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30 años de Blade Runner

Bladerunner

En el año 2019, una corporación de nombre Tyrell, comercializa robots idénticos a los seres humanos. Su eslogan es "more human than human". Estos seres artificiales reciben el nombre de replicantes, y han sido perfeccionados al grado que es necesario aplicarles un test, llamado "Voight-Kampff", para identificarlos. En la Tierra, los replicantes son prohibidos y perseguidos por la ley. Los sicarios especializados en eliminarlos son conocidos como "blade runners". 

El fundador, dueño y CEO de la corporación Tyrell, cuestiona así a un blade runner, uno que ha ido a su oficina a aplicar el test Voight-Kampff a una de sus empleadas:

"Is this to be an empathy test? Capillary dilation of the so-called blush response? Fluctuation of the pupil. Involuntary dilation of the iris…"

Deckard, el blade runner, responde:

"We call it Voight-Kampff for sure".

Los replicantes carecen de empatía, y eso los delata (una máquina detecta su rubor). Y al parecer, el pensamiento abstracto y la imaginación también les han sido vetados. No tienen recuerdos propios, aunque les implantan los de seres humanos para "añadir realismo" a su conducta. Lo cual es patético. Imagina que los recuerdos que han marcado tu infancia (un pastel de cumpleaños, la memoria de la primera inyección, las primeras vacaciones en la playa, el rostro de tus padres cuando eran muy jóvenes), ciertos momentos sin los que, parafraseando a Paul Bowles, tu propia vida sería inconcebible, no fueran tuyos sino de alguien más, meros préstamos. Rachael, la empleada de Tyrell, Corp., posee los recuerdos de la nieta del dueño. Implantes. Cuando Rachael descubre la verdad, casi se desmorona. La vida de un replicante no es fácil.

Ridley Scott filmó Blade Runner como una versión propia de la novela de Philip K. Dick cuyo nombre es más bello que el propio libro: Do androids dream with electric sheeps? En el libro, Deckard es un hombre casado asoleado por los compromisos sociales y una esposa mandona; en la película de Ridley, Deckard es el galanazo Harrison Ford (de 39 años al momento del rodaje), un policía solterón con un oscuro pasado, una suerte de Humphrey Bogart futurista. 

Ridley llegó su cinta por otros lugares que no explora el libro. El tono es sombrío, noir. Los Angeles en 2019 es un cochinero multicultural, un futuro muy alejado de aquellas visiones relucientes del diseño Ray-Gun Gothic de la época Mad Men. Para Ridley Scott y su diseñador de producción, el legendario Syd Mead, el futuro era una cosa incierta, oscura, llena de humedad, ruido y locura. Una especie de torre de Babel mezclado con un putero y retacado de tecnología alucinante, como aquella máquina que "se mete" en una fotografía para revelar a las personas que estuvieron adentro de una habitación el día que se tomó. Autos voladores conducidos por policías latinos + húngaros con cascos de cuero y una debilidad por el origami. Robots strippers que corren en pelotas por la calle –bueno, cubiertas apenas por un impermeable de plástico transparente. Blade Runner definió un estilo visual. Formó las aficiones nerds de un par de generaciones. Y con el perdón de 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick, estableció el estándar de oro para una película de ciencia ficción.

La semana antepasada festejamos que Blade Runner cumplió 30 años obsesionándonos (se estrenó un 26 de junio de 1982). Véanla hoy (y toda el mes, si pueden) con un vodka en la mano –porque parece "tsing tao"– tarareen One More Kiss, Dear o lloren con el tristísimo piano de Memories of Green.

"It's too bad she won't live! But then again, who does?"

Dark Shadows, o: "Tim Burton… otra vez"

Dark_shadows

Es comprensible que Tim Burton se haya vuelto el director trolleable de hoy. Su estilo consistente es percibido como repetitivo y predecible, ni qué decir de sus temáticas (seres de ultratumba, humor gótico parco pero ingenuo) y de sus colaboradores, como Danny Elfman (score), Helena Bonham Carter (pseudoesposa y “compañera de vida”) y, por supuesto, Johnny Depp (actor trademark del cineasta). Lejos han quedado los días de frescura de Burton, cuando reimaginó a Batman y lo convirtió en parte de la iconografía pop de los ochenta, o una sentida fábula clasemediera mezclada con el mito de Frankenstein (Edward Scissorhands) nos volara la tapa de los sesos. Johnny Depp, sobreexpuesto ad nauseam luego de cuatro (¿o van cinco?) episodios de Piratas del Caribe, cada una más vomitiva que la anterior, físicamente parece el mismo chamaco de 21 Jump Street y repite su papel de víctima de la situación, un pobre sujeto que simplemente estuvo en el peor lugar y en el peor momento. Como aquel Sombrerero Loco que aplaude como idiota y quedó medio traumado en Alicia en el país de las maravillas. O un profesor que es elegido por una maleante en un viaje casual por Europa en The Tourist. En Dark Shadows es un buen hombre que es condenado a una eternidad vampírica por una bruja superpoderosa que decide convertirlo en “undead” luego de que él le declara que, bueh, no la ama. El mito del vampiro + Johnny Depp. Lo que faltaba en su carrera.

Tim Burton es un director muy claro. Muy transparente. Sus últimos guiones trastabillan, los motivos de sus personajes son tan obvios que lucen infantiles… los desenlaces son predecibles. Parece haber un esquema de: a) el personaje padece una injusticia – b) el personaje cruza por una serie de infortunios – c) el personaje da con la clave para resolver la injusticia – d) el personaje es redimido.

Es bastante obvio. Pero así es Tim Burton. A mi gusto, es entretenido y, francamente, es también lo que busco al ver su cine. De alguna forma, es admirable que un creador mantenga la coherencia en su estilo visual, en sus temas y en sus formas narrativas. Tim Burton no está haciendo biopics. No está haciendo filmes melodramáticos de la Segunda Guerra Mundial. El tipo no quiere un Oscar. Creo que hace lo que quiere, y aunque quizá una parte de la audiencia ya está cansada, otros (me incluyo) pueden seguir viendo su cine. Las grandes aportaciones de Burton, que son más visuales y estilísticas, quedaron en Beetlejuice, The Nightmare Before Christmas, Batman, Batman Returns, Edward Scissorhands… lo que sigue son variaciones de lo mismo.

Pero insisto: a mí no me molesta. Dark Shadows tiene buenos momentos humorísticos. Chloë Moretz es una barbaridad ya. Eva Green es hermosa, y se deja caricaturizar burtonianamente. Johnny Depp no tiene falla: él vino a dar el fan service, y ya.

No la volvería a ver en el cine. Y en una de esas ni la tendría en rayo azul.

Inglourious Basterds

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La primera secuencia de Inglourious Basterds (2009) me hizo entender una vez más por qué soy fan de Quentin Tarantino. La comitiva nazi llegando a aquella granja francesa de 1941, la expresión de las hijas, el diálogo (de esto hay y mucho), el Coronel Landa, el sutil uso de las pipas, los cambios de idioma y, por supuesto, la imagen de la chamaca corriendo para después mostrar una Ludger apuntándole. Tarantino es un tipo que ama el cine muy cabrón. Y sus películas reflejan eso.

Además es un wey talentoso, que ya patentó su formula y que se enorgullece de eso (por más que siga siendo un maestro del copy & paste… lo cual tampoco es malo). Basterds esta sobredialogada, rebosa de momentos de adrenalina que ocurren después del sopor que supone ver a 2 o más cabrones hablar durante diez minutos de absolutamente nada. Y eso, al fan le gusta, lo disfruta, sabe lo que viene y se estremece igual cuando pasa. La secuencia de los batazos es una joya, homenaje a aquellas muertes de The Untochables y Casino, pero no por ello menos espectacular y grandiosa. Y los momentos de tensión… puta! como cuando el oficial de las SS sale de su escondite en aquél bar subterráneo o cuando el Coronel Landa (Christoph Waltz, por mucho el mejor personaje del film) le ofrece un vaso de leche a la judía encubierta. Al igual que todas sus películas, esta es un tributo al cine puro y de acción y también es un regalo para el cinéfilo empedernido que, cuando escucha una canción del score, le pregunta a su acompañante de qué película es. Es una cinta de guerra que fue hecha para aquellas personas que desmenuzan cada secuencia y que se quedan hasta que los créditos finales terminan. Como alguien así, lo agradezco.

La cinta en sí es una fábula tonta acerca de un grupo de guerrilleros sádicos que se dedican a matar nazis, una pequeña broma histórica donde se chingan a Hitler y el Estado Mayor del Tercer Reich termina achicharrado en un cine francés. Los bastardos del título ni siquiera se nos presentan de forma meramente hecha, pero esto funciona para la propia mitología de la película: leyendas urbanas en medio de las filas alemanas. La génesis de Shosanna (Mélanie Laurent) se siente también un poco ajena, pero recordemos que es Tarantino quien nos la cuenta. A la vez, pareciera que la finalidad del director es despojar de todo ese halo de misticismo y respeto que la cultura le ha dado a la Segunda Guerra Mundial. Aquí, lo judíos no son esas pobrecitas víctimas de los campos de concentración que se cuidan unos a otros y que sufren todo el tiempo, sino unos hijos de puta rencorosos y vengativos. Aquí, los nazis no son esos fríos e inhumanos asesinos sin entrañas, sino unos cabrones sádicos e inteligentes, que también eran un poco idiotas y que se cagaban de la risa. Y eso es un respiro, la verdad.

No creo que sea una película que todo el mundo pueda disfrutar, pero vale la pena que la vean. Esta es la cinta más sergioleonesca de Tarantino, y como tal debe ser vista y juzgada. A mí me encantó: balazos, diálogos interminables que rematan con una cabeza hecha mierda, caritas cumshoteras, qué más se puede pedir? Ah, y creo que no hace falta decir que el soundtrack es una joyita por sí mismo.

District 9

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Quizá District 9 no sea la mejor pelicula de cinecia-ficción de la década, pero sin duda es la más original. Puesta en un contexto sudafricano, la pelicula solo plantea la etérna pregunta del geek: “y qué pasaría si…?” En este caso: qué pasaria sí, al llegar una nave extratrerrestre a Johannesburgo, esta se quedara sin energia y estuviera llena de aliens más parecidos a mariscos en 2 patas que a la creación inmortal de Stan Winston, muertos de hambre y asustados? Partiendo de esta premisa, D9 no muestra escenas de destrucción masiva, ni héroes hechos y derechos que salvan el pedo en un final al borde del precipisio y con música de John Williams de fondo; todo lo contrario, parece dispuesta a mostrarnos que la raza humana es ojete por naturaleza, que somo aprovechados y racistas, miedosos y egoistas. Sudáfrica, país famoso por su histórica segregacion racial, es el marco perfecto para esta fábula en la que vemos la burocratización del suceso más grande de la história de la humanidad. Los recien llegados necesitan ayuda y el mundo esta observando, así que el gobierno decide trasladar a esto a un campo llamado distrito 9, en el que poco a poco empieza a florecer el tráfico, la suciedad, la prostitución y demas cosas que caracterizan a los barrios bajos de todo el mundo.

La primera parte de la pelicula, filmada en el ritmo de un documental (y a la vez haciendo inteligente sátira de estos), es magistral al mostrarnos dicho prosceso. Y sí, la politica llena de buenas intenciones es la peor. Vemos convertido a distrito 9 en un problema monumental para con la gente local, por lo que las alta cúpulas deciden su cancelacion y posterior traslado de sus habitantes a un campo a las afueras de la ciudad. Es entonces cuando nos clavamos en la odisea de Wikus Van De Merwe (Sharlto Copley), funcionario encargado de que el pedo flúya de manera un tanto legal (ya que hay que mantener a ráya a los quejosos y mamaones observadores de los derechos No Humanos). Y esto ya es otro cantar. Y es donde podemos apreciar lo bien que puede quedar un guión puramente geek en las manos de un director talentosillo.

Distric 9 es la primera pelicula de ciencia-ficción que se siente sumamente fresca en mucho tiempo, y esto es debido a la manera de combinar al nuevo periodismo, a las coberturas de guerra, a los videojuegos, a los reallity shows, a los documentales y a las propias grandes peliculas del género en una cinta que al final resulta ser de madrizas y aventuras. Neill Blomkamp (director) sabe muy bien lo que quiere comunicar con su pelicula y con su muy particular génesis del anti-héroe. Y poco a poco vamos aceptando sin más la propia mitología del film, sin sentir que nos estan tomando el pelo. La última parte ya es solo de madrizas, pero muy bien contextualizadas, inteligentes. Claro, no es una pelicula perfecta; hay varias cosas que de verdad ponen a prueba nuestra predisposicion a la credulidad (como la forma en que Wikus escapa del laboratorio en primer lugar), pero estan son quejas pequeñas al lado de la originalidad del planteamiento,a las referencias al racismo y a la segregacion racial, a los mercenarios y a la paternidad.

Personalemnte, yo estaba feliz viendo esta pelicula. me la pasé muuuuy chingón, me tuvo al bode del asiento durante los 112 min. de duración, me hizo volver a sentir lo mismo que sentí cuando ví por primera vez Aliens en VHS, me hizo recuperar un poco la fé en el cine comercial, me hizo creer en la palabra de un pinche camarón intergaláctico, en fín. Pero para la gente que no es geek, pues solo resta decirle que debe darle una oportunidad a esta original cinta divertida y llena de acción, seguro se la pasarán chingón. Yo solo tengo que agregar que probablemente esta sea la pelicula del año, ya que despues de verla, volví a preguntarme: Y qué pasaría si…? Volví a soñar con extratrerrestres y naves que llegaban a buscar venganza, llenas de langostinos enfundados en sus armaduras a la Robotech. Y le agradezco eso.

Come with me if you want to live.

Ayer volví a ver The Terminator, en compañia de Wen, coronando una estupénda tarde de vinito y posho. Dylan ya estaba dormido, lo que nos permitió rantear sin complejos sobre la obra maestra de Cameron en los ochenta (aunque Aliens tambien dá batalla en este departamento). Ya tenia un rato que no la veia y la verdad, despues de los cháscos de las últimas 2 entregas de la sága, se le extraña ese pesimísmo en el futuro que, en 1984, conquistó a su poco público (porque a ésta, a diferencia de la 2, le fue de la verde en cartelera).

Me encanta esta pelicula, tengo que decirlo. Me encanta su look todo decadente y deseperanzado, muy a la Blade Runner en L.A. ochentero. me encanta el pedo del viaje en el tiempo, de un futuro en el que las máquinas se levantaron del invierno nuclear a hacer cagada a lo que quedaba de la humanidad. El concepto del futuro mesias, fusionado con la formula perseguidor- victima- guardian venido de lo mejor del cine noir, es fantástico. La acción… puta, esos balazos harian sonrojar a Michael mann, pero a quién le importa? eran los ochenta y las armas sonaban así. La música es otro pedo más apestoso: toda techno, muy sintetizada, escogida con maestria y conocimiento. Y qué decir de la megacogida que le ponen a Linda Hamilton? Recuerdo que ví esa escena a los 10 años y me shockeo mal pedo.

Realmente, The Terminator tiene que colocarse en mi Top 10 de peliculas ochenteras por todo lo que les hé mencionado y ademas por la admósfera muy particular que poseé y que no ha pedido. La escena del bar Tech-Noir inspiró en mucha medida el primer cuento que me fue publicado (llamado solamente Noir) y me sigue pareciendo magistral: por la gente, por los movimientos de cámara, por las luces, por la vieja que matan antes de Hamilton y que la aplasta al intentar huir, por la cara de Sarah Connor mientras el Terminator la marca con un überlaser dispuesto a volarle la tapa de los seso, por Burnin’ In The Third Degree sonando esordecedoramente mientras llega Ah-nold al bar con cara de pocos amigos (aunque, ahora, reculta que se ve “tiernito, en la edad de la inocencia”, según mi cuñada). Y tambien cómo olvidar aquel cielo mexicano que presagia una tormenta y que ví muchas vecez en mis sueños de niño. The Terminator es una obra maestra ochentera que esta hecha para encantar al cinéfilo y hacer orinarse en los pantalones a los niñitos que habian visto Star Wars y que aquí veian hombres y no pedazos. Hombres con gabardinas de detectíve y tenis Nicke que se madrean con esqueletos de metal y que sueñan con esqueletos de metal armados con lasers que pisan craneos humanos bajo el cielo siempre oscuro del holocausto nuclear. Durante los ochenta, esta es la pelicula perfecta para verse en la secundaria, en un día de pinta, en uno de los ya extintos multicinemas. Y salir y punkear vestido con aquella ridícula ropa y calzando aquellos ridículos Panam, que ahora resultan ser cool.

Como dato, vimos la pelicula en blue-ray y sí, la restauración les quedó muy bien. Sigue siendo una gran pelicula, una obra maestra del cine de accion y la cumplable de cosas como The Sarah Connor Chronicles. Per Cameron no tiene la culpa de eso; a él solo hay que agradecerle esta cinta, y la 2, y las frases legendarias, y el ojo del T-800 en la supercháfa escena de la curacion. Recuerdo que alguna vez leí el gag de que la idea de esta movie le vino a Cameron despues de soñar con los esqueletos de metal aplastando craneos humano. Me pregunto qué te tienes que meter para tener un sueño así.