Una joyita oscura interpretada por una japonesílla criada en París. Aparece en el Volumen 10 de las legendarias recopilaciones Girls in the Garage.
Sin un orden particular:
El sueño había terminado y era hora de hacer algo al ritmo de tres simples acordes.
Sir Arthur Conan Doyle sabía muy bien lo que hacía al crear a su personaje por excelencia. El Sherlock original era mucho más parecido al Downey Jr. de la pantalla que al inglés típicamente famélico, con gorro y pípa y sin ninguna capacidad atlética que las últimas películas y la cultura popular nos han pintado. El Holmes de os libros (y de la novela gráfica de Rich Johnston) era un tipo neurótico, antisocial, posiblemente adícto a la heroína y a la cocaína (ya que era lo único que le ayudaba a relajar su mente en los periodos de inactividad) y que hacía sus pininos en las peleas callejeras; pero que poseía una capacidad analítica envidiable y una habildad observatíva legendaria. Con este antecedente, la verdad es que no me sorprendió el retrato de Ritchie, al menos no al principio. El Holmes de esta película era, más o menos, el que siempre me habia imaginado y el que, creo, es el más crecano (o uno de los más cercanos) al personaje literario.
La cinta del ex de Madonna (qué mal se oye eso) es entretenida en grado sumo. Es una de esas películas complicadas, pero solo de forma y no de fondo. Los que este familiarizados con las muvis basadas en el personaje, así como en otras cintas de misterio, reconocerán los elementos de inmediato. Y tambien lo harán los que alguna vez en su vida hayan visto un episodo de Scooby Doo. La historia principal nos presenta a Sherlock Holmes (Robert Downey Jr.) y al buen Watson (Jude Law) versus Lord Blackwood (Mark Strong), quién pretende desestabilizar el Gobierno británico con... ejém, algo que ustedes ya verán. A la par de esta historia corren otras que se entrelazan de buena forma y le otorgan profundidad al pedo. En realidad es un guión sencillo, pero ejecutado de manera grandiosa. Pasando a otros aspectos, la ambientación es soberbia. El retrato del Londres Victoriano eternamente nublado es impresionante, el CGI usado con mesura y los decorados hechos con delicadeza y detallados hasta el hartázgo realmete son de llamar la atención. Las tomas abiertas son una delicia. Algo que me sorprendió al final fué que el director no tenga su crédito como guionísta, lo cual es de llamar la atención si vemos los elementos del bajo mundo que aquí son retratados y que nos remiten a muchos de los mejores momentos de Snatch o RocknRolla. Pero una amiga me hizo notar que, en realidad, se ve claramente que le pusieron un freno en este respecto y creo que tiene razón. El mismo Holmes es más cool que paria, lo cual ayuda a la cuestión box-office y esas vesches. Pero no es para nada un reproche. Los grandes momentos de weyes gigantes hablando en francés (épa Vinnie Jones!) o el enrrarecído ambiente de la arena de boxéo ilegal son suficientes como para recordarnos quién esta detras la lente.