Al final se dobló el acero

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Pues sí, Green Bay lo hizo. Jugando un futbol practico y efectivo al ataque, y gracias a su defensiva feroz y oportuna, los "Cabezas de Queso" conquistaron su título #13 en la NFL (aunque este es solamente su cuarto Super Bowl) y sumieron en la melancolía a la nación del acero, quienes fueron testigos de la derrota de su equipo en el Súper Tazón más visto de la historia.

 
Fue un gran juego, sin duda a la altura de las expectativas, aunque creo que desde el principio se vio de qué lado mascaba la iguana. Los Steelers salieron a jugar con todos los yarbloklos que se le pueden pedir a un equipo en estas instancias, pero se enfrentaron a un conjunto que pasó mejor la pelota, que golpeó mejor y que prácticamente no cometió errores durante la primera mitad, la cual terminó 21 -10 a favor de los de la bahía verde, gracias a 2 intercepciones (una de ellas regresada para touchdown) y una serie impecable de Rodgers en los albores del partido. Pittsburgh regresó al emparrillado del Texas Stadium en la segunda mitad dispuesto a hacer la hombrada de remontar y ganar el juego. Y por momentos parecía que lo lograban. El ataque del Big Ben lucia lleno de enjundia y la ofensiva de los Packers empezó a soltar balones y a cometer castigos a lo pendexo. Al término del tercer cuarto, los Acereros estaban solamente a 4 puntos. Pero en la primera jugada del último capítulo R. Mendenhall, quien había batallado durante todo el juego para encontrar espacios (y que al final solo corrió para poco más de sesenta yardas), soltó un balón a medio campo que fue recuperado por los Empacadores, quienes unas cuantas jugadas más tarde convertirían esa bola suelta en siete puntos que se sintieron como el último clavo en el ataúd de los Steelers. Aún así estos no bajaron los brazos (son un equipazo, hay que decirlo) y jugadas más tarde llegarían a las diagonales de nueva cuenta, para después sacar de la chistera una jugada de opción para anotar la conversión de 2 puntos que los puso a un gol de campo de empatar el partido. Rodgers y su equipo anotaron un FG en su siguiente serie ofensiva y con una ventaja de 6 puntos y 2 minutos en el reloj, se sentaron a esperar que la defensiva hiciera la chamba. Y lo hizo. La defensiva #2 de la Liga en puntos recibidos (solamente detrás de la de Pittsburgh) aguantó los embates de un Roethlisberger que lució apurado e impreciso. Un paso incompleto en cuarta oportunidad selló de manera definitiva el primer título de la bahía verde desde 1998.
 
Los Packers son un gran equipo sin lugar a dudas y A. Rodgers lució como pocos QB en estas instancias y es un merecido MVP. Ahora si ha escapado definitivamente de la sombra de Favre y no se esperan más que grandes cosas de él. Del otro lado, bueh, hay que decir que el Big Ben no jugó bien. Y que la defensiva acerera falló a la hora de hacer la jugada grande. Polamalu lució impreciso y eso se notó en los demás. Aún así se les reconoce los huevos que le pusieron al juego, demostrando que hay formas de perder y que la de ellos es la mejor. Pero bueno, felicidades a todos los fans de Green Bay, en especial a los más o menos 112 mil accionistas del equipo. Jugaron muy muy cabrón.
 
Y qué pedo con Christina Aguilera?    

Death By Barbie

Ya sabía yo que esta muñeca estaba podrida. Mariel Clayton nos demuestra con este set de fotos que Barbie no solo es directamente responsable de severos traumas infantiles en un sinnúmero de niñas (que más tarde desarrollan inseguridad patológica gracias a ellos, en el mejor de los casos), sino que también puede ser una asesina despiadada con una marcada tendencia hacia la mutilación y el canibalismo. Buen provecho! 

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Zombies en la tele!


Que no: "Zombies por la Tele".
 
Alguna vez leí en una entrevista hecha a esta jeva, cumshoterita como pocas dicho sea de paso (quién no solo sale en un papel importante en una de las series que mencionaremos más adelante, sino que también hacía sus pininos en la recomendable Prision Break), si creía que dentro de poco los zombies iban a tener un impacto cultural entre los shiiiavos tal y como lo tienen esos otros seres ficticios (en serio, lo son) llamados vampiros. Y es que si prestan atención, últimamente ha habido no solo varias movies de zombies (la mayoría de un nivel mediocre, todo hay que decirlo), sino que también varios videojuegos han hecho versiones de los estarrios juegos de guerra o FPS ambientados en el holocausto zombie. No me acuerdo cómo respondió a la pregunta la mentada actriz, pero me parece que en realidad la onda no va por ahí. La identificación del gran público con las cintas de zombies no se da por su gusto hacia los muertos vivientes, ya que estos no tienen ese sex-appatel que hace populares a vampiros u hombres-lobo. Los zombies son asquerosamente pútridos y sumamente pendejos, además de que están muertos. He ahí a unos tipos realmente xodidos. La empatía del público, entonces, se centra en la figura del superviviente. Este no necesariamente es el más fuerte o rápido, sino que generalmente usa solamente su inteligencia para escapar del peligro. Generalmente existen dos clases de ellos: a) el wey que aún cree en la humanidad y los valores del mundo ya decadente, por lo que esta dispuesto a morir (y generalmente muere) por proteger a alguien, ya sea un miembro de su familia o un amigo encontrado en el camino; y b) el ojete que busca sobrevivir sin importar cargarse en el camino a tantos zombies como pueda o incluso a otros humanos. Ambas figuras son poderosas y atractivas y es por eso que el gran público se identifica con ellas de manera tan fácil y llega a idealizarlas y se da por imaginar lo que ellos mismos estarían dispuestos a hacer en una situación del fin del mundo. Claro que para desarrollar con éxito tal clase de caracteres en más o menos dos horas (al hacer una película) se necesita de un talento cinematográfico que muy pocas personas tiene. Es por eso que los principales medios para que estas historias se desarrollen de manera brillante bien pueden ser las novelas gráficas (o cómics, pues) y las series de televisión, en donde si encontramos tiempo para crear personajes apasionantes en medio de situaciones extremas. En este post analizaremos 2 de estas últimas, una estadounidense y la otra británica, para ver sus tramas y producción, así como su particular forma de manejar la mitología del zombie prestado del cine y la evolución de éste ahora como estrella de la pantalla de plata.
 


 

La primera es "The Walking Dead" (2010), creada por Frank Darabont, basado en la novela gráfica escrita por Robert Kirkman (la cual no he leído y por tanto de la que no hablaré), emitida por AMC network originalmente e internacionalmente distribuida en los canales Fox. La premisa de esta serie es básica: un sheriff (Andrew Lincoln) de un pueblo rascuacho de las afueras de Atlanta recibe un par de tiros durante el cumplimiento de su deber, los cuales lo ponen en coma durante un tiempo que no conocemos, ya que cuando despierte descubre poco a poco que el mundo se ha ido al caraxo por el holocausto zombie. En unas secuencias iniciales que seguramente les recordará en demasía a 28 Days Later... (2002), Rick (así se llama) deambula por las calles vacías que separan el hospital de su casa, encontrando solamente rastros de destrucción y abandono y alguno que otro cuerpo pútrido y mutilado que aun se mueve y trata de morder. El tipo llega a su casa, donde un sobreviviente y su hijo le dan las pautas de lo que sucedió o al menos de lo que ellos interpretan que pasó, ya que nunca hubo mucha información -lo cual es clásico en el género. Después de reponerse, Rick toma la resolución de ir en busca de su esposa e hijo en Atlanta, donde una transmisión de radio anuncia que existe un refugio custodiado por el ejercito, seguro, y en donde se esta trabajando para encontrar una cura. Al llegar allá, el sheriff será recibido por revelaciones no tan agradables, un grupo de sobrevivientes variopintos y muchos muchos zombies.

 

 

 
Sin caer en la tentación de soltar spoilers a diestra y siniestra, dejaremos aquí el resumen de la premisa, que como podrán darse cuenta, no es nada del otro mundo. Es una historia bastante simple y llena de todos y cada uno de los clichés del género. Los personajes que Rick encuentra en el camino también son estereotipados y él mismo no es original (un tipo con una necesidad patológica de hacerse el héroe), sin embargo la serie engancha precisamente por su paciencia para ir entretejiendo las historias de ellos y sus relaciones con otras personas y con el mundo en los tiempos del Juicio Final. Como recordamos, aquí disponemos de más tiempo para que diálogos que serían muy difíciles de insertar en una cinta por cuestiones de tiempo, con lo cual se nos pinta de manera más fácil la personalidad de cada uno de los sobrevivientes y se retrata de manera detallada los peligros que los acechan, de los cuales muchas veces los zombies son el menor. Dichos seres, hay que mencionarlo, corresponden aquí a su imagen tradicional cinematográfica: son lentos, le temen al fuego, no tienen fuerza sobrehumana pero son inagotables, infectan con una mordida aunque no se trate de una particularmente aparatosa, reconocen a los vivos mediante el olor y solo "mueren" al ser destruido su cerebro. Más adelante descubrimos más datos sobre su génesis y sobre su hambre incontrolable, mientras nuestros amigos trata de encontrar, si bien no una solución definitiva, algo por lo que segur vivos.
 
 
 
La serie cuenta con una gran producción, por lo que el departamento de arte es estupendo. Las muertes, si bien no son originales, aprovechan muy bien los primeros planos para mostrarnos sangre y viseras en toda su gloria. Las actuaciones cumplen y en general se trata de un producto muy bueno, al que además se le añade una historia sumamente adictiva y compleja por momentos. Aún así es lenta (lo cual es natural), pero lo es menos de lo que podría esperarse, ya que su primera temporada se compone de solo seis episodios (quizá debido al costo de producción de cada uno, ya que a todas luces se trata de una serie muy cara), lo cual hace que prácticamente ninguno de ellos es prescindible (como ocurre en Lost u otras por el estilo). Como conclusión habrá que agregar que se trata de un producto de un nivel estupendo, pero que en realidad no ofrece nada original a la mitología del zombie, sino que parece ser solamente un cúmulo de lugares comunes y homenajes, eso sí muy bien manejados. Bastante recomendable.  
 
 

 
La otra serie (bueh, hay que aclarar que en realidad se trata de una mini-serie) que mencionaremos aquí es Dead Set (2008), producción británica dirigida por Yann Demange y escrita por Charlie Brooker, originalmente transmitida por Channel 4 La premisa de esta historia quizá les recuerde un tanto a Shaun of the Dead (2004), ya que al principio se centra en lo que parece ser un día normal de un grupo de personas (en este caso el equipo de producción del Big Brother birtish y los habitantes de la casa), mientras monitores de televisión nos muestran noticias de destrucción y muerte. Poco después se acaba el mundo (literalmente) y nos adentramos en la odisea de Kelly (Jaime Winstone), la chica del café en la producción, quien hace equipo con los habitantes de la casa -los tipos más idiotas de Londres, junto con los compadres de Four Lions-, en post de sobrevivir.
 
 
 
La serie es producida por Zeppotron, que es parte de la compañía holandesa Endemol, creadora de Big Brother y directamente responsable de la fiebre de los reality show. Y Brooker aprovecha esto para destrozar el producto insignia de la compañía con una crítica sumamente inteligente y despiadada sobre el programa y las personas que lo componen, llámense productores, conductores, estrellas invitadas, participantes y público. En un ejercicio que quizá en manos menos talentosas hubiera desencadenado en una sucesión de alegorías cada vez más pretenciosas, Dead Set nos confronta con nuestra realidad diaria y nos hace ver a la estupidez colectiva y personal como la mayor amenaza para la supervivencia. Llena de diálogos sumamente ácidos que nos lanzan a la cara one liners memorables y rudos como escupitajos, la serie nos pone frente a un cúmulo de personajes perdedores e intolerables, con los cuales no quisiéramos identificarnos, pero de los cuales cada uno de nosotros tiene algo. Así podemos ver la estupidez de Pippa, la valentía de Kelly, la simpleza de Verónica, las rarezas de Joplin y la perversa e idiota naturaleza de Patrick, y de inmediato sentir empatía por algunos, teniendo de inmediato a nuestros favoritos para ganar el concurso cuyo premio es la vida misma. Y eso es algo a lo que aspiraba Endemol desde el principio con Big Brother y que, al menos en la versión mexicana, jamás ha logrado con él.
 

 
Dead Set es un producto brillante, producido, dirigido y escrito de manera sobresaliente, además de poseer un ritmo frenético y una fotografía que nos mete rápidamente en el mud de vértigo y asco del que ya no salimos hasta que aparecen los créditos finales. Aquí no vemos zombies lentos, sino corriendo como dementes, pero igual idiotas y con el cerebro como punto débil. Aquí jamás vemos nada sobre cómo fue que el mundo se xodió y en realidad vemos muy poco del exterior de la casa, solo sabemos por imágenes fugases que afuera es mucho peor. Usando el viejo recurso de la gente que trata de guarnecerse en una propiedad para intentar sobrevivir acuartelados y la cámara que Danny Boyle usó en su propia y privada visión sobre el ataque de gente infectada, la serie no ceja en mostrarnos una realidad vergonzosa sobre el ambiente de la televisión, en todos los niveles. Ningún personaje es héroe (la más cercana es la mencionada chica del café, pero ni ella cumple con las características) y no se molestan intentarlo. Solo intentan sobrevivir y aguantarse unos a otros, y mientras más tiempo pasa esto último se vuelve cada vez más difícil que lo primero.
 

 

Esta mini-serie de solo 5 episodios (el primero de una hora de duración y el resto de media hora) es sencillamente una joya, sin duda del mismo nivel que la ya mencionada Shaun... y de Zombieland (2009). Es divertida, ojete, con un humor negro genial y con mucha sangre. Hay que aclarar aquí que el único canal en México donde he visto que la pasan es el siempre rescatable iSat, pero conseguirla en DVD no es tan difícil y realmente vale la pena. Y a pesar de solo se compone de 2 horas y media de placer enfermo (hay rumores de que se transmite o se transmitió una nueva temporada en Reino Unido, pero no hay información concisa al respecto), pronto se ha convertido en un producto de culto, en especial gracias a sus grandes extras de DVD y a su muy recomendable sitio oficial.

 

* * *

 
Estas dos series han demostrado de madera inteligente que si se pueden hacer series buenas teniendo como premisa a los sobrevivientes de un holocausto zombie y su cruzada por seguir viviendo, lo cual nos hace ver que la mitología del muerto viviente no esta agotada, sino que por el contrario aún se puede extraer de ella productos de calidad. Y que son exitosos, además. Basados en esto, quizá en un futuro veamos más series de zombies o quizá programas ya consolidados hagan versiones especiales del holocausto relacionándose con su trama (me encantaría ver un brote de virus zombie en el hospital de House M.D., por ejemplo), pero eso ya se verá. Por lo pronto parece que los zombies han encontrado un campo fértil lleno de cerebros pegados a la pantalla chica y que se tomarán su tiempo para disfrutar a sus anchas del banquete. Y yo digo: Stay udead!    
 

Winter's Bone

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El mundo del cine esta lleno de héroes improbables y entrañables. Personas normales que se enfrentan a situaciones extremas y que salen de ellas evolucionando en cada aspecto de su vida, progresando y haciéndose mejores. Ree Dolly (Jennifer Lawrence), la cumshoterita protagonista de Winter's Bone (2010) es uno de esos héroes.

 

La película retrata la vida Ree (quien tiene 17 años) mientras esta al cuidado de sus 2 hermanos pequeños y prácticamente lleva las riendas de su hogar que además esta compuesto por su madre enferma y por su padre ausente. La familia vive dentro del la reserva de los Ozarks, un lugar que parece abandonado por el tiempo y cuya fotografía a cada rato nos muestra parajes dignos de cualquier capítulo de The Road. Aunado a las dificultades que por si mismo se comprenden al ser ama de casa a esa edad, se suma otra: su padre, quien había estado preso por cocinar crack, acaba de salir de prisión, poniendo su casa como garantía en la fianza. El problema es que el tipo no se ha comunicado con su oficial de custodia y si no se presenta a su audiencia, la familia será desalojada. Ree asume el reto de encontrar a su padre con una seguridad a prueba de balas y el aplomo de un espartano.

 

El ambiente en donde se desarrolla la historia, además de ser inhóspito en extremo, esta lleno de personajes crueles y fríos que parecen no tener sentimientos por nada o por nadie a la hora de proteger sus intereses. Son personas en una sociedad que al parecer se ha quedado atrás, en la que cada una es un criminal o esta en relación directa con uno. Y que, en cierta manera utilizan el concepto de familia como les conviene. Reconocen a los de su sangre y tratan de protegerlos, pero el código de ética que los rige va más allá de eso. No les gustan las preguntas y Ree, inmersa en su campaña, esta haciendo muchas.

 

Esta película es gélida y poderosa. Su dirección sobria y cruda no cesa en mostrarnos este mundo macabro desde los ojos de Ree, alguien con aspiraciones y una fortaleza de espíritu realmente admirable. Ella vive en ese mundo de mierda y se relaciona con sus vecinos y amigas y parientes de forma retraída, viendo claramente los errores que han cometido y tratando de no caer ella misma en ellos. La búsqueda del padre por momentos tiene aires de imposible, pero ella no ceja de intentarlo. Por un momento me recordó a Héctor, el héroe trágico por excelencia, quién desde siempre supo que Troya caería, pero que dio su vida por defenderla, pues tal era su deber. Así Ree. Ella no sabe si alguna vez encontrará a su padre o si este esta vivo o muerto, pero sí sabe que debe buscarlo. En su camino también encuentra ayuda en personajes improbables y xodidos y en la figura misteriosa de su tío (John Hawkes), quién muestra toda la melancolía de uno de los 47 Ronins.

 

El guión es directo y su resolución es extraordinaria, además de que las actuaciones son magníficas al ser naturales, resaltando, claro, la de Lawrence (nominada al Oscar, por cierto). Aquí estamos en presencia de una película independiente que no pierde el tiempo en pretensiones, sino que nos cuenta la historia de una persona llena de valor, aunque no dejamos de preguntarnos de dónde lo sacó. Obviamente no de sus padres. Quizá la idea general pueda ser que incluso en el peor lugar de la tierra pueda nacer alguien positivo, en contra de todos los pronósticos. Que incluso en el culo del mundo puede haber personas buenas. Y la idea es reconfortante.

Super Bowl XLV

Después de unos playoffs sumamente raros, en los que entre otras cosas vimos caer al mejor equipo de la temporada (Nueva Inglaterra) en manos de unos enjundiosos Jets o ver al pobre QB de Chicago sin yarbloklos frente a la defensiva de la bahía verde (nada de lesión de rodilla, al tipo simplemente “se le abrió”, como dicen en la calle), al fin ya tenemos Super Bowl, que enfrentará a los Packers de Green Bay en contra de los Steelers de Pittsburg. Y aunque es un enfrentamiento inédito dentro de la historia de estos juegos, no podemos dejar de mencionar el tufo de tradición que tal juego nos trae y que nos hace frotarnos las manos desde ahora, añorando en enfrentamiento no solo de los tipos que saltarán al emparrillado de Dallas Cowboys Stadium el próximo domingo, sino de las historias y los logros que sus uniformes han saboreado a lo largo del tiempo. Pero vamos por partes.

 

Quizás no lo parezca, pero Green Bay es el equipo más ganador de la historia de la NFL. Claro que la mayoría de sus triunfos se dieron en aquellos años en los años previos a la unificación de las dos Ligas (ahora conocidas como la Conferencia Nacional y la Conferencia Americana) y por tanto no tuvieron la difusión de ahora. Aún así los de la bahía verde ganaron los 2 primeros Super Bowls de la historia (en el 67 contra Kansas City y en el 68 contra los Raiders), pero claro que en esos años el gran juego era muy diferente de lo que es ahora. Basta decir que el primero juego de campeonato nacional en tres los ganadores de la NFL y la AFL, es el único de estos juegos en el que el estadio sede (en este caso el Memorial Coliseum de Los Angeles) no se ha llenado. Eso fue hace 44 años y muchas cosas cambiaron a partir de ese tiempo. Los triunfos de los “Cabezas de Queso” se dieron en aquellos tiempos en los que el fútbol americano era el deporte universitario por excelencia y nada más. Las Ligas tenían poca difusión y la televisión (su principal ayudante más adelante) apenas era pionera en lo que a transmisiones deportivas se refiere. En ese entonces reinaba el béisbol y la onda era seguir los partidos mediante la radio, mientras se armaba la parrillada en el jardín. Ese era el tiempo de los cascos de cuero y de los hombres de acero que jugaban varias posiciones, tanto en ofensiva como en defensiva e incluso en equipos especiales. En ese entonces el reloj del campo no era oficial y la pausa de los 2 minutos únicamente servia para que los oficiales ajustaran dicho reloj con el suyo (el oficial) y no para meter los comerciales más caros de toda la transmisión.  En esos días no había glamour, sino que era una época ruda y heroica en la que la figura de Bart Starr era la que más brillaba por su liderazgo, pero cuyo legado más grande es la filosofía ganadora y la capacidad de análisis de Vince Lombardi, a quién la Liga honró tras su muerte al ponerle su nombre al trofeo máximo que puede llegar a otorgar; un nombre que sin duda es sinónimo de gloria.

A Pittsburg le correspondieron otros tiempos y otras ondas. Hasta 1969 habían sido un equipo tradicionalmente perdedor, pero que en ese año recibió la llegada del coach Chuck Noll , quien en la siguiente década se encargaría de armar y comandar a EL equipo más temible y ganador que jamás haya pisado un emparrillado. Terry Bradshaw, Mel Blount, "Mean" Joe Greene, Jack Ham, Franco Harris y Lynn Swann, fueron los tipos que comandaron esa ofensiva ganadora y esa despiadada defensiva (si, La Cortina de Acero) que ganaron 4 Super Bowls en 6 años (algo que hasta ahora nadie ha igualado y que probablemente nadie jamás pueda) y le dieron color a la Liga, sobretodo  por aquellos duelos en el Juego Grande contra ese otro equipazo llamado Dallas Cowboys, encabezado por Tom Landry y Roger Staubach. Los Vaqueros tenían en los setenta a un equipo de ensueño, que no ganó más títulos porque tenia enfrente a los Acereros, pero que llegaron a más Campeonatos que estos y que conquistaron al público americano, así como al mexicano. Es muy a principios de esta década cuando inician las transmisiones de la NFL en nuestro país, siguiendo al equipo de la estrella solitaria. Y qué mejor momento! En Estados Unidos la rivalidad por excelencia es Cowboys vs Redskins (por aquellos de vaqueros versus indios, ya saben), pero aquí en México es Pittsburg vs Dallas, porque asociamos a esos enfrentamientos legendarios de los setenta con la eterna lucha del bien contra el mal, encarnado en un equipo de imagen “limpia” (Vaqueros= jersey blanco y plateado) en contra de otro de imagen “ruda” (Acereros= jersey negro y amarillo). Los buenos contra los malos. Los bonitos contra los feos. Y bueh, como no hacerlo. Por un lado tenemos a un Staubach marine y representación por excelencia del all-american boy en contra de un Jack Lambert que estaba chimuelo y era más malo que el puto cáncer. Creo que no es exagerado decir que los 2 Súper Tazones que ambos equipos protagonizaron (el X y el XIII, ambos ganados por Pittsburg) han sido los más influyentes en la construcción de la NFL como verdadera Liga deportiva profesional, quizás junto a aquél en el que Joe Namath y sus Jets le aguaron la fiesta a los Colts de Baltimore. Y dejaron claro que aparte de inteligencia y estadística, la construcción de una Liga deportiva que se pueda considerar consumo mundial debe tener además mucha mística.

A partir de ahí vinieron los negocios. El juego evolucionó y poco a poco se fue convirtiendo en el deporte favorito de los gringos. Cuál fue la razón? Supongo que muchas. Una de ellas fue, claro, que el fútbol americano se adaptó como ningún otro a la televisión, al grado que parece haber sido diseñado expresamente para ella. Otra fue el hecho de que son tan pocos juegos (comparados con los calendarios de las otras grandes ligas, llámese NBA y MLB), que se creó la imagen de que había que disfrutar todos y cada uno de ellos simplemente por la ilusión de la “escasez” (que obedece, claro, a la ley de protección de los jugadores, quienes probablemente no aguantarían otros 3 juegos de temporada regular sin entregarnos unos Playoffs llenos de suplentes), de que esa era (y es) la mejor época del año. Ya saben: de lo bueno, poco. Y otra razón clave es la competitividad. La NFL, como ninguna otra liga, ha manejado su draft y su agencia libre de tal manera que su liga es la más pareja de cualquier deporte, en la que no importa tanto el dinero sino el buen ojo para escoger al talento recién llegado y la buena mano para desarrollarlo y convertirlo en una estrella. Eso hizo que hubiera muchos equipos ganadores y que cada juego realmente valiera la pena. Durante los ochenta la Liga ya producía números de miedo en asistencia y merchandise y derechos de transmisiones y se instaló aquella noble tradición de que cualquier comercial transmitido en un Súper Domingo debe ser inédito y poseer gran valor creativo. Bueh, al menos en Estado Unidos. Aquí siempre vemos los mismos mediocres anuncios. Durante esos años, curiosamente, tanto Steelers como Packers se apagaron un tanto, hasta que en los noventa les llegó un nuevo aire a estos últimos, en presencia de Brett Favre.

Favre es una de esas leyendas inalterables que de inmediato se saben destinadas a estar inscritas en el gran libro de los Inmortales. No solo es el jugador que más yardas tiene por aire en la historia o que más juegos a iniciado de manera consecutiva, sino que era un líder nato en el campo. Uno de aquellos QB a los que miras a los ojos y que lo único que te devuelven es resolución y fiereza. Aquellos que te hacen creer que es posible ganar. Durante los noventa Favre guió a los Packers a 2 Super Bowls de manera consecutiva. Uno lo ganó ¿el XXXI? en contra de los Patriotas de Nueva Inglaterra (el primer Súper Tazón que recuerdo haber visto de manera interesada y voluntaria y que coronó aquella temporada que me marco como aficionado y seguidor de los Pats, pero eso es material de otro post) y el otro lo perdió en contra de esa otro Inmortal llamado John El Top Gun De La NFL Elway y sus Broncos de Denver, en uno de los juegos mas impresionantes de los que se tenga registro. Y aunque ese enero de 1998 marcó la última fecha en la que Green Bay arribó a un Juego Grande, gracias a Favre y a muchos otros de ese tiempo fue que los de la bahía verde volvieron a ser un equipo competitivo dentro de la Conferencia Nacional y que volvieran a generan afición dentro del público joven. Hay que señalar aquí que los Packers son la única franquicia en la Liga que se maneja como una cooperativa y que la ciudad donde se encuentra su estadio y su sede (Green Bay, Wisconsin) es apenas un pueblito de unos seis mil habitantes cuya única ocupación es ser casa del equipo de sus amores. Más tradición no se puede pedir, creo.

Y Pittsburg? Bueh, pues aunque también volvieron a adquirir protagonismo durante los noventa, en el que incluso llegaron a un Super Bowl, otra vez en contra de Dallas (solo que ahora si le toco la de perder), su verdadero resurgimiento vendría en la siguiente década. Troy Polamalu (un tipo al que bien puede aplicársele el prostituido término de “fuera de serie” sin que suene falso)) encabezó a una nueva Cortina de Acero, quien junto con la ofensiva comandada por  Ben Roethlisberger (QB que le quito al equipo su tradicional imagen corredora) le han dado nuevas glorias a su legendario jersey oscuro y dorado y muchas alegrías a su gran afición (quizá la más grande a nivel global para un equipo de la NFL). Y es que si bien la verdadera dinastía de los años 2000 son los Patriotas (si, lo son aunque les duela; y no soy el único que lo dice), los Steelers han ganado 2 Super Bowls en estos años y han estado presentes en 7 de las últimas 10 Postemporadas, llegando a la Final de Conferencia en 5 ocasiones. Sorprendente. Y sí, quizás este equipo no sea tan poderoso como el de los setenta, pero es ganador y su defensiva demuestra que puede ser capaz de hacer la jugada grande en cualquier momento. Y ahora regresa a un Súper Domingo, precisamente en contra de los Packers, inmersos ya no en la era post-Faver, sino en la de Aaron Rodgers.

 

Tengo que decir que tengo grandes esperanzas para este juego, muchas de ellas fundadas en el hecho de que ya hacia un buen rato que no se veía un Super Bowl que luciera tan parejo, al menos en el papel. Últimamente era ya casi tradicional que se enfrentara un equipo poderoso en contra de un favorito sentimental lleno de cojones, en los cuales ya la sorpresa ya no era sorpresa. Este año, por el contrario, nos encontramos con dos equipos que parecen sumamente equilibrados en su fuerza ofensiva, con QB similares (quizá Rodgers un poco más talentoso, aunque esta por testearse en esta instancia y con esta presión) y que, además, cuentan con las 2 mejores defensivas de la Liga. Todo suena aun platillo exquisito. Y bueh, pues los Packers son los favoritos en Vegas por 5 puntos, más o menos, quizá basado en su nivel al vencer a Chicago (ya que los Steelers se pusieron a parir en el segundo medio del juego contra los Jets), pero en general el pronóstico es reservado. Yo, mientras tanto, me inclino por Green Bay, un equipo que siempre me ha simpatizado (bueh, ambos equipos me caen bien) y que siento que merece más títulos de los que tiene a nivel masivo, muchos de los cuales no los ha obtenido por falta de talento, sino por mala suerte, si es que tal termino puede utilizarse en la jerga deportiva (yo creo que si).

Y bueno, pues no resta más que desear que sea un gran juego. Y sobra decir que es obligatorio verlo, sean aficionados a la Liga o no. Hora de preparar la botana y disfrutar de último domingo de la mejor época del año.

 

     

Four Lions

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Four Lions (2010) es una de las comedias más oscuras que jamás haya visto. Oh si, es una comedida xodidamente divertida, pero no deja de ser una critica ácida sobre las obsesiones y la incompetencia de aquellos que supuestamente están a cargo de nuestra seguridad. Y aunque la historia se basa en casualidades xocosas (esas cosas bien pudieron suceder o no), el éxito o el fracaso de los personajes siempre depende de aquél ingrediente transgresor que lo a cambiado todo a través de la historia: la estupidez.

 La historia nos presenta a cinco musulmanes residentes de un barrio anónimo de Londres (4 de ellos de origen paquistaní) quienes están obsesionados con la yihad y la inmolación. Son terroristas, si, pero no planean atacar puntos estratégicos o edificios emblemáticos de los enemigos occidentales, sino que aspiran a bolar al mayor numero de judíos y capitalistas con ataques suicidas. Y todo para alcanzar más rápido el cielo. Un plan estupido y egoísta, si. Este peculiar grupo habla con una jerga que combina a la forma de hablar de los barrios trabajadores británicos con tecnicismos puramente musulmanes y fundamentalistas (muchos de ello si siquiera ellos los entienden) y son de lo más idiotas que se puedan imaginar, pero tienen bien claro su propósito y su resolución de no detenerse hasta conseguirlo. Y la policía? bueh, a su favor hay que decir que "los malos" de esta película logran evadir los radares de seguridad simplemente gracias a su idiotez.

 La película es un thriller sumamente tenso por momentos, pero siempre muy divertido. Su gran estrategia es retratar a la idiotez como carta de póquer en la lucha entre el bien y el mal. El personaje más complejo de los "Cuatro Leones" (originalmente si, son cuatro y después logran reclutar un miembro más), es Omar (Riz Ahmed), un tipo simpático y con cierta madera de líder, que tiene una esposa (Preeya Kalidas) y un hijo y un trabajo como guardia de seguridad. Su departamento no esta nada mal y en realidad su vida parece genial. La única diferencia con el resto de las personas normales es que él se encarga de editar los videos terroristas que su grupo difundirá en un futuro y que habla abiertamente de sus planes de inmolación con su esposa e incluso con su hijo, aunque con él de una forma más alegórica (y memorable). Y el resto? Bueh, Omar esta muy molesto con su ignorancia y estupidez colectiva, pero también parece sentir pena por ellos y tiende a creer que hasta los tontos pueden ser buenos suicidas. Ellos no tienen nada en el mundo (al menos de ninguno conocemos gran cosa), por lo que su única esperanza es llegar a inmolarse exitosamente para disfrutar del cielo. Si, triste.

 Y por esto y por todo el manejo de la historia es que es una cinta llena de contrastes y difícil de clasificar. Pero nunca es aburrida. Su comedia es muy inteligente (detrás del guión están los creadores de Peep Show, serie británica que tiene que ver antes de morir) y su dirección (a cargo de Christopher Morris) es sobria y directa. Y si, es muy recomendable, no solo por la gran cantidad de lecturas profundas sobre distintos temas que se pueden sacar a partir de ella, sino porque es una de las cosas más cagadas que seguramente verán en mucho tiempo, llena de momentos y personajes memorables. Conseguirla no es tan difícil y vale mucho la pena. Enjoy.