El heroico Mirandés

En una Liga (como la Liga Profesional de Futbol –LPF-, mejor conocida como la Liga Española) que es prácticamente un mano a mano entre dos equipos de ideologías muy diferentes (Barcelona y Real Madrid, pero de eso podemos hablar en otro post) es natural que se pierda la emoción, la sorpresa, y que la calidad de los partidos baje radicalmente. Es muy difícil que alguien le haga sombra a merengues y blaugranas, y cuando ambos se enfrentan… bueh, para que hablar sobre lo que es obvio en los últimos años. Entonces, y además considerando lo mal que me caen en términos generales los deportistas españoles, pues hablar sobre algo acontecido en la Madre Patria en el ámbito deportivo no se me antojaba mucho, la verdad. Pero entonces llegaron: ese equipo de humildes guerreros heroicos que, con su propia y particular odisea, han hecho que recuperara la fe en el futbol. Un poco de ella, al menos.


El equipo se llama Club Deportivo Mirandés (no se preocupen si no les suena, lo mismo me pasaba a mi hace como un mes) y la hazaña consiste en pasar a semifinales de la Copa del Rey. Lo interesante del asunto es que el Mirandés es un equipo de Segunda División B, una Liga casi semiprofesional que está debajo de la propiamente dicha Segunda División, la cual es anterior de la LPF. El Mirandés se compone de jugadores que no son completamente profesionales, en el sentido de que el futbol no es su única fuente de ingresos ni su única ocupación, sino que trabajan en empleos regulares y para ellos llegar a vivir del futbol como otros futbolistas no es más que un hermoso sueño. Los jugadores del Mirandés entrenan por gusto, por las tardes, después de una jornada laboral común y corriente. Y en lunes, después del fin de semana deportivo, ahí están otra vez, en sus puestos de trabajo, sonriendo a los clientes, jefes, compañeros de trabajo o vecinos, que quizá los feliciten por alguna jugada o algún gol. Por tanto, y aunque parezca increíble, su rendimiento es por demás excepcional comparado con muchos de sus compañeros que militan en la LPF o en alguna otra liga completamente profesional. Los jugadores del Mirandés son auténticos guerreros, que partido a partido (al menos los que los he visto) salen a la cancha dispuestos a partirse la madre, a dejarlo todo y a tratar de ganar. Lo más simple del futbol, pero también lo que más rápido se pierde cuando intervienen otras cosas. Verlos a ellos es como una bocanada de aire fresco en estos tiempos y sobre todo considerando las vergonzosas imágenes que este fin de semana le dieron la vuelta al mundo, como aquél pisotón de Pepe.


El club tiene como su casa una localidad de Burgos llamada Miranda de Ebro, muy al norte del país, que recientemente ha sido duramente golpeada de manera dura por la crisis económica, pero que ayer estalló en júbilo celebrando el histórico pase a Semifinales frente al Espayol de Barcelona, un equipo profesional como saben y que ha ganado la Copa del Rey no hace mucho. Eso es lo que hace la épica del Mirandés más grandiosa: para llegar a donde está, ha tenido que ganarle a tres equipos de la LPF. Primero despachó al Villareal (si, el famoso Submarino Amarillo, que hace no mucho llegó a semifinales de Champions) en dieciseisavos de final. En octavos de final dio cuenta del Racing de Santander, que ahí más o menos la lleva en la media tabla de la LPF. Y ahora derrotando al Espayol de manera casi milagrosa, con un gol de último minuto, aunque hay que decir que tanto en el partido de ida en Cataluña, como en la vuelta de ayer en casa, el Mirandés fue mucho mejor. De hecho, el partido de ida, que terminó 3-2, favor los locales, fue marcado por un escandaloso arbitraje. Pero los jugadores no se desilusionaron de eso, vaya ni siquiera se quejaron. Cualquiera de ellos, sobretodo su técnico Carlos Pouso, deberían darle clases sobre cómo llevar una conferencia de prensa al buen José Mouriño.


Los artífices de la hazaña de anoche fueron dos. César, el único del grupo que ha jugado alguna vez en un equipo de Primera División (pasó sin pena ni gloria por las filas del Athletic y del Sevilla) fue el que metió el gol de último minuto que le dio la victoria de 2-1 a su equipo. Pero el que emparejó las cosas con un golazo que fue oxigeno puro para su equipo fue un tipo de 32 años llamado Pablo Infante, un auténtico crack mundialmente desconocido que es el alma y el goleador de su equipo, así como el responsable en la cancha del sueño del Mirandés. Infante (que por cierto ayer juugó apenas recuperado de gastroenteritis) es un 9 natural, despiadado frente al marco, con frialdad, con técnica, con velocidad aún pese a su edad y con un gran carisma. No sé porqué un tipo como él ha militado toda su carrera en equipos de categorías inferiores, pero es realmente triste saber que quizá lo que pudo ser una verdadera joya del futbol mundial se perdió, quizá, porque nunca conoció a las personas adecuadas o porque nunca puso dinero en las manos correctas. En Estadio W, estación de radio de a.m. hay un programa nocturno llamado El Larguero (original de la Cadena Ser de España), que es conducido por un tipo muy inteligente y muy filoso llamado José Ramón de la Morena. El tipo es una auténtica autoridad en aquél país en lo referente a periodismo deportivo y a simple vista se ve por qué. En tal programa es donde me he enterado de la épica del Mirandés desde que empezó y también es donde he escuchado las entrevistas que José ramón le ha hecho a Pablo Infante. Y la verdad es que pocas veces he escuchado a un futbolista tan centrado, tan humilde, pero además todavía con la ilusión casi infantil de ganar, con la alegría pura que provocan las victorias. Infante, como la mayoría de los compañeros, tiene un trabajo normal, en este caso dentro de un banco que tiene publicidad gratis en El Larguero y se considera s sí mismo afortunado “por tener dos trabajos en un tiempo en el que muchos no encuentran ninguno”. Vaya, ¿cuántos futbolistas de la LPF valorarán lo que tienen tan sinceramente como este tipo? Mejor no preguntar.


Pues sinceramente ya soy fan del Mirandés, que se verá en Semifinales con el Athletic o el Mallorca y que quizá se quede en esta instancia, pero que nos ha dejado un agradable sabor de boca que no se nos quitará en mucho tiempo. Y no solo por su garra, sino por su técnica, por su forma de jugar que nos grita a cada segundo que antes de cualquier otra cosa estos tipos se la está pasando bomba ahí afuera. Qué envidia, la verdad. Y no solo por jugar ahí, sino por lo que ellos sienten de jugar ahí, que es muy diferente. El camino va a ser duro para el Mirandés, pero estoy seguro de que pueden llegar a la final. A aquella final a la que el buen Pablo Infante sueña con llegar para que su madre conozca a la Reina. Y, quién sabe si este torneo ya se convirtió en la ventana que muchos de ellos necesitaban para saltar a pastos más verdes. Ojalá que lo hagan, por han demostrado que lo merecen.


Cierro este post con la frase con la que ayer por la noche José Ramón de la Morena despidió a un equipo extasiado: “El futbol con gente como vosotros es francamente maravilloso. Y es creíble”. Amén.

Los héroes (y villanos) improbables

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¡Vaya juego! A menos de 15 segundos de finalizar el partido, perdiendo por 3 y tocando la puerta, los Ravens se quedaron a un manotazo de meterse a su segundo Super Bowl. La acción defensiva que valió un Campeonato de la AFC fue cortesía de Sterling Moore, safety libre número 29 de los Pats (¡canonícenlo!) quién, en el último segundo (literalmente) le arrancó el balón y la gloria de las manos al receptor de Baltimore Lee Evans.

Vaya juego, pero ya habíamos anticipado que iba a ser difícil. Pero no estaba preparado para tanto drama. Los Pats estuvieron adelante casi todo el juego, pero hay que decir que de 5 viajes a la zona roja, solo pudieron completar 2 touchdowns en todo el juego (ambos terrestres). La defensiva de los Cuervos jugó increíble y su ofensiva le cayó la boca a todo el mundo, sobre todo con su juego aéreo. Flacco dio un juegazo, su ala cerrada Pitta dio un juegazo y el mismo Ray Rice tuvo más yardas por aire que por tierra. Por el otro lado. Brady jugó del asco (él mismo lo reconoció), aunque hay que decir que fue el juego terrestre de Nueva Inglaterra lo que los mantuvo a flote. Y las alas cerradas y Welker también hicieron lo suyo. Pero aún así fue, quizá, el peor partido ofensivo que los Patriotas dieron en el año. ¿Y entonces quién vino a salvar la chamba? La defensiva.

Así es: la defensiva. Aquella defensiva vilipendiada por todos a los largo de la campaña. Aquella defensiva que, en estadísticas, fue la peor de la Liga después de 17 fechas. Aquella defensiva en la que nadie creía. Nueva Inglaterra tuvo lo mismo que Green Bay y Nueva Orleans tuvieron la semana pasada: un mal día ofensivo. Solo que aquí la defensiva sí sacó el paquete. ¡Qué forma de presionar a Flacco! ¡Qué forma de controlar la línea de golpeo (Terrell Suggs, linebacker patriota, dio el partido de su vida)! ¡Qué forma de castigar a los receptores! La verdad es que jugaron el partido del año y en el mejor momento. Y su trabajo se tornó heroico en las últimas tres series ofensivas de Baltimore, cuando Brady ya no producía nada y los Cuervos parecía tenerlo todo para ganar. Primero interceptaron. Después pararon en 4 a Flacco. Y en la última... bueh, nada más un manotazo salvador de Moore sacó el juego. ¡Pero esperen! ¡Moore lo hizo dos veces! En tercera de aquella serie, una jugada después de su consagración, Moore se anticipó de manera perfecta a un pase dirigido a Pitta. Todo esto preparó el escenario para que Billy Cundiff, pateador de Baltimore, viniera a intentar empatar el juego en los últimos 10 segundos. Era un gol de campo de 32 yardas, de rutina aparentemente para un tipo que en su día había logrado uno de 50 yardas en la casa de los Steelers (el estadio donde más sopla el viento en la Liga). Cundiff, pateador muy seguro en teoría, falló. Y los Patriotas ganaron un juego que, si hablamos de merecimientos, tal vez debieron perder.

 

 

Baltimore es un equipazo. Y es una lástima que haya perdido por un error individual, ya que por la inercia del juego, estoy seguro de que hubieran ganado en tiempo extra. Pero así es este deporte (bueh, así son la mayoría de los deportes): la victoria siempre es un trabajo de equipo, pero la derrota siempre es culpa de un solo individuo. Pero ya habrá otros años. Y aunque Brady esta vez jugó horrible, tiene la oportunidad de reivindicarse en el Super Bowl. Nada más y nada menos que su quinto Super Bowl (Montana, por ejemplo, solo llegó a 4), en el que volverá a enfrentar a los Giants.

 

 

 

Nueva York y San Francisco dieron un partidazo defensivo la noche de anoche. Fue un gran espectáculo, considerando que dieron el brochazo final a una campaña que fue acaparada por las hazañas de los QB y las ofensivas. Pero aquí fue la defensiva la que dominó, sobre todo la de los 49ers, quienes entre otras cosas le dieron la madriza de su vida a Eli Manning y secaron en la segunda mitad a un receptor de más de mil yardas en la temporada como Victor Cruz. Pero la de los Gigantes tampoco lo hizo nada mal, sobre todo si consideramos que dejó casi seco al líder corredor en la historia de San Francisco (Frank Gore) y que hizo su perra al buen Alex Smith.

 

 

Fue un juego cerrado, tenso, emocionante. Pero como suele pasar en esta clase de juegos, fueron los errores lo que inclinaron la balanza. En este caso, las pifias corrieron a cargo del pobre regresador de patadas de los 49ers Kyle Williams (¡crucifíquenlo!), quién primero desvió con las rodillas un despeje de Nueva York que fue recuperado por los Giants para anotar un touchdown que los dejó adelante entonces por 17 a 14. Pero ya en el tiempo extra, cuando el juego estaba más parejo que nunca, Williams soltó su segundo balón, el cual preparó el escenario para el gol de campo de Tynes que valió un nuevo viaje al juego grande.

 

Si, es una pena por San Francisco. Pero no podemos dejar de reconocer lo increíble que juega su defensiva, por mucho la mejor de la Liga en este momento. Pero los equipos especiales también cuenta y la ofensiva la verdad es que se vio un tanto chata y eso al final les costó el partido, porque como dicen los antiguos: los pateadores son los que te ganan los campeonatos. Y también los pierden, si nos vamos a esas.

 

Y bueh, después de un fin de semana de infarto en el que tuvimos héroes y villanos improbables, ya tenemos Super Bowl. Y será una revancha. Y digo revancha porque esta vez los Patriotas van a ganar. Pero de eso ya hablaremos más adelante.

The Girl with the Dragon Tattoo

Rooneymaradragontattoo

El éxito de la heroína Lisbeth Salander sugiere un hambre en la audiencia por un héroe de película de acción que no sea un hombre blanco con barba. Tales personajes son a menudo eficaces, pero a veces parecen prestados de otras películas. Hay pocos personajes como Salander, interpretada por Rooney Mara (la carita cumshotera que inspiró esa cosa que solemos llamar Facebook, según esta movie) y por Noomi Rapace en la película sueca original de 2009: delgada, hermosa, marcada, perseguida, draky, con una mirada que atraviesa, quién es tremendamente inteligente y esta emocionalmente xodida.

Ha sido una fascinación con la Salander fuerte que arrastra el concepto tradicional de la "muchacha ordinaria" en las películas. Sabemos de las cosas horribles que le pasaron en la vida y que explican su ira y su aislamiento orgulloso. Su apartamento en Estocolmo es como el nido de un águila. Ella tiene una vida aislada, aunque mantiene relaciones distantes con algunos geeks, vive en una soledad casi absoluta. Una de las corrientes subterráneas de estas películas es la relación muy gradual que crece entre Lisbeth y Mikael Blomkvist, el periodista de investigación radical. Pero esta no es el tipo de película en la que los protagonistas se enamoran gradualmente. Aquí incluso las sonrisas son un gran avance.

Las historias se aglutinan en mi mente: no he leído ninguna de las novelas de Stieg Larsson, pero he visto las tres películas suecas originales. Y ahora con La Chica del Dragón Tatuado (que pendejo se oye el titulo en español, por cierto) estoy de vuelta para mi segundo viaje a través de la primera historia (bueh, seria tercer viaje si consideramos que me platicaron el libro antes de ver la primera cinta). Es una extraña sensación de estar viendo una película que se parece a su homóloga sueca de muchas maneras, pero que es sutilmente diferente bajo la dirección de David Fincher y con el guión de Steven Zaillian. No sé si es mejor o peor. Tiene un aire diferente.

Fincher es sin duda un mejor director que Niels Arden Oplev, quién hizo la película de 2009. Sin embargo su afirmación no siempre es un plus. La película de antes había mostrado una franqueza en ciertos aspectos que parecían aumentar las apuestas. Las emociones estaban más cerca de la superficie. Rooney Mara y Noomi Rapace fueron capaces de crear una Salander convincente, pero Rapace parecía cada momento más incómoda en su piel, más amenazada y su personaje más amenazante por lo mismo. Asi mismo, el hombre encargado de interpretar a Mikael Blomkvist en la original (Michael Nyqvist) parecía cada vez más inseguro, más amenazado. En esta película, Daniel Craig trae consigo la confianza de James Bond (¿cómo no?). Se le ve muy cómodo en el peligro.

El laberinto de la historia sigue siendo turbio. El anciano millonario Henrik Vanger (Christopher Plummer), separado de la parte continental en la isla de la familia, anhela saber cómo su querida sobrina Harriet murió hace 40 años. Porque al parecer ni ella ni su cuerpo salieron de la isla el día en que desapareció y su rastro nunca se ha encontrado. La sospecha recae sobre los que estaban allí ese día, en particular los familiares Vanger, cuyas otras casas dan a Henrik su propio aislamiento.

Los sospechosos son vistos como un grupo de serpientes. Muchos parecen involucrados en la corrupción. Algunos tienen un pasado de conexiones con los nazis. Mikael prepara sus fotos y recortes de periódicos y tarjetas de archivo en un collage clavado en una pared, y se conecta con las líneas rojas de la especulación; pero sus sospechas parecen conducir a todo mundo ...

En esta película, más que en la original, Mikael y Lisbeth se mantienen separados por un período prolongado. Aprendemos sobre el tutor de la niña (Yorick van Wageningen), que abusa de ella. Sus intentos de venganza harían una película propia, por cierto.

El guión de Zaillian se reduce a una serie de escenas entre sus protagonistas y una galería de distintivos que son los personajes secundarios; lo cual no es muy eficiente teniendo en cuenta el peso de Stellan Skarsgard, Robin Wright y el emblemático actor londinense Steven Berkoff. Estas personas viven en un mundo sin gente aburrida. Al proporcionar a Mikael su propia casita pequeña en la isla, Henrik Vanger le aísla en una situación de vulnerabilidad, que se hunde cuando se da cuenta que es probable que todos comparten la isla con un asesino.

También está el enigma de por qué Henrik continúa recibiendo acuarelas de flores en su cumpleaños, una tradición que comenzó su sobrina e inexplicablemente ha continuado después de su muerte. Si se restan las computadoras, geeks, las jevas darky, perforaciones de la nariz, la música de Trent Reznor y Atticus Ross (muy buena, por cierto), las motocicletas y los tatuajes de dragón, lo que tenemos en el fondo es una trama clásica de Agatha Christie. La isla funciona como un cuarto sellado. Me doy cuenta de que la mayoría de la gente va a ver la historia por primera vez con esta versión. Y sospecho que va a funcionar mejor para ellos, porque todo será nuevo. Igual estoy feliz de haber visto la original (por cierto, aquí mi reseña de aquella). Si tuviera la opción de ver uno u otro por primera vez, me quedaría con la versión de 2009. Me parece más cerca de los huesos, con una superficie de menos confianza. Incluso el diálogo sueco se suma mejor al efecto. En inglés los personajes se ocultan secretos, pero no tan misteriosamente.

Championship Games Picks

Y así llegamos a las Finales de Conferencia, aquellos dos partidos que definirá  a los rivales del próximo Super Bowl. Ha sido un camino largo y difícil para llegar aquí y ninguno quiere quedarse en la orilla, por lo que cada uno de los cuatro equipos que quedan va a darlo todo en el emparrillado con tal de quedarse con el boleto para el evento deportivo más importante de la Unión Americana. Por lo tanto, tenemos asegurados dos partidos cardiacos y emocionantes que nos harán gritar de alegría y lanzar maldiciones de manera tan intensa por penúltima vez en la temporada. Los mejores seis meses del año están a punto de terminar, pero todavía tienen mucho que darnos.

AFC Championship Game: Baltimore Ravens vs. New England Patriots.

Los Pats son dueños de la mejor ofensiva de los cuatro equipos que quedan. Y por mucho. Pero enfrente van a tener una defensiva despiadada y sólida. Los Cuervos todo el partido van a tratar de pegarle a Brady, por lo que la línea ofensiva de los de Foxboro va a tener que aplicarse durante todo el juego. La clave para ganar es esa: darle tiempo a Brady, montar ofensivas sostenidas, aunque sea con pases cortos pero seguros (no hay que forzar la jugada grande que puede traer intercepciones) y, sobretodo, anotar puntos en cada serie. Con esto obligarían a la ofensiva de Baltimore a tratar de montar ofensivas aéreas y rápidas, dejando de lado el plan de controlar el balón y el reloj. A la defensiva, Nueva Inglaterra tiene que meter muchos hombres a la caja, controlar la línea de golpeo y obligar a Flacco a tratar de ganar el juego por sí solo. Y así caerán los errores por su propio peso. Estoy seguro de que este será el partido más difícil de los Pats en la temporada, pero también estoy seguro de que pueden ganarlo. Marcador: 20-27, favor Patriotas.

NFC Championship Game: New York Giants vs. San Francisco 49ers.

Los Gigantes llegan a este cotejo siendo marcados como victimas por los apostadores, pero eso no los incomoda para nada, como sabemos. San Francisco, por otro lado, va a contar con el apoyo de su gente y, sobretodo, con un ánimo por las nubes. Este juego va a ser un duelo entre la mejor defensiva contra el ataque terrestre (SF) en contra de un equipo que tiene en sus corredores a su arma favorita para controlar el balón y el juego (NY), sin embargo los neoyorquinos cuentan además con un ataque aéreo bastante bueno y seguro no cometerá tantos errores como los Santos de la semana pasada. Por otro lado, Alex Smith se enfrentará esta vez a una defensiva de hombres que gustan de presionar y desesperar a los QB contrarios. Va a ser un duelo cerrado, intenso, emocionante y en el que van a llover madrazos al por mayor. Y creo que Nueva York tienen lo necesario para imponerse, aunque no será nada fácil. Marcador: 24-20, favor Gigantes.   

 

Brain Damage - Eclipse, by Pink Floyd

(download)

In memoriam de Megaupload. Snif, snif.


The lunatic is on the grass
The lunatic is on the grass
Remembering games and daisy chains and laughs
Got to keep the loonies on the path
The lunatic is in the hall
The lunatics are in my hall
The paper holds their folded faces to the floor
And every day the paper boy brings more
And if the dam breaks open many years too soon
And if there is no room upon the hill
And if your head explodes with dark forbodings too
I'll see you on the dark side of the moon
The lunatic is in my head
The lunatic is in my head
You raise the blade, you make the change
You re-arrange me 'till I'm sane
You lock the door
And throw away the key
There's someone in my head but it's not me.
And if the cloud bursts, thunder in your ear
You shout and no one seems to hear
And if the band you're in starts playing different tunes
I'll see you on the dark side of the moon

"I can't think of anything to say except...
I think it's marvellous! HaHaHa!"

All that you touch

All that you see
All that you taste
All that you feel
All that you love
All that you hate
All you distrust
All that you save
All that you give
All that you deal
All that you buy
beg, borrow or steal
All you create
All you destroy
All that you do
All that you say
All that you eat
everyone you meet
All that you slight
everyone you fight
All that is now
All that is gone
All that's to come
and everything under the sun is in tune
but the sun is eclipsed by the moon.

San Francisco 49ers. The Catch: Part I, II & III

The Catch: Part I. Pase de Joe Montana para Dwight Clark. Juego de Campeonato de la Conferencia Nacional entre los Dallas Cowboys y los San Francisco 49ers. 10 de enero de 1982; en el Candlestick Park de San Francisco, California.

 

Esos eran hombres y no pedazos. A punto de terminar el partido, perdiendo 27 -21, contra una feroz defensiva vaquera y con toda la presión de un estado completo mirando sus movimientos, Joe Montana (el mejor Quarterback que ha pisado y jamás pisará un emparrillado) tomó el balón en su propia yarda 11 y condujo a su equipo en una peregrinación de 85 yardas, construida a base de pases cortos y acarreos precisos. Y a las puertas del touchdown, enfrentando una tercera y 3, en la yarda 6 de Dallas, Montana tomo el balón y se abrió hacia atrás y a la derecha, jalando la marca y congelando a los profundo con sus ojos. Y cuando tenía tres enemigos frente a él, cuando ya no tenía ninguna visión de las diagonales, soltó un pase elevado, a la parte derecha y más profunda de la zona de anotación, que fue bajado de manera increíble por Clark usando solamente las puntas de sus dedos y formando un triangulo perfecto con sus manos y el ovoide. Una jugada hermosa, que le dio la vuelta al juego cuando ya solo faltaban 50 segundos para terminar el partido. Los 49ers ganaron ese juego y días después dieron cuenta de los Bengals en el Super Bowl XVI (en otro juegazo), iniciando una dinastía de 4 Campeonatos ganados por Montana y sus muchachos. Nada más.


The Catch: Part II. Pase de Steve Young para Terrell Owens. Juego de Comodines de la Conferencia Nacional entre los Green Bay Packers y los San Francisco 49ers. 3 de enero de 1999; en el Candlestick Park de San Francisco, California.

 

Después de 5 Campeonatos (San Francisco fue el primer equipo en llegar a 5 anillos de Super Bowl) y ya sin Montana, los 49ers comandados por Steve Young se enfrentaban el playoffs a los Packers, que por aquél entonces eran el mejor equipo de la Nacional habiendo llegado a 2 Super Bowls de manera consecutiva (ganaron uno y perdieron otro) y contando con un cuadro sumamente completo tanto en el ataque como en la defensa. Ya en 3 ocasiones anteriores, los empacadores habían despachado a los gambusinos en postemporada, por lo que se perfilaban a ganar el cuarto al hilo y consolidar la paternidad. Y parecía que lo lograban. En un juego loco, de balones sueltos y grandes drives, faltando menos de 3 minutos y ganando por 4, Favre se sentó (después de comandar una serie impresionante para darle la delantera a su equipo de nuevo) y espero que su defensiva detuviera a San Francisco. Steve Young (un digno "heredero de las glorias de Joe Montana") tomó el balón y condujo a su equipo en una serie impecable de 76 yardas, que culminó con un pase de anotación de 25 yardas para Terrell Owens, cuando ya solo faltaban 8 segundo para terminar el juego. Owens, quién a lo largo del juego habia soltado 4 pases y había tenido un balón suelto, tuvo en esta jugada su propia y particular redención. No fue una atrapada tan estética como la de Clark, pero fue una jugada de cojones debido a la forma en la que fue castigado el receptor al entrar a las diagonales. Y no soltó el balón. Y los 49ers ganaron ese día y se quitaron la paternidad. Y aunque no llegaron más lejos (Atlanta los despachó en el juego divisional en la siguiente semana), la jugada aún se recuerda como la última gloria de un equipo que antes de The catch: Part II había sido ganador, pero que después -debido a reconstrucción y malos manejos-, ya solo daba penas. Claro, hasta que llegó la tercera parte.


The Catch: Part III. Pase de Alex Smith para Vernon Davis. Juego Divisional de la Conferencia Nacional entre los New Orleans Saints y los San Francisco 49ers. 14 de enero del 2012; en el Candlestick Park de San Francisco, California.

 

Los 49ers, que en los últimos años habían sido un equipo perdedor, no habían ganado un juego de playoffs desde hacía más o menos 10 años. Y aunque habían tenido una gran temporada, quedando segundos sembrados en la Conferencia, con una buena defensiva y un ataque que ya había dejado atrás los errores estúpidos, casi nadie creía que podía ganar el juego divisional en contra de los ultrapoderosos Santos, quienes venían jugando por nota, apaleando a todo mundo y cuyo QB Drew Bress había roto la mítica marca de Dan Marino de más yardas por pase en una temporada. Pero esto no le importaba demasiado a la gente que llenó el Candlestick Park como siempre, esperando ver una hazaña histórica como las de antaño. Y parecía que lo lograban. Los 49ers, jugando de manera casi irreconocible, tuvieron un mágico primer cuarto en el que anotaron 17 puntos sin respuesta y no solo eso, sino que habían hecho ver muy mal a Nueva Orleans. Pero la marcha de los santos inició en el segundo cuarto, cuando se acercaron a solo un gol de campo de San Francisco, que desperdiciaba oportunidades valiosas y que sentía que había dejado ir viva a la paloma. Para el tercer cuarto el juego se torno sumamente sordo, en el que las defensivas dominaron y en el que solamente San Francisco anotó un gol de campo. Pero ya casi terminado el último periodo, perdiendo por 6, Darren Sproles (un tipo que literalmente fue corrido de San Diego) se consolidó como el mejor agente libre de la temporada y anotó el touchdown de la voltereta: 24-23, ganaba ahora Nueva Orleans. La gente no lo podía creer; sentían que lo habían tenido muy cerca y que ya no lo iban a recuperar. Pero no contaban con la astucia de Alex Smith, que guió a su equipo cerca de 60 yardas y gracias a una escapada monumental de Frank Gore se colocaron en la yarda 32 de los Santos cuando llegó la pausa de los 2 minutos finales. Era tercera y 9 y todo el mundo esperaba un pase desesperado o un acarreo corto que colocara el escenario para el gol de campo de la voltereta. Pero Smith (bueh, su coach) sorprendió a todo mundo con un acarreo personal por toda la banda izquierda, con grandes bloqueos y gran habilidad. Una jugada sacada auténticamente de la chistera. Y ahora los gambusinos ganaban 24-29 (fallaron la conversión de 2), pero el problema es que le habían dejado 1:50 en el reloj a Bress. Y este no lo desaprovechó. Segundos después, un pase de 66 yardas para Jimmy Graham y una exitosa conversión le volvían a dar la ventaja a los Santos 32-29. Los 49ers recibieron el balón en su propia yarda 15 y con 1:37 en el reloj. Y fue entonces que el espíritu de Montana y de Young se apoderó de Smith, quién condujo una impecable serie de más de 70 yardas en la que brilló como nunca Vernon Davis, quién al final recibió el pase de anotación de la victoria (de 14 yardas) cuando ya solo faltaban 9 segundos para terminar el partido. Era la locura en las gradas y en la cancha. Y Vernon Davis lloraba como jeva viendo Titanic. Y la afición de rojo y dorado recuperó una alegría que no había conocido desde hacía ya mucho tiempo. Y por ese día los 49ers se sintieron invencibles y dispuestos a regresar por la gloria perdida hace ya un rato. Veremos si es cierto.



 

J. Edgar

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J. Edgar Hoover fue el jefe de la Oficina de Investigación (Bureau of Investigation) desde 1924 hasta su muerte en 1972. El le añadió la palabra "Federal" al título en 1935. Trabajó en los gobiernos de Coolidge, Hoover, Roosevelt, Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson y Nixon; y durante ese tiempo muchos creían que él era el segundo hombre más poderoso en el gobierno. Ahora él está muerto desde hace 39 años, y lo que la mayoría de la gente probablemente piensa que sabe sobre él es que le gustaba vestirse como mujer. Este chisme de lavadero, que nunca ha sido verificado, se une a detalles escabrosos y reales de su vida, como que nunca se casó, vivía con su madre hasta que murió y que tuvo una estrecha amistad de por vida con Clyde Tolson, el soltero alto y bien parecido que heredó sus bienes.

Por lo tanto, de plano se ha dicho que Hoover era gay, lo que hubiera sido irónico, ya que reunió en archivos secretos la información sobre la vida sexual de todos los destacados en la vida pública, y utilizó esa palanca para aferrarse a su puesto de trabajo durante 47 años y aumentar el poder del FBI durante cada uno de ellos. Fue abierta su hostilidad en contra de la homosexualidad, y se negó a permitir que los gays (o muchos negros e incluso las mujeres) se convirtiesen en agentes del FBI. Estaba tan seguro de su poder que a veces se tomaba de la mano con Tolson en los restaurantes y compartía habitaciones con él en vacaciones. Nunca hubo un presidente que pudiera tocarlo.

Teniendo en cuenta estas cuestiones, y el hecho adicional de que el guión de J. Edgar, fue escrito por Dustin Lance Negro (quién escribió Milk), se asumiría la película era el retrato de un hombre gay. No lo es. Eso la hace más fascinante. Es el retrato de la imagen pública que J. Edgar Hoover mantuvo durante toda su vida, incluso en privado. La posibilidad escalofriante es que con Hoover lo que aquí se ve fue realmente cierto. Él era un moralista intransigente que se rodeó de agentes del FBI sin tacha. Los que eran más cercanos a él solían tener una imagen impecable. Los agentes llevaban traje y corbata en todo momento. J. Edgar inspeccionaba su calzado y atuendo. Le gustaba mirar pero no tocar.


En casos famosos como la captura de John Dillinger y la persecución de los secuestradores del hijo de Lindbergh, la máquina escrutadora llamada prensa lo retrato como alguien gustoso de actuar prácticamente en solitario. Él no estaba presente cuando Dillinger fue abatido afuera del Biograph Teather (chale, el buen John solo quería ver una movie), pero Estados Unidos tuvo la impresión de que fue el quién jaló de gatillo, y nunca perdonó el agente estrella, Melvin Purvis, de haber dado cuenta del enemigo público Nº 1. En el otro caso, la duda persiste acerca de que Bruno Hauptmann fue culpable en el caso Lindbergh. Pero en la mente de Hoover no hay tal duda. La lucha contra el comunismo nacional en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial proporcionó una ocasión ideal para que él fuera el artífice del miedo a los rojos, con el trabajo conjunto del desagradable Joe McCarthy. Dos de las razones por las que Hoover odiaba beatniks y los hippies fueron sus cortes de pelo y su calzado.

Este hombre fue hermético, con la cara manchada eternamente con un dejo de petulancia. Era tan poco carismático que es posible que se pierda el brillo del rendimiento de Leonardo DiCaprio en J. Edgar. Sin embargo, su trabajo es una plena realización, con un rendimiento sutil, persuasivo, sobre todo en sus escenas con Armie Hammer como Tolson. En mi lectura de la película los dos eran homosexuales reprimidos, Hoover más de Tolson. Pero después del amor a primera vista y un noviazgo corto, a principios embriagador, fue que J. Edgar se alejó del sexo y llenó su vida de compañeros que pronto envejecieron con él. Podría decirse que las recompensas por ser gay no eran demasiado tentadoras para alguien que en su día fue agasajado por Hollywood, Broadway, Washington y Wall Street. Fue la casi beligerante posición anti-gay de Hoover lo que sirvió como su propio y privado closet.

Dos mujeres figuraron de manera importante en la vida de Hoover. Una de ellos fue su dominante madre, Annie Hoover (Judi Dench), que pone de manifiesto su desprecio por los hombres que son "mariquitas". La otra era una joven mujer llamada Helen Gandy (Naomi Watts). En un momento extraordinario de control sobre la propia imagen, Hoover llega a la conclusión de que sería beneficioso tener una esposa. Lleva a Helen, por entonces una secretaria del FBI, a una de las citas más inusuales en la historia del cine, en la que demuestra el funcionamiento de un sistema de archivos de tarjetas con gran orgullo. Debe haber sido claro para ella que nada se movía en Columbus. Su relación en ciernes siguió sin problemas, hasta que ella se convirtió en su secretaria de confianza para el resto de su vida - la mujer encargada de los archivos secretos.

La película de Clint Eastwood se mantiene firme en su negativa de abaratarse y empañarse inventando escenas lascivas. No me da la impresión de que Eastwood fuera un gran fan de Hoover, pero creo que respetaba mucho su fachada pública inquebrantable. Es, posiblemente, el rendimiento de toda la vida de Hoover lo que le fascinaba. Hay un tema recurrente en la mayoría de sus películas: el inquebrantable compromiso de un hombre con su propia idea de sí mismo.

Como una película biográfica de época, J. Edgar es magistral. Pocas películas conservan esa maestría y esa comodidad a lo largo de un periodo de siete décadas. Los decorados, los accesorios, la ropa, los detalles; observar cómo Eastwood maneja las muchas figuras de apoyo (algunos de ellas representan personajes famosos). Estos personajes secundarios son hasta cierto punto banales en relación con la formidable imagen pública de Hoover. Como persona o como un personaje, él era una estrella del escenario, cine, radio y prensa, que se dice que luchaba incansablemente por el bien del mundo. Es un buen detalle la forma en que Eastwood y DiCaprio tomaron un personaje que parecía ser una zona muerta y lo hicieron electrizante en cada toma, sobretodo en comparación de otros actores y de los tiempos actuales.

Eli on the rocks

Elimanning

Los Giants tuvieron que jugar contra la mejor ofensiva de la temporada, en un clima de -3° (factor de congelación de otros -5° mínimo), en un estadio completamente hostil, en contra de un arbitraje localista (es raro hablar de los oficiales en la NFL, pero la verdad es que en este juego se vieron muy mal), sin ser favoritos de casi nadie y con la misión, que parecía imposible a media campaña, de ganarle a los actuales campeones en su propia casa. Y lo lograron. Como les dije, Manning y sus muchachos son especialistas en tumbar pronósticos, no les importa el frio y no les tiemblan las piernas jugando de visita. Su defensiva dio un juegazo (parar a los Packers en 20 puntos... la verdad es que no cualquiera) y a la ofensiva se vieron prácticos, certeros y poderosos. Claro que hay que decir que los Empacadores estuvieron faltos de ritmo (el último juego en el que había aparecido el equipo titular fue la madriza a los Osos en la pasada Navidad) y cometieron errores estúpidos que no habían hecho durante la temporada (perdieron 3 balones, le soltaron como 10 pases a Rodgers...), pero esos son imponderables del juego, como solemos decir. Los Gigantes tuvieron un juego que fue hasta relativamente cómodo al final, en el que demostraron mucho talento y muchos yarbloclos (para muestra el Ave María que se aventaron en la última jugada de la primera mitad) y ya están colocados a un juego de un nuevo Super Bowl. Pero en frente van a tener a los 49ers.

 

 

El equipo de San Francisco dio el juego del año para ganarle a los Saints, que igual lucían como todopoderosos al ataque. Pero ya habíamos hablado de su frágil defensiva, que precisamente en esta instancia vino a doblar las manitas. Qué gran juego dio Alex Smith, por primera vez luciendo como una verdadera primera selección global de draft (lo fue en el 2005, el mismo año en el que los Packers tomaron a Rodgers); qué buen juego dio Frank Gore, luchando y golpeando y corriendo hasta literalmente desgastar a la línea defensiva de Nueva Orleans; qué gran juego dio Vernon Davis, un receptor que anteriormente había tenido muchos problemas en la institución, al grado en el que un juego fue exhibido ante todo el mundo cuando el anterior entrenador lo mando a las regaderas en pleno partido, pero que aquí fue simplemente el gran artífice de la odisea aérea en la última serie del juego, haciendo nada menos que The Catch: part III (más info en un próximo post); qué gran juego planteó Jim Harbaugh, demostrando conocimiento del rival, pero también muchos huevos y mucha imaginación. Pero los honores se los lleva la defensiva de rojo y dorado: qué cabrón jugaron, con que intensidad, con que hambre, con que agresividad y sobretodo con que talento. Y es que enfrente tuvieron un equipazo. Los Santos son quizá la ofensiva más poderosa de la NFL desde hace 3 o 4 años, pero tienen el defecto de ser menos cuando juegan de visita. Si el partido hubiera sido en un domo, hubieran hecho cera y pabilo de San Francisco. Pero jugaron al aire libre y eso les pesó. No puedes ganar si pierdes 5 balones en el juego (que, en todo caso, San Francisco no aprovechó tanto como debería; si hubieran perdido tantos balones contra los Leones, otra cosa hubiera pasado) y no puedes ganar con una defensiva que lució tan débil al final. Pero aún así que cabronada de juego dieron, perdiendo como pierden los hombres. Perdiendo solamente porque el otro fue mejor. La verdad es que todavía estoy emocionado por ese pinche juego de volteretas, de jugadas locas, de jugadas sublimes y de muchos madrazos memorables. Esto es football y no chingaderas.

 

Y bueh, en la Conferencia Americana se cumplieron las obvias. New England le dio una arrastrada monumental a Denver (la verdad es que yo sí pensaba que iban a tenerla más difícil) en un juego en el que ya no anotaron más puntos simplemente porque no quisieron. Los Broncos jugaron también en un clima de -3° (con mucho viento igual), pero más que nada con el santo de espaldas. Todavía se escucha el grito de Tebow (Dios mío, ¿por qué me has abandonado?), porque enfrente tuvieron una defensiva que los paró en seco por primera vez. Y a la ofensiva no le vieron ni el pelo a Brady y compañía. Los Pats lucieron como campeones. Pero para serlo de verdad van a tener que ganarle a los Ravens.

 

Baltimore paró en seco al mejor tandem de corredores de la Liga (la combinación Foster/Tate suele ser letal) y ahí estuvo el secreto del juego. Fue un juego violento, cerrado y muy disputado en el que al final el factor determinante fue el QB novato de Houston. Si Matt Schaub hubiera estado sano... Pero en todo caso esas son masturbaciones mentales. Los Cuervos son un equipo sumamente compacto y efectivo, con un muy buen nivel en todas sus líneas y con una defensiva madreadora e inspirada. No va a ser fácil para Brady, pero de eso ya hablaremos más adelante.

Y así fue, otro fin de semana para la historia. Afortunados somos por haber sido testigos. Testigos muy apasionados, la verdad.