Foto de la Semana en nfl.com

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Y no, los jugadores de Jacksonville no están felicitando a Cam Newton (quién de verdad se lo merece, vaya). Ni tampoco lo que se ve alrededor son escupitajos ni sudor (bueh, no todo lo es; en su mayoría es lluvia).
 
Después del susto de la huelga en primavera, la verdad es que qué buenos partidos hemos tenido en estas tres semanas de temporada. Por eso es que el futbol es el mejor deporte de este mundo. Esta semana, sin ir más lejos, Pats y Bills nos regalaron un juego increíble, lleno de volteretas y jugadas inverosímiles, en el que las defensivas fueron hechas pomadas y los del norte de Buffalo cortaron una racha de 15 partidos en fila perdiendo con los de Foxboro. Pero además, qué tal el Miami-Cleveland y su TD ganador en los segundos finales? O la remontada de los Lions contra los Vikings? O el juego de Acereros contra Potros y su defensiva heroica, jugando con todos los huevos del mundo y perdiendo por culpa de su ofensiva (vaya, los Colts sí que extrañan y mucho a Manning)?
 
Este ha sido un inicio de temporada realmente espectacular, como no se había visto en mucho tiempo y en el que Detroid, Buffalo y Houston ya demostraron que son de verdad y que están para cosas grandes. Lo cual, claro, solo hace que cada juego valga más y más la pena. Y saben qué es lo mejor? Que conforme pase el tiempo, el nivel va a subir y no a la inversa.
 
Dios bendiga a este deporte. 

 

Midnight in Paris

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Es un lugar común decir que David Bowie puede hacer lo que se le dé la gana. Por qué? Porque es David Bowie, dah. Pero en un mundo en el que las referencias musicales quedan superadas por las cinematográficas (léase, en las platicas de borrachos de mis panas y moi) es más claro decir que Woody Allen bien puede hacer lo que quiera en sus películas e incluso fuera de ellas. Por qué? Porque es Woody Allen, dah. Y es que no me imagino a ningún otro director que haya podido hacer esta película sin ser inmediatamente bombardeado por todos los frentes. Pero al parecer esta fantasía sumamente romántica (que me imagino lleva en la mente del maese neoyorquino bastante tiempo) ha caído bien en general. Sobretodo a la generación del propio director. Y es que sí, la verdad es una película de viejitos. Bueh, y también para ellos que tengan referencias de la década de los veinte del siglo pasado. Categoría en la que me incluyo. Para los nostálgicos, ya sea porque hayan tenido su época gloriosa en el pasado o porque piensen que el pasado era la época gloriosa, esta película es una delicia de principio a fin.
 
Hay que recordar primeramente que esta, al igual que todas las películas europeas de Allen, trata a la ciudad en la que se desarrolla (en este caso París) con el aire de evocación e idealización de los turistas. Es evidente que Allen no conoce esta ciudad de la misma manera que conoce Nueva York y eso está bien. Lo que vemos por sus ojos es lo que nos gustaría ver cuando las visitamos, tanto por las portadas de revistas o pasajes literarios que hayamos visto y leído, así como por cada fotograma cliché con el que hayamos crecido. Y, repito, eso está bien. Los protagonistas de la cinta son una pareja norteamericana comprometida que está de visita en la ciudad mientras planean su boda y la vida afther. Ella, Inez (Rachel McAdams) es la típica gringa a quién le encanta Paría por las compras y lo "exótico" y "romántico" del extranjero. Le interesa la historia, claro, pero solo la historia oficial y resumida. Su prometido, Gil (Owen Wilson), simplemente ama la ciudad. La ama por lo que fue, por lo que representa, por la idealización de sus libros y sus fantasías puramente personales. Le interesa la historia, claro, pero lo que más quisiera es haber vivido en la historia. Inez esta fascinada con París, pero para ella es ideal solo por un mes, más o menos. Su máxima aspiración parece ser llegar a vivir con su esposo en algún suburbio de clase alta de Malibu, decorando su casa con sus muebles franceses de $18,000, igual que sus padres. El sueño de Gil es escribir una novela, una buena novela de ser posible (hasta ahora se gana la vida escribiendo guiones de cine), y vivir en Paris y llegar a ser parte de ella como ella es parte de él.
 
La convivencia entre los dos, además de con los padres de ella y los amigos (también de ella), termina por fastidiar a Gil, quién una noche se descubre un poco borracho caminando por las calles anónimas de la ciudad que ama. En eso se sienta en unas escaleras de piedra, esperando un taxi, mientras un reloj distante toca la medianoche y un Peugeot antiguo y enorme se detiene frente a él. El coche está lleno de fiesteros, quienes lo invitan a sumarse y lo llevan a una fiesta en la que toca Cole Porter y en la que conoce a Zelda y Scott Fitzgerald, además de intercambiar unas palabras con Ernest Hemingway. Allen nunca explica esto y no hace falta. No hace falta saber si es solo un sueño o fantasia, o si es real. La verdad es que no nos importa, mientras miramos a Gil, quién noche tras noche es levantado por el mismo coche, que lo lleva, si no a una fiesta de los Fitzgerald, si a la casa de Gertrude Stein (!!!), en donde noche a noche conoce y convive con Picasso, T. S. Eliot, Dalí, Buñuel y otras figuras del París de los años 20 del siglo pasado. Noche a noche él habla con estas leyendas, quienes ignorando lo que serán en un futuro o quizá sin importarles, tratan a un aspirante a escritor norteamericano ambicioso como un igual. Uno más. Y esto es... encantador. Gil, tímido, no puede creer su buena suerte. Y mientras noche a noche sus más personales fantasías son cumplidas (porque su deseo de escribir una novela es nacido de su deseo de ser, algún día, parte de las leyendas que idolatra), va conociendo a Adriana (Marion Cotillard), una musa, quién llegó a París para estudiar moda, pero termino enamorada de la ciudad y de su vida. Ella ha sido amante de pintores como Braque y Modigliani, y actualmente es la nalguita de Picasso. Pero Gil espera (y nosotros también) que en un futuro ella deje de ver a los gigantes y se enamore de él. Y eso genuinamente puede ser posible. Gil no es una leyenda, pero encarna genuinamente la humildad encantadora. Y mientras esto ocurre noche a noche, día a día Gil se va dando cuenta de que su vida presenta no es tan perfecta como él hubiera querido imaginar. Se da cuenta de las diferencias entre él y su prometida, de lo irritantes que son los amigos de ella y de lo mal que le caen sus suegros (y de lo mal que les cae él). Se da cuenta de lo ideal que es la idealización.
 
Woody Allen es el único que hubiera podido hacer una película como esta. O al menos, creo yo, es el único que la hubiera podido hacer para que pareciera tan honesta como lo es Midnight in Paris. Y es que él es un romántico. Gil es Allen (en todas sus películas hay alguien que lo encarna) y este es un guión lleno de sueños personales. Es una historia sencilla, sumamente romántica, pero a la vez muy realista. No condena para nada el pasado y la nostalgia, pero tampoco termina diciendo que todo tiempo pasado fue mejor. En realidad la época dorada es el presente. Es el aquí y el ahora. Y si nuestro aquí o ahora es el año 2011, por qué no aprovecharlo? Cierto que quizá no tenga el encanto de otros años, pero es lo único que tenemos. Y los demás? Oh, bueno, son adorables. Cada personaje histórico es como lo imaginamos. Vemos el loco loco amor de los Fitzgerald, la testosterona de Hemingway, el surrealismo 24/7 de Dalí y todas aquellas características que sí, son casi un lugar común, pero no aquí. Y es que Allen es alguien a quién sin pedos podemos colocar allí, junto a ellos. Porque él ya es una leyenda. Es como la escena de Castillo del Limbo de La Divina Comedia, el lugar donde están los hombres ilustres de la antigüedad, quienes no disfrutan del Paraíso simplemente porque nunca conocieron la verdadera fe. En ese lugar, Dante coloca a muchos de sus héroes personales y sentimos que tal lugar (tal como lo dijo Borges) es el único de todo el poema que realmente proviene de un sueño. Este es un sueño de Dante. Y por tal no sabemos lo que se habla ahí. No conocemos el diálogo, lo cual es al mismo tiempo bello y aterrador. Pero aquí sí, lo cual es sumamente hermoso.
 
Esta no es una película para todos, y eso está bien. Siento que es una cinta no solo para nostálgicos, sino una que solamente los nostálgicos llegarán a comprender y disfrutar en su totalidad. Es una delicia, llena de momentos inolvidable. El favorito personal: Gil y Adriana están en una fiesta de la que deciden irse para platicar en un lugar más íntimo, cuando, de camino a la puerta, encuentran a Buñuel. Gil le dice que tienen una idea genial para una película, la de un grupo de personas en una cena formal quienes de repente se dan cuenta de que no pueden dejar el lugar. "Pero, por qué no pueden salir?", pregunta Buñuel fascinado e intrigado. "Simplemente no pueden". Estoy seguro de que muchos de ustedes sonrieron con ese diálogo. Yo lo hice, así como por un momento recordé el terror que esa misma idea me causo cuando era niño. Es un momento grandioso. Por un momento, incluso, me gutaría pensar en mi como una especie de Gil. Pero bueh, supongo que todos queremos ser como Gil. ese ya es un lugar común.
 
Es una película encantadora. Y Woody Allen es un genio que puede hacer lo que quiera, como colocar a la Primera Dama de Francia como guía de turistas de su película. Por qué? Pues nada más porque es Woody Allen y se ha ganado ese derecho.

Dah.  

            

Foto de la Semana en nfl.com

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 A dónde vas?!
 
Partido de la Semana: Sin duda el Cowboys/Jets. Un gran juego lleno de yarbloklos, emociones, pena ajena y esa cosa que nos gusta llamar fortuna. Y también esa cosa que hace del futbol el mejor deporte de esta galaxia y sus alrededores: mística. Y es que de eso se trata este juego, amiguitos: de héroes y de villanos, de hombres y payasos. Y de historia, claro. Los Vaqueros nunca antes habían perdido un juego en el que llevaran una ventaja de catorce puntos al inicial el último cuarto. Pero siempre hay una primera vez. Y aunque sí hice un pequeño coraje (los Jets no son para nada de mi agrado debido al evidente odio divisional, ya saben), no me quedó más que alegrarme por todos los neoyorquinos que celebraron el décimo aniversario del 9/11 con una sonrisa en los labios. Kudos por ellos. Pero ya nos encontraremos más adelante y entonces sabrán de verdad de que están hechos, porque, no es por nada, pero el cabroncito de acá abajo se aventó un juego de más de 500 yardas ayer por la noche. Nada más para que vean.

 

So it begins

Kickoff

En foto, el pateador de los actuales campeones Empacadores, Mason Crosby, da la patada inicial a la temporada 2011/2012 de la NFL. Y así también a los mejores seis meses del año.
 
Los mejores seis meses del año... y no solo por el clima. Personalmente soy un gran fan del otoño y del invierno. Me gusta el frio. Pero más allá de eso, es el futbol americano el que se encarga de ponerle sabor a la última parte del año y, cómo no, a la primera parte del siguiente. Soy aficionado a este deporte desde que tenía seis años. Y desde entonces lo veo con fervor casi religioso. Soy un nerdazo con las estadísticas, con los pronósticos, con los datos curiosos y con las anécdotas memorables. Soy un apasionado del tiempo extra, de los últimos dos minutos y de los Ave María que, a veces, si funcionan. Soy un gran fan de Madden y del Fantasy Football y no creo hacerlo mal en ninguno de los dos. Durante un tiempo fue linebacker, pero esos tiempos ya pasaron. Y creo que, pese a las críticas, las crónicas de Antonio de Valdez, Pepe Segarra y Enrique Burak son las mejores que podemos escuchar en español.
 
Estos son los mejores seis meses del año en los que los domingos están apartados para ver los juegos, al igual que las noches de lunes y jueves y alguno que otro sábado. Los mejores seis meses del año en los que nos gastamos el salario de toda una quincena en un nuevo jersey. Los mejores seis meses del año que transcurren entre botana, cerveza, festejos, decepciones, corajes y porristas; como debería ser siempre la vida. Los mejores seis meses del año en los que nos preocupamos por la salud de un completo desconocido como si fuera nuestro familiar más querido. Los mejores seis meses del año en el que los coach de nuestros equipos pasan de genios a reverendos pendejos en solo un santiamén y durante infinidad de ocasiones en el transcurso de tres horas. Los mejores seis meses del año durante los que estamos felices por una victoria (que a veces es, porque no decirlo, intrascendente) y esa felicidad nos dura toda una semana que, de otra forma, sería tan monótona y banal como las del verano. Los mejores seis meses del año, durante los cuales los lunes mágicamente dejan de ser aquellos días grises y horribles de inicio de semana para transformarse en los días en los que pasamos horas hablando y discutiendo sobre los partidos del día anterior con nuestros panas del trabajo o al escuela. Y sus noches otrora aburridas son ahora de Monday Night Football, lo que hace que casi no podamos esperara para el próximo inicio de semana. 
 
Los mejores seis meses del año en los que pronto disfrutaremos del Halloween, de la Navidad, del Día de Reyes y de los siempre emocionantes Playoffs. Los mejores seis meses del año que nos traerán jugadas inverosímiles, errores garrafales, sorpresas sumamente agradables, decepciones mayúsculas, promesas sin cumplir, carreras moribundas tomando un segundo aire, retiros, debuts, mascotas, festejos sobrios y otros... bueh no tanto. Seis meses llenos de momentos memorables, ya sea por la felicidad que nos causaron o por la furia y tristeza que nos dejaron. Porque aquí también existe el dolor, oh sí. Porque algo que nos hace tan felices también tiene el potencial de deprimirnos. 
 
Los mejores seis meses del año en el que nuestro humor de toda una semana depende en gran medida de lo que hagan más de una centena de mastodontes en un rectángulo de pasto artificial durante los domingos (o lunes, o jueves, o alguno que otro sábado). Los mejores seis meses del año en el que un estadio es casi más que la iglesia que ya casi nunca visitamos. Los mejores seis meses del año que bien valen todas las peleas absurdas que tendremos con nuestras ignoradas jevas. Los mejores seis meses del año en los que, dicen, también hay una vida más allá de la televisión, pero yo nunca lo he comprobado, la verdad. Los mejores seis meses del año en el que todos por igual (expertos, villamelones, fans from hell, fans de ocasión y simples curiosos) esperan que aquello que cantaban The Zombies por allá de la loca loca década de los sesenta (en la que también había futbol americano, claro) se cumpla para su equipo. Aquello de que este va a ser su año. 
 
Y así comienzan... sí, los mejores seis meses del año. Enjoy.