriotas van a ganar. Y va a ser un juego increíble. Es playback time. No deben perdérselo.   

De la euforia al desencanto

Egipto

La Primavera Árabe, al igual que cada una de las revoluciones sociales acaecidas a lo largo de la historia, fue mágica. La gente, oprimida por un régimen de décadas, estaba en las calles, manifestándose en busca de libertad. Clamando por ella. Muriendo por ella. Por esa fantasía idealizada de la libertad que tienen los oprimidos. Porque hay que recordar que las masas que organizaron los ríos de gente que recorrieron las calles de Egipto hace poco más de un año eran, en su mayoría, jóvenes preparados sin oportunidades. Jóvenes egipcios que no habían visto a los héroes antiguos de la emancipación y para los que el régimen solo era una barrera entre ellos y los sueños que habían estado alimentando desde siempre. Jóvenes que veían desesperados que sus masters en el extranjero y su manejo de tres idiomas no les servían de absolutamente nada. Jóvenes que veían Al Jazeera, la BBC, CNN y demás. Que entendían lo que ocurría en el mundo, pero que no eran parte de eso. Jóvenes, pues, sin ilusiones, que en las calles se jugaban la última carta que les quedaba para tener un futuro.


La Primavera Árabe fue mágica por ese elemento de comunión que surgió entre todos los manifestantes, amparados bajo un mismo velo y con un mismo horizonte como meta. Cada uno de los que marchaban rumbo al centro político del país estaba hermanado con los tipos de al lado de una manera en la que no entenderíamos del todo si no estuvimos ahí. Ellos eran los Rebeldes luchando contra el Imperio, como en aquella película de Star Wars. Ellos eran la Comunidad del Anillo en su cruzada contra Mordor. Ellos eran los putos Band of Brothers. Ellos tenían sus propios y particulares mártires, que les advertían sobre lo duro del camino, pero también exigían no detenerse ahora que lo habían comenzado. Ellos, por primera vez en la vida tenían algo por lo que luchar. Algo por lo que valía la pena morir.

No se puede luchar por mucho tiempo contra tal fuerza, contra tal voluntad. Hubo víctimas, sí, pero ellos fueron el detonante para que el mundo presenciara que esto no era un capricho, sino una auténtica revolución. Una revolución, que, es cierto, no empezó en Egipto, pero que ahí fue donde tomó fuerza para extenderse por el resto del mundo árabe, de maneras más o menos diferentes. Una revolución que, dicen en Siria, aún no ha terminado. Pero en Egipto se realizó, al menos en apariencia. El Dictador cayó y hubo celebraciones y fuegos artificiales en la icónica Plaza Tahrir. Durante aquella mágica noche del viernes 11 de febrero del 2011 había solo alegría, que inflamaba los corazones e intoxicaba a los espíritus. Había gratitud para con los caídos, había el regocijo de los vencidos, había planes para cambiar todo y a todos. Había Esperanza. Y pues todo eso no le dejaba espacio a la preocupación sobre la Junta Militar que ahora gobernaría el país. Era solo de manera provisional, se decía.


Tiempo después se descubrió que el tiempo provisional se hacía más largo de lo que cualquiera hubiera esperado. Mientras las cosas trataban de volver a un curso más o menos normal, no dejaba de mirarse con recelo a la cúpula. ¿Era para esto que habíamos luchado? ¿Fue por esto por lo que nuestros hermanos murieron? Y es que después de la revolución, los Band of Brotrhers tuvieron que enfrentarse a una economía en ruinas, con todas sus funestas consecuencias. Pero la herida más profunda estaba en sus almas. Una herida que se hacía más dolorosa cada día que pasaba sin que llegara el cambio prometido. Sin que llegara aquello por lo que se había cambiado las cosas. Porque las cosas cambiaron, ¿verdad? La Primavera Árabe no fue un sueño, ¿cierto? Durante un laaargo tiempo no hubo respuesta para tales preguntas.


Las elecciones libres llegaron, pero con ellas regresó también la violencia. Hermanos matando a hermanos. Siendo manipulados, decían unos y otros. Derramando sangre al despedazarse. Aquí ya no había un enemigo común, un malvado Imperio contra el que pelear. Aquí se peleaba contra la idea de que unos pudieran hacer aquello que nos dijeron que iban a hacer. Se mataba como medida de prevención, pero también como revancha, porque recuerden que aquellos no participaron en la revolución. O al menos eso dicen. No había una idea clara, lo que hacía que la paranoia se combinara con la frustración. Y mientras tanto los militares seguían en el poder, no había trabajo, no había oportunidades. Poco a poco cayó el desencantó.


Es por eso que los egipcios están sumamente emputados. Es por eso que a un año de haberse hermanado contra el Dictador, ahora se matan entre ellos usando como pretexto un estúpido partido de futbol. Lo que vimos ayer en Port Said poco o nada tiene que ver con el resultado de 3-1 del encuentro entre Al Masry y el Al Ahly. Hay que ver esto como lo que es: una hoguera que fue alimentada por elementos sumamente diversos que se salió de control en un estadio, usando como detonante un partido. Y es que este día los enemigos no fueron imaginarios. Los enemigos tenían la playera del equipo contrario, los enemigos apoyaban al equipo más popular de El Cairo, de la capital, de ese lugar donde se encuentra la Junta Militar. Hay que decir que Port Said es una ciudad que después de la Primavera Árabe ha adquirido una naturaleza más que nada separatista. Tienen la idea de ser un puerto con autonomía propia, sin estar atado a la capital y a lo que ella representa. Era, por tanto, un partido que fue calentado desde antes por elementos diversos.


El silbatazo final fue el arranque de la barbarie. La afición del Al Ahly, el equipo visitante de la capital, estaba concentrada detrás de una portería y fue rodeada por los locales por izquierda y por derecha. Dicen, además, que sus salidas estaban cerradas con cadenas. Y entonces ocurrió lo inevitable. La gente del Al Masry invadió la cancha, clamando por sangre. El vestidor de los visitantes se convirtió en hospital y fue lo último que vieron muchas víctimas. La violencia no paró ahí. La violencia se extendió a las calles. Y los muertos, hasta el momento, son 74.

Muchas personas culpan al futbol. Y no digo que no tenga nada que ver, pero como hemos dicho, esto tiene raíces más profundas. El futbol es solo un deporte. Un juego. No da para tanto en circunstancias normales. Sin embargo, el futbol africano tiene un entorno sumamente complejo. El futbol africano es un entorno en el que árbitros amenazados de muertes es completamente normal. Ya que muchos países tienen o tenían regímenes absolutistas, la FIFA no se mete ahí para nada. Y los hinchas son extremadamente radicales y son usados como mano armada por las personas en el poder: sin uniformes, pero también sin escrúpulos. Es triste decirlo, pero esto era algo que era inevitable.


Es triste. Es una manifestación trágica del desencanto por la revolución. Y es que la Primavera Árabe, al igual que cada una de las revoluciones sociales acaecidas a lo largo de la historia, no dejo contentos a todos los participantes. En este caso parece que los inconformes son la inmensa mayoría. Pero es importante recordar que más allá de los ultras, más allá del futbol, hay un entorno de desesperanza. Una sensación de crispación de lentitud, de impotencia de ver a los militares en el poder. Egipto es un país en el que ya no existe miedo a la policía. En el que ya no es policías en la calle. Mucha gente culpa a los policías y a las fuerzas del orden por lo que pasó ayer. Y es que la policía está marcada, porque fueron ellos los que mataron a los manifestantes durante la revolución. Si un policía en un momento como esto llegara a golpear o a matar a un civil, la verdad es que no sabríamos hasta donde llegaría la furia y las consecuencias. 74 personas y más de mil heridos no es poca cosa, claro, pero estamos hablando de todo un país quizá comportándose como esa gente del estadio que vimos ayer. No quiero ni imaginarlo.


Ayer fue un día trágico para el futbol mundial, sobretodo porque es algo que jamás debería ocurrir en un campo de juego. En ningún lugar, pero menos en un estadio. Y es que el futbol no se trata de esto. Y es sumamente triste cuando vemos algo que amamos utilizado como un medio para cometer barbaries de este calibre. Ojalá esto no vuelva a ocurrir jamás en ningún otro estadio, de cualquier parte del mundo. Y ojalá que los egipcios pronto se den cuenta de que este no es el camino. De que las cosas siempre se toman su tiempo. Es fácil decirlo desde el occidente, pero así es, la historia lo demuestra. Y la historia también demuestra que cada sociedad es juzgada por sus actos. Todos sus actos.


In memoriam de las víctimas.   

War Horse

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Las tomas finales de War Horse despertarán emociones profundas en cada amante del cine y en cada espectador común por igual. El cielo está pintado con el naranja profundo de una puesta de sol. Un jinete solitario se ve muy lejos en el horizonte. El jinete se acerca y desmonta, abraza a una mujer y a un hombre. Todos ellos abrazan la cabeza de un caballo. La música aumenta. Este material, con los ricos colores y el encuadre dramático, podría provenir directamente de un western clásico de John Ford.

Este es un homenaje de Steven Spielberg a Ford y a una tradición de Hollywood sobre películas destinadas a hacer sentir bien a todos los públicos. Las actuaciones y los valores de producción de la película son parte de esa tradición. War Horse es audaz, sin miedo de los sentimientos, pero permitiendo que todas las secuencias de acción tengan su lugar preciso y sean magnificas. Sus personajes están claramente definidos y fuertemente interpretados por actores carismáticos. Su mensaje es universal, sobre el horror de la guerra en la que los hombres y los animales sufren y mueren; pero los animales no tienen ninguna razón: se ha echado su suerte por los hombres que los han traicionado.

La película, basada en una novela best-seller y una obra de teatro de larga duración en Londres y Nueva York, comienza en una pequeña granja familiar en el condado inglés de Devon. Nos encontramos con el joven Albert Narracott (Jeremy Irvine), su padre borracho, pero por lo general no desagradable, Ted (Peter Mullan) y su trabajadora y amorosa madre, Rose (Emily Watson). Lyons (David Thewlis), el propietario, los presiona para pagar el alquiler adeudado.

Hay una subasta de caballos en la aldea. Los ojos de Ted caen en un hermoso caballo llamado Joey y determina a superar la oferta de Lyon para comprarlo, incluso si esto significa gastar todo el dinero del alquiler. Rose enloquece: la intención era traer a casa un caballo de tiro a un precio bajo y su hijo ha comprado un pura sangre elegante. Pero Joey se gana su corazón y Albert entrena al caballo para arar los campos pedregosos. Luego, la Primera Guerra Mundial estalla. Borracho como de costumbre, Ted vende el caballo al ejército. Albert jura que lo volverán a ver.

Ahora comienza una serie de capítulos autónomos en la vida de Joey: sobre como el caballo pasa de los británicos a manos de los alemanes, tiene un respiro en una granja francesa y se encuentra ayudando a arrastrar un cañón demasiado grande. Todo esto está integrado en imágenes de la batalla hechas magistralmente y lo más realista posible, como vimos en el desembarco en Normandía de Saving Private Ryan. Todas las guerras son el infierno. Sin duda algunas son peores para los soldados: aquí los vemos casi siempre atrapados en el lodo y la desolación fría de las trincheras. Los caballos son lanzados en este caos satánico y estaban confundidos, aterrados y, a veces, enloquecidos.

En su viaje Joey conoce a una serie de maestros, hombres que respetan los caballos (en ambos bandos). Sin embargo en la guerra no hay lugar para el sentimiento y, como explica un oficial con un realismo brutal, un caballo es un arma y se debe utilizar o destruir. Algunas de las mejores imágenes que Spielberg ha dirigido implican a Joey y los caballos corriendo salvajemente fuera de las trincheras, galopando en estado de pánico a través de líneas de alambre de púas y arrastrando cables y postes que desgarran su carne cruelmente. Entonces hay una de esas escenas de tregua temporal, cuando los soldados de ambos bandos se encuentran en tierra de nadie para compartir cortaalambres y dejar a los caballos libres.

Todo esto es magnífico. Pero reduce el centro de la película a una serie de puestas en escena que por un momento se sienten dispersas. El hilo narrativo es suministrado por Joey, que es un protagonista impotente, pero cuyas aventuras se vuelven dolorosas de ver - especialmente, sospecho, para los espectadores más jóvenes. Una famosa película de Robert Bresson, Au hasard Balthazar, sigue a un humilde burro a través de los años, de buenos y malos momentos, y muestra todos los eventos como capítulos implacable en el libro de su vida. Bresson no hace ningún intento para elevar al asno más allá de lo que es; su suerte es la suerte común de todos los animales mudos en un mundo de crueldad arbitraria.

Spielberg, por otro lado, ennoblece a Joey y proporciona un final para la película que es alegre, estimulante, y depende de un conjunto increíble de coincidencias. Supongo que debe ser así para que tengamos una historia. Me viene a la mente  Schindler´s List: seis millones de judíos fueron exterminados en la Segunda Guerra Mundial, pero al centrarse en unos pocos cientos que sobrevivieron milagrosamente, Spielberg hizo su historia llevadera. Sobre los caballos de la Primera Guerra Mundial sólo se puede decir que la buena suerte de Joey fue extraordinaria.

La película está hecha con un arte grandioso. Spielberg es el dueño de un lienzo impresionante. La mayoría de la gente la va a disfrutar mucho, como yo. Sin embargo, no está incluido en la imagen el nivel de la tragedia pura que está en todas partes, formando el marco. O al menos eso esperamos. Es lo mismo con la vida. Y, si se tiene en cuenta el panorama general, todos nosotros, hombres y bestias, tenemos una buena suerte extraordinaria.

Scene from a Italian Restaurant

-          Llega un día el diablo y…

-          Mira, ya anotó Cristiano.

-          ¿Cuántos van?

-          2-1, ¿qué no ves?

-          En el global…

-          Ah, 4-2, creo.

-          Si, van 4-2.

-          Bueno, ya; llega…

-          ¿Hay tiempo para empatar?

-          Según sí. Faltan 20 minutos.

-          Ok, ¿quién quiere escoger el vino?

-          Deja que lo haga el señor Coleman.

-          ¿Señor Coleman?

-          (…)

-          ¿Señor Coleman?


Entonces habla ella, en voz baja.


-          ¿Ulises?

-          Si…

-          ¿Quisieras hacer el honor?

-          Ah, sí, disculpa. Estaba viendo el partido.


Ella, fulminando con la mirada la pantalla de 42 pulgadas empotrada en la pared.


-          ¿A quién se le ocurre poner una tele en un restaurant?

-          No sé, ¿al dueño del lugar? Igual estamos adentro de un mol, ¿qué esperabas?


Ella lo fulmina con la mirada. Llega un mesero calvo y con barbita de chivo que seguro por las noches asiste a un fight club. Les sonríe zalamero. El señor Coleman le entrega la carta de vinos y  le menciona el nombre de una botella francesa que no recuerdo. Igual sabía increíble y fue carísima.


Ella, lamentando internamente que no se pudiera fumar en el lugar.


-          Decías…

-          ¿Qué? Ah, sí. Entonces, llega un día el diablo y te ofrece dos opciones…

-          Mira, gol de Benzema.

-          ¿Qué?

-          Golazo, la verdad.

-          Tienes razón.


Ella, cada vez más encabronada.


-          Ok, déjenlo terminar.

-          Llega un dia el diablo y te ofrece dos opciones para arruinar tu vida.

-          ¿Por qué el diablo querría arruinarte la vida?

-          El diablo no necesita darte explicaciones. Simplemente lo hará…

-          Ya llegó la botella.

-          … pero tiene la gentileza de ofrecerte dos opciones.

-          ¿Cuáles son?

-          Una, que pierdas tu capacidad de erección de aquí a que te mueras; o que pierdas el control de tu esfínter de aquí a que te mueras, sin opción, (ojo) a usar pañal para adultos.

-          Mmm.

-          Te digo que va a ganar el Madrid.

-          ¿Qué escogerías?

-          ¿Por qué dijo que quiere arruinarte la vida el diablo?

-          El diablo no necesita darte explicaciones. Simplemente lo hará y ya.


Ella, sintiéndose enfadada y excluida. Empieza a mover la pierna derecha insistentemente, como presa de un tic nervioso. Responde de malos modos.


-          Está claro cual escogería yo.

-           La verdad es que no tanto.


Ella lo vuelve a mirar con ojos de pistola al momento que vacía su segunda copa. El mesero regresa con su misma sonrisita idiota. Ella nota que el señor Coleman ni siquiera a mirado el menú.


-          ¿Listos para ordenar?

-          Mira, ya expulsaron a Sergio Ramos.

-          Mierda. Pinche arbitraje.

-          Niños, niños…

-          ¿Ya van a ordenar?


El señor Coleman desvía la mirada del televisor para decirle al mesero si nos podía dar otros 5 minutos. Ella no lo toma muy bien que digamos.


-          Voy a salir a fumar un rato.

-          Si ese era el caso, hubiéramos elegido otro lugar.

-          ¿De quién fue la idea de venir aquí, por cierto?

-          De ella.

-          ¿Entonces?

-          Bueno, creí que veníamos a comer. Ulises, ¿me prestas tu mechero?

-          (…)

-          Señor Coleman, creo que le hablan.

-          (…)


De repente, se escucha un suspiro colectivo.


-          Mira, ya terminó el partido. Pasó otra vez el Farsa.

-          Puta madre…

-          Es la última, jovencito.


Entonces surgió la música, mientras cada uno se concentraba por primera vez en el menú puesto frente a ellos. El señor Coleman bajó la carta y elevó los ojos a techo, como aquellos perros que tratan de averiguar algo oliendo las ráfagas de viento que les cruzan por encima de la cabeza.


Pero solo ella lo notó.


-          Ok, ¿listos para ordenar?

-          Yo ya.

-          Yo también.

-          ¿Dónde está el pinche mesero?

-          ¿Ulises?


El señor Coleman fija en ella sus ojos grises y tristes y por un momento ella recuerda por qué se enamoró de aquél hombre lo suficiente para cometer la pendejada de casarse con él.


-          Mis padres escuchaban esa canción cada sábado por la mañana.  


Ella le toma la mano y le sonríe de manera triste. Nadie más en la mesa oyó el comentario del señor Coleman, ya que volvian a tener la vista fija en la tele, que mostraba un conato de bronca after match entre merengues y culés. El mesero volvió a aparecer en su rango de visión, dirigiéndose directamente a su mesa.


-          Entonces… ¿qué encogerían?

-          (…)

-          ¿De qué?


Ella los mira feo a todos. Suelta la mano del señor Coleman.


-          Olvídenlo. Ok, vamos a ordenar.


 


 


El heroico Mirandés

En una Liga (como la Liga Profesional de Futbol –LPF-, mejor conocida como la Liga Española) que es prácticamente un mano a mano entre dos equipos de ideologías muy diferentes (Barcelona y Real Madrid, pero de eso podemos hablar en otro post) es natural que se pierda la emoción, la sorpresa, y que la calidad de los partidos baje radicalmente. Es muy difícil que alguien le haga sombra a merengues y blaugranas, y cuando ambos se enfrentan… bueh, para que hablar sobre lo que es obvio en los últimos años. Entonces, y además considerando lo mal que me caen en términos generales los deportistas españoles, pues hablar sobre algo acontecido en la Madre Patria en el ámbito deportivo no se me antojaba mucho, la verdad. Pero entonces llegaron: ese equipo de humildes guerreros heroicos que, con su propia y particular odisea, han hecho que recuperara la fe en el futbol. Un poco de ella, al menos.


El equipo se llama Club Deportivo Mirandés (no se preocupen si no les suena, lo mismo me pasaba a mi hace como un mes) y la hazaña consiste en pasar a semifinales de la Copa del Rey. Lo interesante del asunto es que el Mirandés es un equipo de Segunda División B, una Liga casi semiprofesional que está debajo de la propiamente dicha Segunda División, la cual es anterior de la LPF. El Mirandés se compone de jugadores que no son completamente profesionales, en el sentido de que el futbol no es su única fuente de ingresos ni su única ocupación, sino que trabajan en empleos regulares y para ellos llegar a vivir del futbol como otros futbolistas no es más que un hermoso sueño. Los jugadores del Mirandés entrenan por gusto, por las tardes, después de una jornada laboral común y corriente. Y en lunes, después del fin de semana deportivo, ahí están otra vez, en sus puestos de trabajo, sonriendo a los clientes, jefes, compañeros de trabajo o vecinos, que quizá los feliciten por alguna jugada o algún gol. Por tanto, y aunque parezca increíble, su rendimiento es por demás excepcional comparado con muchos de sus compañeros que militan en la LPF o en alguna otra liga completamente profesional. Los jugadores del Mirandés son auténticos guerreros, que partido a partido (al menos los que los he visto) salen a la cancha dispuestos a partirse la madre, a dejarlo todo y a tratar de ganar. Lo más simple del futbol, pero también lo que más rápido se pierde cuando intervienen otras cosas. Verlos a ellos es como una bocanada de aire fresco en estos tiempos y sobre todo considerando las vergonzosas imágenes que este fin de semana le dieron la vuelta al mundo, como aquél pisotón de Pepe.


El club tiene como su casa una localidad de Burgos llamada Miranda de Ebro, muy al norte del país, que recientemente ha sido duramente golpeada de manera dura por la crisis económica, pero que ayer estalló en júbilo celebrando el histórico pase a Semifinales frente al Espayol de Barcelona, un equipo profesional como saben y que ha ganado la Copa del Rey no hace mucho. Eso es lo que hace la épica del Mirandés más grandiosa: para llegar a donde está, ha tenido que ganarle a tres equipos de la LPF. Primero despachó al Villareal (si, el famoso Submarino Amarillo, que hace no mucho llegó a semifinales de Champions) en dieciseisavos de final. En octavos de final dio cuenta del Racing de Santander, que ahí más o menos la lleva en la media tabla de la LPF. Y ahora derrotando al Espayol de manera casi milagrosa, con un gol de último minuto, aunque hay que decir que tanto en el partido de ida en Cataluña, como en la vuelta de ayer en casa, el Mirandés fue mucho mejor. De hecho, el partido de ida, que terminó 3-2, favor los locales, fue marcado por un escandaloso arbitraje. Pero los jugadores no se desilusionaron de eso, vaya ni siquiera se quejaron. Cualquiera de ellos, sobretodo su técnico Carlos Pouso, deberían darle clases sobre cómo llevar una conferencia de prensa al buen José Mouriño.


Los artífices de la hazaña de anoche fueron dos. César, el único del grupo que ha jugado alguna vez en un equipo de Primera División (pasó sin pena ni gloria por las filas del Athletic y del Sevilla) fue el que metió el gol de último minuto que le dio la victoria de 2-1 a su equipo. Pero el que emparejó las cosas con un golazo que fue oxigeno puro para su equipo fue un tipo de 32 años llamado Pablo Infante, un auténtico crack mundialmente desconocido que es el alma y el goleador de su equipo, así como el responsable en la cancha del sueño del Mirandés. Infante (que por cierto ayer juugó apenas recuperado de gastroenteritis) es un 9 natural, despiadado frente al marco, con frialdad, con técnica, con velocidad aún pese a su edad y con un gran carisma. No sé porqué un tipo como él ha militado toda su carrera en equipos de categorías inferiores, pero es realmente triste saber que quizá lo que pudo ser una verdadera joya del futbol mundial se perdió, quizá, porque nunca conoció a las personas adecuadas o porque nunca puso dinero en las manos correctas. En Estadio W, estación de radio de a.m. hay un programa nocturno llamado El Larguero (original de la Cadena Ser de España), que es conducido por un tipo muy inteligente y muy filoso llamado José Ramón de la Morena. El tipo es una auténtica autoridad en aquél país en lo referente a periodismo deportivo y a simple vista se ve por qué. En tal programa es donde me he enterado de la épica del Mirandés desde que empezó y también es donde he escuchado las entrevistas que José ramón le ha hecho a Pablo Infante. Y la verdad es que pocas veces he escuchado a un futbolista tan centrado, tan humilde, pero además todavía con la ilusión casi infantil de ganar, con la alegría pura que provocan las victorias. Infante, como la mayoría de los compañeros, tiene un trabajo normal, en este caso dentro de un banco que tiene publicidad gratis en El Larguero y se considera s sí mismo afortunado “por tener dos trabajos en un tiempo en el que muchos no encuentran ninguno”. Vaya, ¿cuántos futbolistas de la LPF valorarán lo que tienen tan sinceramente como este tipo? Mejor no preguntar.


Pues sinceramente ya soy fan del Mirandés, que se verá en Semifinales con el Athletic o el Mallorca y que quizá se quede en esta instancia, pero que nos ha dejado un agradable sabor de boca que no se nos quitará en mucho tiempo. Y no solo por su garra, sino por su técnica, por su forma de jugar que nos grita a cada segundo que antes de cualquier otra cosa estos tipos se la está pasando bomba ahí afuera. Qué envidia, la verdad. Y no solo por jugar ahí, sino por lo que ellos sienten de jugar ahí, que es muy diferente. El camino va a ser duro para el Mirandés, pero estoy seguro de que pueden llegar a la final. A aquella final a la que el buen Pablo Infante sueña con llegar para que su madre conozca a la Reina. Y, quién sabe si este torneo ya se convirtió en la ventana que muchos de ellos necesitaban para saltar a pastos más verdes. Ojalá que lo hagan, por han demostrado que lo merecen.


Cierro este post con la frase con la que ayer por la noche José Ramón de la Morena despidió a un equipo extasiado: “El futbol con gente como vosotros es francamente maravilloso. Y es creíble”. Amén.

Los héroes (y villanos) improbables

29

¡Vaya juego! A menos de 15 segundos de finalizar el partido, perdiendo por 3 y tocando la puerta, los Ravens se quedaron a un manotazo de meterse a su segundo Super Bowl. La acción defensiva que valió un Campeonato de la AFC fue cortesía de Sterling Moore, safety libre número 29 de los Pats (¡canonícenlo!) quién, en el último segundo (literalmente) le arrancó el balón y la gloria de las manos al receptor de Baltimore Lee Evans.

Vaya juego, pero ya habíamos anticipado que iba a ser difícil. Pero no estaba preparado para tanto drama. Los Pats estuvieron adelante casi todo el juego, pero hay que decir que de 5 viajes a la zona roja, solo pudieron completar 2 touchdowns en todo el juego (ambos terrestres). La defensiva de los Cuervos jugó increíble y su ofensiva le cayó la boca a todo el mundo, sobre todo con su juego aéreo. Flacco dio un juegazo, su ala cerrada Pitta dio un juegazo y el mismo Ray Rice tuvo más yardas por aire que por tierra. Por el otro lado. Brady jugó del asco (él mismo lo reconoció), aunque hay que decir que fue el juego terrestre de Nueva Inglaterra lo que los mantuvo a flote. Y las alas cerradas y Welker también hicieron lo suyo. Pero aún así fue, quizá, el peor partido ofensivo que los Patriotas dieron en el año. ¿Y entonces quién vino a salvar la chamba? La defensiva.

Así es: la defensiva. Aquella defensiva vilipendiada por todos a los largo de la campaña. Aquella defensiva que, en estadísticas, fue la peor de la Liga después de 17 fechas. Aquella defensiva en la que nadie creía. Nueva Inglaterra tuvo lo mismo que Green Bay y Nueva Orleans tuvieron la semana pasada: un mal día ofensivo. Solo que aquí la defensiva sí sacó el paquete. ¡Qué forma de presionar a Flacco! ¡Qué forma de controlar la línea de golpeo (Terrell Suggs, linebacker patriota, dio el partido de su vida)! ¡Qué forma de castigar a los receptores! La verdad es que jugaron el partido del año y en el mejor momento. Y su trabajo se tornó heroico en las últimas tres series ofensivas de Baltimore, cuando Brady ya no producía nada y los Cuervos parecía tenerlo todo para ganar. Primero interceptaron. Después pararon en 4 a Flacco. Y en la última... bueh, nada más un manotazo salvador de Moore sacó el juego. ¡Pero esperen! ¡Moore lo hizo dos veces! En tercera de aquella serie, una jugada después de su consagración, Moore se anticipó de manera perfecta a un pase dirigido a Pitta. Todo esto preparó el escenario para que Billy Cundiff, pateador de Baltimore, viniera a intentar empatar el juego en los últimos 10 segundos. Era un gol de campo de 32 yardas, de rutina aparentemente para un tipo que en su día había logrado uno de 50 yardas en la casa de los Steelers (el estadio donde más sopla el viento en la Liga). Cundiff, pateador muy seguro en teoría, falló. Y los Patriotas ganaron un juego que, si hablamos de merecimientos, tal vez debieron perder.

 

 

Baltimore es un equipazo. Y es una lástima que haya perdido por un error individual, ya que por la inercia del juego, estoy seguro de que hubieran ganado en tiempo extra. Pero así es este deporte (bueh, así son la mayoría de los deportes): la victoria siempre es un trabajo de equipo, pero la derrota siempre es culpa de un solo individuo. Pero ya habrá otros años. Y aunque Brady esta vez jugó horrible, tiene la oportunidad de reivindicarse en el Super Bowl. Nada más y nada menos que su quinto Super Bowl (Montana, por ejemplo, solo llegó a 4), en el que volverá a enfrentar a los Giants.

 

 

 

Nueva York y San Francisco dieron un partidazo defensivo la noche de anoche. Fue un gran espectáculo, considerando que dieron el brochazo final a una campaña que fue acaparada por las hazañas de los QB y las ofensivas. Pero aquí fue la defensiva la que dominó, sobre todo la de los 49ers, quienes entre otras cosas le dieron la madriza de su vida a Eli Manning y secaron en la segunda mitad a un receptor de más de mil yardas en la temporada como Victor Cruz. Pero la de los Gigantes tampoco lo hizo nada mal, sobre todo si consideramos que dejó casi seco al líder corredor en la historia de San Francisco (Frank Gore) y que hizo su perra al buen Alex Smith.

 

 

Fue un juego cerrado, tenso, emocionante. Pero como suele pasar en esta clase de juegos, fueron los errores lo que inclinaron la balanza. En este caso, las pifias corrieron a cargo del pobre regresador de patadas de los 49ers Kyle Williams (¡crucifíquenlo!), quién primero desvió con las rodillas un despeje de Nueva York que fue recuperado por los Giants para anotar un touchdown que los dejó adelante entonces por 17 a 14. Pero ya en el tiempo extra, cuando el juego estaba más parejo que nunca, Williams soltó su segundo balón, el cual preparó el escenario para el gol de campo de Tynes que valió un nuevo viaje al juego grande.

 

Si, es una pena por San Francisco. Pero no podemos dejar de reconocer lo increíble que juega su defensiva, por mucho la mejor de la Liga en este momento. Pero los equipos especiales también cuenta y la ofensiva la verdad es que se vio un tanto chata y eso al final les costó el partido, porque como dicen los antiguos: los pateadores son los que te ganan los campeonatos. Y también los pierden, si nos vamos a esas.

 

Y bueh, después de un fin de semana de infarto en el que tuvimos héroes y villanos improbables, ya tenemos Super Bowl. Y será una revancha. Y digo revancha porque esta vez los Patriotas van a ganar. Pero de eso ya hablaremos más adelante.

The Girl with the Dragon Tattoo

Rooneymaradragontattoo

El éxito de la heroína Lisbeth Salander sugiere un hambre en la audiencia por un héroe de película de acción que no sea un hombre blanco con barba. Tales personajes son a menudo eficaces, pero a veces parecen prestados de otras películas. Hay pocos personajes como Salander, interpretada por Rooney Mara (la carita cumshotera que inspiró esa cosa que solemos llamar Facebook, según esta movie) y por Noomi Rapace en la película sueca original de 2009: delgada, hermosa, marcada, perseguida, draky, con una mirada que atraviesa, quién es tremendamente inteligente y esta emocionalmente xodida.

Ha sido una fascinación con la Salander fuerte que arrastra el concepto tradicional de la "muchacha ordinaria" en las películas. Sabemos de las cosas horribles que le pasaron en la vida y que explican su ira y su aislamiento orgulloso. Su apartamento en Estocolmo es como el nido de un águila. Ella tiene una vida aislada, aunque mantiene relaciones distantes con algunos geeks, vive en una soledad casi absoluta. Una de las corrientes subterráneas de estas películas es la relación muy gradual que crece entre Lisbeth y Mikael Blomkvist, el periodista de investigación radical. Pero esta no es el tipo de película en la que los protagonistas se enamoran gradualmente. Aquí incluso las sonrisas son un gran avance.

Las historias se aglutinan en mi mente: no he leído ninguna de las novelas de Stieg Larsson, pero he visto las tres películas suecas originales. Y ahora con La Chica del Dragón Tatuado (que pendejo se oye el titulo en español, por cierto) estoy de vuelta para mi segundo viaje a través de la primera historia (bueh, seria tercer viaje si consideramos que me platicaron el libro antes de ver la primera cinta). Es una extraña sensación de estar viendo una película que se parece a su homóloga sueca de muchas maneras, pero que es sutilmente diferente bajo la dirección de David Fincher y con el guión de Steven Zaillian. No sé si es mejor o peor. Tiene un aire diferente.

Fincher es sin duda un mejor director que Niels Arden Oplev, quién hizo la película de 2009. Sin embargo su afirmación no siempre es un plus. La película de antes había mostrado una franqueza en ciertos aspectos que parecían aumentar las apuestas. Las emociones estaban más cerca de la superficie. Rooney Mara y Noomi Rapace fueron capaces de crear una Salander convincente, pero Rapace parecía cada momento más incómoda en su piel, más amenazada y su personaje más amenazante por lo mismo. Asi mismo, el hombre encargado de interpretar a Mikael Blomkvist en la original (Michael Nyqvist) parecía cada vez más inseguro, más amenazado. En esta película, Daniel Craig trae consigo la confianza de James Bond (¿cómo no?). Se le ve muy cómodo en el peligro.

El laberinto de la historia sigue siendo turbio. El anciano millonario Henrik Vanger (Christopher Plummer), separado de la parte continental en la isla de la familia, anhela saber cómo su querida sobrina Harriet murió hace 40 años. Porque al parecer ni ella ni su cuerpo salieron de la isla el día en que desapareció y su rastro nunca se ha encontrado. La sospecha recae sobre los que estaban allí ese día, en particular los familiares Vanger, cuyas otras casas dan a Henrik su propio aislamiento.

Los sospechosos son vistos como un grupo de serpientes. Muchos parecen involucrados en la corrupción. Algunos tienen un pasado de conexiones con los nazis. Mikael prepara sus fotos y recortes de periódicos y tarjetas de archivo en un collage clavado en una pared, y se conecta con las líneas rojas de la especulación; pero sus sospechas parecen conducir a todo mundo ...

En esta película, más que en la original, Mikael y Lisbeth se mantienen separados por un período prolongado. Aprendemos sobre el tutor de la niña (Yorick van Wageningen), que abusa de ella. Sus intentos de venganza harían una película propia, por cierto.

El guión de Zaillian se reduce a una serie de escenas entre sus protagonistas y una galería de distintivos que son los personajes secundarios; lo cual no es muy eficiente teniendo en cuenta el peso de Stellan Skarsgard, Robin Wright y el emblemático actor londinense Steven Berkoff. Estas personas viven en un mundo sin gente aburrida. Al proporcionar a Mikael su propia casita pequeña en la isla, Henrik Vanger le aísla en una situación de vulnerabilidad, que se hunde cuando se da cuenta que es probable que todos comparten la isla con un asesino.

También está el enigma de por qué Henrik continúa recibiendo acuarelas de flores en su cumpleaños, una tradición que comenzó su sobrina e inexplicablemente ha continuado después de su muerte. Si se restan las computadoras, geeks, las jevas darky, perforaciones de la nariz, la música de Trent Reznor y Atticus Ross (muy buena, por cierto), las motocicletas y los tatuajes de dragón, lo que tenemos en el fondo es una trama clásica de Agatha Christie. La isla funciona como un cuarto sellado. Me doy cuenta de que la mayoría de la gente va a ver la historia por primera vez con esta versión. Y sospecho que va a funcionar mejor para ellos, porque todo será nuevo. Igual estoy feliz de haber visto la original (por cierto, aquí mi reseña de aquella). Si tuviera la opción de ver uno u otro por primera vez, me quedaría con la versión de 2009. Me parece más cerca de los huesos, con una superficie de menos confianza. Incluso el diálogo sueco se suma mejor al efecto. En inglés los personajes se ocultan secretos, pero no tan misteriosamente.

Championship Games Picks

Y así llegamos a las Finales de Conferencia, aquellos dos partidos que definirá  a los rivales del próximo Super Bowl. Ha sido un camino largo y difícil para llegar aquí y ninguno quiere quedarse en la orilla, por lo que cada uno de los cuatro equipos que quedan va a darlo todo en el emparrillado con tal de quedarse con el boleto para el evento deportivo más importante de la Unión Americana. Por lo tanto, tenemos asegurados dos partidos cardiacos y emocionantes que nos harán gritar de alegría y lanzar maldiciones de manera tan intensa por penúltima vez en la temporada. Los mejores seis meses del año están a punto de terminar, pero todavía tienen mucho que darnos.

AFC Championship Game: Baltimore Ravens vs. New England Patriots.

Los Pats son dueños de la mejor ofensiva de los cuatro equipos que quedan. Y por mucho. Pero enfrente van a tener una defensiva despiadada y sólida. Los Cuervos todo el partido van a tratar de pegarle a Brady, por lo que la línea ofensiva de los de Foxboro va a tener que aplicarse durante todo el juego. La clave para ganar es esa: darle tiempo a Brady, montar ofensivas sostenidas, aunque sea con pases cortos pero seguros (no hay que forzar la jugada grande que puede traer intercepciones) y, sobretodo, anotar puntos en cada serie. Con esto obligarían a la ofensiva de Baltimore a tratar de montar ofensivas aéreas y rápidas, dejando de lado el plan de controlar el balón y el reloj. A la defensiva, Nueva Inglaterra tiene que meter muchos hombres a la caja, controlar la línea de golpeo y obligar a Flacco a tratar de ganar el juego por sí solo. Y así caerán los errores por su propio peso. Estoy seguro de que este será el partido más difícil de los Pats en la temporada, pero también estoy seguro de que pueden ganarlo. Marcador: 20-27, favor Patriotas.

NFC Championship Game: New York Giants vs. San Francisco 49ers.

Los Gigantes llegan a este cotejo siendo marcados como victimas por los apostadores, pero eso no los incomoda para nada, como sabemos. San Francisco, por otro lado, va a contar con el apoyo de su gente y, sobretodo, con un ánimo por las nubes. Este juego va a ser un duelo entre la mejor defensiva contra el ataque terrestre (SF) en contra de un equipo que tiene en sus corredores a su arma favorita para controlar el balón y el juego (NY), sin embargo los neoyorquinos cuentan además con un ataque aéreo bastante bueno y seguro no cometerá tantos errores como los Santos de la semana pasada. Por otro lado, Alex Smith se enfrentará esta vez a una defensiva de hombres que gustan de presionar y desesperar a los QB contrarios. Va a ser un duelo cerrado, intenso, emocionante y en el que van a llover madrazos al por mayor. Y creo que Nueva York tienen lo necesario para imponerse, aunque no será nada fácil. Marcador: 24-20, favor Gigantes.