Scott Pilgrim VS The World

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Es interesante entrar a una sala sin tener ni idea de lo que vas a ver y, sobretodo, de como te va a afectar la película que estas a punto de videar. Entré a ver esta cinta solo por ser el trabajo más reciente de Edgar Wright. Pero al final terminé saliendo de una de las experiencias cinematográficas más personales y emotivas de mi vida.

Scott Pilgrim vs The World es sin duda una hija bastarda de su tiempo. Y es que aunque la historia es por demás simple y universal -chico tratando de conquistar a chica-, la forma en la que esta hecha la sitúan de inmediato en esta época, cosa que, con todo y sus efectos y millones de dólares, no pudo hacer Avatar. El humor magistral de la cinta tiene que ver con chistes locales -e idiotas- presentes en las redes sociales, con emoticons, con manga japonés, con rock independiente, con los arcades, ad nauseam. En resumen es una historia que conecta perfectamente con todas aquellas personas que nacieron en los ochenta y crecieron durante los noventa y que no pasaron sus primeros años encadenados a un boiler de gas. A todos ellos bien les puede asomar una sincera sonrisa al ver momentos de su vida retratados aquí. Simplemente nos damos cuenta que todos encajamos en alguno de los personajes de la cinta. Todos hemos sido el pretendiente Scott y Ramona Flowers, su inalcanzable jeva, o la despechada Knives Chau, o la hijadeputa Envy Friday, o el gélido Gideon. Esta clase de cosas es lo que nos enseña que no hay cosa más estúpida que pensar que somos especiales.

Y como una persona que vive esta época, la cinta me pareció grandiosa. La dirección cumple satisfactoriamente (no se esperaba menos, la verdad), el cast esta pocamadre, en especial Mary Elizabeth Winstead y Jason Schwartzman. Muchos momentos memorables, grandes secuencias de acción y un soundtrack casi perfecto completan el cuadro. Igual no creo (o no quisiera creer) que esta sea una de esas películas que no son para todo el mundo -como Watchmen-, sino que cualquier persona con un poco de sentido del humor se la pasara bomba viéndola, aunque entiendo que muchas personas la consideren teta y banal y odiosa (algunas personas se salieron de la sala donde la vi). Se necesitan ciertas referencias para sacarle el mayor jugo, sí, pero eso no impide que sea una experiencia sumamente disfrutable para todo mundo. Por eso me sorprendió la poca cantidad de salas donde fue estrenada en el DF (solo 7) y la nula difusión por los medios convencionales (tele, radio, periódico), pero bueh, como leí por ahí, hay que aceptar el hecho de que vivimos e un país donde el nombre Scott Pilgrim no significa nada y el de Adal Ramones significa mucho.

Pero bueno, tengo que agregar aquí que lo que la hizo increíble para mí  -más allá de lo antes mencionado- fue una cuestión meramente personal. Con esta película tuve un momento de iluminación calibre alcohólico-al-darse-cuenta-de-que-necesita-ayuda. Ya saben, una de aquellas "revelaciones" que en realidad no te enseñan nada nuevo, porque lo que te dice ya lo sabias, sino que solo te lo dice de la forma correcta, en el momento correcto, con el resultado de volarte la tapa de los sesos. Y lo que a mí me dijo es una verdad universal: en la historia de la humanidad nada que haya valido suficientemente la pena se ha conseguido sin pelear. Verga. Y eso, claro aplica a todo, desde una carrera universitaria o un trabajo deseado o el auto idealizado y, claro, una mujer. Todo lo que vale la pena tiene que costar trabajo, o cuesta trabajo porque vale la pena. Eso es lo que me dejó Scott Pilgrim y solo por eso se convirtió en una de las mejores películas que he visto en el año.

Tienen que verla, so pena de perderse de una verdadera maravilla.   

You must be Kinect me

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Soy un hombre de principios: me gusta la cerveza fría, la tele fuerte, ver cine en el cine, las caritas cumshoteras y el lado fresco de la almohada. Me gustan que los zombies no corran; soy fan de que sean lentos y putrefactos e inagotables, pero entiendo que una película como Zombieland tienda a funcionar más con zombies correlones y lo celebro (en 28 Days Later... técnicamente no hay zombies, sino gente enferma. Muy enferma), lo que les da una idea de que también soy un hombre flexible para ciertas cuestiones. Y es que al final del día: quién soy yo para decir que no se deben romper los cánones de vez en cuando? Pero eso no aplica a todo.

Verán, en aquél invierno, de... eh, déjenme recordar, 2006, el mundo  se convulsionaba por una cosa llamada Wii. Bueh, no todo el mundo, claro esta.Yo, por ejemplo,  veía a aquella cosa más parecida a control remoto de un DVD Naoki que a control de videojuegos con la misma desconfianza que un púber ochentero enamorado de su Atari 2600 veía aquella cosa llamada Famicom, hecha por japoneses. Qué sabían los japoneses de videojuegos? Pero bueh, pronto caí en la cuenta de que el Wii era, según decían, la onda para el videojugador casual, aunque yo le daba un año de vida a lo sumo. Nintendo supo manejar muy bien su consola y la hizo líder de la guerra, al menos en lo que a ventas se refiere. Y es que esa era la idea: cambiar la concepción original del videojuego y, porque no, del videojugador. Hay que decir que, con todo, vivimos en una época un poco más abierta y tolerante para lo geek. Verán, en los ochenta si un wey que se veía ya medio huevudo decía ser fan de Star Treek o alguien lo veía leyendo un comic, inmediatamente era catalogado como un reprimido sin amigos que posiblemente terminaría descargando el contenido de una Magnum calibre .45 sobre los clientes de algún Taco Bell. Ahora si alguien dice ser fan de Star Treek solo es considerado interesante o a lo mucho raro. Y después de determinada edad la gente ya no lee comics, sino novelas gráficas. Los tiempos han cambiado y ahora hasta jugar videojuegos es una gran actividad social. El Wii es para jugar bolos o box o lo que fuera acompañado y de pie y con pizza y cerveza (fría). Nada más. Ya bien entrado el 2007 yo jugaba mucho Guitar Hero en el PS2. Fue en la época en la que tuve mis primeros contactos con los Wii de algunos amigos y aunque mis experiencias con dicha consola nunca fueron malas (sí, solo jugaba Wii Sports y un poco de SSB Brawl), tampoco le vi el chiste. Para mi jugar videojuegos era solo sentarte en un sillón  a apretar botones hasta hartarte o pasar al siguiente nivel. Siempre fueron eso y supongo que siempre lo serán. Seguí y sigo siendo fan de Guitar Hero, pero no así de Rock Band, ya que la verdad me frustra de más tener compañero tan idiotas, aunque claro, RB es algo diseñado exclusivamente para fiestas. Fiestas en las que haya alcohol, de preferencia. Lo mismo que el karaoke para los bares (soy un hombre interesado en tecnisismos, pero no en esos tecnicismos).

He jugado videojuegos desde los 7 años y supongo que lo seguiré haciendo hasta que la muerte o la artritis me lo impidan. Pero nunca he sido fan de la interacción con algo más que un simple joystick. Nunca fui adepto de Dance Dance Revolution y muchas veces la sensibilidad al movimiento del control del PS3 me ha hecho lanzar varios improperios (aunque acepto que hizo que romper cuellos en MGS4 no solo fuera más fácil, sino algo absolutamente disfrutable). Siempre he sido un gamer algo clavado, ya ven, por lo que ahora el objeto de mis sospechas es esa cosa llamada Kinect, lanzada ayer en Estados Unidos y algunos otros países de América. El Kinect, para los tipos que acaban de despertar del coma, es un dispositivo para el Xbox 360 que te permite controlar ciertos juegos usando solo tus brazos, piernas y movimientos corporales. Ahora no solo agitarás un control como idiota frente a tu televisor, sino que serás tú el que se agite como gusano en comal caliente para jugar. Ok, creo que el futuro ya nos alcanzó. Demás esta decir que el catálogo de juegos para el Kinect esta repleto de juegos simples y perfectos para la interacción social, por lo que esto no es más que un ataque directo al Wii, casi 4 años después.

Por una parte sé que yo jamás compraría un Kinect, así que en cierta medida me vale un poco. Por otra sé que los videojuegos simples diseñados exclusivamente para el videojugador casual tiene el merito de ayudar a la industria a solventar la producción de un The Legend of Zelda o un Metal Gear Solid, que son juegos más complejos y caros de producir y que muchas veces no se venden tan rápido para que sean rentables o al menos tan rentables como una nueva versión de Wii Sports. Pero esos son los juegos que los gamers amamos, así como amamos solo sentarnos en el sillón para jugar. Y bueh, el caso más importante es que cosas como Wii o Kinect ayudan a cambiar esta percepción o al menos lo intentan. Ahora jugar es como hacer ejercicio, pero más divertido, ven? Ósea que el videojugador, de hecho, solo se esta entrenando o algo así. Y digo, no estoy en contra de eso, pero siento que no es sustituto para salir y hacer ejercicio o simplemente correr en exteriores como lo hacen las personas normales. Ahora los morrillos se conformarán con hacer el ridículo frente a su Kinect en lugar de disfrutar de los exteriores.

Yo no estoy  posición moral de juzgar a un chavo que se pasa 30 horas metido en un mundo virtual creado por Rockstar Games en lugar de, no sé, meterse a un equipo de americano o algo. Digo, yo me he pasado 30 horas metido en un mundo virtual creado por Rockstar Games o por Nintendo. Pero al menos en mi caso eso nunca me impidió hacer otras cosas. Y digo, siempre existirán los vaguitos, pero lo verdaderamente malo es que la inmensa mayoría de los vaguitos no terminarán siendo unos cabroncitos como Matt Dillon en Rumble Fish, sino que tienen más probabilidades de convertirse en nerds antisociales con sobrepeso que a los 30 años no han cogido una vez en su vida, se masturban compulsivamente y hablan klingon o alguna pendejada por el estilo. La cosa es el equilibrio, amiguitos, ya lo dijo el pomposo Juvenal: Mens sana in corpore sano. Para mi lo mejor siempre fue combinar las artes nerdaceas con el deporte. Y digo, es chingón terminar un juego, lo sé, pero también es una lástima que un chamaco no aproveche los días y salga a correr o a andar en bici, ensuciarse con lodo, tocar timbres, patear pelotas, fumar a escondidas, hacer hasta lo imposible para verle los calzones a las niñas… ya saben, las cosas bonitas de la infancia.

Además, el cielo sigue siendo azul. Todavía.          

El día despues del final de la Serie Mundial 2010

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Y bueno, al final solo pudimos disfrutar de 5 partidos en la Serie Mundial de Beisbol de este año, que enfrentaba a unos Gigantes de San Francisco, quienes habían sufrido de más para entrara en la postemporada, en contra de unos Rangers de Texas que habían dejado en el camino a los Yankees de Ny y que se presentaban con una ofensiva poderosa y un picheo dominador. Pero la tónica de los juegos no pudo ser más diferente.
 
El juego uno enfrentaba a los pichers estrellas de cada conjunto: Tim Lincecum por los Gigantes (ganador del Cy Young del último par de años) en contra de Cliff Lee (invicto en postemporada y a quién le debíamos el hecho de que la WS del año pasado hubiera llegado a seis juegos). Pintaba para un duelazo de lanzadores pero terminó siendo un juego de 18 carreras, en donde vimos a un Lee francamente desconocido pichar en contra de un morrillo de pelo largo que la pasó muy mal durante sus 2 primeras entradas, pero que después lució dominador. Al final los Gigantes tomaron una ventaja que jamás soltarían. El segundo juego sí resulto ser un duelo de picheo grandioso entre Matt Cain  y C. J. Wilson, quienes mantuvieron el juego apretado hasta la parte baja de la octava, en la que los relevistas de Texas mandaron todo al demonio al permitir un rally de siete carreras, con el que al final se fueron blanqueados 9 a 0.
 
Entonces la Serie se traslado a Arlington, a un parque completamente rojo en el que los Rangers trataron de imponer condiciones durante el Juego 3. Y al final lo lograron. Su pícher abridor Colby Lewis mantuvo en ceros a los de la bahía durante seis entradas y aunque al final se apretaron las cosas, cuatro carreras producidas y un buen trabajo del cerrador Neftali Feliz le dieron a Texas su primera victoria de Serie Mundial en su historia como franquicia. Pero el sueño duró poco. Para el Juego 4 se presentaba un duelo de novatos en la lomita: Madison Bumgarner  por San Francisco en contra de Tommy Hunter. Cabe decir aquí que absolutamente nadie esperaba un trabajo tan bueno como el de Bumgarner, quién durante ocho entradas mantuvo secos a sus rivales con un picheo francamente explosivo. Y con la ayuda de un par de cuadrangulares (uno de ellos para producir 2 carreras), los Gigantes volvieron a blanquear a los Rangers y se colocaron a una victoria de coronarse por primera vez desde hace 57 años.
 
El Juego 5 repitió el duelo de lanzadores del Juego 1, solo que esta vez no pido ser más diferente. Lincecum y Lee dieron una cátedra de picheo durante 6 entradas completas. Pero en el inning de las grandes emociones (La Fatídica: La Séptima Entrada) un descuido del zurdo estelar de los Rangers trajo un homerun de 3 carreras conectado por Edgar Rentería (quién a la postre resultó MVP) del que ya no se recuperaron, incluso contando el cuadrangular solitario de Nelson Cruz conectado en la parte baja del famoso inning. Al final un salvamento de Brian Wilson (no The Brian Wilson) les dio a los Gigantes su primer título de Serie Mundial desde que se mudaron a San Francisco (su último campeonato, aquél de 1954 en contra de los Indios de Cleveland, lo consiguieron aún como Gigantes de Nueva York).
 
Y pues sí, como siempre la Serie Mundial fue disfrutable. De más esta decir que no soy el aficionado más leal del juego de pelota que existe. La verdad es que desde siempre he considerado a los partidos de beisbol de temporada regular como mi remedio favorito contra el insomnio, pero todo eso cambia en la postemporada y sobretodo en la Serie Mundial. Siempre veo el clásico de otoño con mi familia y eso es lo que la hace grandiosa, sin importa si no sabemos qué tal la pasaron los equipos contrincantes durante los cientosesentaytantos juegos de la temporada o, como en este caso, sin ver a los Yankees a los que todos le vamos. Solo se trata de dejarnos envolver por la mística del rey de los deportes, apreciar otra vez lo importante de las reglas de cada liga, el papel del manager a la hora de escoger a los bateadores designados, el observar cómo en mandamás del equipo le pide la pelota en el centro del campo al pícher que deja en terreno después de hacer las famosas llamadas a la caseta. Y sobretodo aquellos grandes dichos beisboleros que al final resultan verdad como que después del error siempre llega el hit o que pícher que inicia ponchando pierde el juego. El Beisbol no es mi deporte favorito, pero sin duda es el deporte que más respeto.
 
Y así se terminó otra serie mundial y el año llegó a noviembre. Y supongo que a esto se le llama paso del tiempo, no?