The Girl with the Dragon Tattoo

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Nunca he leído los libros de Stieg Larsson y en realidad no tengo muchas ganas de hacerlo, aunque por ahí me han dicho que la fiebre por la Trilogía Millennium esta pesada. Como sea, probablemente alguna vez los cheque. Y al final de día ese no es el tema del post.

La película sueca de 2009 que nos ocupa en esta ocasión cuenta la historia de Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist), un periodista quisquilloso que al parecer molestó a un wey lo suficientemente poderoso para meterlo a la cárcel por un corto tiempo y, de paso, arruinar su reputación. A seis meses de empezar a cumplir su tiempo tras las rejas, estando sin trabajo ni amigos y ni perro que le aviente una meada, decide aceptar el trabajo de un viejo millonario que vive en una isla propiedad de su poderosa familia (los Vanger, empresarios de pocas palabras y menos sonrisas). El estarrio le cuenta a Mikael cómo su sobrina favorita, Harriet, desapareció hace 40 años sin dejar ningún rastro. La policía jamás encontró el cuerpo o al asesino (el viejo tiene la seguridad absoluta de que su sobrina esta más fría que Dillinger) y poco a poco el caso fue olvidado por todos, excepto él, quién siempre sospecho que algún miembro de la familia Vanger, por demas basta en su tiempo, era el autor del crimen. Y antes de morir le encarga a Mikael que intente resolver el caso. El tipo cuenta con la tecnología y habilidad suficiente para encontrar pistas nuevas en viejas fotografías y pronto se suma a su búsqueda Lisbeth Salander (Noomi Rapace), una haker bastante freak y con una personalidad tan gélida y retraída como la de Holly Hunter en The Piano. Pero, claro esta, es la mejor en lo que hace. Tratando de encontrar a la presuntamente difunta sobrina, este par nada singular se topa con unos asesinatos llenos de referencias bíblicas realizados desde los años cincuenta, al parecer por una sola persona. Una persona que todo parece indicar era conocida por Harriet.

La cinta se mueve con el ritmo de cualquier capítulo de CSI y es tan entretenida como uno de los buenos. Aparte que cuenta con el morboso atractivo de que la poco cándida Lisbeth es sometida a humillaciones y a una violación bastante ruda por parte de su tutor legal. Y después ella se desquita, también de una manera ojete, pero justa eso sí. La cámara esta manejada con sobriedad, como es característico del cine sueco, excepto en aquellas partes en que el director se quiso poner muy gringo. Las cuales son varias de hecho. La historia es sumamente interesante y las actuaciones en su mayoría son buenas, sobretodo la de Rapace. Nyqvist es bastante competente por momentos pero durante casi toda la cinta es tan carismático como el pedazo de hielo gigante que sale en Titanic. La verdad es que siento que jamás le entendió a la esencia del personaje y lo hizo bastante confuso para los que no hemos leído sus libros. Lisbeth, por otro lado, es un personaje muy estereotipado, pero cuya personalidad es bien manejada aquí, excepto al final, claro.

En realidad creo que se trata de una película de calificación 8. Hay secuencias muy bien logradas, pero ningún momento es particularmente memorable y creo que la incursión de algún gran clímax la hubiera elevado de nivel. No es la mejor película sobre asesinos o investigación, pero tampoco es la peor. El final me parece desacertado, ya que aunque deja la puerta abierta a la inevitable secuela (ya estrenada en Europa, al igual que la tercera parte), en realidad no invita a verla. O al menos así me pareció. Y bueh, seguramente se la pasarán bien viendola. Yo me la pasé bien. Pero creo que es probable que el remake gringo dirigido por David Fincher (programado para estrenarse en 2011) podría aplicar la misma que el caso Infernal Affairs/The Departed de hace algunos años. Esperemos.      

The Expendables

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Es difícil hacer una reseña a Los Indestructibles (circa 2010). Y es que la película es... bueno, una basura. Simple y sencillamente.

La cinta es mala por donde la vean. La cámara esta manejada con las patas. Digo, esas tomas de cámara-en-mano sin tener ni puta idea de donde esta el plano es bueno en cintas como The Blair Witch Project, pero porque la idea de esa movie era que estaba hecha por weyes aterrados y en peligro de muerte. Y que eran, además, estudiantes de cine. Aquí no hay pretexto. Las tomas son horriblemente caóticas. Duele la cabeza de solo verlas. También la mezcla de sonido esta del caraxo. Y ya no digamos el hecho de que cada cabrón mamado que sale aquí (y vaya que salen muchos) habla con el peor acento que se puedan imaginar. Supongo que esto era para burlarse de ellos mismos y de sus papeles anteriores, pero en realidad no resultó de esa forma. En realidad funcionó para que quedaran como retrasados mentales armados con un chíngo de músculos. Y el humor superidiota no hizo más que acrecentar esta percepción.

La historia es una pendejada de proporciones épicas, pero bueh, yo no esperaba otra cosa así que esto no es una queja. La queja es que la película no funciona al nivel que yo esperaba y que supongo que otros muchos también esperaban: ser divertida. The Expendables no lo es. Es estúpida, pero de una forma que te provoca pena ajena. Ahora en verdad nos damos cuenta de que el buen Rocky, después de tantas peleas y golpes de Iván Drago, quedó peor de lo que imaginábamos. Los cameos de Bruce Willis y Arnold Sch-lo-que-sea-negger son un poco cagados, eso sí, pero sus personajes no hacen más que complicar una historia que ni siquiera tendría que ser complicada. Y son complicaciones de un nivel que... ay Dios! Hasta los nombres de los personajes reflejan la poca imaginación de los guionistas.

Pero al salir de la sala extrañamente no sentí que me habían robado. No me daban ganas de ir y exigir la devolución de mi dinero. No me enojé como tantas otras veces  por haber visto tal pedazo de cala. Todavía no logro averiguar porqué. Quizá fue el ver una nueva película de acción 100%, lo que me recordó por un momento las sesiones en VHS con mi familia durante mi infancia. Quizá. Y digo, ni siquiera la acción de aquí es buena. El CGI de infinidad de películas de los noventa es mucho mejor que el de esta cosa y eso es francamente vergonzoso. Pero, como les digo, yo no sentí que fuera un robo.

No me cabe la menor duda de que Los Indestructibles es una película mala como pocas, pero tampoco es de lo peor que verán en su vida, se los puedo asegurar. Es cierto que no es pretenciosa y que incluso puede entretener por momentos, pero ni siquiera es digna de verse en el cine por todos los errores antes mencionados. Es para verse en el Cinco, en un domingo de Cine Permanencia Voluntaria, acompañados de una coca cola bien fría y su dotación de Doritos Nachos sazonados con salsa Valentina. Y eso es todo.

Kick-Ass

Kick-ass-closeup

Kick-Ass es el ejemplo perfecto de la película transformer, la clase de film que, sin darte cuenta, te muestra más de lo que ves. Y es que una primera lectura (o una visita ocasional, como bien puede llamársele) solo nos dejaría con la historia bien escrita (la cinta esta basada en un cómic de culto que me urge checar), con caritas cumshoteras, con el gran soundtrack y con la acción sanguinolenta y las escenas gore. Pero hay más, mucho más,  dentro de este film. Algo que la saca del nivel medio y que la eleva al Olimpo de las cintas de superhéroes. Qué es? simplemente su gran amor por la cultura del entretenimiento.
 
La historia es simple, pero a la vez no tanto. Un adolescente cuasi-invisible (Aaron Johnson) se pregunta un buen día porqué nadie en la vida real a intentado jamás ser un superhéroe. Y después de discutir interior y exteriormente las razones obvias y las otras no tan obvias, decide intentarlo él mismo. Se consigue un disfraz superchafa y se lanza a una cruzada heroica que casi le cuesta la vida. Después se lanza a otra más simple e idiota y completa uno de los momentos más grandiosos que haya producido el cine de superhéroes. La película logra llegar, con humor cagado y madrizas muy bien hechas, al tuétano de la razón heroica presente en todas las mitologías y en todas las culturas a lo largo de la historia. Lo que hace al superhéroe no son los superpoderes, sino las acciones heroicas, desinteresadas e inspiradoras. Ninguno de los personajes en la cinta es un metahumano per sé, pero todos tienen algo que los identifica y los hace, ejem, superhéroes: la empatía, que en estos tiempos equivale a un superpoder con todas las de la ley. Y también cada uno de los héroes del film sabe en el fondo que ellos mismos serían inútiles sin en la vida real no existieran tampoco los supervillanos. Pero estos sí existen.

La película esta llena de clichés sobre los cómics y el cine, pero estos están tan inteligentemente armados que la hacen sumamente fresca. Y lo mejor de todo son aquellos momentos en que la cultura pop se pone a disposición de los personajes para armar una frase o un momento grandioso, como cuando el guardaespaldas enorme y negro suelta su frase de: "I always wanted to say this: say hello to my little friend!" justo antes de estrenar su bazuca. O en la escena del jet pack. Esa clase de momentos son supremos, pero tan familiares que nos recuerdan todas las razones por las que amamos las pendejadas que nos entretienen, llámese cine, cómics o cultura pop en general. Y esa es la razón por la que también Kick-Ass puede mostrarse divertida, idiota o sumamente seria (como en la muerte de Big Daddy) sin bajarse de nivel en ningún solo momento.
 
En términos cinematográficos la cinta es sobresaliente. La fotografía es grandiosa, al igual que la dirección y el diseño de producción en sí. Las actuaciones rifan, sobretodo la de Nicolas Cage (ya se extrañaba algo bueno de él) y la de Chloe Moretz. Para los indecisos es bueno decirles que si bien esta película trata sobre el dilema y la génesis del vigilante, no es ni de lejos tan compleja y pretenciosa como la Watchmen de Zack Snyder. Es una cinta diseñada para ser consumida y disfrutada por todo el mundo, pero llena de detalles que solo algunas personas descubrirán y entenderán. Y los hará muy felices. Es simplemente de los mejor en muuuuucho tiempo.  

Se acabó

Espaa

Como cada cuatro años llegó el momento de la final. De ese partido a veces sobrevaluado y a veces inolvidable. De ese encuentro que resume los 63 restantes. Y, basados en eso, la final de Sudáfrica 2010 fue tan parca y carente de emociones como el torneo en sí.
 
Como el pulpo Paul había anticipado, España pasó sobre la escuadra germana en semifinales. Y de que forma. Controlando el balón, tocando, teniendo llegada. Alemania hizo lo que pudo, pero al final un error los dejo fuera de la fiesta (aunque ganaron el más que merecido tercer lugar). Y en el otro encuentro se impuso la lógica: Holanda avanzó sobre la escuadra charrúa que, sin embargo, se batió como los hombres hasta el último minuto y dejó en evidencia las debilidades de los creadores del Futbol Total. A la postre, Diego Forlán ganó el Balón de Oro. El wey es un crack pero más que nada es un hombre-equipo; completamente de acuerdo con la decisión.
 
Y llegó el 11 de julio, se dieron las 13:30 p.m. y el balón rodó en el Soccer City, como hace un mes. O casi. Y de inmediato se vio la dinámica del juego: España dominando. Pero para sorpresa de propios y extraños, los holandeses salieron con el cuchillo en los dientes dispuestos a matar a más de un hispánico con tal de parar su juego. Holanda se parecía más y más a Paraguay y España cayó en la trampa y se enredo en un juego sordo y pausado y demasiado peleado en media cancha. Así pasaron 45 minutos. La tensión se podía cortar con una katana y eso ocurrió en el segundo tiempo. Contragolpe holandés: peina Sneijder para Robben quién solo tiene a Casillas como único obstáculo hacia la gloria. Y de él son el tiempo y el espacio. Y falló. Sin demeritar la acción de Casillas (una gran gran jugada), creo que el error del 11 naranja fue mayúsculo. Esa, a la postre, fue la jugada clave. En cierta oficina madrileña el buen Florentino Pérez seguramente sonreía de oreja a oreja al señalar las diferencias entre un galáctico y un buen jugador. El Universo le dio la razón. Robben tuvo otro mano a mano más adelante, pero un jalón cuasidescarado de Puyol y el querer adornarse de más fueron suficientes para engrandecer aún más la figura del portero madridista. España también tuvo sus llegadas, pero al final perduró el empate a ceros.
 
En mi casa queríamos que ganara Holanda. Pero también sabíamos que los españoles habían sido muy superiores en el trámite del juego y que la única esperanza para los Tulipanes era llegar hasta los penales y esperar un milagro. Y por un momento parecía que llegarían hasta la última instancia. España llegaba al marco pero ya sea por exceso de protagonismo o abuso del tiro largo o errores o aciertos de la saga naranja, el gol simplemente no llegaba. Y del otro lado: nada. Fue hasta el minuto 10 del segundo tiempo extra cuando los catalanes se acordaron de la filosofía  cruyffquiana del "tercer pase" y Fábregas conectó con Iniesta después de recibir el balón del Niño Torres. Iniesta midió el Jabulani y lo golpeó antes de llegar al suelo, fusilando sin piedad los sueños holandeses de que la tercera sería la vencida. Todo el mundo sabía que era el gol de título, ya que una reacción tulipán se vislumbraba más lejana que el hecho de que el mentado Fernando Torres marcara una anotación. Y al final el silbatazo final, el llanto de Casillas, los abrazos, el aplauso frio del Príncipe de la Casa de Orange, los brincos de la Reina Sofía, la premiación, Blatter otra vez en la foto y el pasillo al Campeón. España había entrado a la élite más exclusiva del deporte.
 
Y si bien ahora le llueven piropos al Campeón, la verdad es que nunca me han caído bien y no creo, fuera de eso, que sean un equipo a la altura de los elogios. Me gusta su toque e balón y su filosofía de juego (completamente Futbol Total; Johan Cruyff es el artífice de este título, le pese a quién le pese), pero son terriblemente improductivos de cara al arco. Un equipo que tiene tantos pedos para meter un gol no puede ser considerado excelente. De hecho, el partido contra Suiza es el modelo. Los suizos resistieron los embates, metieron la que tuvieron y no cometieron un solo error, algo que ni alemanes y holandeses hicieron. Tampoco es aplaudible el exceso de protagonismo de los integrantes. En la final todo el mundo quería ser el héroe, todo el mundo quería meter el gol del gane. Y aunque se entiende el egoísmo, no es para nada recomendable. Pudieron liquidar el partido desde mucho antes si hubieran mostrado algo más de compañerismo. Y también cayeron fácilmente en el juego de las patadas que el rival inició, como a su vez se desesperaron en el mentado primer partido de la Copa. Pero más allá de eso no podemos quitarle mérito al título y, sobretodo, al cómo lo consiguieron. Para bien o mal siempre respetaron su estilo, siempre trataron de hacer un juego vistoso y ofensivo y eso se agradece. Demostraron que físicamente es mejor tener el balón que aguantar atrás (tanto Holanda como Alemania terminaron fundidas de tanto corretear el esférico), demostraron que sí se puede ganar una Copa del Mundo jugando bien (eh, Dunga) y, aunque ningún equipo los atacó en serio (salvo Chile y eso solo por momentos), demostraron lo importante que es tener un gran portero en el equipo. Un portero que no solo para las obvias, sino que detiene las imposibles. España es un digno Campeón del Mundo, pero me siguen cayendo pésimo.
 
Y así terminó Sudáfrica 2010. Terminó con un nuevo campeón, por más que cada vez día de competencia parecía un collage de momentos y partidos históricos. Terminó con una final netamente europea a pesar del aparente dominio de equipos americanos durante la primera fase. Terminó con un campeón que ataca antes que defiende por más que en la competencia abundaron las formaciones defensivas. Terminó con una decepción carioca y con un claro claro claro favorito para dentro de cuatro años. Terminó con el mundo rendido ante los vaticinios de un molusco germano; el mismo mundo que sabía que el Chicharito tenía que ser titular, que Franco apestaba y que España sería la ganadora absoluta. El mismo mundo que en todo tuvo razón. Terminó con una televisión abierta que suckea y gacho en deportes, con una TV Azteca a la que solo le faltó encuerar a sus conductoras (lo que no hubiera estado nada mal, dicho sea de paso) y con una Televisa que explotaba los mismos gags de hace treinta años una y otra y otra vez. Terminó con el futbol completamente olvidado en ambas televisoras. Terminó con Shakira moviendo las nalgas, con el mal humor de las ignoradas jevas y con el glorioso panorama de un mes en el que sabíamos que tendríamos, mínimo, 90 minutos de futbol diariamente.

Y ahora la nostálgica. El tratar de crear una nueva rutina, porque es demasiado fácil acostumbrarse al futbol. El tratar de digerir el Jaguares-Querétaro de nuestro futbol local. El asimilar que faltan 4 largos años para la nueva fiesta. El tratar de volver a una normalidad de muertos, de un Congreso en desmadre 24/7, de un Zócalo ya sin Fan Fest pero todavía con electricistas en huelga de hambre, de una guerra casera contra el narco, el de la filosofía de que “si no estas con nosotros estas contra mi” del Presidente, el de tramites burocráticos cagantes y el del sol de hueva. Y es que es tan fácil olvidar nuestra miseria con el futbol. Pero ahora sí: bienvenido a tu vida. A tu realidad, donde tu felicidad esta en tus manos y no en los pies de 22 desconocidos.
 
Pero bueh, Brasil 2014 ya está a la vista.    

Toy Story 3

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No era un secreto el hecho de que mi emoción por esta película era prácticamente nula y que mi temor de que la tercera parte de la saga de los juguetes más famosos de los noventa (estrenada a más de una década de la original) fuera una basura era gigantesco. Pero, como muchas veces, esos cabroncitos de Pixar demostraron que los temores eran infundados y que sí se puede terminar bien lo que se empieza bien (eh, Sam Raimi).
 
En primera, creo que es imposible ver esta película sin pensar y lanzar más de una vez la exclamación de que las mentes maestras de Pixar son unos xodidos genios. Cada toma, cada encuadres, cada secuencia destila cultura cinéfila y un manejo de la emoción pocas veces visto en esta clase de género del entretenimiento. Muchos momentos destilan aromas a Einsestein, a Spielbreg, a Kubrick y hasta a Buñuel. Muchas referencias son completamente desconocidas por el público menor de 12 años, pero se agradecen en el alma por no caer en el chiste fácil a la Sherk 2. Toy Story 3 es lo suficientemente inteligente para respetar a su público y conocer lo que cada espectador tiene dentro. En verdad es de esas película sí que hay que ver con la sala repleta, con la sensación de que, al menos por unos minutos, estamos conectados con la misma gente que lanzó una exclamación igual que la nuestra gracias a que las imágenes que ambos estamos viendo realmente aflojaron algo en nuestro interior. La montaña rusa emocional esta garantizada y es impresionante.
 
La historia creo que todos la conocen. Andy, el dueño de los juguetes, ya creció y esta a punto de irse a la universidad. Un error hace pensar a crú (Buzz, Hamm, Rex, Jessie, Señor y Señora Cara De papa, 3 Hombrecitos Verdes, Tiro Al Blanco y Slinky) que su dueño intentó echarlos a la basura en lugar de guardarlos en el desván y ahora deciden empezar de nuevo en una guardería. Woody intenta hacerles recordar que tienen un deber para con su dueño y que deben volver para estar ahí cuando él los necesite. Total, que en la mentada guardería ocurren cosas oscuras debido a un oso de peluche con olor a frutas, un bebe gigante y musculoso y un chango a la Tío Gamboín. Y estos elementos conforman la aventura más grande y autocomplaciente de toda la saga. Como generalmente ocurre en todas las terceras partes, menos en Rocky 3 (ahí pasó en la cuatro).
 
Lo más destacable es el humor. La cinta es en extremo divertida, en serio. Yo no recuerdo haberme reído tanto desde The Hangover. Los gags de Buzz, pese a ser quizá los más plasticosos, son sumamente cagados y cumplen con la función de colocarlo como el amigo handyman por excelencia. El tipo de amigo que todos necesitamos en la vida. Y la subhistoria de Barbie y Kent... tan predecible e increíble que en verdad cuesta creerlo. Y a la vez no tanto. Tantos estereotipos, tantos conceptos e ideas infantiloides puestas por primera vez en un scrip que en verdad cuesta creer cómo los tipos de mattel aceptaron esa clase de tratamiento para sus productos más emblemáticos. Y aunque Woody se diluye un poco en este aspecto, su escape original cuenta con un momento jocoso realmente grande. Y ya con el humor de este nivel, la narrativa se siente dinámica. Hay acción en cada momento, pero no es frenética. En realidad todo se va cociendo a su tiempo, a pesar de la idea de que están pasando demasiadas cosas en poco tiempo. La historia merece un Oscar por sí solo (quizá sea por fin el Oscar "serio" que la compañía merece desde hace años). Y ya cuando creemos que lo épico del pedo nos atrapó y complació por completo, viene el final. Un final muy a la Remi, demasiado melancólico e inteligente para definirlo aquí. El adiós a la infancia, el hecho de que las cosas son simplemente cosas, que lo que tenemos y siempre tendremos son las marcas en el corazón de los buenos momentos que pasamos juntos. Andy encuentra un principio nuevo, a una digna "portadora" (una niña bastante simpática y gentil, por cierto) y su momento juntos es quizá el momento emocionalmente más brutal de toda la saga (y miren que por ahí hay un par que bien pueden competirle en este aspecto).
 
Toy Story 3 es una cinta universal y mágica, ademas de xodidamente memorable. Por momentos parece estar hecha para adultos nostálgicos más que para niños, pero ambos públicos se la pararán bomba en la sala. Por cierto, verla en IMAX 3D es impresionante, pero creo que la experiencia no pierde demasiado vista en pantalla norma. El doblaje es bueno. Y bueh, pues esta de más decir que se convirtió en mi favorita de las 3. En serio no deben perdérsela y no dejen de analizar al Woody de esta entrega. El Woody enlace, el Woody como héroe no tan trágico sino más que nada sumamente épico. El Woody que nos recuerda que todo tiene un final, pero que a la vez algo más vuelve a empezar. El Woody que nos enseña lo sano que es cerrar y comenzar los ciclos. El Woody que nos recuerda que al final siguen existiendo las cosas buenas.
 
Y Bebote rockea, por cierto.  

Retro

Diego

Todavía no puedo entender lo que pasó con Brazil, aunque claro, ya tengo mi propia y privada teoría. En ella estipulo que el orden que Dunga y su cuerpo técnico intentaron meter al sistema de los artesanos del balón al final les cobró factura y transformaron su libertad en un caos de proporciones pedejamente grandes. La realidad es que Holanda jamás llegó a poner en aprietos a los de la verdeamarela hasta el primer gol. Y después de eso el mundo se les acabo a los cariocas. Quizá se dieron cuenta de que no podían ganar un partido con solo proponérselo, que su orden no servía contra un equipo que los esperaba bien plantado atrás, que los espacios eran demasiado necesarios en su juego y que no sabían crearlos en una situación de igualdad y que su defensa, su bastión, también podía fallar. Brazil fue devorado por los mismos demonios que creó desde que Dunga tomó el mando de la selección. Y si, me cagó. Holanda por otro lado no mostró demasiado. No me gustaría que ellos se llevaran la Copa, aunque eso probablemente compensaría el que la generación del 74 no la ganara.

Ghana y Uruguay brindaron el mejor partido del Mundial y por mucho. Pobre del número 3 del equipo africano, pero así es el futbol. Unos minutos antes puedes tener a cualquier mujer con solo tu presencia y unos minutos después eres un paria. Aquí seria muy difícil hablar de merecimientos, simplemente Uruguay aguantó 120 minutos en los que, al final, se vio muy superado. Y tiró mejor los penales (El Loco Abreu es un xodido dios por tirarlo así). Lo que hizo Suarez es una trampa, claro. Pero al final del día el fin justifica los medios. En todo. Simplemente hay que hacer lo que tienes que hacer.

Alemania se mostró tan sólido como el acero producido en sus tierras frente a la enjundiosa selección argentina. Ya ni quién se acuerde de que perdieron con Serbia, verdad? Y bueh, simplemente destrozaron a los dirigidos por Diego con un 4 a cero. Ahora sí, se vio claramente que Maradona no es un entrenador. Y se vio a una selección germana sin fisuras y aterradoramente poderosa. Perfilada para coronarse. Özil rockea, por cierto.

España va ganando sus partidos con lo mínimo, pero me está asustando. Ya rebasó su histórica etapa de muerte y quién sabe lo que pueda pasar con ellos.

Ya falta poco para el final. Y para la Final, que bien puede ser una repetición de la del 74. Por cierto, en  dicho Mundial fue la ultima vez que Brazil perdió con Holanda y que Argentina se fue a casa por 4 goles. Esto sí que es retro.