AFC, NFC Championship Picks

Tom

Más allá de lo que dice mi corazón, creo que los Patriots le van a pegar a los Ravens. Sí, estoy de acuerdo que sin Gronk será muy difícil, pero el ataque aéreo ha lucido bastante bien sin él. Y vaya que han estado bastante tiempo sin Gronk. El TE es solo un arma más, no es la esencia del arsenal. Ademas, hay que tomar en cuenta lo que le dejó a Baltimore ganra “The Epic in Coloradou”: mucha motivación, claro, pero además un agotamiento físico que, a estas alturas de la temporada, les puede pasar una factura muy cara. Casos hemos visto.

No dudo que sea un juego duro, y que la victoria le cueste a los Pats un huevo y la mitad del otro, pero creo que deben ganar este partido. En la Final del año pasado, Brady jugó uno de sus peores partidos ever, y aun así ganaron. Es muy difícil que esta vez el número 12 juegue tan mal. Además, el ataque terrestre ha demostrado ser una alternativa poderosa, la línea ofensiva se ha portado a la altura y la defensiva (sobretodo los frontales y linebackers) es superior al promedio. Enfrente, claro, tendrán a unos Cuervos que van a salir a partirse el alma, pero creo que al terminar el juego, asistirá a la fiesta de retiro del gran Ray Lewis. Lo siento, Baltimore, pero el vuelo se acaba aquí.

Gore

Y en el otro frente… bueno, la verdad es que Atlatna ya demostró que tiene yarbles, que su ofensiva puede ponerse al tú por tú con cualquiera y el Domo Georgia será una locura, seguro, pero aun y con eso yo veo superiores a los 49ers. La duda reside en qué Niners veremos el domingo: ¿los que le ganaron a Green Bay o los que fueron humillados por los Seahawks? ¿Los de la primera mitad del juego contra los Pats o los de la segunda mitad de dicho partido? Es muy difícil adivinar.

En un día normal, San Francisco debe ganar. Pero no creo que el próximo domingo tengamos un día normal. Es un partido en el que puede pasar cualquier cosa, en el que se maximizarán los errores y en el que, creo, las defensivas será hechas pomada. Se avecina un circo aéreo y muchos puntos… y creo que después de no-sé-cuantos-años los Gambusinos llegará otra vez a un Super Bowl. Y de la mano de un novato.

Así que:

Atlanta – San Francisco: 28 -31, favor San Francisco.

Baltimore – Nueva Inglaterra: 17 – 24, favor Nueva Inglaterra.

Y sí, todavía no es muy tarde para aportar.

Enjoy!

 

El frío

Frio

En mi conjunto particular de creencias, el frío no es “mal tiempo”, y los días grises no son “días feos”. Cuando hace frío se me enfrían (en este orden) los brazos, las orejas, las rodillas y los tobillos. Quienes me conocen saben que soy más una persona que prefiere el frío, pero no por eso odio el calor (bueno, solo un poco). Cuando el frío arremete, en mi conjunto particular de creencias simplemente pienso “hace frío” y caigo en cuenta del frío y reconozco el frío. No le miento la madre, o procuro no mentarle la madre. Me cubro, me tapo, me tomo mi bebida caliente. Durante un tiempo me ponía un estúpido gorro peruano. No sirve de nada andar por la vida juzgando la cualidad natural del clima frío que es, ajá, ser frío. La mente nos juega esos trucos: qué frío hace, cómo quisiera estar CALIENTITO en un lugar playero. Qué calor hace, no soporto este clima bananero que me hace SANGRAR la nariz. Estoy aburrido, vale madres, no me gusta estar aburrido, quisiera estar en otro lado DIVIRTIÉNDOME. Estoy excitadísimo con este concierto, vale madres, no quiero que se acabe NUNCA. Y así, uno lee en esos message boards masivos que son Twitter y Facebook e Instagram, cómo la gente pasa los días del año quejándose del estúpido clima y de su estúpida suerte de estar en medio de tal o cual clima, en vez de pasar unos segundos solo reconociendo lo que está pasando y permitiendo, como dice el maestro Trungpa, que las capas más bondadosas de nuestra mente y nuestro corazón “trabajen con la situación”. Es difícil, lo sé: porque aunque en Montreal y UK y en el primoroso Albany, NY, los fríos sean una cosa horrenda que te hacen sentir como si te arrancaran la nariz, nuestro país no está preparado para heladas, nevadas –como las registradas en los estados del norte desde diciembre– e inesperadas lluvias pedorras en este frío del periodo enero/febrero. Son rarísimas las casas con calefacción, muchas oficinas son una tortura de microclimas extremos, y ciudades como el honorable DF no fueron pensadas para el bienestar del peatón, que debe cruzar sitios azarosos como el desierto de Ocarina of Time para tomar el transporte público. Además, dicen los apocalípticos que el calentamiento global nos tiene tan jodidos que cada vez hace más frío en nuestras antes benévolas latitudes tropicales.

Pronto terminará el invierno. Vendrán las quejas contra el calor, la temporada de lluvias, la tragicómica política nacional y la mala red celular (esa queja es todo el año). Luego será otoño y luego invierno otra vez. Mis mejores deseos para que sus mentes estén más tranquilas y menos neuróticas. Más productivas y menos quejicas.

Igual ni hace tanto frio. La foto de arriba fue tomada en Foxborough, Massachusetts. LOL.

 

An Epic Of Epic Epicness

Epic

Agregarle adjetivos al pasado fin de semana de Juegos Divisionales sería completamente innecesario. Creo que un par de juegos se quedará en nuestra memoria por un largo, largo (largo) tiempo. Y los otros dos sirvieron para que viéramos el poderío de los protagonistas del próximo Super Bowl. Pero vamos por partes.

El sábado por la tarde admiramos “The Epic in Coloradou”, en la Broncos y Ravens se partieron la madre durante más de 76 minutos de juego activo (poco más de 4 horas de transmisión y doble tiempo extra, ¡ea!). Fue uno de esos juegos soberbios que tienen todos los ingredientes para ser uno de los grandes clásicos de todos los tiempos: jugado a temperaturas congelantes (-10° C), con muchos puntos anotados, jugadas inverosímiles, errores, volteretas, Ray Lewis llorando como nena y Peyton otra vez derrotado en playoffs. Fue un juego muy físico, muy cabrón, pero creo que los Broncos debieron ganar. Y no es que le reste merito a lo hecho por Baltimore, pero es que fueron los errores de la Yeguada los que al final terminaron pesando más: aquél balón revotado en las manos de Decker que fue recuperado por la defensiva y regresado para anotación, las pendejadas de Champ Bailey particular y de toda la secundaria  en general, la postura conservadora de John Fox y aquella intercepción a Peyton Manning que preparó el escenario para el gol de campo de la victoria, conectado por un novato.

Sí, otra vez… pinche Peyton.

Ya hemos hablado del mayor de los Manning en este blog; un mariscal de campo de cualidades extraordinarias, pero con poco carisma y que sufre la Maldición de los Playoffs. Peyton no sabe ganar los partidos grandes, y eso que ya ha llegado a dos Super Bowls, pero no tienen esa mística, ese temple y esa habilidad que te hace ser grande justo cuando se necesita que lo seas. Peyton fue golpeado, se congeló, le falló el toque y al final lanzó un pase que no debía lanzar y fue interceptado. Peyton ahora es criticado, crucificado, sus logros en temporada regular han sido olvidados. Y es que perdió el juego que no debía perder.

Como antes. Como (casi) siempre.

Yo admiro al tipo, como lo he dicho antes. Y me parece que la derrota no es, ni mucho menos, enteramente su culpa. Pero a él le interceptaron. Peyton, Peyto, Peyton… ¿es que nunca llegará el día? Y digo, aunque tenga contrato por otros 4 años, dudo que la siguiente temporada sea tan buena como esta. Igual puede ser, pero yo lo dudo. El sábado recordé a Montana con Kansas City, a Favre con Minnesota; ambos había sido poco menos que leyendas vivientes con sus primeros equipos y se quedaron a las puertas de un nuevo Super Bowl con su nuevo equipo. Parece que el sábado Peyton luchaba contra otra maldición, aparte de la propia. Y fue vencido.

Pero bueno, ya por la noche llegó el Green Bay en San Francisco. Fue un juego fantástico, muy peleado durante tres cuartos del juego y en donde nació la figura de Colin Kaepernick (de Wisconsin para el mundo) como un QB elite. El número, 7, el suplente, del que todo el mundo dudaba, se encargó de volver loca a una de las mejores defensivas de la Liga, se recuperó de una intercepción tempranera, corrió para más yardas que cualquier otro mariscal de campo en cualquier juego en la historia y se aventó 4 anotaciones (dos por tierra y dos por aire). Los Cabezas de Queso aguantaron hasta donde pudieron, pero simplemente terminaron doblándose: fue un marcador abultado porque así lo trabajaron los Gambusinos. Fue un juego grandioso y el nivel mostrado por los Niners es de campeones, al igual que el de la primera mitad de su juego contra los Pats en la campaña. Veremos si lo mantienen.

Ya en domingo, a mediodía, los Seahawks se enfrentaban a unos Falcons que más que buscar ganar un juego, deseaban ganar respeto. Y al principio parecían tenerlo todo controlado. Jugando por nota, llegaron a estar ganado 20 a 0 al terminar la primera mitad. Y después, ya avanzado el tercer cuarto, ganaban 27 a 7. Todo parecía decidido. Pero Seattle demostró yarbles, unos pinches yarbles que no cabían en el Georgia Dome. Russell Wilson guió a sus muchachos a una remontada histórica, el partido cómodo de Atlanta de pronto se convirtió en una tragedia griega y a 30 segundos de terminar el partido, Seattle ya ganaba 28 a 27. Un silencio sepulcral se había instalado en el nido de los Falcons, los fantasmas de no haber ganado un juego de playoffs en mucho, mucho tiempo. Pero Matt Ryan aún tenía 30 segundos. Y con sendos pases perfectos puso el escenario para que su tocayo, el veterano Matt Bryant colocara por el centro el gol de campo del triunfo cuando ya solo quedaban 12 segundos en el reloj. Y otra vez, la locura. Pero también regresó el drama, porque los Falcons, en una jugada sumamente pendeja, patearon corto y le dejaron el balón a Wilson atrasito de medio campo, con 9 segundos. Y el juego terminó como terminan los grandes juegos: con un Hail Mary! Con los ganadores sudando sangre hasta el último segundo y los derrotados cayendo con la cara al sol. Seattle perdió como pierden los grandes, me pongo de pie ante ellos. Y Atlanta ganó, por primera vez en mucho, mucho tiempo, un juego de playoffs. Pero más que nada ganó respeto. No será fácil para San Francisco ganar en el nido.

Y para cerrar vimos a los gloriosos y poderosos Patriotas en contra de los Texanos. Yo esperaba que por primera vez en la jornada le atinara a algún pronóstico, pero no esperaba que el resultado fuera cercano a la paliza que Nueva Inglaterra le metió a Houston en temporada regular. Pero casi lo fue. Los Texanos compitieron bien durante los primeros minutos, pero esto se debió más a la falta de ritmo de la ofensiva de Brady que a meritos propios. Cuando Brady prendió los motores, fueron imparables. Houston es un buen equipo, pero esta un nivel más abajo. Al final sí le atiné a un resultado, el juego más predecible de los 4 resultó como se esperaba, Brady superó a Montana como el QB con más triunfos en postemporada y el Gillette Stadium recibirá una nueva Final de la AFC. No será fácil doblegar a los motivados Cuervos, pero si algún equipo puede pararlos a estas alturas, son los Patriotas. A huevo que sí.

Como verán, fue un fin de semana lleno de imágenes y momentos para recordar en mucho tiempo. De juegos de hombres y no pedazos. De ver a los grandes ser grandes y a los vencidos caer con la cara al sol. Creo que desde que soy aficionado a este deporte nunca había visto Juegos Divisionales de este calibre. Y me siento privilegiado de haberlos visto. Porque yo sé que en unos años diré con orgullo que vi en vivo “The Epic in Coloradou”, a Colin Kaepernick desmadrando física y mentalmente a los Packers, a Matt Ryan ganado por fin en playoffs, a Russell Wilson surgiendo como una estrella, y a Tom Brady ser el mejor Tom Brady. En mejor QB que estos ojos (que algún día se comerán los gusanos) han visto jugar.

Hoy me siento feliz. Y privilegiado. Enero rockea. El futbol es grandioso.