Life of Pi

Lra_life_of_pi_14

Le tenía ganas a Life of Pi desde que se estrenó, en los últimos días del ya lejano 2012 (bueh, estoy exagerando). Pero por alguna u otra razón no la había visto. Hasta el pasado domingo. El aburrido domingo sin futbol. O lo que es lo mismo: el aburrido domingo de Pro Bowl. O más bien: el gran domingo de Life of Pi.

La película de Ang Lee es un logro milagroso de la narración y un punto de referencia en lo referente a maestría visual (¡Gran frase!, pero es verdad). Inspirada en un best-seller mundial que muchos lectores hubieran considerado imposible de filmar, la cinta es un triunfo sobre sus dificultades. También es un logro espiritual, una película que simplemente hubiera podido llamarse “Life”. Y hubiera estado a la altura del título.

La historia trata de los 227 días que su héroe adolescente pasa a la deriva en el océano Pacífico en un bote salvavidas, con un tigre de Bengala. El chico llega a tal situación después de un prolongado, divertido y colorido prólogo, que en sí mismo podría haber sido ampliado a una película familiar superior al promedio. Sin embargo, pronto la cinta se expande en una parábola de la supervivencia, la aceptación y la adaptación. Me imagino que incluso Yann Martel, el escritor francocanadiense autor de la novela, debe estar encantado de ver cómo el típico maltrato visual de Hollywood ha sido reemplazado sabiamente por el idealismo poético de Lee.

La historia comienza en un zoo familiar en Pondichery, India, donde nace el niño bautizado Piscine, en honor a una piscina pública francesa. Piscine es la palabra francesa para “piscina”, lo cual no es muy difícil de adivinar, pero  en la India se habla más el inglés que el francés, por lo que el nombre del niño pronto se transforma en “pee”. Pee es la palabra inglesa para “orina” o “pipi”, lo cual no es muy difícil de adivinar. Y las posibilidades del bullyng saltan a simple vista. Sin embargo, el muchacho decide poner fin a las burlas y se da a sí mismo el título de “Pi”, en una escena en la que deja a media escuela en éxtasis escribiendo de memoria una gran cantidad de números que proceden de la constante matemática sin fin que comienza con 3.14.

(Si Pi es un número sin límite, es el nombre perfecto para un chico que no acepta las limitaciones.)

Pronto, el pequeño zoo quiebra y el padre de Pi pone a su familia (madre y hermano mayor incluidos) y a unos cuantos animales valiosos en un barco japonés con destino a Canadá. Y entonces sucede: el barco japonés naufraga y Pi, después de una serie de golpes y porrazos, se encuentra en el bote en compañía de una cebra, un orangután hembra, una hiena y el mentado tigre. Su familia no se vuelve a ver, así como ningún otro sobreviviente humano. Lo último que vemos del barco son sus luces, que desaparecen en las profundidades.

Esta es una situación haaaaaaarto peligrosa para el chico (Suraj Sharma), porque la cinta se niega rotundamente a suavizar al tigre (caprichosamente llamado “Richard Parker”). Una escena crucial que toma lugar en el zoo, demuestra que los animales salvajes son realmente salvajes y, de hecho, son animales, lo cual sirve como una advertencia para los niños del público (y el público en general), de que no deben cometer el error de pensar que Richard Parker es un tigre de Disney.

El corazón de la película se encuentra en la travesía, durante la cual el ser humano demuestra hasta dónde puede llegar su ingenio y el tigre demuestra que puede aprender. Y a riesgo de soltar un spoiler descarado, no diré más. Ergo, las posibilidades son sorprendentes.

Creo que lo que más me sorprendió de la cinta fue lo mucho que me gustó el uso del 3-D. Creo que nunca lo he visto mejor empleado, ni siquiera en Avatar. Y aunque sigo teniendo muchas dudas y prejuicios respecto al uso de dicha tecnología, creo que si hay alguna cinta que deba verse en 3-D, es Life of Pi. Ang Lee nunca lo usa para enfatizar las sorpresas o las sensaciones, sino solo para profundizar el sentido de la película, sus lugares y eventos.

En este punto déjenme tratar de describirles lo extraordinario de aquella toma en la que la cámara, desde el mar, mira hacia el bote y más allá del bote. La superficie del mar es como la membrana encantada en la que la embarcación flota. No hay nada en particular que defina el cuadro, solo esta… ahí. Un shot del mar, del bote y el cielo como un lugar maravilloso. O la simple genialidad que resulta de la lucha de Pi y el tigre en lo que se refiere al espacio que comparten en el bote y cerca de él. La capacidad de Pi para ampliar el uso de espacio, lo que indiscutiblemente le genera el respeto del tigre. Richard Parker está acostumbrado a creer que puede gobernar todo el espacio a su alrededor, y Pi necesita al animal para equilibrar dicha suposición.

La mayor parte de las imágenes del tigre provienen del CGI, por supuesto, aunque he leído que cuatro tigres reales se usaron durante la filmación. El joven actor Sharma aporta un rendimiento notable, extraordinario. Me encantan los detalles de su interpretación y los estragos del viaje en su persona, no solo en cómo, paulatinamente, se oscurece su tono de piel, pierde peso, sino el ver como la sabiduría crece en lo profundo de su mirada.

El escritor W.G. Sebold escribió alguna vez: "Men and animals regard each other across a gulf of mutual incomprehension." Este es el caso que aplica aquí, pero en el transcurso de los 227 días, Pi y Richard Parker llegan a una forma de reconocimiento. El tigre, en particular, llega a ver al chico no solo como víctima o presa, ni siquiera como maestro, sino simplemente como otro ser.

La película combina discretamente varias tradiciones religiosas para envolver su historia en la maravilla de la vida. Lo notable que resultan esos mamíferos y los peces debajo de ellos y las aves encima de ellos y todo lo que está ahí. En cierto punto llegan a una isla flotante, al parecer hecha de vegetación, poblada por infinidad de suricatos, en una secuencia increíble. Ang Lee, me pongo de pie y me quito el sombrero (si usara).

La isla trae consigo otra interrogante. “¿es real?”  Pero el planteamiento no es obligatorio. Yo no me lo pregunté. Life of Pi es, por si misma, un mundo real, minuto a minuto, segundo a segundo; que finalmente forma una historia extraordinaria cuyo significado es el que cada espectador decida darle. Yo simplemente he decidido que es una de las mejores películas que he visto en lo que va del año. Y si la hubiera visto en el 2012, probablemente la hubiera nombrado como la mejor película de dicho año. Pero ya ni modo. La espera valió mucho la pena.

Es mi cinta favorita para llevarse el Oscar. 

Lincoln

Lincoln

Steven Spielberg y su Lincoln tienen el gran mérito de mostrar al sagrado Abraham Lincoln como lo que en realidad fue: un gran hombre. Un gran hombre sin pelos en la lengua, practico, con los pies en la tierra, conocedor de su época y de su papel.

(Lo primero que pensé al abandonar la sala con la música de créditos finales de John Williams de fondo, fue: “mierda, ya no hay líderes así”.)

Quizá a Lincoln le faltaba pulirse socialmente, pero poseía una gran inteligencia y un profundo conocimiento de la naturaleza humana. La característica distintiva de este gran hombre, surgido de la poderosa interpretación de Daniel Day-Lewis, es su tranquila confianza en sí mismo, la paciencia y la voluntad de hacer política de forma realista. La película se centra en los últimos meses de vida de Lincoln, e incluye el histórico triunfo de la 13ava. Enmienda en la Cámara de Representantes (ajá, la que termina con la esclavitud), el fin de la Guerra Civil y su asesinato.

(Lo segundo que pensé al abandonar la sala con la música de créditos finales de John Williams de fondo, fue: “mierda, nunca había visto una película que cuida tantos los detalles de la vida política”.)

Lincoln creía que la esclavitud era inmoral, pero también consideraba a la 13ava. Enmienda como el headshot que acabaría con las bases económicas de la Confederación. En la película, la aprobación de la enmienda es guiada por William Seward (David Strathairn), su Secretario de estado, y por el congresista Thaddeus Stevens (Tommy Lee Jones), el abolicionista más poderoso de la Cámara. Ni dichas interpretaciones, ni ninguna otra de la película de hecho, dependen de un histrionismo auto-consiente, lo cual se aprecia y agradece tratándose de esta clase de películas. Jones, por ejemplo, retrata a un estarrio ladino con algunos lugares secretos ocultos en su corazón.

Lincoln es una película de técnica perfecta, en la que la ciudad de Washington, más que retratada con una precisión histórica, se nos muestra mediante los trazos de la gente que vive ahí y, más importante, trabaja ahí. Janus Kaminshki (director de fotografía de cabecera de Spielberg), usa tonos terrosos y una silenciosa iluminación de interiores. Para muestra, la Casa Blanca, que más que lucir como un templo del estado, es un punto de reunión para los negociadores y proveedores (wheelers y dealers, en inglés) Este ambiente refleja las descripciones políticas hechas por Gore Vidal en su novela histórica llamada Lincoln, aunque los detalles políticos y personales que constituyen el revelador scrip de Tony Kushner se basan en Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln, de Doris Kearns Goodwin. Un libro, por cierto, endemoniadamente bien titulado. Esta película no se trata de un ícono de la historia, intocable  e inmaculado, sino de un presidente que fue despreciado por muchos de sus adversarios políticos como un simple salvaje salido de alguna selva inexplorada.

(Creo que en ese tiempo todavía había partes en blanco en los mapas.)

Lincoln no está por encima de la compra de votos que se da en la vida política de cualquier democracia, digamos, sana. Para lograr que la enmienda pase, se necesitan votos de miembros del partido opositor y no se duda en ofrecer puestos de trabajo, ascensos, títulos y gastos pagados con tal de conseguirlos. En cierto punto se da a entender que el presidente aprueba, incluso, el uso de la mano dura, cuyos ejecutores son su trio de tres negociadores (Tim Blake Nelson, James Spader y John Hawkes). Así se juega el juego, mi lic.

Daniel Day-Lewis, el flamante nominado al Oscar por su interpretación, modula a su Lincoln. Un Lincoln de voz suave, un poco encorvado, exhausto después de los años de guerra. Le preocupa que las tropas, tanto suyas como enemigas, sigan masacrándose como hasta ahora. Se comunica a través de historias y parábolas. A su lado esta su esposa, Mary Todd Lincoln (Sally Field, extraordinaria). Ella ya ha perdido un hijo, Willie, fallecido a los 11 y considerada una baja de guerra, aunque claro, no era soldado. Y ahora esta aterrada ante la posibilidad de perder otro: un cabroncito llamado Robert Todd Lincoln (Joseph Gordon-Levitt, quién luce un bigote de homosexual), quién rechaza los privilegios de la familia, Harvard y la chingada, y solo quiere ponerse un uniforme y salir a partir madres. Hacer algo.

Por cierto, hay una gran escena de batalla en Lincoln, pero es solo la apertura sangrienta, cuando las palabras del discurso de Gettysburg resuenan con el mayor impacto posible. Y ni siquiera son dichas por Lincoln. El impecable guión de Tony Kushner teje sin pedos la redacción y el paso de la 13ava. Enmienda sin que parezca una lección de historia obligatoria, sino el clímax de una lucha de poderes increíblemente tensa. Lo repito: nunca había visto una película sobre política como esta.

La película termina poco después del asesinato de Lincoln, que mucho público esperaba ver en primer plano, supongo. Hay una toma anterior, cuando vemos al presidente marchar al encuentro de su esposa, alejándose victorioso después de que su enmienda ha triunfado, en el que bien podría haber terminado la cinta. Todo lo demás me pareció innecesario. Un final “a la Spielberg”, lo que casi nunca significa nada bueno.  

(Lo tercero que pensé al abandonar la sala con la música de créditos finales de John Williams de fondo, fue un: “mierda, ese final apesta, pero como dicen: ya pertenece a la historia”.)

Lincoln es una bio-pic impecablemente realizada, escrita con maestría y dirigida como solo un cabrón como Steven Spilberg podría haberla dirigido. Y merece todos y cada uno de los Oscar que los Honorables estarrios de la Academia quieran darle. Que, supongo, serán muy pocos. Pero no importa. A mí me encantó.

Y ya.

Django Unchained

Django_unchained_japanese_poster_by_federico_mancosu_hi

Alguna vez Quentin Tarantino tenía que filmar un western. Era inevitable.  Y es que aunque nunca hubiera dirigido una película del oeste per se, sus cintas estaban recatadas del lenguaje. Y no solo por la música de Morricone, sino también por la naturaleza de sus personajes femeninos, por contener siempre algún mexican standoff, por el huso del flashback elemental y, sobretodo, porque en las películas de Tarantino, como en las de Sergio Leone, no existe el tiempo.

Django Unchained es un acoplado geek que raya en la genialidad alcanzada con Inglourious Basterds. Aunque creo que Tarantino le tiene más cariño a su western (no en balde aquí si tiene un pequeño papel). La película en sí es la odisea de un esclavo afroamericano liberado llamado Django (Jamie Foxx) para recuperar a su esposa y, de paso, convertirse en un cazarrecompensas de la mano de su mentor, el genial Dr. King Schultz (Christoph Waltz). Y… nada. Ejem, la cinta transcurre en los estados del Sur de la Unión Americana, dos años antes del inicio de la Guerra Civil. En un tiempo en el que la vida no valía nada, pero la muerte, a veces, tenía un precio. En un tiempo en el que los afroamericanos valían menos que los caballos (y se les consideraba infinitamente menos útiles); así que ya se imaginarán la clase de desmadre que se arma cuando uno de aquellos de pronto va montado encima de un dichoso jamelgo y se dedica a matar blancos por dinero.

Pero más allá de la historia, están las cosas al marguen, las cosas que hacen que cada cinta de Tarantino sea un deleite para el cinéfilo. Porque, aceptémoslo, esta clase de películas no están hechas para todo el mundo. Lo cual es genial. Hace mucho que Hollywood dejó de tomar riesgos (sí es que alguna vez lo hizo), y es bueno que aún existan cabrones como Tarantino, que crea películas para aquellos que disfrutan quedarse hasta que los créditos finales se terminan. Y sus trabajos tienen trasfondos ocultos que los geeks aman descubrir y desmenuzar hasta el hartazgo (y más si en el análisis se mezcla cerveza y el soundtrack de Death Proof). Django Unchained es un homenaje tras otro, desde el mismo titulo, hasta los acentos de los personajes secundarios. Hay cameos geniales por doquier, tenemos actores rescatados del Limbo (kudos por Don Johnson) y cientos de referencias a los spaguetti westerns. Y es que aquí el homenajeado es Leone, y no John Ford. Aunque, claro, no existiría Leone sin John Ford.

En términos generales, la película es una vaclayada histórica llena de violencia, sangre, caballos muertos, racismo y malas palabras. En términos generales la película es el retrato preciso de las obsesiones personales de un tipo que ha visto demasiadas películas. Django Unchained no va a ganar toneladas de premios o a cambiar la vida de nadie, como Reservoir Dogs o Pulp Fiction, pero esperar que eso ocurriera en este 2013 sería un tanto ingenuo. Tarantino ha estado tanto tiempo con nosotros que ya es un viejo pana que siempre nos hace pasar un rato agradable. Su película tiene el valor de hacer que casi tres horas de proyección se pasen como si fueran 30 de los más agradables minutos del día. Hay mucho humor aquí, y no solo humor negro, sino humor inteligente. Para muestra, la escena en la que los jinetes precursores del Ku Klux Klan discuten sobre el uso de las capuchas. Dios, se podrían escribir ensayos sobre eso.

La verdad es que no sé hasta qué punto les puedo recomendar verla. Si conocen el trabajo del director y les gusta, seguro ya la vieron más de una vez (como yo). Pero si están acostumbrados al nicho de cintas de Michael Bay y los Bichir, creo que pueden dejarla pasar. En mi reseña de Inglourious Basterds (léanla aquí), dije que aquella era la cinta más sergioleonesca de Tarantino. Y creo que, aunque esta sea un western, la afirmación se mantiene. A mí me gustó más Basterds (su escena climática –la de la pelea en el bar del sótano- no fue superada aquí), aunque reconozco que Django en más pareja en su narrativa y su trama esta mejor estructurada. Como en cada cinta del oriundo de Tennessee, cada cuadro de película es digno de enmarcarse y colgarse en la sala, y cada one liner memorable se sabe vender a la perfección. Aquí tenemos muertes ingeniosas, muertes sorpresivas, muertes por orgullo, muertes por amor, muertes por venganza. Aquí tenemos los elementos imprescindibles de los grandes westerns –la amistad entre un viejo y un joven, las puestas de sol, los enfrentamientos climáticos-, pero remixados y conviviendo con música de RZA y la jerga de los barrios bajos del Bronx. Leonardo Di Caprio como un gentleman sureño sádico, racista de clase olímpica y frenólogo, esta pocamadre. Samuel L. Jackson representando a lo peor de su raza esta pocamadre. Y sale Franco fucking Nero, por dios ¿Qué más quieren?

Django Unchained, sorprendentemente, llegó con un gran número de copias a México. Deben de correr a verla porque les aseguro que no van a durar mucho exhibiéndola. Esta es, ya saben, otra inmortal gran perdedora de los Oscar. Pero a mí me encantó. Más no puedo decir.     

Este no es otro post de ardido

Nfl_u_bradylewis_jh_600
"Y ni llorando vas a ganar otro Super Bowl, puto"

 

¿Qué puedo decir de los Juegos de Campeonato que no hayan leído ya? Supongo que siempre se pueden agregar un par de insultos más. Como sea, no estoy enojado. Sí, me enojé un poco durante la Final de la AFC, pero ya no lo estoy. Poco se puede alegar cuando el rival gana jugando con tanta intensidad, con tantos yarbles y con tanta violencia. Sí, los Ravens demostraron cómo se juegan las Finales de Conferencia. Y no es que Belichick no sepa cómo se juegan las Finales de Conferencia, es solo que no se qué chingados le pasó ayer. Por alguna extraña y estúpida razón, los Pats salieron a no perder, en lugar de salir a ganar. Craso error si te enfrentas con una bola de cabrones que juegan como cavernícolas. Seguro John Harbaugh durante la semana los tiene encerrados en chiqueros, matándolos de hambre y de sed, poniendo niños de doce años a picarles en cuerpo con varillas todo el maldito día. Solo así se entiende que jueguen así.

Fue uno de los partidos más violentos que he visto en mi vida. Le pegaron a Brady, si, pero lo del QB no fue nada comparado al castigo sufrido por Hernandez, Welker, Lloyd y, claro, el buen Stevan Ridley, quién seguro sufrió tanto daño cerebral por este brutal golpe que seguro aceptaría ser Líder Nacional del PAN. Otra vez, un Patriota lesionado por culpa de Pollard, quién ya despacho a Brady durante un año (cuando jugaba con Kansas), lesiono “sin querer” a Welker y el año pasado ocasionó que el buen Gronk llegara con una llanta ponchada al Super Bowl. (Neta, señor Kraft, ya páguele a este cabrón lo que le debe.) Y aparte de todo, el buen Tom vino a jugar del asco, otra vez en una Final de Conferencia. Es más, esta vez jugó pero que el año pasado, lo cual es mucho decir. Y si a esto le agregamos que Flacco dio un juegazo y que Santo Bill Belichick se transformó en una versión gringa de Raúl Arias, pues he ahí la receta del fracaso.

Pero en fin, así es el futbol americano. En el futbol, como en la vida, a veces se gana, a veces se pierde y a veces se hace el ridículo. Esta vez nos tocó la tercera y si duele, pero ya ni modo. Igual no tengo ningún derecho de reclamarle nada a Brady, Belichick y compañía; si algún equipo tiene derecho a cagarla, son ellos. Igual me consuela saber que el equipo tiene potencial, que este año se fue de menos a más, aunque en sí fue una temporada bizarra. Por primera vez se pierde una Final de Conferencia en casa y por primera vez Brady pierde un partido en casa en el que va ganado en la primera mitad, pero siempre hay una primera vez. Como sea, Brady ya tiene sus tres añillos de Super Bowl, millones de dólares, es el QB con más yardas en playoffs, con más triunfos en playoffs y verá el Super Bowl abrazado de su esposa, la modelo brasileña. ¿Y ustedes, chusma antiBrady?

Ah, y en la Final de la NFC, en un juegazo ofensivo como se esperaba, los Niners se levantaron de una desventaja de 14 puntos y despacharon a los Falcons. Matty Ice se quedó en la orilla y uno de los equipos con más afición en México, sobretodo gente de la edad de tus hermanos mayores -los cuales vieron al viejito de los comerciales de ópera de Modelo  jugar como ningún otro QB ha jugado (por cierto, ese Montana debe tener un chingo de deudas), regresa al juego grande. Y de la mano del suplente.

Y entonces, tenemos Super Bowl de hermanos. Harbaugh Bowl. John contra Jim. Pero de eso hablaremos en otro post. En este momento no creo ser capaz de decir nada bueno de ninguno de los dos. OK, es broma. Felicidades a los fans de los Niners. Y… nada. Brady y compañía regresan a la acción en septiembre. Y no puedo esperar.