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Final de la Semana 12 y así de rápido pasamos el Día de Acción de Gracias, en la que los Texanos agradecieron un error garrafal de los oficiales titulares (quienes también son humanos y todo), con el que doblaron a unos enjundiosos Leones que ya vieron partir su último tren para los playoffs. Casi lo mismo que los Vaqueros, quienes fueron humillados a domicilio por los Redskins. Los Pats agradecieron a los dioses tener un juego tan fácil en el prime time de un día feriado e hicieron cera y pabilo de unos Jets, quienes no necesitan de otros para perder, más que de Markito Sanches, quién es la personificación del humor involuntario.

Ya en el domingo vimos caer a los Santos, dar pena ajena a los Steelers, a unos Ravens pariendo cuates (me encanta esa expresión) para ganarle a San Diego. Los Broncos, por otro lado, ganaron incluso jugando mal. Y los Packers nada más no la vieron contra los Giants, quienes parece que van a aplicar la del año pasado y van a empezar a ganar juegos a lo pendejo y van a ser un dolor de yarbles en la postemporada para cualquiera. Filadelfia, para no variar, perdió ante Carolina. De hecho, fueron humillados. Pero ya mejor de eso ni hablamos.

A estas alturas de la campaña, casi todo ya está definido. Es muy difícil que alguien alcance a los Texanos en la cima de la Americana, aunque presiento que Cuervos se va a desinflar y que el caballo negro de esa división puede ser Cincinnati. Denver está lleno de sorpresas (y las que faltan, mi lic). Indianápolis será el mejor comodín. Patriotas será sembrado número 2 y las posibilidades de un nuevo Juego Grande no lucen muy lejanas, aunque ya no contamos con Gronk por el resto de la campaña regular, pero nos vamos a ir de rodillas a la Villa para tenerlo de regreso en el playoff (igual hay que aceptar la realidad: lo perdimos para el fantasy. Es un hecho. Y duele, porque, en mi caso, fue una primera selección. Me lleva el chanfle). En la Nacional, San Francisco luce muy, muy firme. Y es que aunque el mejor record sea de Atlanta, para mí solo es humo y unos cuantos espejos. Cuidado con Nueva York, como siempre; los meses invernales les sientan bien a esos cabrones.  Chicago se ve solido, pero es solo la cubierta, me parece. Con todo y este terrible fin de semana, Green Bay son el equipo a seguir en el Norte. Pronosticar comodines sí está más difícil, por ahora esa opción aún está muy abierta. Hasta los Taqueros de Dalas siguen vivos, háganme el xodido favor.

Y así, de golpe y porrazo, llegamos a la última semana de noviembre. Y supongo que con todo y todo, aún tenemos cosas que agradecer. O algo.

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Semana 9 en la NFL y parece que las cosas siguen por un caudal ya un poco menos calmado y hasta cierto punto predecible, lo cual es un alivio para los que gustamos de los pronósticos y las apuestas. Aunque, claro, sigue habiendo sorpresas. Esta semana Detroit volvió a ganar y mantiene su velita prendida en busca de los playoffs, pero no creo que les alcance, lo mismo que a los Santos, quienes han ganado 3 seguidos, pero creo que la reacción vino muy tarde. Filadelfia, otra vez, está en la calle de la amargura. Creo que ya es demasiado para un equipo que ha gastado tanto en refuerzos y que le ha tenido tanta paciencia a su coach, así que este es el último año de la era Andy Red. Y en una de esas y también le dicen adiós al buen Michael Vick, pero eso ya lo veremos.

Esta semana nos quedamos con el agradable sabor de boca, tanto de Broncos, como de Potros, quienes con una marca de 5-3 están más que vivos. Los Potros de Andrés Suerte solo aspiran al comodín, ya que es imposible que alcancen a los Texanos en la cima de su División, pero aún así se han establecido como un equipo motivado, práctico, efectivo y que comete poquísimos errores. Su QB quizá tenga menos publicidad que RGIII o Cam Newton, pero es más maduro que estos y ya desde ahora se le ve con el toque y el liderazgo que distingue a los mariscales de campo élite. En una de esas y le doy la oportunidad en una de mis ligas de fantasy del próximo año. Por otro lado, ¿qué podemos decir de los Broncos? Pues nada más que la apuesta fue acertada. Y es que hubo muchos detractores sobre el traer a un QB operado tres veces del cuello, muy veterano y que sufría de la “Maldición de la Postemporada”, pero al final se han salido con la suya. Denver está en la cima de su División, va que vuela para una postemporada que promete grandes satisfacciones, están jugando a un gran nivel por lapsos (tienen muchas cosas que pulir, en defensiva profunda, sobre todo) y el mayor de los Manning ha demostrado que aquello de viejos, los cerros se aplica muy bien cuando hay calidad. Y de Tebow ya ni quién se acuerde. Ahora lo que tiene que hacer es ganar la mayoría de juegos que les queda, con la esperanza de descansar la primera semana de playoffs y después pues solo queda esperar un poco de suerte. ¿Se imaginan a Peyton ganado un duelo divisional en Indianápolis, vestido de Bronco? El pedo no suena nada descabellado, pero ya veremos.

Patriotas regresa esta semana del descanso. La segunda parte del calendario luce manejable, aunque se avecinan dos juegos muy duros y en semanas consecutivas: contra Houston y contra San Francisco. Pero considerando que ambos son como local, y que el resto del calendario no debería traer problemas mayores (en teoría), aunado esto al bajón sufrido por los Cuervos y a que Houston se enfrenta a un duro cierre de temporada, creo que Nueva Inglaterra tiene con qué pelear ser el sembrado número 1 de la Conferencia. Y ya saben que siendo así, el camino al Juego Grande luce más que posible. Pero falta mucho para esto y muchas cosas están en el aire, aunque el extraordinario nivel del juego terrestre, el gran desempeño de los receptores y el gran trabajo de la defensiva, nos permiten ilusionarnos. Solo falta que regrese Hernandez y que Gronk se mantenga sano y entonces sí, cuidado.

Pero es muy pronto para dar favoritos, aunque si se vislumbran equipos muy fuertes y otros que ya no van a pelear. Águilas y Jets están fuera, sino matemáticamente, si por moral. Lo mismo que los Jaguares, Cafés, Titanes y Jefes, que son totalmente un cheque al portador. Pero más allá de esos, todos los demás pueden meterse, o al menos siguen siendo competitivos y pueden ocasionar un tropezón clave en cualquier momento. El nivel de la NFL es espectacular y lo mejor está por venir. Abróchense sus cinturones, se avecina un final de año explosivo.  

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Semana 7 y los Patriots volvieron a la senda del triunfo. Sufriendo, en casa, contra los Jets, jugando de mal en peor y en Over Time, pero a estas alturas lo que importa es el triunfo. San Francisco también volvió a ganar, lo mismo que Green Bay, Nueva Orleans y los Texanos, quienes le dieron una paliza a los Cuervos. Con esto queda demostrado que lo de Houston la semana pasada fue solo nervios por su primer prime time del año contra un rival de altura y que de verdad están para grandes cosas.  Baltimore, parece, ha perdido a su fortaleza histórica (Ray Lewis, pero de eso ya hablaremos más a profundidad en otro post) y el ataque, aunque no esta del todo mal, esta lejos de la elite. En mi opinión, van a ir de mal en peor de ahora en adelante. Por otro lado, Pittsburg y Dallas parece que vienen de regreso; veremos si les alcanza. Y Minnesota, junto con Chicago, calladitos y todo, ahí vienen. Y parece que la temporada pasada fue el garbanzo de a libra de la década para los Leones de Detroit, quienes con todo y Maldición Madden (¡A la BatiWikipedia, Robin!) regresan a su realidad.

Pero no todo son malas noticias para la ciudad motor. Mañana inicia la Serie Mundial y sus Tigres (que vienen de barrer y feo a los Yankees) van en contra de los Gigantes de san Francisco, quienes se repusieron de un 3-1 en la Serie de la Americana y buscan su segundo título en 3 años. Y,  ¿saben qué? Yo estoy con ellos. Me huele a que los Gigantes se llevaran en Clásico de Otoño en 6 juegos, en venganza a la humillación sufrida por ese hospital apodado  Mulos de Manhattan.

Y sí, ya lo estaré posteando en su momento.

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Cosas más extrañas han estado sucediendo en la NFL que el ver a un viejito como Peyton Manning dar de brincos en un emparrillado no resulta extraño. Después de seis semanas de temporada regular, la verdad es que las cosas, más que nunca están para todos y para nadie en la Liga. En la Conferencia Nacional, por ejemplo, solo dos equipos tiene marca ganadora: los Texanos (quienes sufrieron un golpe de realidad el domingo por la noche, a manos de los Packers), y los Cuervos, quienes han sacado agua de las piedras, literalmente. Ambas marcas son engañosas, debido a que Houston solo ha enfrentado a un rival de calidad hasta ahora (quién le dio una paliza) y Baltimore ha tenido mucha, mucha suerte. Todos los demás equipos ahí vienen con porcentajes de .500 o menores, pero ahí vienen. Los Patriotas han perdido un par de partidos de manera casi ridícula, los Acereros esta sufriendo las de Caín y los Broncos le sacaron un partido increíble en Lunes por la Noche a unos Cargadores que llegaron a estar arriba por 24 puntos, pero que terminaron siendo la burla de la semana. Pero igual no importa mucho: en estos momentos, cualquier cosa puede pasar.

En la Conferencia Nacional, por otro lado, las cosas están más equilibradas, pero igual de extrañas. Nueva Orleans apenas ha ganado un miserable juego, los Empacadores la están perreando y bien bonito,  parece que la magia se le acabó a las Águilas y los 49ers. fueron literalmente masacrados por los Gigantes, quienes también la están sufriendo. Y en casa. Sin embargo, el nivel de juego en esta Conferencia es, con mucho, superior; además de que aquí contamos con agradables sorpresas, como son Minnesota y Chicago.

Pero lo único seguro es que después de 6 semanas no hay nada para nadie en la NFL, a su ves que la, todavía, lejana postemporada esta abierta a todo el mundo. Cada semana es de sufrimiento y diversión casi por igual. Por eso esta es la mejor época del año.     

Golpe de la Semana en NFL


Josh Cribbs, de los Brows, terminó inconsciente el pasado Jueves por la Noche debido a un golpazo por parte de un miembro de los equipos especiales de los Ravens. Nada más para que vean que esto es para hombres y no pedazos.

Y como bonus, Vince El Suavecito Wilfork le pega una caricia a Donald Jones. Eso se gana por hacer enojar a los Pats!

Foto de la Polémica en la Semana 3 de la NFL

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Es raro hablar de los oficiales en la NFL. Pero bueh, los oficiales que han aparecido en todos los juegos que llevamos de temporada no son LOS oficiales, sino más bien esquiroles venidos de las Ligas de Junior High (el equivalente gringo a la secundaria, para que entiendan), así que se vale hablar de ellos. Y eso que no lo habían hecho tan mal hasta ahora, pero en los dos juegos nocturnos de esta semana, la vinieron a calabacear y bien feo.

Mientras los verdaderos oficiales se encuentran metidos en una negociación por más dinero contra la Liga, los esquiroles les están echando la mano con actuaciones de regulares a pésimas. Casi nunca marcan los holdings, son localistas en las marcaciones apretadas, cuando se acaba el reloj de la jugada no dicen nada, marcan castigos de 10 yardas cuando en realidad son de 5 y sacan pañuelos inventados… errores que, dicho sea de paso, no son muy graves, porque raramente van al marcador. Hasta los juegos mencionados. En el gran juego de domingo por la noche se fueron por el lado localista de manera casi descarada (sobre todo en el último cuarto), a tal grado de que marcaron por bueno el gol de campo con que los Ravens le ganaron a los Pats. Y discúlpenme, pero ese NO era gol de campo.

Y no, no soy el único que lo piensa.

Pero la polémica se desató en la parte final del gran juego de lunes por la noche de, ejem, anoche. Packers y Seahawks se partieron la madre como los hombrecitos, pero al final fueron las cebras las que quedaron como los grandes protagonistas de la noche (para mal, dicho sea de paso). En el último cuarto se dedicaron a sacar pañuelos en cada jugada, la mayoría de ellos absurdos, veían infracciones en jugadas limpias pero no marcaron un par de interferencias del tamaño del estadio. Y al final, en la última jugada del partido, con Seattle perdiendo por 5, cuando su QB novato lanzó un Ave María desesperado hacia la zona de anotación, un par de cebras marcaron touchdown y pase incompleto al mismo tiempo. Pero el daño estaba hecho. El estado de los Halcones Marinos era la locura: haberle ganado a un grande con una jugada milagrosa los había embriagado más que las cervezas que habían consumido durante el juego (que también hicieron su parte en el ambiente, por cierto). Y aunque se dizque revisó la jugada, nadie, ni siquiera el mejor oficial de la Liga, iba a cambiar el resultado.

The call on the field stands! Touchdown!  

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Y no, no era touchdown. Verán, era más claro que el agua que Jennings (actuando de defensivo en la jugada) toma el balón mucho antes que Golden Tate. Y el mérito de este último fue solo colocar las manos sobre el balón y no soltarlas de ahí. Cuando llegaron los oficiales, vieron lo que parecía ser una recepción simultánea, en cuyo caso hicieron lo que debían y se la dieron al ofensivo. Pero nunca hubo una recepción simultánea, sino solamente una intercepción con interferencia ofensiva más que evidente. Y ni siquiera era una jugada apretada. El oficial que marco anotación se dejó llevar, si vio sumamente mal y sumió a la Liga en una polémica en la que hasta Barack Obama (Chicago Bears fan from hell, por cierto) se ha sumado. Una lástima.

Y es una lástima porque fue un fin de semana de juegos grandiosos. Cómo no mencionar a Detroit, perdiendo por 14 faltando menos de dos minutos para el final del juego, pero aún así empatando con un agónico Hail Mary!... solo para perder en Over Time. O los Jefes viniendo de atrás para ganarles a los Santos en tiempo extra y otra vez en casa. O lo de los Titanes pegándole a los Broncos (sí, también en tiempo extra) y los Raiders pegándole a los Steelers (ese sí termino en tiempo regular, pero igual fue un juegazo). Como no mencionar que los Cardenales estan invictos, que los 49ers. Vinieron a dar pena ajena cuando ya todo el mundo pedía que, de una vez, fueran grabando su nombre en el Lombardi. Como no mencionar el hecho de que los Pats tienen marca por debajo de 500 desde el 2003 (año en el que ganaron el Super Bowl, por cierto) y que los santos nada más no han ganado. Y eso sin olvidar los juegos nocturnos de la semana que, dejando de lado a los oficiales, fueron grandiosos.   

Pero el problema es que no se puede dejar de lado a los oficiales, porque esta vez sí influyeron en el marcador. Y por eso hablamos de ellos, lo que es raro en la NFL que, desde hace un buen rato, ha impugnado por tener el jueceo más perfecto en todos los deportes profesionales. Y hasta hace poco no les podíamos cuestionar el éxito de dicha empresa. Pero esta semana… bueh, con decir que a las cebras ya les dicen árbitros y no oficiales, lo cual indica la gravedad de la cuestión.

Mr. Robert Goodell, si ya de plano no le cuadran los números, organice un Teletón para completar el sueldo de los verdaderos oficiales. Le aseguro que recaudará (y hasta de más) solo en el H. estado de Wisconsin. Y ya mejor no hablemos de Massachusetts.       

Foto de la Semana en nfl.com

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Semana dos de temporada regular en la NFL y las cosas aún son demasiado jóvenes para poder decir por donde sopla el viento. Aunque sí hay cosas seguras, como que los 49ers seguro van a partir generosas cantidades de madre durante el año. Su defensiva es simplemente la mejor de la Liga y su ataque, dejando de lado los errores ridículos y de la mano de un corredor elite, son lo que necesitaban. San Francisco luce hasta ahora como el equipo a vencer, pero hay mucho camino de aquí a febrero.

Y en otros frentes, los Santos aún no ganan y no solo eso, sino que han estado jugando feo contra dos equipos medianones. Green Bay ahí la lleva, lo mismo que Atlanta. Baltimore se ve fuerte en la Americana, donde los Jets, los Broncos, los Bills y muchos más han dado una de sal y otra de arena. Los Patriotas perdieron de manera angustiosa en casa contra Arizona (vale madre), pero la defensiva ya ha dado muestra de que está a la altura. El ataque necesita ajustarse, pero debe hacerlo pronto: partido contra los Cuervos el domingo por la noche, muchachos.

Hasta ahora, el equipo de la Americana más sólido son los Texanos, pero, como les digo, falta mucho. Y eso es bueno. 

Por qué amo el futbol

Adam

Amo el futbol porque puede jugarse en cualquier tipo de clima: en la nieve, bajo la lluvia, en un lodazal, con el sol de las doce del día cayendo a plomo, con neblina, de noche, de día, a pesar de lo que digan los políticos y los terroristas, a pesar de la Bolsa y la película Black Sunday, a pesar de que la televisión privilegie el América vs Guadalajara, a pesar de los desastres naturales. Katrina inundó el Superdome de Louisiana pero los Santos no dejaron de jugar un solo partido en 2005. Los ataques del 9/11 recorrieron una semana el calendario, pero todos los equipos llevaron a cabo sus 16 partidos.

Amo el futbol por su simpleza castrense: por lo general gana el equipo que tiene mayor tiempo de posesión del ovoide. Poseer el ovoide es sinónimo de posesión del territorio. Por eso, suele suceder que gana aquel que domina el terreno, como en una guerra. Y digo suele suceder porque hay excepciones. A veces no gana “el equipo que comete menos errores”, ni las defensivas ganan todos los campeonatos. El pigskin, el balón (que no “la pelota”), es la posesión más preciada adentro del campo (que no “la cancha”), pero también hay que saber llevarla a las diagonales. Dicho en otros términos: no solo hay que gustarle a la morra, hay que ligársela y cogérsela bien, amigos. Y cuidarla y quererla, nadie quiere un fumble en su propia yarda 5. Amo el futbol por el touchdown.  Amo al futbol por la vergüenza de propinar un safety: el safety vale poco (2 puntos), pero su costo se mide en moral. Y, oh sí, amo al futbol por el sack: madrear al quarterback atrás de la línea de golpeo es casi el único momento glamoroso de los defensivos, de esos tipejos feos y peleoneros que no suelen salir en los encabezados de los noticiosos deportivos pero que, mierda, cómo se divierten. Los quarterbacks podrán ser el alma de un partido, y de su escuadra, pero hay que aclarar algo: un quarterback sin un equipo detrás es un pelele talentoso con una diana dibujada en el pecho, y un quarterback que solo está ahí para sonreír en la foto es… un pelele talentoso con una diana dibujada en el pecho.

Amo el futbol. Y amo que haya regresado la NFL. Los domingos otra vez se llenan con partidos en estadios llenos. Los lunes, por la mañana, en revisar las secciones deportivas, y por las noches, en ver el MNF encervezado. Me encanta ser un bruto predecible. Amo a las porristas, los encabronamientos de los head coaches, los primero y gol en la yarda 1, las tackleadas con lesión, las recepciones a una sola mano, encabronarme por un castigo injusto, brincar cuando mi equipo hace algo bueno o la caga monumentalmente. Amo los partidos de mi equipo del alma desde 1996 –año en el que oficialmente empecé a ver transmisiones por la televisión, a la tierna edad de 8 años–, los Patriotas de Nueva Inglaterra. El futbol viene pegado con el otoño, con las últimas lluvias y el frío, con las fiestas de esta época del año, con el día de acción de gracias en el que tantas veces me fui de pinta de la escuela (y el año pasado, de la redacción), con los recuerdos de mi infancia. Luego de ver con tristeza la cobertura desmedida que le da la prensa nacional al panbol –como si fuera el único deporte que la gente le interese ver… y no me vengan con el argumento de “es lo que la mayoría prefiere”, no porque no sea cierto, sino porque prácticamente invalida a las demás opciones–, al fin ha vuelto la NFL, mi amor otoñal, la que nunca me ha dejado plantado, la que nunca me ha quedado mal…

Amo el futbol por el gol de campo de Adam Vinatieri con el que los Patriotas ganaron su primer Super Bowl contra los favoritos y virtualmente invencibles Rams, en aquel ya lejano 2002 de Winter Olympics. Amo que Vinatieri y los Pats hayan aplicado la misma dos temporadas después, ahora contra las panteras de Jack Delhomme. Amo el futbol por Tom Brady, Randy Moss, Lawrence Taylor, Walter Payton cruzando el campo como un ninja, Jack Lambert, Randy White, Matt Millen, John Riggins, Mike Singletary, Ray Lewis, ¡La bomba!, el Hail Mary y la Inmaculada Recepción,  Daryl Johnston, Ed “Too Tall” Jones, Drew Bress tirándose 300 yardas por aire en un mal día, Marcus Allen haciendo una escapada mágica en el Super Bowl XVIII, Tebow pegándole a los Steelers, el Music City Miracle, Dwight Clark atrapando ese pase imposible encima de Everson Wall en 1981, Alvin Harper atrapando ese pase encima de Eric Davis en 1992, Eli Manning y sus Gigantes arruinando la temporada perfecta de los Pats en un juegazo, los Gigantes derrotando a los Bills, los Gigantes volviéndole a ganar a los Pats, Tom Brady levantando el Lombardi por tercera vez, John Elway levantando el Lombardi, Brett Favre levantando el Lombardi.

Amo el futbol porque el Super Bowl es un partido entre campeones, no una “final”.

El gran George Carlin alguna vez comparó el beisbol con el futbol. Esto es algo de lo que dijo:

Baseball is a nineteenth-century pastoral game. 

Football is a twentieth-century technological struggle. 

Baseball is played on a diamond, in a park. The baseball park!

Football is played on a gridiron, in a stadium, sometimes called Soldier Field or War Memorial Stadium.

Baseball begins in the spring, the season of new life.

Football begins in the fall, when everything’s dying.

Baseball is concerned with ups – who’s up?

Football is concerned with downs – what down is it?

Baseball has the sacrifice.

Football has hitting, clipping, spearing, piling on, personal fouls, late hitting and unnecessary roughness.

Y lo último resume la mística del futbol. Héroes y villanos. Dioses y payasos. El tercer down, caraxo. ¿Cuántos de nosotros no nos hemos sentido en medio de un tercer down crucial en nuestras vidas laborales, o en la escuela, o en una relación amorosa? O en una “cuarta y una”. Sabes que si avanzas esa yarda vas a meter el touchdown. Y si no la avanzas, vas a regresar a casa sin NADA. Esa es la mística por la cual Jack Youngblood de los Rams jugó con una pierna rota. Por qué Rocky Bleier de los Steelers regresó de Vietnam sin poder caminar y acabó ganando cuatro Super Bowls. Por qué Joe Namath un día le ganó el campeonato a un equipo de 13-1, y en cadena nacional. Todas esas historias son reales y se han pasteurizado en tarjetas de Hallmark y en los gritos ridículos de los comentaristas de la televisión. Pero son reales. Uno metaboliza como quiere esas historias. Amo el futbol porque me remite a tantos recuerdos personales. El costal donde guardaba mi utilería. El olor de los guantes Mizuno sudados. Y las muñequeras Saranac. Las tardes obsesionadas de Madden NFL en una casa de Ciudad Nezahualcóyotl. La emoción de mi primer PlayStation y el dineral que me costó este juego en la fayuca. El coraje que hizo mi padre cuando Leon Lett hizo su gran tontería en el juego de Acción de Gracias de 1993. La rolita ridícula de los Houston Oilers. Un calendario de los San Diego Chargers  que tenía pegado en mi habitación hace muchos años –el equipo de mi hermano y la habitación que compartimos. Las fiestas descomunales que hacíamos en casa de algún dude para ver el Super Bowl con un par de docenas de borrachos. Los rants en Twitter, navegando entre comentarios villamelones y expertos.

Tengo algún tiempo en desacuerdo con cómo se han dado las cosas en la NFL. La agencia libre. Los excesos del sponsorship. El bajo nivel competitivo. Pero amo al futbol. Así es que esta bella época del año, el otoño, “cuando todo se está muriendo”, en realidad pienso que trae nueva vida. Es una renovación, la verdadera primavera. Y tiene un nombre.

Kickoff, le llaman.

Fantasy Football: consejos prácticos y el por qué rifa

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Septiembre ya está aquí y con él llega el mejor invento en la historia de la humanidad, por mucho: el fútbol americano de la NFL. Y con él, llega el segundo mejor invento en la historia de la humanidad: el Fantasy Football.

Si necesitas que te explique lo que es el Fantasy Football, creo que este no es el blog para ti. Vete a leer a Martha Debayle o algo. Ah, pero si eres de los privilegiados que entienden el avasallador encanto de armar un equipo estratégicamente estructurado con jugadores de todas las escuadras disponibles en la NFL, sumar los puntos que anoten tus pupilos cada semana y con ello humillar a tu contrincante, sabes que pocos cosas son tan adictivas y tan satisfactorias.

Olvídense del “fútbol fantástico” que pretenden venderte con el panbol. El americano tiene todos los ingredientes necesarios para involucrarte de lleno: una gran variedad de estadísticas para sumar puntos, juegos suficientemente espaciados que permiten actuar con estrategia y cobertura adecuada en los medios para que puedas emocionarte hasta por un Jaguares – Bengalíes. 

Ahora bien, gracias a Dios vivimos en una época moderna, y hoy las ligas en la red son el estándar, así que podemos darnos el lujo de organizarlas y participar en ellas sin mayores preocupaciones que las de ver a qué dueño nos empinamos con alguna transferencia de jugador leonina y ventajosa. “La sana competencia”, que le denominan…

Para facilitarles la vida a quienes vayan a participar de una de estas ligas, o para que se animen los que no lo hacen aún, aquí les ofrezco esta humilde guía para que no den demasiadas lástimas y disfruten al máximo la experiencia:

Familiarízate con el tipo de liga en la que vas a jugar. No todos los Fantasy Football (FF para ahorrar espacio) tienen los mismos sistemas de competencia. Hay ligas donde tu equipo alinea a dos QBs por semana. En otras los touchdowns por pase cuentan 4 puntos en vez de 6, con el fin de que los quarterbacks tengan un valor equitativo con los receptores y corredores. En otras más hay el sistema de keepers, donde el equipo que selecciones esta campaña te permitirá quedarte con un cierto número de jugadores en los años venideros (son las ligas donde llevan muchos años jugando juntos, y se conocen entre sí mejor que a sus esposas). El caso es que si no sabes de qué va tu liga, cuáles son sus reglas y minucias, corres el grave riesgo de ser chamaqueado.

Prepara tu draft. Hay dos grandes sistemas de selección de jugadores: rondas de ida y vuelta (snake draft) y subasta (auction draft). La primera depende de la suerte: se rifan los turnos para seleccionar, y al final de cada ronda se invierte el orden. Supuestamente es para hacerlo más parejo, pero significa que si te toca la primera selección en una liga de 12 equipos… te toca elegir de nuevo hasta la número 24. La liga de subasta es democracia pura: cada equipo tiene un presupuesto de $200, y tú haces la oferta que consideres apropiada para cada jugador. Ahí tú sabes si te chutas la mitad de tu lana en Adrian Peterson o Tom Brady y repartes el resto en jugadores baratos, o si repartes la lanita de manera equitativa entre las posiciones clave. Yo juego equipos en ambos tipos de liga, pues la verdad las dos tienen su chiste.

No te claves con tu equipo. En la vida real es muy bonito que seas leal a tus Raiders, Niners, Delfines, Vikingos y hasta a tus Vaqueros y Acereros. Digo, no todos pueden tener el lujo de ser fans de los Pats. PERO esta lealtad es veneno puro en el Fantasy Football. Retacas tu equipo con los jugadores que conoces y veneras porque visten tus colores, y entonces el mercenario dueño de tu equipo contrincante alinea a puro estrella cosechado entre lo mejorcito de toda la liga y te convierte en su perra. Apoya a tu equipo, sí… pero sé inteligente a la hora de seleccionar.

No te enamores de un jugador. En cada draft hay un puñado de súper estrellas que todo mundo mira codiciosamente. Y si por azares del destino te los ganan antes de que te toque seleccionarlos, o se te lesionan en la primera semana, piensas que ya valió madre y que mejor te hubieras metido a una liga de Fantasy Matatena o algo. Craso error. No hay nadie insustituible. Y todas las temporadas surgen un par de jugadores que, de la nada, se vuelven los factores decisivos para determinar quién se lleva el primer sitio. No creas que la falta de un Michael Vick en tu equipo te va a condenar al fracaso, los jugadores clave suelen aparecer a tu alcance cuando menos los esperas. Trata de darle una checadita rápida a la agencia libre (el Limbo donde habitan los jugadores que no fueron seleccionados en el draft) al menos una vez a la semana.

No te duermas con tu equipo. Los errores clásicos son confiar en que tienes un buen plantel y ya está. No hay cosa más insultante en el Fantasy Football que un dueño que deja abandonado a su equipo a las primeras de cambio: deja en activo a los jugadores que descansan o están lesionados, no pela a los coaches que le ofrecen intercambiar jugadores, dejan a todo mundo colgado a la hora del draft, etc. Tampoco es para que vivas 24/7 pegado a la compu, pero ten al menos la decencia de cambiar a tus jugadores a tiempo cada semana y de procurar ser competitivo. Recuerda que abandonar el barco a las primeras de cambio también le echa a perder la fiesta a los demás. Pinche desconsiderado.

No selecciones novatos en la primera ronda. Esto les puede sonar como una locura después de lo que hizo Cam Newton el año pasado, pero la verdad es que lo de Newton fue lo raro: eso casi nunca pasa. Vale madre si el novato a quien le traes ganas es la primera selección global: es mejor arriesgarte con un agente libre mediocrón que aventarte por el novatín que luce mucho en pretemporada, pero que te hace desperdiciar una selección clave que pudiste aprovechar en alguien de probado valor.

Haz tu tarea. Las ligas actuales te facilitan toda clase de información para mantener a tu equipo en buenas condiciones: reportes de lesiones diarios, cambios en las titularidades de los equipos, cifras y números al por mayor, etc. Si no te preocupas por darle una checadita ocasional a dicha información, básicamente te estás metiendo a la guerra sin fusil. El conocimiento es poder, como dijo… no sé, alguin. Búscalo en Google.

La burla y el bullying son básicos. Sí, son prácticas reprobables en todos los demás ámbitos, pero en el FF son de rigor para disfrutar plenamente la experiencia. Y no, nadie se ofende. Es una actividad lúdica, y como tal debes entenderla. Es tu regresión a la hora del recreo cuando hacías llorar al tetín que no se sabía los nombres de sus muñequitos de Star Wars, o el echarle montón al alfeñique que se pandeaba en cada pelotazo cuando jugabas ‘Quemados’. ¿Cuántas oportunidades te da la vida para ser niño otra vez? Aprovéchala.

El draft es sagrado. Es lo más divertido y tensional que puedes hacer en tu patética vida de asalariado. Bueno, en la de ustedes. Yo domo tigres para ganarme la vida. El caso es que el draft te hace pensar, te pone nervioso, te hace saltar de euforia cuando te llevas al jugador esperado. Ver cómo se conforma tu demoledora escuadra es genial, anticipar los cambios, mirar los corajes que hacen otros dueños cuando les ganas al prospecto al que le tenían echado el ojo. Y claro, hablar mierda de los demás es divertidísimo. No desperdicies esta experiencia.

No te claves. Esto contradice un poco los puntos anteriores, pero es una verdad muy simple: a final de cuentas es cosa de divertirse. He jugado con dueños que sufren como mártires cada derrota de su equipo. Y sí puede llegar a ser gacho, pero piensa que al menos te brinda la anécdota deseada. En este sentido soy un experto, pues tras jugar entre dos o tres ligas anuales del 2005 a la fecha he cultivado un palmarés tristísimo: solamente 3 victorias. Y 12 segundos lugares. Soy el Cruz Azul del FF. Pero no me deprimo, sigo armando mi equipo con la paciencia de un cazador, vivo mis drafts con un fervor religioso y celebro la perspectiva de patear traseros cada nueva semana. Así que ábrete una botella del tercer mejor invento de la humanidad (la cerveza), prende la tele, miéntale la madre a Garay y a los Von Rossum y disfruta tu humillación. Porque este es mi año. Lo sé.