I´m A Man, by Pulp

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Buen fin de semana.


Laid here with the advertising sliding past my eyes
Like cartoons from other peoples lives,
I start to wonder what it takes to be a man.
Well I learned to drink
And I learned to smoke
And I learned to tell a drity joke.
If that's all there is then there's no point for me.

So please can I ask just why we're alive?
Cos all that you do seems such a waste of time
And if you hang around too long you'll be a man.
Tell me 'bout it.
Your car can get up to a hundred and ten -
You've nowhere to go but you'll go there again
And nothing ever makes no difference to a man.

So you stumble into town and hold your stomach in.
Show them what you've got tho' they've seen everything.
Yeah you're a beauty but they've seen your type before.
You've got no need but still you want,
So go and book that restaurant.
The wine will flow and then you'll just fly away.

So please can I ask just why we're alive?
Cos all that you do seems such a waste of time
And if you hang around too long you'll be a man.
Tell me 'bout it.
Your car can get up to a hundred and ten -
You've nowhere to go but you'll go there again
And nothing ever makes no difference to a man.
Nothing ever makes no difference to a man.
That's what I am.

Peyton doesn't live here anymore

Manning_bye

Como todo mundo sabía (pero a la vez, todo fan de los Colts prefería no creer), ayer se dio el adiós de Peyton Manning, quarterback oriundo de Nueva Orleans, quién durante los últimos 14 años se encargó de dirigir los ataques del equipo de Indianápolis. Manning, próximo a cumplir 36 años, se ha convertido en el agente libre más codiciado de los últimos años, después de que la gerencia general de su antiguo equipo prefirió no arriesgarse a otra temporada desastrosa y optar por la reconstrucción completa. Así se ha acabo una historia que durante el último año pareció estar llena de drama y hasta de vestigios de ingratitud. Una despedida largamente anunciada, que por un momento nos ha hecho recordar la salida por la puerta de atrás de figuras legendarias como Joe Montana o Brett Favre, quienes a pesar de marcar una época dentro de sus equipos, se han visto en la penosa necesidad de retirarse con otros colores, a veces de manera por demás lastimera.

Claro, Peyton Manning no es Joe Montana. Ni mucho menos. La verdad es que Manning representa todo lo que es un atleta en los tiempos actuales: alguien con soberbias capacidades físicas, pero sin un gramo de carisma en el cuerpo. Si, el Síndrome de Roger Federer. Los que hemos visto jugar a Peyton en sus mejores años no podemos negar la potencia y precisión de sus lanzamientos, así como su capacidad de liderazgo, que aunque tardo en desarrollarse, es innegable. Pero a la vez el tipo tiene una personalidad sumamente parca, durante mucho tiempo solamente era un regañón recalcitrante más que un líder y cuando las cosas no salían, era el primero en perder la calma. Los fans de los Colts seguro le agradecen el haber sacado al equipo de la mediocridad y convertirlo en un contendiente eterno, siempre en lo más alto de su División y siempre peleando playoffs o finales de Conferencia. Pero a la vez seguro que la gran mayoría de ellos, de manera interna, lo ven como alguien que durante toda su carrera sufrió de “la maldición de la post temporada”. Nunca importaron su récord de yardas por aire en temporada regular, sus múltiples premiaciones como MVP de la Liga, sus campañas cuasi perfectas y sus triunfos aplastantes, o mucho menos los comentarios de expertos y villamelones que antes de comenzar unos playoffs siempre daban como favoritos a los Potros que él comandaba; casi siempre no había nada más que decepción a la hora buena. Manning solo ganó un Super Bowl en los 14 años que jugó en Indianápolis, lo cual para alguien con su talento y considerando la clase de jugadores que lo acompañaban, es muy poco si me preguntan.

Peyton Manning es el Dan Marino actual, si consideramos la historia de Tom Brady como la del Joe Montana actual. Peyton y Tom nos regalaron partidos increíbles durante la década pasada, y en ellos casi siempre salió avante el QB de Nueva Inglaterra, lo cual es bueno pero nunca fue fácil. Creo que mucho del mérito que han tenido los triunfos en Super Bowl de los Pats es que para conseguirlos tuvieron que dejar tendidos en el pasto a un equipazo como los Colts. Si, Indianápolis es el gran perdedor de la década pasada, quizá mereciendo más títulos, pero al final quedándose eclipsado por el triunfo de los rivales. Ayer, cuando veía la conferencia de prensa y a Peyton diciendo adiós con lágrimas en los ojos, no pude dejar de pensar en el tipo con el jersey 18 de los Potros que dejó el Gillette Stadium derrotado, madreado y humillado por los Patriotas, quienes le ganaron la Final de Conferencia de la campaña del 2003 con un marcado de 24-14. En dicha temporada, Peyton había sido nombrado por primera vez en su carrera como MVP de la Liga y su equipo era el favorito de propios y extraños para llegar al Juego Grande, después de hacer pomada en los playoffs a Denver y a Kansas City; pero en la mentada final, la defensiva de los Pats lo maltrató de fea forma, interceptándolo 4 veces y capturándolo otras tantas. Esa fue la primera gran humillación de Manning. Y lo peor del caso es que no fue la última.

Sí, siempre eran los Patriotas los que se interponían en su camino hacia el título. Y si no eran ellos, eran los Acereros del muchachote Roethlisberger los que los dejaban en el camino. Y en los últimos años, su coco era nada menos que los Jets del “mexicanísimo” Mark Sanches. Chale. El punto era que Manning parecía ser el perdedor eterno por excelencia, cuyo único consuelo parecía ser el hecho de que jugaba mejor que Philip Rivers. Sin embargo, su hora llegó en la temporada del 2006, cuando de nueva cuenta se enfrentaban en una Final de Conferencia con los Patriotas, solo que esta vez la jugaron en casa y esta vez el buen Manning decidió jugar un playoff como si fuera un partido de temporada regular: con huevos. Al final se le hizo a Peyton dejar en el camino a Tom, con un juegazo en el que lo que más recuerdo era su forma de rezarle a la Virgen de Guadalupe para que las cosas le salieran mal a Brady en la última serie del partido Y así fue (ignoro si ya cumplió su manda de peregrinar  la Villa de rodillas) y Peyton llegó a un Super Bowl por fin y, ¿qué creen?, hasta lo ganó. A los Osos de Chicago, en uno de los Súper Tazones más chafas de los últimos años. Pero al menos ganó su anillo.

Y… eso fue todo. Después, claro, vinieron más triunfos en campaña regular, más designaciones como MVP, más viajes al playoff y sí, más decepciones. Los Colts solamente pudieron llegar a otro Super Bowl, pero ahí se toparon de frente con los Santos de Drew Brees y se quedaron otra vez con las ganas. Poco a poco el equipo de Indianapolis se fue haciendo cada vez más viejo y más dependiente de la calidad de Peyton, la cual poco a poco se fue diluyendo, como es normal. Ya lucía lejano el año de 1998 (¡hey, el mismo del Mundial!) en el que habías llegado al equipo en una primera selección de draft. Y las lecciones poco a poco comenzaron a cobrarte factura, al grado que en la campaña anterior ni siquiera apareciste y tus Colts solo pudieron ganar 2 miserables juegos y se convirtieron en el hazmerreir de la Liga. Y ahora: bye bye Peyton. Ya no hay lugar para ti, sobre todo por el presupuesto y eso. La sangre nueva (más barata y llena de ilusiones) viene en camino, en la persona de un lepe próximo a cumplir 23 años que se hace llamar Adrew Luck y que tendrá, primero que nada, ganarse la confianza de una afición que te tiene muy presente. Porque es tu afición, Peyton. Todavía lo es. Digo, hasta el número 18 va a ser retirado. Es como un buen homenaje o algo.

Indianápolis es un lugar frio, como nos pudimos dar cuenta por los pornoreportajes de Inés Sainz previos al pasado Super Bowl (snif). Y la afición de Indianápolis no está muy acostumbrada a los grandes logros de sus equipos deportivos. De hecho, es una ciudad sin equipo de la MLB (beisbol, pues) y cuyos Pacers hace mucho que no dan una en la NBA. Solo tienen su automovilismo (sí, las 500 millas de Indianápolis se realizan en Indianápolis). Ah, y a sus Colts. Y hasta ahora, la gran figura de sus Colts es Peyton Manning, aquél que vino a cambiarlo todo, para bien.  Solo basta recordar que la gran leyenda de los Potros, el Inmortal Johnny Unitas, jugaba en el equipo cuando todavía eran de Baltimore. Por eso alguien incluso tan parco como Peyton fue capaz de ganarse el corazón de sus fanáticos, quienes no querían dejarlo ir. Pero al final la decisión se tomó en una sombría oficina impecablemente decorada. Cerrojazo final a la época de Manning, el eterno perdedor que por otro lado le hizo saber a la gente de Indianápolis que sí se puede y los acostumbro a ganar. Y ahora la afición va a exigir ganar. Espero que el tal Andrew Luck venga con el apellido a todo lo que da, porque va a necesitar toda la suerte del mundo para regresar a los Colts a los primeros planos.

Mientras tanto, el buen Peyton prepara las maletas y tiene su vista puesta en pastos más verdes. No esta tan viejo como se ve (al menos para un QB) y en una de esas todavía puede dar unas dos buenas campañas como mariscal de campo. Chance y hasta tres. La cuestión ahora es, ¿dónde? Los rumores apuntan a Washington y a Miami, equipos que parecen tener lo necesario para cobijar a un QB experimentado, el cual parece ser el único ingrediente faltante para ser competitivos. Hay muchos que lo pinta de Cardenal de Arizona, incluso hasta de Vikingo de Minnesota. Y por ahí me corrieron el rumor de que hasta los Burros Blanco de Politécnico levantaron la mano para traerlo a México, donde seria cobijado por las purristas de guinda y blanco y el mambo del maese Pérez Prado. Pero creo que los más necesitados de un QB de las características de Peyton son los Jets y los Cowboys, equipos que lo tienen todo (y lo han demostrado) excepto un Mariscal capaz de dar el siguiente paso. Claro que para llegar ahí, tendría que sentar en la banca a 2 cabroncitos de dizque sangre mexicana y no muchas ganas de ser eclipsados, pero eso es lo de menos. Digo, si los Niners corrieron a Montana, los Packers corrieron a Favre y hasta los Colts corrieron a Manning, ¿qué le impide a los Cowboys correr a Romo? Más bien, ¿por qué no correr a Romo?

Como sea, es claro que este no es el final de la carrera de Peyton Manning, por lo que este no es, ya saben, “el adiós a un grande”. Vamos a ver a Peyton en la próxima campaña y en una de esas va a ser como una de sus buenas campañas. Y en una de esas y hasta se deja de mamadas en postemporada y vuelve a ganar un Super Bowl. Y es que quizá la máxima humillación de Peyton está por llegar. Será el próximo Día de Acción de Gracias, en la casa de la señora Manning, cuando la atención recaiga en Eli, el hermano menor, quién de niño heredaba los apestosos tenis de Peyton y los pantalones rotos de Peyton y las sudaderas viejas de Peyton, pero que ahora (¡oh, ironías de la vida!) tiene más de anillos de campeón que Peyton. El doble, para ser exactos. Y eso tiene que doler.

Es hora de acallar las voces, mi buen Manning. Te esperamos en Foxboro en enero, por si se te antoja una paliza más.

 

La canción, por cierto, no tiene nada que ver. Es solo que la escuché esta mañana y no la puedo sacar de mi cabeza.

The Artist

The_artist

¿Es posible ver The Artist olvidando que es una película muda y en blanco y negro, y simplemente centrarnos en ella como cualquier otra, ejem, película? En mi opinión, no. Y por lo que he visto y leído sobre la cinta, me parece que esto es precisamente en lo que más se centra la audiencia. Muchos no se imaginan viendo tal cosa. En una proyección de preestreno para la prensa, un colega literalmente se paró y se salió del cine emputado, diciendo que a él no le gustaban esas mamada. Es como cuando alguien te pregunta sobre una película de Tarkovskiy o de Bergman y respondes que, en tu opinión, es una obra maestra. Seguramente entonces la persona que te preguntó no verá la película, simplemente porque no suena a nada que pudiera gustarle. Por mi parte, yo nunca fui un gran fanático del cine mudo, aunque si vi bastante en mi tiempo. La última cinta muda que vi antes de El Artista fue La Pasión de Juana de Arco, dirigida por Dreyer y una película a la que si le queda perfecta el prostituido adjetivo de “obra maestra”. Pero eso ya fue hace un tiempo.

Sin embargo, The Artist es una de las películas más entretenidas que he visto en mucho tiempo. Una película que encanta por su historia, sus actuaciones y la forma astuta de jugar con su silencio y con el blanco y negro. La cinta respeta la pre concepción con la que la mayor parte de la audiencia va a verla y también sabe que hay niños que la están viendo: no es para nada aburrida, ni tediosa. Además, no es completamente una película en silencio, por supuesto; al igual que todas las películas mudas viejas está acompañada de música incidental. Ya saben: ¿como aquellas pocas escenas de Misión: Imposible 4 en las que nadie habla y solo suena la partitura? Ustedes entienden.

La película, inspirada sin duda en Singin´in the Rain, cuenta la historia de George Valentin (genialmente interpretado por Jean Dujardin, ganado en Cannes y en los Oscar del premio al Mejor Actor), una estrella del cine mudo que, de golpe y porrazo, queda a la deriva por la incursión del sonido en las películas. Valentin, como tantas otras estrellas mudas reales, era más un mimo con una capacidad asombrosa para contar historias con su rostro y sus ojos, que un actor teatral. Y en el nuevo mundo del cine, la gente ya no quiere ver mimos, sino quiere oír diálogos. Valentin, pues, es dejado de lado cuando las imágenes comienzan a hablar y termina recluido en su apartamento, solamente con su fiel perro Uggi como compañía. Y este era un hombre que lo tenía todo.  

La médula del film son sin duda las actuaciones, sobretodo la del protagonista. Dujardin, quién parece una mezcla entre Genne Kelly (estrella de la ya mencionada Cantando Bajo la Lluvia) y Sean Connery, tinene tal dominio para el lenguaje corporal que bien puede transmitir humor que drama, que bien pudo haber sido una estrella del cine mudo. Bueh, si nos ponemos locos, el tipo es una gran estrella del cine mudo. Solo basta recordar que The Artist ya es oficialmente la película muda más taquillera de la historia. Después de 97 años, pudo destronar a The Birth of a Nation, de D.W. Griffith.

The Artist es una hermosa fabula de la obsolescencia. ¿Qué pasa con todos aquellos que ya no tiene  cabida en el nuevo orden? Claro que no es un tema muy nuevo. El genial Billy Wilder hizo una de sus mejores películas con este tema de fondo. Sunset Boulevard es una cinta trágica que cuenta la historia de una ex diva del cine mudo que quedó en el olvido cuando llegó la revolución de las imágenes con voz. Norma Desmond (la antigua estrella interpretada de manera estupenda por Gloria Swanson; quién por cierto no ganó un Oscar con dicho papel) vivía entonces recluida en su alguna vez majestuosa mansión sin más compañía que un servicial mayordomo y un mono que pronto murió, pero seguía siendo orgullosa, sobre todo cuando recordaba su época de gloria, en aquellos tiempos (y vaya que fueron buenos) cuando “no necesitábamos el diálogo, teníamos la cara”. George Valentin no vive una historia tan trágica como la de Norma Desmond, pero es evidente que la está pasando del nabo. A través de anécdotas, vemos su lucha por tratar de encajar en un mundo en el que, al parecer, ya no tiene cabida. Hasta a su eterna enamorada, la encantadora groupie convertida en estrella Peppy Miller (Bérénice Bejo), le va mejor en el nuevo mundo.

Michel Hazanavicious ha hecho una auténtica joya del cine, usando solamente recursos básicos, una gama de actuaciones portentosas (por ahí podemos ver haciendo un gran trabajo a John Goodman, Penelope Ann Miller y James Cromwell, entre otros) y una técnica de filmar que parecería una locura en nuestros tiempos de CGI y cintas en 3-D. Creo que, en ese sentido, son sus productores los que merecen un aplauso aún más sonoro, porque se arriesgaron a financiar un proyecto que sonaba más a capricho inocente destinado al fracaso que a una cinta medianamente redituable. La historia encantadora ha hecho llorar a más de uno en las salas y para el amante del cine es sin duda una experiencia sumamente enternecedora ver una cinta de esta manufactura (seguro de ahí vienen la mayoría de sus premios, aunque no es algo que le reste valor). No es nostalgia, o al menos no una nostalgia puramente personal, sino más bien un buen recuerdo de la inocencia infantil (presente en el inconsciente colectivo) con la que nos tragábamos las historias que nos contaban de niños o que veíamos en la tele. No es que las cintas mudas y en blanco y negro sean 100% mejores que las de ahora, es solo que eran más sencillas, menos contaminadas y, hasta cierto punto, más contundentes en su momento. Como las historias de nuestra niñez. Hazanavicious tiene razón: su película es genuinamente “una carta de amor al cine”.

He visto The Artist tres veces y en cada una de ellas la audiencia se ha dedicado a aplaudirle al final. Nunca había visto algo así. Y aún ahora tengo la teoría de que tal acción es, en parte, por la sorpresa que a ellos mismos les causa que una película muda y en blanco y negro les guste tanto. Y sí, es algo raro. Pero no podemos negar que también es encantador.

Un post sobre "el tejido social" y algunas finísimas personas

Últimamente escucho mucho la expresión “el tejido social”, que sospecho fue la sesuda creación de algún académico hace algún tiempo y ahora hasta Adela Micha la dice en su programaO algo. Escuchar al presidente Calderón tomar el micrófono y decir algo sobre la importancia de que nuestros jóvenes tengan trabajos honestos y cómo ello resta las posibilidades de que el crimen organizado los reclute. Para esto, claro, se necesita generar empleo. Y transporte público para que la gente llegue a sus trabajos. Y vías de comunicación para ese transporte público. Y que esos empleos ayuden a una sensación general de bienestar y de realización personal, de aporte al colectivo humano que forma este país, a crecer económicamente, culturalmente, a ayudarnos y cuidar nuestro entorno, a procurar maneras justas y sanas de relacionarnos entre todas las pequeñas hebras que formamos este mentado tejido social.
Claro.
Los pobres siguen siendo pobres, esto no es ninguna novedad. Y muy probablemente no tendrán las oportunidades que merecen. El gap crece. El rezago educativo. También el rencor. La envidia social. Porque de un lado el tejido social es de mecate, y del otro es algodón egipcio. El estereotipo consiste en decir que la gente bien, esa expresión de personas tan reales que incrustó en nuestra lengua Guadalupe Loaeza en los ochenta, no baja de “nacos” o “indios” a los miembros de las clases más bajas, y estos se desquitan con albures, apodos y mentadas de madre. O discriminando a los güeritos en el transporte público o en los salones de clase, solo por el hecho de ser… güeritos. Las clases sociales en México son un acertijo: nadie sabe en dónde insertarse, y si sí lo sabes, probablemente te dé pena hacerlo y te pongas un par de escalones arriba. Yo tengo una amiga proveniente de una familia adinerada que, como lo suyo era el estudio, se las ingenió para estudiar dos carreras diferentes, una en la UNAM y otra en la Ibero. Cuando agoté las preguntas sobre sus intenciones de asistir a dos instituciones tan diferentes, y confundido por su extraña mezcla liberal pero conservadora, discriminadora pero equitativa, inevitablemente aterricé en la pregunta: “Bueno, ¿y tú de qué clase social eres?” Me respondió, muy fresca: “Yo soy clase alta sui generis“. Ay goei, pensé.
“¿Y tú?”, contraatacó.
“Yo soy clase media sui generis“, fue mi respuesta. 50% ingeniosa. O eso me pareció en aquel momento. Denme un 10% extra por responder en chinga.
Todo esto que he dicho, insisto, no es nuevo. Es el día a día de la lucha de clases. Como diría el célebre filósofo de Güémez, “en todos los gallineros del mundo, las gallinas de arriba cagan a las de abajo”. Lo cual suena jodido, pero también podemos verlo con otros ojos: en el salón imperial, la gente nais cena con el capitán, pero en el sótano del Titanic la raza se la está pasando a todo dar. Nuestra percepción del lugar que tenemos en el tejido social depende de las circunstancias y qué tan en paz estemos con el mundo.
Lo que no entiendo es en qué momento los “ricos” se enojaron tanto con los “pobres”. Lo digo porque a cada rato aparecen videos de gente rica abusando de gente pobre. YouTube, en donde todos somos iguales, ha resultado ser el rincón sentimental del último episodio en la telenovela del deshebrado tejido social en el que se ha convertido México.
Las ladies de Polanco. El gentleman de las Lomas. La lady de Bosques. Tres videos de gente que abusa verbalmente del prójimo –el más notable el de Miguel Sacal Smeke, quien también abusó físicamente y por ello acabó (hasta donde sé) recogiendo jabones en las regaderas del reclusorio–. Cada vez que un video de estos aprieta EL BOTÓN DEL JUICIO FINAL, las redes sociales se encienden, los diarios hacen notas sobre las reacciones en las redes sociales (es sarcasmo) y brota la indignación. “¿Qué está pasando en nuestro México?”, leí el otro día en Twitter. Nuestro México, omfg, ¿quién habla así? Cuando la máquina de clichés que son los trending topics de Twitter se echa a andar, no hay quien la detenga. Se exige justicia. Se llama a la reflexión. Y el otro 99% de los tuits son chistes como defecados por esa gloria de la comedia nacional, Polo Polo. No digo que no sea efectivo (en el año 2012, un video tomado con un celular que se viraliza en YouTube debe tener más éxito que una denuncia en el Ministerio Público), pero cuando entra en contacto con la turba de internet, ay goei. Muchos de los indignados por los atropellos de las ladies de Polanco son los mismos que reciclaron ad nauseam chistes racistas sobre Kalimba, o cuestionaron severamente el intelecto de Ninel Conde y Enrique Peña Nieto retuiteando la misma broma de anuncio falso de Gandhi que se apestó en internet a los 5 minutos. Pfff. Los mismos que crucificaron al payaso cuando durante años le celebraron sus chistes.
Un video de indignación en YouTube se viraliza mejor cuando la gente bien abusa de los descamisados. Tomen el caso de @nancypastelin, quien denunció el acoso sexual del velador de un edificio de la Col. Nápoles. Aunque sonado, no tuvo el mismo impacto de otros videos de indignación. Al parecer, el rating no se compara con ver a una riquilla con bolsa de Vuitton mentando madres como si no hubiera mañana. La Loaeza lo sabía: la gente bien es superdivertida, dan de qué hablar, acaparan encabezados. Es más: hasta parecen evolucionar en nuestra taxonomía social a mayor velocidad que otros segmentos sociodemográficos. El “rey del barrio” no ha sufrido modificaciones desde que el beato Tin-Tan estableciera los estereotipos del personaje en su película de 1950. Tiene muchas representaciones (como Pepe el Toro y Juan Camaney), pero esencialmente es el mismo. Los periplos de la clase baja, aquella que fotografiara Oscar Lewis en Los hijos de Sánchez y Gabriel Vargas en su cómic La familia Burrón, siguen siendo los mismos. Vean un episodio de Los Beverly de Peralvillo y se sorprenderán de cómo el drama del pueblo es idéntico hoy que hace cincuenta, sesenta, setenta años.
Los bon vivant mexicanos de las clases acomodadas, en cambio, escalaron del ideal del playboy sesentero a la Mauricio Garcés y “la niña popof” del mambo de Pérez Prado, al engolado léxico del Pirrurris de Luis de Alba, pasando por aquel estafador de nombre Ugo Conti en la novela Casi el paraíso de Luis Spota, las modernísimas tramas de las “yeguas finas del Pedregal” de Guadalupe Loaeza y, más recientemente, la pseudonihilista “chica V.I.P.” de Paula Sánchez en la parodia de Telehit y los acartonados mirrreyes que pueblan las revistas de socialités, especie que parece provenir de una infernal mezcla entre Luis Miguel (apodado “Luismirrey” por los comentaristas de cotilleo nacionales) y Roberto Palazuelos, a.k.a. “Payazuelos”, a.k.a. “el Diamante Negro”. Oh sí: la fauna de la high es mucho más diversa y entretenida.
Lo que sucede con los indignados en las redes sociales cada vez que un nuevo video se viraliza proviene de la evidente falta de balance en nuestra sociedad. Demasiadas telenovelas, pocos libros. Demasiado futbol, pocas medallas olímpicas. La comedia mexicana está congelada en el tiempo, el reciclaje de chistes de borrachitos, “estaban un mexicano y un ruso y un gringo” y combos de homosexuales, negros y judíos, solo manifiestan que nuestro tejido social no se mueve, no avanza espontáneamente, no está fresco y lubricado. No digo que el país no esté vivo, pero parece que nuestras expresiones no están vivas. Debe haber historias en todos lados, historias nuevas, vívidas, sugerentes. Expresiones culturales genuinas y naturales de cómo somos. De cómo somos. Y no están transmitiéndose por el canal 2. Se los garantizo.
¿Ahora resulta que los LOLs vienen de las clases pudientes? Ay goei. Los videos de indignación en YouTube son una forma de expresión. Lo sé. Solo es mi deseo que las cosas fueran más diversas. Que se jubilaran ya los mismos malditos albures de toda la vida. Que la clase campesina y obrera tuvieran algo más que decir que la indignación de Pasta de Conchos o Acteal. Que los indígenas tuvieran algo más que decir que la indignación por el declive de los rarámuris. Que los políticos fueran más divertidos y sofisticados que lo que demuestran, tapizando nuestras ciudades con propaganda hecha de plástico…
Claro que quizá eso último sea mucho pedir, papawh.


Esta es la canción del día

Andy's Chest, by Lou Reed

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Algo del maese Reed nunca cae mal. Buen fin de semana.

If I could be anything
in the world that flew
I would be a bat and come
swooping after you
And if the last time you were here
things were a bit askew

Well, you know what happens after dark
When rattlesnakes lose their skins and their hearts
And all the missionaries lose their bark

Oh, all the trees are calling after you
And all the venom snipers after you
Are all the mountains boulder after you

If I could be any one of the things
in this world that bite
Instead of a dentured ocelot on a leash
I'd rather be a kite
And be tied to the end of your string
and flying in the air, baby, at night

'Cause you know what they say about honey bears
When you shave off all their baby hair
You have a hairy minded pink bare bear

And all the bells are rolling out for you
And stones are all erupting out for you
And all the cheap bloodsuckers are flying after you

Yesterday, Daisy Mae and Biff
were groovin' on the street
And just like in a movie
her hands became her feet
Her belly button was her mouth
which meant she tasted what she'd speak, ooohhh

But the funny thing is what happened to her nose, ooohhh
It grew until it reached all of her toes, ooohhh
Now, when people say her feet smell, they mean her nose

And curtains laced with diamonds, dear for you
And all the Roman noblemen for you
And kingdom's Christian soldiers, dear for you
And melting ice cap mountains tops for you
Oh, oh, and knights in flaming silver robes for you
And bats that with a kiss turn prince for you

Swoop, swoop, oh, baby, rock, rock
Swoop, swoop, rock, rock
Swoop, swoop, rock, rock

Boccherini para un día bisiesto

Cumplir años "de verdad" cada 4 años debe ser genial, sobre todo para aquellas personas que gustan mentir sobre su edad. Lo que todavía no me queda claro es en qué día festejan su cumpleaños en los años normales esas personas. Ya saben, ¿gustan de adelantarlo o celebrarlo atrasado? ¿O se van por todo y lo festejan 2 días? Supongo que esto último es lo que iría mejor. Yo una vez conocía una chica que había nacido un 29 de febrero; sin embargo, durante el poco tiempo que nos conocimos jamás le pregunté qué era lo que hacía con su cumpleaños durante los años normales. Eso no me dejó dormir anoche. Bueh, eso y los sonidos provenientes del depto de arriba. Como les digo, ya se siente la primavera.

Para las demás personas, hoy es un día que supongo debe ser especial. Es un día extra, un día no oficialmente feriado, pero que invita a hacer algo especial, salirse del patrón normal y romperla con un gusto personal o con lo que sea, con tal de que no esté planificado. Todos tenemos ganas de hacer algo, pero casi nunca lo hacemos por nuestros horarios o wathever; pero hoy no hay pretexto. Suéltense el pelo, total. Recuerden el episodio de Frasier sobre los días bisiestos y take a leap. Hasta donde recuerdo, a todos les fue bien con tal consejo. O eso creo.

Los dejo con La Musica Notturna. Hoy es un buen día para ver Master and Commander en la noche, si aún no lo han hecho.