Banksy Mobile

Bbcctv

Infamous and controversial street artist, Banksy posted this CCTV mobile - just in time for the holiday season. You know, for kids. It’s a DIY project “not available in the shops.” All you need is some “wood, string, plastic tube, nails, [and, of course,] lead paint.” In keeping with Banksy tradition, the inherent commentary here is pretty thick. “Total assembly required. Keep out of reach of children.”

Brees: 5087

Bressus

Tuvieron que pasar 27 años para que la legendaria marca de más yardas por tierra en una sola temporada -5084-, impuesta por Dan Marino en 1984, cayera. Y cayó, sí, en un Lunes por la Noche.


Pasaron 27 años para que alguien pudiera superar el record. 27 laaargos años en los que llegaron QB sumamente exitosos y explosivos a la NFL, caso de Peyton Manning, Tom Brady, Brett Favre, Vince Young y muchos otros cuyo nombre queda un tanto eclipsado por los Colosos. Pero ninguno de ellos había llegado a la marca, que cada año se antojaba a punto de caer, pero a la vez más lejana que nunca. Tuvo que ser un texano, egresado de la Universidad de Purdue (¿?), selección de segunda ronda en el draft del 2001 por los Cargadores de San Diego, quienes tiempo después lo cortarían por culpa de una lesión que al parecer nunca iba a sanar, tomado por los Santos de Nueva Orleans, equipo que durante mucho tiempo había sido el hazmerreir de la Liga pero que ahora es toda una potencia.


Drew “Lom” Brees entró en el recinto de los Inmortales la noche de anoche, durante la paliza que los Saints le propinaron a Atlanta por 45 – 16. Sin embargo, más que el resultado en general, era la idea de ver caer 27 años de historia lo que tenía abarrotado el Superdomo y pegados a las pantallas a los aficionados. Brees-us necesitaba alrededor de 310 yardas para romper el record y la primera mitad del juego parecía pronosticar eso: el 9 de Nueva Orleans estaba jugando a tope, pese a las dos intercepciones que sufrió, estaba lanzando para más de 250 yardas, con tres pases de anotación. Sin embargo, el ritmo bajó de intensidad en la segunda parte, al grado de que llegó al 4 cuarto necesitando solamente 30 yardas, pero durante dos series ofensivas no logró ninguna. Parecía que tendríamos que esperar otra semana para ver caer la marca de Marino, pero en la última serie ofensiva, Brees, como nos tiene acostumbrados, con pases certeros, guió una ofensiva aérea impecable que culminó con un pase a las diagonales atrapado por Darren Sproles (un tipo que también fue cortado por San Diego) lo que rompió la marca. Brees había llegado a las 5087 y el público explotó y el carnaval invadió por un momento a esa ciudad en la que parece que nunca se acaba la fiesta y el público coreaba a gritos el nombre de su héroe: la misma gente que hasta hace poco estaba acostumbrada a perder, ahora estaba llena de orgullo.


Lo demás es lo de menos. La semana 16 terminó y ya solo nos resta una de temporada regular. La mayoría de los boletos ya están tomados y se espera una despiadada lucha la semana entrante para llevarse los que faltan. Y sí, la marca de Marino cayó a falta de un juego, lo que resta es solamente esperar qué tan alta deja la vara el 9 de negro y dorado. Y la magia del momento se irá eclipsando un poco por las emociones por venir, pero no le restarán mérito a lo que hizo Drew Brees y que tuvimos el privilegio de ver. Ahora solo resta ver cuánto dura su marca. En una de esas y tienen que pasar otros 27 años para volver a ser testigos presenciales de la historia.


Que chingón es el futbol.

The Adventures of Tintin

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Sospecho que para hacer "Las aventuras de Tintín," Steven Spielberg tuvo que volver a mirar en el interior de ese lugar que alimentó su "Raiders of the Lost Ark". Una vez más tenemos a un intrépido héroe envuelto en una serie ininterrumpida de aventuras que tienen lugar en parajes exóticos, con villanos grandiosos, aviones, trenes, automóviles, motocicletas, helicópteros y barcos en el mar. Evoca caricaturas sábado por la mañana que la mayor parte de la audiencia nunca ha visto.

El querido personaje... Este Tintín (voz de Jamie Bell en la película) es un personaje sensacional. Él es un periodista que rara vez parece ir a la oficina, por lo general puede encontrar su historia en la calle y sigue la pista de sus historias hasta que se resuelven, amparado por una cuenta de gastos inimaginables, siempre acompañado por su perro dotado, Snowy. Dos torpes inspectores de Interpol llamados Thompson y Thomson (Simon Pegg y Nick Frost) están a menudo en los mismos casos. Un borracho empapado de mar antiguo llamado el capitán Haddock (Andy Serkis) se encuentra a menudo cerca. Tintín se ve como un pre-púber, pero se le trata por todos como a una especie de persona mayor  (un título que tiene un poco de honorario). Su pelo rubio le forma un flequillo en la frente.

Yo conocí al personaje en mi infancia -¿podemos retroceder?, en una compilación elegantemente encuadernada en piel. Las aventuras de Tintín rezaba en el libro de longitud media, lleno de páginas que trataban de reproducir la vida antigua. Inmediatamente me sentí atraído por el artista belga Hergé, quién con una claridad elegante (la "línea limpia" de aproximación), reproducía los casos, a veces policiacos, a veces de exploración exótica, del curioso chico rubio. Cuando dijeron que Spielberg haría la película con tecnología de captura de movimiento, en realidad temía un poco. Para mí, Tintin vivía en un mundo perfecto de 2-D que no me parecía pudiera adaptarse a lo que se proponía. Pero mis preocupaciones se volvieron agua en escena de la película. Al final todo salió bien. Tintín parecía humano, si, pero el diseño es muy eficiente. Su rostro, tal como lo describe un testigo ocular de un dibujante de la policía, se produce un dibujo de Tintín. Los otros personajes se permiten más detalle, en Thomson y Thompson, por ejemplo, se dan las narices que harían a WC Campos llorar de envidia.

La técnica de la película es obra de Spielberg y un equipo de artistas y animadores que no han copiado el aspecto literal de las tiras de Tintín, su esencia se deja sentir en cada cuadro. Al más tradicional enfoque 2-D , que parece elaborada por una serie de televisión, que se puede ver en YouTube; me gusta, pero Spielberg es más ambicioso y sus personajes parecen más creíbles en la medida en que cualquiera creado por Hergé es real. La película se lanza a través de peligrosas aventuras, con la participación de grave peligro por los explosivos y así sucesivamente. El quid de la persecución es el de encontrar un tesoro perdido con antiguas conexiones con la familia del capitán Haddock.

La historia, como pueden adivinar, no tiene muchas sorpresas. Spielberg imita muy de cerca a una película de acción tradicional. Hay disparos en los cómics de Hergé, pero la cantidad que hay aquí distrae la atención. Hergé dedicó más tiempo al color local, las excentricidades de carácter explosivo y el diálogo, que aquí parecen casi ausentes. No sé ustedes, pero yo extrañe y mucho las referencias Haddockisms, como "Tonnerre de Brest!" y "Mille sabords!" ("Thunder of Brest!" y "A thousand portholes!"). Pero en fin.


"Las aventuras de Tintín" es una travesura animada ambiciosa, mucho más inteligente que su película promedio en 3-D para esta temporada. Como casi siempre, no hay pierde con Spielberg (que recibió la bendición de Hergé antes de su muerte en 1983). Le doy 875 ojos de buey.

13 Assassins (13アサシン)

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Jûsan-nin no shikaku tiene todos los cuadros de acción que necesita una película, un villano que trasciende el mal y se eleva a una posición privilegiada desde la que practica impunemente una locura barbarie. En contra de esta criatura y su propio y personal ejercito, una banda de samuráis se reúne para poner fin a su terror. Su heroísmo a prueba de balas es el último brillo del código samurái: la película está ambientada en 1884, hacia el final del periodo Edo, cuando los verdaderos guerreros samurái se fueron haciendo cada vez más raros.

La película es tremendamente divertida; una épica de gran presupuesto dirigida con maestría visual y sonora, sacada a flote por el no tan cándido  Takashi Miike. Los últimos 45 minutos del filme se dedican por completo a una batalla monumental, inventiva e ingeniosa; para nada el tipo de caos incomprensible que a menudo encontramos en los momentos climáticos de una película de acción. Es una auténtica lección para los queasy-cam auteurs, ya que Miike construye la acción como una coreografía en la que todo es comprensible - y, lo más importante, ha pasado los dos actos anteriores construyendo a los personajes que aquí encuentran su conclusión. Sabemos quiénes son los 13 samuráis y entendemos por qué muchos de ellos se comportan como lo hacen bajo la amenaza de la muerte. El cuidado del guión y la calidad indiscutible de cada toma resisten la más férrea comparación con la Shichinin no Samurai de Kurosawa, saliendo bien librados. Y esto, señores, son palabras mayores.

La película abre con una sencillez cruda y sangrienta: un hombre se arrodilla en un patio y se destripa a sí mismo en señal de protesta contra el Señor Naritsugu (Gorô Inagaki), el medio hermano del shogun. Este seppuku fue inspirado por la crueldad de Naritsugu, que se nos va mostrando paulatinamente con detalles atroces: gusta de practicar la amputación en sus víctimas, patea cabezas cercenadas a través de habitaciones y ejerce el derecho de violación para con las personas de un estatus inferior. Él villano no es ninguna caricatura retorcida, sino más bien un narcisista recalcitrante para quién el shogun tiene planeado un futuro de más poder.

A fin de erradicar este mal de la tierra, Sir Doi (Mikijiro Hira) busca al samurái Shimada (Kôji Yakusho), a quién vemos por primera vez pescando tranquilamente sobre una escalera en el mar, pero con la espada a la mano, siempre. Shimada, comprometido con la misión, se encarga de buscar una docena de guerreros para unirse a él; este proceso nos es familiar a partir de un sinnúmero de otras películas. Cada uno de los reclutas tiene su propia historia, su personalidad y su espada; algunos se nos presentas más complejos que otros y, por supuesto, alguno de ellos debe representar cierto alivio cómico, aunque Koyata se torna más serio en el fragor de la batalla.

Las posibilidades del éxito de la empresa parecen pocas, ya que los héroes son solo 13 en contra de los 200 (por lo menos) que componen la escolta de Naritsugu. Miike nos ahorra un poco creer la fantasía romántica de los 13 buenos derrotando a los malvados 200 colocando la acción en medio de un pueblo que ha sido habilitado como una enorme trampa mortal por los samuráis. Así, más o menos en igualdad de circunstancias, se da la batalla. 

 La mística del samurái da para muchas historias y para muchos perfiles. Y, claro, para muchas películas. Las películas de samuráis tienen una historia rica, y Miike la evoca con elegancia artística: con trajes tradicionales, un diálogo idealista, caracterizaciones fuertes y una secuencia de batalla gloriosamente coreografiada. Una escena que no sustituye el movimiento de teatro o no es un pago por una hora y media de diálogos pomposos y sin sentido. En 13 Assassins los personajes involucrados se conocen y entienden, por tanto la acción cuerpo a cuerpo en general se divide perfectamente en viñetas estructuradas. Una verdadera cátedra sobre cómo se debe colocar la historia dentro de un entorno de violencia.

La película, más allá de ser una maravilla visual, tiene un subtexto sumamente rico para los que conocen y aprecian las tradiciones de los antiguos samuráis. Los 13 héroes en realidad están violando el Bushido al revelarse contra su amo; sin embargo, este pecado es justificado. Loa tiempos modernos están cambiando Japón, y el shogunato antes respetable es hoy una estructura corrupta y decadente, una colmena de nepotismo. Shimada y su compañía se rebelan contra eso, usando sus habilidades y su conciencia social, cometen un sacrilegio contra sus creencias por un bien mayor. Una empresa que no conlleva ninguna gloria para ellos a sus ojos. Una épica con toda la pinta de la tragedia y el autosacrificio. A esto se le contrapone la figura de Kitou, un samurái de antigua estirpe y con un gran respeto por la tradición. El no es menos samurái que los 13 a los que se enfrenta, siendo el guardaespaldas personal de Naritsugu, y aunque no aprueba las acciones de su amo, sabe que su deber es servirle hasta la muerte. No es un villano, más bien es un héroe tan trágico y glorioso como los "buenos".

Takashi Miike ha creado una joya. Sin duda la mejor película que he visto este año (aunque la cinta es del 2010, pero llegó hasta aquí en este año). Una lección de buen cine para los directores occidentales y un deleite para los cinéfilos no tan acostumbrados a este nivel de excelencia, pero siempre bien dispuestos a agradecerlo.

Fantastic Mr. Fox Toast...

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"They say all foxes are slightly allergic to linoleum, but it's cool to the paw –try it. They say my tail needs to be dry cleaned twice a month, but now it's fully detachable – see? They say our tree may never grow back, but one day, something will. Yes, these crackles are made of synthetic goose and these giblets come from artificial squab and even these apples look fake –but at least they've got stars on them. I guess my point is, we'll eat tonight, and we'll eat together. And even in this not particularly flattering light, you are without a doubt the five and a half most wonderful wild animals I've ever met in my life. So let's raise our boxes –to our survival."
 
Felíz Navidad...

Fox in The Snow, by Belle and Sebastian

(download)

No soy el más grande fan de la Navidad que existe, sin embargo el frio me encanta. Así como el curioso y cute fenómeno de las nevadas. Es un trauma personal, así que no me hagan mucho caso. Only enjoy!

 

Fox in the snow, where do you go
To find something you could eat?
Cause the word out on the street is you are starving
Don't let yourself grow hungry now
Don't let yourself grow cold
Fox in the snow

Girl in the snow, where do you go
To find someone who will do?
To tell someone all the truth before it kills you
They listen to your crazy laugh
Before you hang a right
And disappear from sight
What do they know anyway?
You'll read it in a book
What do they know anyway?
You'll read it in a book tonight

Boy on the bike, what are you like
As you cycle round the town?
You're going up, you're going down
You're going nowhere
It's not as if they're paying you
It's not as if it's fun
At least not anymore
When your legs are black and blue
It's time to take a break
When your legs are black and blue
It's time to take a holiday

Kid in the snow, way to go
It only happens once a year
It only happens once a lifetime
Make the most of it
Second just to being born
Second to dying too
What else would you do?

Fox in the snow...

¿En qué momento dejó de ser divertida la Navidad?

Billy-bob-thornton-bad-santa-i

Bueh, tengo que admitir que algo positivo de la Navidad es que ha generado algunas buenas películas como Bad Santa. Y, claro, Die Hard.

 Alguna vez me gustó la Navidad, alguna vez me ilusionó y me llenó de felicidad, alguna vez las mañanas de 25 de diciembre fueron sorprendentes y mágicas y flamboyantes, alguna vez me prendió la idea de sentarme en la cocina a ver a mi abuela haciendo buñuelos, alguna vez pasé una cena con pavo y romeritos y bacalao y con un frio del caraxo afuera (y la pasé bomba), alguna vez me moría de las ganas por hacer un muñeco de nieve y ponerlo en el cofre del auto de mis padres, alguna vez ir a ver el hiperárbol de Navidad de Plaza Universidad fue la onda, alguna vez abrir regalos y darlos con una sonrisa fue especial, alguna vez me enloqueció la idea de recibir regalos el 25 de diciembre (Navidad) y luego el 6 de enero (día de Reyes, yeah). ¿Pero cuándo, cómo, a dónde se fue el espíritu navideño? Supongo que habrá temas que tenga que abordar con mi shrink, traumas de la infancia que un veinteañero como yo se sorprende de recordar en el diván (como aquella tipa de Gremlins a la que, cuando le preguntan por qué odia la Navidad, cuenta la anécdota de que, de niña, se quedó esperando a que su papá llegara, pero nunca lo hizo. Lo que pasó, y esto es creepy –incluso para Gremlins–, fue que el tipo se disfrazó de Santa Clos y se quiso meter por la chimenea para dar el sorpresón, cuando la única sorpresa que dio fue que se atoró y se asfixió y encontraron el cadáver maloliente varios días después… bueh, yo no tengo historias de esas. Por suerte). Pero no es eso, no, no puede ser sólo eso: la Navidad apesta por el tráfico insoportable, porque para llegar a un lugar al que normalmente manejarías 15 minutos, en esta época te lleva una hora; por las colas en los supermercados (me refiero a las filas), las tiendas departamentales y el estrés de la gente, cuyo espíritu navideño sale a relucir cuando te avientan el auto y se pelean a golpes en los Juguetiramas; por el desenfrenado consumismo (y miren que no soy precisamente un pensador de izquierda) que provoca el caos de las deudas impagables en enero, la saturación de tarjetas de crédito y que los aguinaldos duren diecisiete segundos. Odio los intercambios de regalos, sobre todo los de oficina, cuando tienes que poner tu cara de idiota y darle algo a alguien que en realidad ni conoces y probablemente te caiga mal. Odio los nacimientos y poner el arbolito. Y odio quitarlos. Odio ver los camiones de la basura cargados con árboles muertos en enero, y no por nostálgico, sino porque me parece basura que podría evitarse. Odio que todo mundo se ponga sentimental y crean que, sólo porque es una celebración ‘especial’ (sean o no religiosos, en verdad eso no importa, he visto a gente muy atea perdiendo el estilo en estas fechas) tienen derecho a decirte las netas, a soltarte inesperadamente algo que aguantaron en silencio todo el año o simplemente evocar aquella hipocresía milenaria y proporcionarte un abrazo que se olvidará el 26 de diciembre o, si bien nos va, el 2 de enero. Odio envolver por mí mismo los regalos. Y odio hacer fila para que te los envuelvan. Odio las promociones, el spam físico y electrónico, el disco en el que las Pandora cantan villancicos y la ensalada de manzana que invariablemente prepara la Sra. G. para la cena. Odio (no: detesto) el fruitcake. Odio que se envíen tarjetas sentimentales y odio ponerme sentimental y terminar enviando postcards electrónicas a mis compañeros de trabajo. Odio la ‘reflexión’ forzada que todo mundo hace del año que acaba de pasar y del que viene. Alucino el pavo y la pierna de cerdo (aunque sigo amando el caldo de camarón y el bacalao, tengo que decirlo), y no soporto los romeros. Odio tener un ‘brindis’ o una fiestecita o reunioncita importante en esos días, compromisos ineludibles, sean personales o de trabajo. Odio que las posadas sean un pretexto para embarrarse a 180 km/h en el periférico y matar gente inocente de paso. Odio que siempre digo “este año no le voy a regalar nada a nadie” y siempre termino comprando cosas de último momento. Odio que la gente saque sus abrigos largos, como si estuviéramos en Nueva York, Berlín o Londres, donde en verdad sí hace frío (bueno, como solía decir una tía: "en Saltillo sí hace un frío del carajo…" pero yo vivo en el DF). Odio que las piñatas ya no se rompan como las de antes (ahora los niños pasan hasta dos y tres veces a darles de palos, y prácticamente tienen que serrucharlas para que salgan los dulces). Y si de algo estoy seguro es que la colación es la peor basura que ha surgido de toda esa pila de malas ideas que es la Navidad. Ahi lo tienen: odio la Navidad por muchas razones, pero no sé en qué momento dejó de ser divertida.

  
Sí, odio la Navidad. Pero también es la época del nostálgico y el chillón. Eso me caga, por supuesto. Hoy, por ejemplo, tuvimos la comida de fin de año en la oficina, y fue imposible no pensar un puto segundo en que este año ya se fue a la corneta. No me refiero a pensamientos de tarjetita de Hallmark. Todo mundo está pensando en lo que va a tragar el 24 y cómo y dónde se va a alcoholizar el 31. Eso también me caga. Sin embargo, hasta el más rudo le dedica dos segundos a pensar en el año que pasó. Es como una nostalgia forzada, no sé. Pero a mí también me pasa. Y eso, ya saben, es una cosa más que me caga de esta maldita época…. Y claro, una emoción que terminará engendrando un post sobre lo mejor y peor del 2011. Pero eso será la proxima semana.

  
Now listening: el disco 2 de Marie Antoinette, el más melancólico de los dos.

 

  

Amigos...

La cosa va más o menos así: durante los últimos 50 años, el esquema de la familia nuclear se ha desintegrado paulatinamente. El mundo cambió, los valores cambiaron, la moral cambió, la economía cambió (y se fue al carajo), los medios de comunicación cambiaron… la familia conformada por papá, mamá y morro es cada vez más rara. No creo que esté en vías de extinción, pero sí tiene que convivir con otros esquemas familiares que hace varias décadas habrían sido considerados aberrantes. Por ejemplo, hijos cuarentones que viven con sus padres y los mantienen. Amigos homosexuales viviendo juntos y (créanlo o no) sin mantener relaciones sexuales. Igual: amigos heterosexuales (hombre y mujer) que viven juntos pero no cogen ni nada. Solteronas y solterones con su o sus perros. Niños cuasipubertos que hacen la comida y mantienen el orden familiar porque su mamá es farmacodependiente y un total y absoluto desastre. Tíos que crían sobrinos. Abuelos que crían nietos. Papás solteros. Mamás solteras que viven con dos tías, trabajan todo el día y apenas y ven al crío. Mujeres que trabajan en grandes corporativos y hombres amos de casa. La variedad ya es espeluznante. El paradigma de la familia tradicional se fue al cuerno. Los amigos han reemplazado, en muchos sentidos, al tótem moral que representaban nuestros “mayores” en tiempos pasados. Llega la edad en que son ellos quienes escuchan, aconsejan, regañan, apoyan y hasta prestan dinero cuando la cosa está peluda. Incluso hay gente que lleva una mierda de relación con sus familiares de sangre y le debe su salud mental a sus amigos y solamente a ellos. Son los hermanos que uno se va haciendo sobre la marcha. Qué razón tenían Lennon y McCartney cuando escribieron esto hace 41 años. La verdad es que la vida sería muy jodida sin amigos.

Hoy me acordé de esta línea: “My favorite Beatle was once John. Now it’s… Paul”.