Drive

Drive_movie

Drive parece una película puesta entre la publicidad, y es este tipo de película. También es un reproche hacia lo que la mayoría de las películas parecen.
 
El protagonista de Drive es un conductor anónimo, sin pasado y sin futuro, a quién conocemos a la mitad más o menos de su vida, pero del que no logramos averiguar nada durante su historia. Vaya, ni siquiera su nombre. La primera vez que lo vemos es un conductor contratado por un par de asaltantes para sacarlos del lugar del robo. Y lo hace con maestría en el volante, con el salvajismo de la velocidad, pero también con frialdad e inteligencia. En su trabajo de día, el conductor es un stunt drive para películas de acción. Ambos trabajos se complementan perfectamente para él. El es un conductor y nada más.
 
La interpretación de Ryan Gosling como el conducto es realmente increíble. El está ausente, viendo la vida desde una ventana y solo usando los espejos retrovisores cuando es necesario para el trabajo. En seguida me recordó a dos héroes personales: Alain Delon, el asesino de Le Samurai; y claro, al inigualable Clint Eastwood como El Hombre Sin Nombre de las películas de Leone. Así como ellos, Gosling logró darle vida impersonal a su personaje, haciéndolo empático, pero siempre misterioso. El conductor no tiene familia, no tiene historia y parece no tener sentimientos ni emociones tampoco. Durante la película no dejamos de preguntarnos: ¿qué fue lo que pasó para que terminara así? ¿O quizá así fue siempre? Como en todo, no sabemos. El conductor se desenvuelve en un mundo de autos. Aparte de sus dos trabajos, se pasa casi todo el tiempo en el talles de reparación y restauración de su único amigo en el mundo Shannon (Bryan Cranston), quién es un genio para ambas tareas, pero también alguien que parece tener su propio imán para atraes la mala suerte. Adentro de ese mundo también encuentra a sus empleadores nocturnos. Pero fuera de ahí todo es trivial. Viaja por la vida sin llamar la atención de nadie y sin que nadie llame su atención, al menos hasta que se encuentra con Irene (Carey Mulligan) y el hijo de esta, Benicio (Kaden Leos).

El conductor tiene un hogar (creo que no es del todo posible estar completamente desconectado del mundo) y la madre y el pequeño son sus vecinos. Ellos se conocen poco a poco y se hablan aún menos. Irene parece encarnar perfectamente todo lo que significa la vulnerabilidad. Y ella y el niño parecen despertar ciertas emociones en el conductor, aunque no es para nada un tipo efusivo. Su relación crece tibia, pero al poco tiempo el padre de Benicio y esposo de Irene, Standard (Oscar Isaac), es liberado de la prisión y regresa al hogar. Al contrario de lo que podríamos pensar, el conductor no se muestra hostil o celoso con esto. Todo lo contrario, la llegada del ausente le lleva someterse a un gran riesgo enorme con muy poco beneficio personal, y a desarrollar profundos sentimientos y lealtad hacia otro ser humano.

La película es obra del director danes Nicolas Winding Refn, y está basada en la novela de James Sallis. En su esencia, parece presentar las historias de personajes detallados en medio de un ambiente anónimo. Parece hablar más por los entornos, por lo que solo se intuye. El protagonista del film bien podría ser tachado como el héroe de una película de acción sin sentido, recatada de choques, sangre y CGI. Pero claro que esto es solo ver la superficie. Drive es un ejercicio de estilo elegante y sus emociones pueden estar ocultas, pero son muy profundas. A veces una película tiene más impacto al no esforzarse demasiado. El enigma del conductor está rodeado de una rica galería de actores de reparto que tienen claras sus esperanzas y temores, y que, o bien han llegado a un acuerdo con el conductor, o no. Aquí tenemos un ejemplo perfecto del viejo principio noir de Hollywood por el cual una película vive no a través de su héroes, sino a través de sus sombras.

Y bueno, hablando de CGI, hay que mencionar lo poco que parece haber en la película. La mayoría de las escenas de persecución y choques lucen muy reales para mí; respetando el peso y el ruido y el poder en lugar de solo presentar fantasías imposibles. Toda la película, de hecho, parece más real que la habitual acción y persecución del delito, lo cual es un respiro. Aquí hay una cinta con verdadero respeto para el scrip, la actuación y el arte. Y con respeto para los cinéfilos conocedores.

Antes he hablado del estilo y este es setentero puro, mostrado desde la tipografía de los títulos, la música incidental y el soundtrack utilizado. Además de la ropa, claro. Es donde encontramos al conductor ataviado con su chamarra plateada del escorpión en la espalda. El conductor es grandioso. Un héroe existencial, supongo, que se define exclusivamente por su comportamiento. Alguien capaz de enamorarse de una muñeca de amor y hacernos creer sinceramente que se puede lograr casi cualquier cosa.

Foto de la Semana en nfl.com

W10

Terminada la semana 10 de la temporada regular, hay muchas cosas interesantes sobre las que hablar. En primera, comentar sobre el cielo y el infierno que representan Green Bay e Indianápolis, los únicos equipos invictos que quedan. Por un lado, los de la bahía verde van que vuelan para una temporada perfecta (creo que el juego más complicado que tienen es la visita a Detroit en un par de semanas), ahora solo hay que ver como administran esto. Es muy posible que si llegan a un 14-0, descansen a muchos titulares, aún a costa de perder juegos que ya no tendrían tanta importancia, como lo hicieron los Colts de hace un par de años (si, los Colts solían ser un equipo grande). O también puede que de plano decidan ir por el 16-0, jugando con el equipo A y a toda máquina, aunque sea a costa de una lesión de alguna pieza clave del equipo. Como sea, lo que están haciendo ya es muy meritorio. Son un quipo que luce sin fisuras, con una defensiva fuerte (aunque no anota tantos puntos) y un ataque despiadado. A estas alturas de la campaña, parecen sencillamente invencibles. Y, por el otro lado, los Potros no han ganado ni un miserable juego en todo el año. Bueh, está de más decir que esto ya no tiene mucho que ver con la ausencia de Manning, que, claro, afecto, pero que no es la causa de todo. Los Colts son un equipo que poco a poco se fue haciendo más viejo y más dependiente de un solo jugador, al grado de que dicho jugador era prácticamente el coach en jefe. Y es que el head coach del equipo Jim Caldwell ha sido duramente criticado por su falta de personalidad, aunado a su incapacidad de trazar un plan de juego alternativo a Manning a más de 2 meses de que se supo que no jugaría. Y bueh, la defensiva ya bajó las manos, la ofensiva de Painter es una verdadera vergüenza, la gente en el estadio ya empieza a pedir a gritos a este cabroncito y hasta las cheerleaders ya lucen feas (bueno, esto último no es cierto). Creo que este ha sido un verdadero año de porquería del que solo esperan salir para, el año que viene, tomar a la joya del draft, recuperar al alma y el corazón del equipo y tratar de arreglárselas con aquello de las finanzas y el manejo de los egos. Creo que el 2012 puede ser un año grandioso para los Colts, pero también puede ser un año en el que comentan errores de los que bien podrían arrepentirse.
 
En más de la Liga, hay que mencionar la gran victoria de San Francisco sobre los Gigantes. Los de rojo y dorado han tenido una temporada inmejorable, son un equipo sólido defensivamente (esta defensiva sí anota muchos puntos), cuenta con un ataque terrestre envidiable e incluso su QB ha dejado de cometer los errores estúpidos que les habían costado tantos juegos en el pasado. Son un equipo bien dirigido, que sabe a lo que juega, que ya demostró sabe ganar partidos grandes y en Playoffs serán incómodos para cualquiera. Los 49ers son de verdad, señores. Y bueh, los Ravens son un equipo digno de la liga mexicana: pueden dar un juegazo (como la victoria sobre los Steelers de la semana 9) y en su siguiente partido pueden perder ridículamente con uno de los peores equipos del torneo (como les pasó esta semana contra los Seahawks). Son un equipo raro, que no creo que haga mucho, aunque es indudable que ganarán su división. También hay que mencionar el accionar de los Taqueros de Dallas, quienes despedazaron a Buffalo, pero que también son demasiado volubles para ser tomados en serie. Los Leones fueron hechos cagada por los Osos, pero creo que ese juego fue engañoso: ni los de Chicago son tan fuertes ni Detroit es tan débil. Los Santos siguen jugando bien y dieron el juego de la semana en contra de Atlanta, ganado en tiempo extra gracias a coach de los Halcones. E novato Cam Newton tuvo su primer juego malo de la temporada, pero lo que ha estado haciendo con Carolina ya es más que meritorio; además de que las Panteras no están muertas, matemáticamente hablando. San Diego, por otro lado, parece ser un equipo con broncas internas muy graves, quienes dan mucha batalla, pero que pierden y eso al final es lo que cuenta. Pero claro, la decepción de este año son las Águilas de Filadelfia, pase lo que pase con ellas ya son un verdadero fraude. Y es que a pesar de las contrataciones defensivas y del poder ofensivo que tienen, no juegan a nada y pueden perder de manera ridícula con el equipo que sea. No sé si este sea el final de Andy Reid al frente del equipo, pero es obvio que algo grave está sucediendo internamente y que varias cosas van a cambiar al final de temporada.
 
Para finalizar habrá que hablar del equipo de casa. Y es que después de un par de semanas difíciles (la derrota categórica en Pittsburgh la visita incómoda de los Gigantes), los Pats fueron a NY e hicieron cera y pabilo de los Jets (quienes también son un decepción), jugando muy bien ofensivamente, con series largas y control de balón, aunque bien es cierto que casi toda la primera mitad del juego fueron inoperantes. Pero lo más importante fue que la defensiva dio el partido del año, parando a los Jets en 16 puntos, presionando toda la noche a Sanches (un cabroncito de NE tuvo 4 1/2 capturas), e incluso interceptando 2 veces, regresando una para anotación. Aunque claro, no hay que engañarnos, este no es el nivel real de la defensiva, pero les servirá de motivación para lo que se viene. Y es que después de que la división estuviera tan peleada, ahora los Patriotas comandan solitarios el Este de la AFC y tienen un horizonte bastante despejado en frente. Lo más difícil ya paso en teoría (el juego más complicado que les queda, al menos en el papel, es una visita a Filadelfia) y en una de esas terminan con la mejor marca de la Conferencia, lo que les permitiría recibir toda la Postemporada en casa. Y ya saben que ahí, la experiencia de Brady y Belichick bien pueden inclinar la balanza de cualquier juego. Es cierto que Brady ha tenido un año complicado, con 10 intercepciones, algunas sumamente costosas, pero también es cierto que el tipo sigue siendo un ganador nato que además luce más maduro que antes. Es cierto que defensivamente son un desastre, pero también le echan ganas y, como dije, este juego les servirá de motivación. Es cierto que Welker ha bajado de nivel en los últimos juegos, pero también es cierto que Brady tiene otras armas. Es cierto que Ochocinco está más muerto que Steve McNair, pero con ese par de TE que tienen, la verdad es que tampoco lo necesitan tanto. Es cierto que yo dudaba al principio de la temporada sobre lo que fueran a hacer, pero hay que decir que, pese a todos los problemas que ha  tenido, ya me convirtieron en un creyente. Y aunque luce complicado que le ganen a Green Bay en un hipotético Super Bowl, sinceramente creo que este va a ser nuestro año. Go Pats!   
 
 
 
Y bueno, en una nota offtopic, pero de la que tenía que hablar: la pelea del sábado pasado. Sí, claro que la vi. Y también, como la inmensa mayoría de los mexicanos, me la chuté por canal 7, diferida y con comentaristas realmente molestos (que mal quedó Julio Cesar Chaves, la neta), pero no importa. Y claro que lo que agregue aquí no sería nada nuevo, pero igual voy a hablar de lo que pasó. La verdad es que hay muy pocas personas inocentes en el mundo. Creo que todos sabemos que detrás de todos los eventos deportes (desde un derby Madrid-Barcelona hasta un juego de la Copa Stanley) hay más intereses de los puramente deportivos. Y también sospechamos susceptiblemente de los resultados que vemos, a veces más o menos de unos que de otros, pero es indudable que hay mano negra. El box es un deporte con una historia sucia en este aspecto, con una larga lista de peleas arregladas, jueces comprados, réferis corruptos o lo más simple del mundo: poner a un peleador consentido en contra de otro indudablemente más débil, con el único fin de que el primero suba de nivel y de estima (saludos, Canelo). Y esto no es nuevo ni mucho menos, sino que se remonta a los años 20 del siglo pasado. Durante la semana pasada, había escuchado a muchos expertos hablar sobre los que podría pasar en la pelea y muchos de ellos desconfiaban de la Comisión de Box de Nevada (y es que es muy cierto eso de: crea fama y échate a dormir), pero aún así, aun pese a todo, lo que hicieron no deja de ser descarado. Y es que la verdad no engañaron a nadie. Todo el que vio la pelea sabe quién ganó y es que, la verdad, no se necesita de mucho cerebro para ser juez de box. Con las numerosas tomas, las repeticiones anguladas y en slow motion, y con un poquito de conocimiento de las reglas básicas del deporte, cualquiera podría decir quién gano cierto round en cierta pelea. Y eso no sería muy diferente de una opinión oficial. Es claro que Juan Manuel Márquez hizo una gran pelea, sumamente inteligente, sumamente explosiva, cerebral y rápida. Y también es cierto que el Manny Pacquiano que vimos no es el mejor, pero eso al final tiende a no importar. Si el tipo salió en una mala noche, Márquez no tuvo la culpa. Y creo que al final esta decisión le hizo más daño a él que al mexicano. Los jueces le regalaron un triunfo inmerecido y, con ello, una mala fama que el tipo la verdad no se merece. Es indudable que es un súper atleta y el mejor boxeador libra por libra del mundo, pero ahora la gente no lo creerá, no importa lo que haga en el futuro. Y eso es sinceramente muy triste. Pero bueno, como les dije, hay intereses detrás de cada evento deportivo y es bastante obvio que aquí había muchos. Y no creo que se deba tanto a las apuestas (digo, creo que los números estaban más a favor de los Pats en el Super Bowl contra los Gigantes), sino más bien a la hipotética pelea en contra de Floyd Mayweather Jr. (quién tambien tiene mucha cola que le pisen en eso de victorias sumamente dudosas), que va a realizarse el próximo año. Pero ya no será lo mismo. Y no tanto para la mayoría de nosotros, que más o menos sabemos cómo es el mundo, pero creo que para muchos el velo cayó el pasado sábado Y es que muchos niños estaban vieron la pelea y se dieron cuenta de que en el mundo real no basta con ser el mejor para triunfar. Y eso, creo es aún más triste.
 
Ah, y qué pedo con el PRI en el short de Márquez? Ajá, y que según se hacen los indignados, no? Chale.

 

Playlist zombie

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Green Hornet, by Al Hirt. Lo escuchan los zombies mientras calzan sus Onitsuka Tiger. O ya de perdida sus Panam.

 

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AM 180, by Grandaddy. Lo escuchan los zombies al asaltar mini-supers y mercados. La única forma de conseguir suministros para una fiesta en el holocausto.

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She Does Everything for Me, by The Zombies. Un clásico que los zombies bailan... hasta desmembrarze.

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Don't Stop Me Now, by Queen. Una favorita de los zombies para cantar en el karaoke.

The Stars and The Moon, by Kate Swadling. Cuando todo se ha dicho y hecho, los zombies gustan de escuchar esta pieza, caminando abrazados o abrazadas de sus veschos o devoschkas, ambos cubiertos de sangre y bien acaramelados.

Happy Halloween!

Cuando los pomposos adjetivos no están de más

David Freese celebration 

Cuando uno se la pasa leyendo notas deportivas, tiende a perder la capacidad de asombro. Y es que cuando se trata de la prensa mexicana hablando sobre la Selección o sobre ciertos equipos en ciertas semanas (porque, claro, los periodistas son más volubles que una puberta con problemas alimenticios), siempre leemos pomposos adjetivos, tales como "épico", "heroico", "salvaje", "cardíaco" y demás. Y cuando uno se la pasa leyendo eso, lo toma con calma y, si no vio la actuación en cuestión, es difícil imaginarla. Porque ya se perdió la capacidad de asombro. Porque, y eso también tiene algo de verdad, los deportes han dejado de asombrarnos en su ejecución, por lo que los periodistas tratan de despertar la pasión en sus crónicas. O al menos así es en muchos casos. Me alegra decir que no en todos. Y me alegra que no en todos los casos los adjetivos pomposos estén fuera de lugar. Ayer por la noche tuve la oportunidad de ver un partido de beisbol que definitivamente fue épico, heroico, salvaje, cardíaco y demás. Y me considero sumamente afortunado por eso.

 
La Serie Mundial de este año enfrenta en el diamante a los Rangers de Texas en contra de los Cardenales de San Luis. Pero, más que nada, enfrenta en el despiadado mundo de las transmisiones a series exitosas, a reality shows idiotas, a los Panamericanos y a tantas y tantas cosas que han hecho que la máxima justa beisbolera del mundo poco a poco vaya perdiendo el público que otrora tuvo pegados a las pantallas. Y quizá sea porque en este mundo cínico ya no existen los Mantle, los Ruth, los Young e incluso los DiMaggio que en su día hicieron al beis el pasatiempo americano. Poco a poco se fue cargando al juego de pelota con los estigmas de aburrido, soso, tedioso, largo y sin tantas emociones. El diamante, claro, no podía competir con el emparrillado y casi tampoco con las canchas pamboleras de Europa. La Serie Mundial pasada, en la que los Gigantes de San Francisco dejaron tendidos a los Rangers, fue una de las más bajas en rating de la historia. Y esta pintaba para irse por la misma ruta. Por qué? pues porque no había un jugador ahí que levantara pasiones, por que había muchos estigmas, porque muchos juegos se iban a topar de frente con juegos de NFL, por que hay Panamericanos en México y hay que ver si los de Telerisa se cortan la barba o no. Porque los Yankees otra vez no habían llegado. Porque igual lo que pasara lo íbamos a leer en las notas del otro día, con adjetivos pomposos que nos hubieran dado a entender que las nueve entradas fueron dignas de una película ochentera protagonizada por Burt Reynols. Pero esta Serie tenía un as bajo la manga. Esa pequeña cosa que los románticos de closet gustamos de llamar "mística".

 Los primeros dos juegos fueron duelos de picheo despiadados, hermosamente jugados y que se decidieron por una sola carrera, empatando la serie a un juego por bando. Fueron juegos para los conocedores, para los de toda la vida. Juegos de inteligencia contra inteligencia, en los que Motte (el cerrador estrella de San Luis) pasó de héroe a villano en menos tiempo de lo que tarada en correrse un adolescente en su primera vez. Y en los que Ron Washington, el timonel texano, se sacó un poquito el estigma del mal manejo de los juegos que cargaba desde la serie pasada. Y entonces, después de un día de descanso, llegamos a Texas, solamente para ser bombardeados por un juego en el que los Rangers anotaron 7 carreras, pero los Cardenales 16 (las máximas de su historia en un juego de Serie Mundial). Fue la noche de Albert Pujols y sus 3 home runs y su leyenda escrita a batazos. Pero, caprichosos como son los dioses del diamante, al siguiente día decidieron secar a los pájaros rojos. Porque al día siguiente saltó a la lomita de las responsabilidades un lepe de 25 años llamado Derek Holland, quién blanqueó a San Luis, permitiéndoles solo 2 hits en todo el juego. Una joya de picheo digna de los años color sepia, si me permiten decirlo. Todo parecía puesto para que los Rangers sacaran ventaja en su último juego en casa y así fue. En un quinto partido, en el que brilló intensamente Mike Napoli (cátcher texano) y el mal manejo de Tony LaRussa (coach de San Luis), Texas se despidió de su estadio con un triunfo. Sufrido, sí, pero triunfo al fin. Al final de eso, y después de posponer un día el sexto duelo por la lluvia (el enemigo numero 1 del beisbol), el nivel de calidad de esta Serie ya había llamado la atención del respetable. El juego 5 tuvo casi el doble de televidentes que el primero, lo cual ya era mucho. Pero nada, repito nada, nos había preparado para la noche de anoche.

 Los Cardenales saltaron al diamante arropados por su afición y con la esperanza puesta en el mexicano Jaime García, quién había lanzado un juego extraordinario (el 2) que se había perdido precisamente en la última entrada. Pero esta vez no fue su día. El mexicano dejó el partido empatado a 2 carreras por bando cuando salió al inicio del 4° inning. Y el pitcher abridor de los Texanos, un tipo de apellido Lewis, iba navegando más o menos tranquilo en un juego loco, que combinó 5 errores por los dos bandos y que tuvo jugadas raras, producto más que nada del nerviosismo y la tensión casi palpable. Los de Texas parecían jugar con la fortuna de su lado y los Cardenales, por otro lado, dejaban hombres en posición de anotar al entregar outs de manera casi ridícula. Durante 8 entradas, la tónica del juego parecía sugerir que los Rangers se coronarían en patio ajeno, pero en la novena baja, cuando el cerrador estelar de Texas (Neftalí Feliz) salto a la loma, todo se torno de repente... heroico.

 El beisbol es un deporte hermoso porque en él no se tiene contemplado el tiempo. El juego acaba hasta que cae el out 27, sin importar cuanto tarde esto en pasar. Y a veces ni siquiera termina cuando cae el out 27. Feliz no tuvo pedo en sacar los outs 25 y 26, con sendos ponches. Y llegó al 27 enfrentado a Pujols, quien se había ido de 0-4 en el juego. Aquí hay algo que debo mencionar. El beisbol es, a veces, un juego sumamente meticuloso. Y un juego de rachas. Hay veces en las que no es tu noche y simplemente no vas a hacer nada. Es por eso que aunque esta es la Serie Mundial número 107, han sido poquísimas las que han tenido cambio de marcador en la última entrada. Pero esta lo tuvo. Pujols se envasó con su primer indiscutible de la noche. Y después otro tipo cuyo nombre se me olvidó se envasó con base por bolas. Y venía a batear David Freese, el cardenal encargado de la tercera base, quién hasta ese momento había sido uno de los que habían tenido un juego pasable. Feliz parecía dominarlo y se puso a un strike de la victoria. Un strike del título mundial. Un strike! Un strike que pudo haber sido una recta de 95 millas por hora que Freese ni siquiera hubiera visto. O pudo ser una curva picada que el tipo iba a abanicar, porque no hay peor cosa que te ponchen sin tirarle en un juego definitivo de Serie Mundial. Pudieron haber pasado muchas cosas con ese lanzamiento de Feliz, pero lo que nadie esperaba (nadie, ni siquiera el más grande fan de los Crads) fue lo que ocurrió. Freese bateó un triple por jardín derecho que trajo en empate. Era el batazo oportuno que se les había negado todo el juego. Cuando ya habían caído dos outs. Cuando ya solo faltaba un strike para el título mundial. Cuando ya se preparaban para celebrar, los Rangers se dieron cuenta de que tenían que jugar extra innings.

 
Quizá mi crónica no les transmita la emoción del momento, pero créanme que se sentía. Te contagiabas, incluso si estabas en el peor bar del mundo, porque se había ido la luz en tu casa y que tu equipo ni siquiera fueran los Cardenales. Y sobretodo al saber lo improbable que había sido tal batazo. Y es que Feliz hizo lo que debía hacer. Él sabía que Freese le iba a tirar a lo que fuera, por lo que no podía lanzar una recta que en una de esas se transformara en HR. Ni tampoco podía lanzar una curva, que en una de esas bajaba demasiado lento. El tipo, entonces, lanzó una pelota un poco esquinada, un poco arriba de la zona de strike. Sabía que Freese le pegaría, pero por la forma en la que lo había lanzado, sabía que la pelota saldría elevada y sin potencia al jardín de la derecha. Estaba dominado. Pero el batazo de Freese tenía tanto, tantas esperanzas, tanto corazón, que simplemente se fue más fuerte de lo que cualquiera hubiera predicho. Me gusta creer que esa pelota llevaba algo más que la fuerza del bateador, al igual que la flecha que Paris disparo desde las murallas de Troya llevaba algo más cuando fue a dar precisamente en el talón de Aquiles. Al igual que aquél, este también fue el tiro perfecto. Porque no se voló la barda, lo que permitió que Feliz sacara el último out y nos fuéramos a la entrada número 10, en la cual iba a haber más. Oh si.

 

En la parte alta, los Rangers, quienes habían estado tan cerca de la victoria, parecían casi muertos. Solo por un momento. Entonces fue cuando su estandarte, Josh Hamilton (un tipo que hace no muchos años había estado a punto de retirarse e incluso morir a causa del alcoholismo), quién había jugado lesionado toda la serie, conecto un Home run de dos carreras, para colocar la pizarra 9-7. Otra vez a tres outs del título, con dos carreras de ventaja. En la parte baja de la entrada, el estadio estaba casi silenciado. Y es que nadie creía que lo lograrían otra vez. Por que los milagros no pasan dos veces. Pero lo que había pasado en la novena no había sido un milagro. Había sido la mano de los dioses actuando. Los dioses habían decidido que los Cardenales no iban a perder ese juego. Y por eso lo volvieron a hacer, cuando estaban, otra vez, a un strike de la derrota. Volvieron a empatar. Y el juego se fue hasta 11° inning, en cuya parte alta el pícher de los Cards logró colgar uno de los pocos ceros del juego. Y para la parte baja, venia a abrir el ataque nada menos que Freese, cuya estatua ya estaba haciendo en el estacionamiento para ese momento. Y Freese ayudó más al crecimiento de la leyenda con un HR solitario que trajo el triunfo (el juego no podía terminar de otra forma). El tan ansiado triunfo que por momentos parecía genuinamente imposible. Y el estadio y la banca de los Cardenales estallaron. Y parecía que habían ganado la serie, cuando solo la habían empatado. Pero es que lo sintieron. Sintieron la mística en su espalda. Sintieron que no podían perder.

 

Como ustedes saben, yo no soy el aficionado más fiel del rey de los deportes. Y sí, más de una vez he estado de acuerdo en tachar al beisbol de aburrido y lento. Pero no a la Serie Mundial. La Serie Mundial es la cremé de la cremé en el deporte de la pelota. Es un duelo entre campeones, más que una simple final. Y gracias a juegos como estos, nos demuestra que es en octubre donde nacen las leyendas. Saben por qué en la historia de las Series Mundiales ha habido tan pocas sorpresas? Porque todos los jugadores llegan a ella agotados, después de jugar más de 160 partidos, casi uno diario, desde la primavera. Es por eso que la Postemporada (y en especial la SM) separa a los niños de los hombres. Porque solo los que se esfuerzan al máximo pueden llegar a brillar en aquellas instancias en las que los seres humanos comunes y corrientes estarían fundidos. Ayer, Rangers y Cards llegaron al nivel más alto. Y los primeros perdieron solamente porque los segundos no iban a perder. Simple y sencillamente.

 

Hoy en la noche tendremos la última instancia. El sueño de los aficionados: un séptimo partido de Serie Mundial. Quizá no sea para nada como el de ayer, quizá sea una paliza o quizá sea un drama como el del séptimo juego de la Serie del 2001 (la mejor de la historia, según mi propia y particular opinión), pero eso no demeritará en nada lo acontecido en el sexto juego, sin duda el más intenso drama deportivo ocurrido desde hace un buen rato. Un juego al que no le quedan grandes ninguno de los pomposos adjetivos que quieran agregarle. Un juego que muchos no olvidaremos en un buen tiempo. Ni tampoco dónde lo vimos, no con quién lo vimos. Este es el perfecto ejemplo que cualquier aficionado daría para justificar su pasión. La razón por la cual, aquellos que no les gustan los deportes, son dignos de la más grande de las lástimas. Pobres.

 

Hoy se cantará el playball! por última vez en el año. Hay que disfrutarlo como se debe.