Don't Leave The Light On Baby, by Belle & Sebastian

(download)

It's been a bloody stupid day
My baby called me up to say
Don't call me love, don't call me
It's not all she said

I truly love her but I know
I'm bad for her, I'm bad and so
At least she may forgive me for my honesty

My friend came back from being abroad
He was rich and I was overawed
His ship came in
I'm standing on the harbour wall

Another friend, the one I love
Turns to me "Have you seen enough?"
"Let's hang about
There's nothing like a sunset INTO THE NIGHT"

It's been a bloody stupid day
Don't leave the light on baby
My baby called me up to say
Don't leave the light on baby
I'll see you sometime maybe
Don't leave the light on baby
It finally dawned on me tonight
Best to go down without a fight
I know you will forgive me for my honesty 

Foto de la Semana en nfl.com

Nflw6

Y sí, son los Lions, minutos antes de salir a partir madres. Pero al final perdieron, en un juego alocado y que casi termina en la campal, donde perdieron el invicto a manos de los 49´s. Ahora los únicos invictos son los Empacadores, quienes se ven realmente sólidos, pero en una de esas y pierden la semana próxima. En otras cosas, Brady nos demostró que todavía las puede, al armar la serie de la victoria con menos de tres minutos en el reloj. Y qué juegazo dieron Gigantes y Bills.

Grandes juegos. Y mañana inicia la Serie Mundial. Quienes van a jugar, por cierto? 

No One Knows About Persian Cats

Persian_cats

El título es más que apropiado. Y es que aunque esta cinta tiene más o menos dos años de haber ganado no-se-qué en el Festival de Cannes, no había sabido nada de ella hasta hace unos días. Y eso considerando lo bien que se les da a los organizadores de festivales de cine de nuestro país el traer películas iranís. Pero bueno, me tardé un poquito en verla, pero valió la pena. Me hizo... más que la semana, yo diría que el semestre.

Kasi az gorbehaye irani khabar nadareh (2009), como se llama originalmente, es una cinta sobre música y sobre músicos. En particular, es la pequeña gran odisea que emprenden Negar y Ashkan para terminar de conformar su banda de indie rock, grabar un disco, dar un concierto para sus padres y amigos, y conseguir visas y pasaportes para poder participar en un festival de música europeo. Lo cual, podría sonar fácil para alguien acostumbrado a la forma de vida occidental, pero que no lo es en Irán, homeland de nuestros héroes. La película pronto nos muestra la gran imagen que supone la cultura underground en el país. De la mano de Nader, una mezcla de promotor, guía de turistas particular y vendedor de planes e ilusiones, la pareja de amigos conoce más músicos marginales de los que ellos mismos pensaban que existían, los cuales, a su manera, se las han estado arreglando para seguir haciendo lo que les gusta. Aquello que esta prohibido. Oh, si. Las autoridades iranís se toman muy en serio eso de hacer cumplir las leyes.

Nunca fui músico. Ese es uno de los más grandes traumas de mi vida. Nunca pude tocar un instrumento y no porque no lo intentara. Pero, ya saben, simplemente no esta en mi naturaleza. Por un tiempo me dije que si no podía ser Ian Curtis, igual podría ser Tony Wilson. Y lo intenté, vaya. Conocí una banda y estaba dizque encargado de conseguirles dónde tocar y esa clase de cosas. Muchas de las cosas que pasan en esta cinta me sacaron una sonrisa. Los ensayos, la plantación, la búsqueda, el estudio... bueh, yo he estado ahí. Así como también he sentido el sentimiento de Let´s get out of this Country. Así como también he sido un lepe lleno de ilusiones. Así como también me han agarrado mis fases de pesimista-con-sueños-apocalípticos y de optimista-que-siempre-espera-lo-mejor. Y todo esto se encuentra, de una u otra forma, en esta cinta. Quizá en esta parte del mundo ya se perdió el sentimiento underground de buscar cosas. Pero no en todos lados. Y por aquí no siempre. A mi me tocó caminar todo el día para conseguir cierto disco en el Chopo o en San Juan. Y hasta una vez organizamos nuestra propia y privada fiesta clandestina con todo y contraseña para entrar. Pero ahora ya son tiempos diferentes. Ahora solo bajo música de internet. Y también es cierto que quizá, dentro de algunos años, los morros iranís van a poder hacer lo que hacen los morros del resto del mundo, como tocar desafinados en los garages de sus casas sin que nadie les diga nada. Pero por ahora, tocan en donde pueden. Y emprenden pequeñas odiseas para conseguir un lugar para que sus amigos y familiares los vean hacer el ridículo encima del escenario. Lo cual, la verdad, es muy muy triste. Pero, hey, las cosas saben mejor sazonadas con un poquito de sudor, creo yo.

Bahman Ghobadi ha hecho una película realmente hermosa. Sin pretensiones, solamente trata de mostrarnos lo iguales que somos, pero lo diferente que, a veces, nos trata la vida. No hay exaltación de nada ni denuncia gratuita, solamente son cosas que pasan en un país manejado de cierta forma. Y la amistad floreciendo en esos lugares. Y los sueños surcando los cielos, a veces, azules. Y música, claro. Porque, al final, lo que importa es la música. Al final todos tenemos la fase en la que una canción simple y tonta se amolda de manera perfecta a nuestra vida. Y la amamos por eso. Y para nosotros, en ese momento, no es ni simple ni tonta. Oh no, ya lo creo que no.   


El post del 11, del 10, del 11

  Este fin de semana tuve la oportunidad de ver la película “escándalo” del pasado Festival de Cannes. Me refiero a Melancholia, la última obra del poco o nada cándido Lars von Trier
 
La historia, sin caer en sobre explicaciones, es más o menos así: Justine (Kirsten Dunst) se acaba de casar con un pelma y va camino a la recepción ofrecida en la mansión campestre de su hermana Claire (Charlotte Gainsbourg) y su esposo John (Jack Bauer. No!, perdón: Kiefer Sutherland). Pero lo que hay qué decir de la pobre Justine es que es la rarita de la familia y todos en la fiesta están como que a la expectativa de que la arruine. Lo cual hace. Y muy feo. Más adelante, cuando ya todo se fue al demonio, vemos la odisea de la familia de Claire al enfrentarse al supuesto apocalipsis. Resulta que había un planeta oculto por el sol (llamado "Melancolia"), que ahora sigue un curso por todo el sistema solar y está a punto de llegar a la Tierra. Los científicos serios están seguros de que el planeta pasará de largo, igual que hizo en Mercurio y Venus. Las voces de la destrucción, en su mayoría anónimas y circulando por blogs en internet, claman que el fin ha llegado y que Melancolia va a acabar con la Tierra. John cree ciegamente en los científicos y se empeña en hacer del paso del planeta una fiesta. Claire esta poco a poco siendo llevada al lado oscuro por las voces. En medio de ellos se encuentra  su hijo (Cameron Spurr) y la loquita de Justine. 
 
Y bueno… Para empezar es una película impecablemente realizada, con una hermosa fotografía y una dirección de arte muy del cine danés, lo cual es bueno (sobria y de buen gusto). Las actuaciones en general son excelentes, destacando la de nuestra otrora Mary Jane Watson. La historia es sumamente interesante y, en más de un sentido, me recordó demasiado a esta otra cinta, lo cual creo que era intencionado, dado la cuasi devoción que el director ha profesado por el geniecillo ruso llamado Andrey Santo Patrono Del Cineclub Tarkovskiy. Los personajes de esta cinta son de clase alta, sin embargo, sus emociones, sentimientos y reacciones al enfrentar estas dos circunstancias (una celebración y el hipotético fin del mundo) son completamente naturales. Lo que dicen y hacen es lo que se ve en la vida real, cuando la gente la caga. La vida no es perfecta. Dunst me recordó por un momento Angels in America: ha de ser una mierda el ser un profeta en el mundo actual. Ups, pero creo que ya dije demasiado. Como sea, es una gran cinta, aunque, como todo el cine de ese cabrón, un tanto pretenciosa. Supongo que muchas personas la amarán tanto como otros la odiarán. Y habrá muchos más a los que les valga un pito. En fin...

   
 
Por otro lado, la Semana 5 de la NFL nos dejó bastantes cosas sobre las qué comenta. En especial que esta vez no perdieron los Taqueros de Dallas. Y eso fue porque descansaron (jajaja). Ya, en serio, Detroit y Green Bay son los únicos invictos que quedan, ambos ganando sus juegos con lo justo (los Leones un poco más fácil, creo). Bien por los Leones, quienes no tenían un inicio de 5-0 creo que desde la temporada de 1786. Y los Empacadores (equipazo, mi lic) son, sin lugar a dudas, el rival a vencer en su Conferencia; ellos ya habían iniciado 5-0 anteriormente. Y en todas esas veces fueron campeones, así que aguas. La otra cara de la moneda son los Potros. La verdad es que su desgracia ya dejo de ser divertida para pasar a ser... pues penosa. Era indudable que las cosas sin Manning iban a ser difíciles, pero nadie se esperaba que lo fueran tanto, vaya. Y lo peor, cuando la ofensiva por fin estaba funcionando, la defensiva (quienes en los dos partidos anteriores habían dado la cara por el equipo, saliendo a partirse la madre como los hombre de verdad) no pudo detener a los Jefes (si, a los jefes de Kansas City), quienes se levantaron de un 17-0 (y después de un 24-7) para llevarse el juego. Y luego dicen que ya no existen los jugadores fuera de serie. En otras cosas, los Steelers dieron un gran juego. Los Vikingos por fin ganaron. Los Santos siguen jugando como San Francisco en la segunda mitad de los ochenta. El llamado Dream Team (Filadelfia) sigue dando pena ajena, aunque no me cabe duda de que estarán en Post-Temporada y serán contendientes. Y San Francisco está empezando a jugar como los Santos de hace dos años. Ok, eso fue exagerado.
 
En cuanto a mi equipo... no cabe duda de que ofensivamente son una máquina. Brady y Welker están teniendo uno de esos inicios de temporada de ensueño y aunque Ochocinco sigue pareciendo el wey que llega tarde a la orgia y no sabe ni que hacer, es solo cuestión de tiempo para que se encuere y se una a la fiesta (ea!, qué tal mis alegorías, eh?). Sin embargo, la defensiva es cada día más un problema. Ya se sabía desde el principio que los profundos no eran precisamente en fuerte del equipo, sin embargo la línea tampoco lo está haciendo bien. Y ya no digamos jugadas grandes o presión al QB contrario. Es algo que todavía puede solucionarse, pero se acaba el tiempo. Si se corrige durante la temporada, los Pats serán verdaderamente el gran favorito de la Americana. Y si no, pues solo nos prepararemos para otra decepción en Playoffs.
 
Como sea, vienen grandes juegos para la semana próxima, en especial el de 49´s vs Lions. Quién hubiera pensado al inicio de campaña que ese sería un gran juego? Pero así es el futbol (igual que la vida, mi lic): nada es para siempre, ni lo bueno ni lo malo.
 
Los dejo con esta rola:

   
 
Yo mientras tanto voy a ver el México-Brasil.      

Ajá, el post sobre Steve Jobs

Steve-jobs

     Here’s to the crazy ones. The misfits. The rebels. The troublemakers. The round pegs in the square hole. The ones who see things differently. They’re not fond of rules. And they have no respect for the status quo. You can quote them, disagree with them, glorify or vilify them. About the only thing you can’t do is ignore them. Because they change things. They push the human race forward. And while some may see them as the crazy ones, we see genius. Because the people who are crazy enough to think they can change the world, are the ones who do.
Apple, “Think Different”, 1998-2002 

  
 Esta época, tan conectada y a la vez tan desarraigada, donde podemos no saber dónde andan nuestros familiares pero sí nos molesta el comentario de un rostro anónimo en Twitter, es pródiga en el culto a personalidades que han ayudado a moldear, o eso pensamos, el mundo en el que vivimos. Muchas veces me he quejado del concepto del geek porque hace tiempo perdió su carácter contracultural, esa rareza que lo hacía vivaz y rebelde. Punk. Ayer el geek era quien conseguía la información oscura y la compartía con otros geeks. Hoy con el vulgar acceso a la información que poseemos se puede ser un geek de “todo”: de Sarah Jessica Parker, de Star Trek, de Mighty Muggs de Transformers, de afiches de Justin Bieber o del último hit televisivo de HBO. Entre el geek y el fan hay pocas diferencias hoy. Con el ancho mundo de Apple, el público se lanzó, sobre todo en los últimos diez años, a exhibir su amor por la marca de formas diversas, sacando esa adoración de la playera y el bumper sticker a sitios web y redes sociales, creando una tribu de iWhores que es multicriticada por “superficial”, “sobrepreocupada por el diseño” y “poco demandante como consumidora”, máxime cuando se acostumbró a pagar precios altos por hardware o incluso a soportar teléfonos con problemas de conectividad. Tener una Macintosh en los ochenta y noventa fue símbolo de un tipo particular de espíritu geek, y tener un teléfono Apple en los 2000 ahora es símbolo de un tipo particular de fanboyerismo. Pero no lo digo despectivamente: la gente ama a sus marcas, ama el estilo de vida que les proporcionan y esos pequeños placeres que experimenta sola y en su soledad, si me permiten la expresión. Hey, si te sientes un velocista olímpico al estrenar un par de zapatillas Nike, bien por ti. Si sientes que ese par de jeans Levi’s te otorgan “la promesa de un mundo nuevo”, bien por ti. Si sientes que usar un iPad te hace “pensar diferente”, bien por ti. Un buen consumidor es un consumidor crítico, pero yo no soy nadie para juzgar las emociones de la gente. Somos tribales, somos sectarios, defendemos hasta las lágrimas los que nos provee identidad, aunque esta identidad consista en burlarnos y protestar por la falta de identidad y consumismo de otros. Ja.

 

 

 Por eso entiendo el fervor hacia Steve Jobs. Hay quien dice que el rock ya murió y que la historia se detuvo, que ya no hay héroes, las estrellas de Hollywood han perdido el glamour de antaño y nuestros líderes políticos son una desgracia. Vivimos en un mundo cínico, diría Jerry Maguire, lleno de apatía y aburrición. Y en ese mundo caminó Steve Jobs, como Caine en Kung fu. Oh sí. Su influencia en el ámbito de la tecnología, los negocios, el entretenimiento, la educación y los cimientos de cómo interactuamos entre nosotros es tan vasta que es difícil de medir. Sin embargo, lo que hizo Steve Jobs al frente de Apple Computer nos recuerda que sí, aún existen estrellas de rock, aún hay héroes, aún hay glamour y aún hay líderes. Y la historia sigue, y no se detiene. Cuando John Lennon fue asesinado, Time tituló su portada con la frase “the day the music died”, más por despecho e indignación que por otra cosa. Pero hoy no murió la innovación ni la creatividad ni nada por el estilo. Todo va a seguir hacia adelante. Igual que la música siguió después de Lennon. 

 

 

 Me declaré fan de Jobs desde que leí sus aventuras mariguanas en Atari, Inc. (sorprende que Nolan Bushnell le sobreviva) y su búsqueda espiritual en India a mediados de los setenta. La idea de un jipi-punk que emplea el marketing para cambiar el mundo (“Think Different”) es tan seductora. Y es tan siglo XX. Y también es tan siglo XXI. Soy un creyente de su marca a pesar de que critico lo pesado que es Apple con sus consumidores (como el citado caso de la antena del iPhone 4 o esos mails de grumpy old dude que enviaba Jobs a ciertas personas que le escribían), y el pésimo trato que su oficina de P.R. tiene hacia la prensa. Creo que es evidente que Jobs fue un ejemplo como businessman y entrepreneur, y como innovador en una industria donde la innovación en realidad no es tan común. Pero yo no me quedo con eso, quizá porque no tengo nada de empresario ni emprendedor, y nunca he hecho nada innovador en mi vida. Yo solo soy un usuario de Apple.

 

 

 De ahi viene la conexión emocional. No haré una pomposa declaración del tipo “la primera vez que estuve en Cupertino…” (ajá, nunca he estado en Cupertino). Pfff. Mi conexión con Apple es más vulgar, y tiene que ver con mis recuerdos. Escribir toda la noche en una MacBook Pro negra. Tomar aquella foto aquél día con aquél iPhone. La emoción de sacar mi primer iPod de la caja. Son “experiencias de usuario”. Pero sobre todo son emociones. No somos replicantes. Esos recuerdos son reales.

 

 

 Hoy me siento honestamente triste por la prematura muerte de Steve Jobs a sus 56 años de edad. Espero que su vida y obra me sigan inspirando. Y a ustedes también.

 

Octubre

Octubre es mi mes favorito del año y en parte se lo debo a una chica. En esos entonces, cuando estábamos juntos y cuando la vida era en cierto sentido más simple y un poco mejor, ella se ponía toda romanticona y querendona en este mes, achacandoselo a "las lunas de octubre". Y es que sí, la luna en este mes es algo espectacular de ver. Borges, en el prólogo increíble que escribió para la edición en español de Crónicas Marcianas, nos cuenta sobre la luna:

 


A principios del siglo XVI, Ludovico Ariosto imaginó que un paladín descubre en la Luna todo lo que se pierde en la Tierra, las lágrimas y suspiros de los amantes, el tiempo malgastado en el juego, los proyectos inútiles y los no saciados anhelos

 

 

 

Creo que, ante eso, es poco lo que podemos agregar.

 

Además de la luna, octubre representa el mes de lo oscuro, de lo sobrenatural. De los espantos, pues. Soy un fan consumado de esas ondas y un creyente, como muchos de ustedes saben. Me encantan el Halloween y en Día de Muertos. Me encanta la atmosfera tan particular que tienen dichas festividades, tan diferentes de las del invierno y la primavera (en verano no se celebra nada, otra razón por la que el verano apesta). Nunca he visto un fantasma, pero tengo muy presente ciertos momentos en el cine y la literatura en los que los aparecidos tienen un lugar preponderante. Me viene a la mente la escena de la niña secuestrada y muerta, quién se le aparece a su papá y lo hace reír con el chiste más cruel que recuerdo, en Sympathy for Mr. Vengeance. Dos fantasmas patéticos y favoritos personales aparecen en el capítulo conocido como “Circe” de Ulises (sólo “conocido como”; Joyce nunca tituló los capítulos de Ulises). En este alucinante episodio, el número 15, Stephen y Bloom bajan a una especie de submundo donde, además de embriagarse, tienen toda clase de visiones esquizoides y sobrenaturales. Stephen, el joven dublinés, se encuentra con el fantasma de su madre, el cual lo insulta; el encuentro de Bloom es mucho más estremecedor: sabemos que Leopold Bloom, el protagonista de la novela, alguna vez tuvo un hijo con Molly, su esposa, al cual bautizaron como Rudy. El bebé, sin embargo, murió a los 11 días de nacido. Rudy Bloom se aparece en los últimos momentos del capítulo “Circe” como un puberto de 11 años de edad (la edad que tendría de no haber muerto), vestido con un traje Eton y leyendo un libro. Es un fantasma mudo, y su figura contiene el terror de un padre viendo el fantasma de un hijo muerto. Pero también es un momento dulce, o al menos agridulce. En la última línea del capítulo, Rudy Bloom observa a su padre a los ojos y, extrañamente, un corderito se asoma por el bolsillo de su abrigo:


(Silent, thoughtful, alert, he stands on guard, his fingers at his lips in the attitude of secret master. Against the dark wall a figure appears slowly, a fairy boy of eleven, a changeling, kidnapped, dressed in an Eton suit with glass shoes and a little bronze helmet, holding a book in his hand. He reads from right to left inaudibly, smiling, kissing the page.)

BLOOM (Wonderstruck, calls inaudibly.) Rudy!

RUDY (Gazes unseeing into Bloom’s eyes and goes on reading, kissing, smiling. He has a delicate mauveface. On his suit he has diamond and ruby buttons. In his free left hand he holds a slim ivory cane with a violet howknot. A white lambkin peeps out of his waistcoat pocket.) 

 

 Y así, Joyce nos enseña que los fantasmas pueden ser algo hermoso. 

 

Pero octubre es algo más también. Octubre es otoño. El otoño, que es "cuando todo empieza a morir", según palabras del maese George Carlin. Es en esta época del año en la que las hojas son de diferente color (bueh, no aquí en la ciudad; o al menos no tanto), en el que la luz es menos y los días son un poco más fríos y un poco más melancólicos. Mucha de mi inspiración personal viene en este mes y con estos climas. Me recuerda, no sé, me recuerda la bruma sobre un bosque inglés en una película de 1964 filmada en tecnicolor. Me recuerda el color del whisky barato que compraba en mis primeras pedas. Me recuerda el horrible suéter de los Osos de Chicago que me regaló mi padre a los cinco años y que solo usé una vez, en una excursión a Michoacán. Me recuerda el Dark Side of the Moon y la vez que lo escuché completo cuando una novia me botó. Me recuerda el Clásico de Otoño; mi familia y yo viendo los 12 minutos más grandes de la historia deportiva del H. estado de Arizona, extasiados. Me recuerda a Truman Capote y esa obra maestra llamada Breakfast at Tiffany´s y aquélla parte en la que el narrador (del que nunca sabemos su nombre) y Holly Golightly van a su cabalgata de despedida en Nueva York y la luz se filtra por las hojas moribundas que forman  un velo entre la tierra y el cielo y el momento es tan increíble que se olvida la tristeza de la despedida:

 


 

“See?” She shouted. “It´s great!” And suddenly it was. Suddenly, watching the tangled colors of Holly´s hair flash in the red-yellow leaf light, I loved her enough to forget myself, myself pitying despair, and be content that something she thought happy was going to happen. Very gently the horses began to trot, waves of wind splashed us, spanked our faces, we plunged in an out of sun and shadows pools, and joy, and glad-to-be-alive exhilaration, jolted, through me like a jigger of nitrogen. That was one minute…      

 

 

 

Es un libro maravilloso. La versión cinematográfica, fuera del estilo, la dirección y Audrey Hepburn, siempre me ha parecido, cuando mucho, bastante inferior.

 

Octubre es mucho más que el décimo mes del año. Más que el nombre de un disco de U2. Octubre significa muchas cosas en mi vida. Octubre me pone en el mud de muchas cosas. Octubre destila aroma a madera quemada y a lluvia para mí. Octubre es futbol americano. Octubre es películas de terror, orientales y occidentales. Octubre es maravilloso.

 

Xoder, amo este puto mes.