Stay Free, by The Clash

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Hey!, para ser viernes 13, hoy no fue un día tan malo, comparado con los anteriores. Y mi sobrina me recordó que es el último fin de semana de vacaciones. El lunes regresa a la vieja mina de sal, igual que millones de escolapios más. Para ella, nada menos que desearle buona fortuna. Como sea, les traemos punk para esta tarde nublada. El punk nunca cae mal, vaya. 

We met when we were in school
never took no shit from no one, we weren't fools
the teacher says we're dumb
we're only having fun
we piss on everyone
in the classroom

When we got thrown out i left without much fuss
an' weekends we'd go dancing
down streatham on the bus
you always made me laugh

Got me in bad fights
play me pool all night
smokin' menthol

I practised daily in my room
you were down the crown planning your next move
go on a nicking spree
hit the wrong guy
each of you get three
years in brixton

I did my very best to write
how was butlins?
were the screws too tight?
when you lot get out
were gonna hit the town
we'll burn it fuckin' down
to a cinder

´Cos years have passed and days have changed
and i move anyway i wanna go
i'll never forget the feeling i got
when i heard that you'd got home
an' i'll never forget the smile on my face
'cos i knew where you would be
an' if you're in the crown tonight
have a drink on me
but go easy...step lightly...stay free

El calor del juego contra la frialdad de los números

Moneyball

Y sí, como muchos de ustedes saben (mejor que yo), la temporada 2012 de la MLB (beisbol, pues), comenzó desde la semana pasada. Lo más relevante hasta ahora es que tanto mis queridos Yankees como los Medias Rojas han comenzado de manera floja; yo me quedé en que habían ganado un juego cada uno, de los últimos 5 encuentros, pero quizá para este momento ambos ya hayan nivelado las aguas. Así es el beisbol: a veces se mueve demasiado rápido para ser un juego que no tiene tiempo límite.

Como sea, este post viene al caso porque el pasado fin de semana pude ver la única película sobre beisbol que ha sido nominada al Oscar como Mejor Película (junto con una cosa ochentera rara llamada Field of Dreams, de la que no me acuerdo mucho). Claro que estamos hablando de Moneyball, cinta que muchos de ustedes seguramente vieron en el cine, pero que por alguna u otra razón yo me perdí. Hasta, claro, el fin de semana pasado. Anyway,  Moenyball es una película “basada en hechos reales” que inicia con las imágenes de un juego de beis que yo vi en vivo, en aquél lejano y trágicamente celebre otoño del 2001, en el que los Yankees, después de haber perdido los dos primeros juegos de su serie de playoffs contra los A´s de Oakland, terminan ganado el juego definitivo en el Yankee Stadium. (Por cierto, esa fue la primera vez en la historia en la que un equipo, después de haber perdido los 2 primeros juegos como local de una serie de playoffs, se levanta y termina ganando; y en mucha parte los Yankees lo hicieron debido a la buena fortuna o habilidad o lo que sea que le permitió a Derek Jeter hacer en el Juego 3 la jugada más impresionante de la historia para un shorstop). Para terminar con el tema de dicha temporada, los Yankees ganaron la Serie de Campeonato y jugaron la Serie Mundial de aquél año, que a la postre resulto una de las más emocionantes de la historia (la mejor, en mi humilde opinión), en la que perdieron en título en el séptimo y definitivo (y cardiaco e inolvidable) juego en contra de los Diamondbacks de Arizona. Si tienen la oportunidad de conseguir los videos de esa serie, véanlos; no se arrepentirán.

Ya entrados en materia, tenemos que decir que Moneyball no se centra en dicha serie o si quiera en los Yankees. Para nada. Moneyball es la película del simpático y guapillo gerente general de los A´s, llamado Billy Beane (quién, por cierto, no se parece mucho que digamos a Brad Pitt). Y es que después de que la temporada del 2001 termina, Beane se enfrenta al pequeño problema que representa la pérdida de 3 de sus más importantes jugadores. Vaya, va a perder a las estrellas de su equipo y no tiene dinero para comprar jugadores que les lleguen siquiera a las rodillas de aquellos. Ante esta problemática, nuestro buen amigo está desesperado, tanto como para confiar en la loca idea de Peter Brand (Jonah Hill), un economista recién desempacado de Yale que piensa que la forma de ver el beisbol por aquellos que lo manejan está equivocada. Y lo ha estado por tanto tiempo como años tiene el juego manejándose de esa forma. Algo radical, lo sé, pero al menos Brand es lo suficientemente inteligente para callarse la boca y solamente comparte dosis necesarias de su conocimiento, las cuales le procuran un trabajo de medio pelo en la administración de los Indios de Cleveland. Hasta que Beane lo saca de ahí, claro.

Beane sabe que no puede competir en un mercado donde el dinero manda y el amor por la camiseta importa muy poco. Además, el tipo está un poco resentido con el sistema tradicional de selección de jugadores: cuando él era un recién graduado de la prepa, con beca completa en una universidad buena, un grupo de visores lo convencieron de firmar un jugoso contrato, no ir a la escuela y convertirse en beisbolista profesional. Lo que al final no resultó. Entonces, ya en su etapa de “puedo hacer lo que se hinchen los yarbles, ya que solo le rindo cuentas al dueño”, decide hacer caso a Brand y contratar jugadores probadamente productivos, pero que tienen mala fama o han sido dejados de lado por cuestiones diversas, desde sus problemas fuera del diamante hasta su forma extraña de lanzar. Además, entre los dos arman un plan de juego que rompe de manera brutal con lo que se considera la esencia de beisbol y que es conocido en el mundo del juego de pelota como “beisbol chiquito”. Beane y Brand  le prohíben a sus jugadores que toquen la pelota, aún si hay alguien detrás de home, nunca se debe tocar la pelota; eso es regalar un out. También les piden que aguanten lo más que puedan en el plato, que desgasten a los pitchers para que al final del juego solamente estén frente a lo peor del bullpen contrario; y sí, quizá dejen pasar alguno que otro strike, pero es más probable que terminen embazándose por acumulación de bolas malas. Y ese es el punto, jugar simple, jugar fácil, llegar a primera. Y una vez en primera no deben cometer la pendejada de ser sacados en segunda intentando robar; así que nada de robar bases, nunca. Y, por cierto, ¿aquello de poner a pitcher derecho contra bateador derecho y au contraire les suena? Bueh, pues olvídense de eso también; un pitcher bueno nunca debe sacarse por cuestiones tan pequeñas como el brazo con el que lanza. Quizá cosas como estas no les digan nada a ustedes, pero créanme, es un cambio de juego sumamente radical: Beane y Brand, guiándose por ecuaciones y proyecciones matemáticas dignas de cualquier jugador serio de fantasy baseball, prácticamente despojan a su equipo de los conocimientos que vienen acumulando desde que jugaban en las ligas infantiles. Sacuden su mundo. Y ya no digamos el mundo de los visores y cazatalentos, quienes no solo ven amenazada su manera de ver y hacer las cosas, sino sus chambas. Adivinamos que las cosas se van a poner feas. Y al principio así pasa.

El gran Philip Seymour Hoffman nos regala una interpretación mediana para el nivel que tiene del coach del equipo Art Howe, quién para nada está de acuerdo con las locas ideas del par Beane/Brand y que además está un tanto resentido por cuestiones que tiene que ver con su contrato y eso. Por tanto y considerando que él maneja la tarjeta de alineación y demás vesches, trata de manejar el extraño y nuevo equipo como si se tratara de una novena tradicional; con pésimos resultados como podría esperarse. Howe no lo hace de mala fe (o al menos no solo por eso), sino porque, al igual que todo mundo antes de la revolución de Beane y Brand, él solo conoce una forma de hacer las cosas y así lo hace. ¿Qué hace entonces Billy Beane? Bueh, pues si el entrenador no quiere meter a los jugadores que quiere, él despide a los que ocupan su misma posición para que solo quede el elegido. Y solo así, a regañadientes y terapeando a sus jugadores y poniéndoles un fridge lleno de refrescos gratis en el vestuario, logra tener a su equipo en el campo, implementando su plan de juego. ¿Qué pasa entonces? Pues nada más que los A´s superan la marca histórica de victorias consecutivas de todos los tiempos y se enrolan en una racha brutal de 20 victorias consecutivas; algo que hasta este momento (cuando son las 2:17 p.m. del jueves 12 de abril de 2012) nadie ha igualado siquiera. Y no se ve ni por donde, mano.

(Yo lo vi, por cierto. Ese partido y esa victoria histórica. No suelo ver mucho beisbol de temporada regular -y menos partidos de temporada regular de los A´s, a menos que no pueda dormir-, pero hasta yo me enteré, en aquél lejano 2002, de que Oakland, después de un inicio en el que daba pena ajena, empezó a ganar juegos a lo bestia. Y no, no se le achacaba a un francotirador en el Juego de Estrellas, sino al maquiavélico plan de juego de Beane y Brand. Fue una gran victoria, por cierto, después de ir ganando 11-0 y luego ser empatados y terminar todo con un homerun en extrainnings. Quizá nadie se imaginada que aquél momento iba a ser plasmado en una película del 2011, pero todos lo proyectábamos de alguna manera. El beisbol está lleno de momentos así. Y su historia es por demás basta. Lo cual lo hace grandioso.)

Sin embargo y pese a todo, los A´s vuelven a quedar fuera cuando estaban a las puertas de la Serie de Campeonato. Lo cual representa un duro golpe, pero quizá un poco amortiguado o algo. Beane es atacado por todos los frentes, llámese programas de radio y de televisión y llamadas coléricas de aficionados que le reprochan que nadie puede cambiar las cosas y que no se puede ganar con números. ¿Pero, es cierto? Pues si lo es, que alguien le avise a los Red Sox, quienes implementando el sistema de Beane y Brand ganaron la Serie Mundial del 2004. La ciencia rompió la “Maldición del Bambino” (¡A la BatiWikipedia, Batman!). ¿Ósea que Beane tenía razón? Bueh, no tanta; para muestra hay que ver a los flamantes Campeones de la Serie Mundial del 2011. Los Cardenales de Arizona son un equipo que se maneja de manera tradicional, tanto en el campo como en la administración. Y aún así ganaron.

Entonces, ¿cuál es el punto?

Pues es menos complicado que eso y a la vez no. Lo que Moneyball presenta es una nueva manera de ver y jugar el deporte con más tradición del mundo. Es la odisea de un pionero, de alguien que salió de la Matrix e intenta despertar a los demás, con la constante de que ellos no quieran ser despertados y le partan la madre por intentarlo. Exacto, lo mismo que la historia de la cueva que te contó tu maestro de filosofía de la prepa. Quizá hasta ahora no son tantos los ejemplos tan exitosos del modelo de Beane y Brand, pero de que los hay, los hay y no se pueden ignorar. Como tampoco se puede ignorar que la manera tradicional todavía te puede hacer ganar un título. Pero claro, en la manera tradicional siempre habrá errores, como de los que fue víctima el propio Beane. Y no podemos negar las fallas del sistema tradicional, su forma de dejar de lado a jugadores buenos por defectos casi ridículos o su manera de gastar que más parece un desperdicio.

Aunque claro, los números no nos lo dicen todo. Y es que cuando un bateador se para en el plato, las estadísticas de él, el pitcher y el equipo defensivo, todas se dejan de lado y puede pasar cualquier cosa (¡Gran frase!, pero es cierta). El ser impredecible es lo bello del beisbol y de cualquier otro deporte. Y sí, quizá siempre estemos a la caza de la perfección del cálculo y de la aplicación de las reglas, pero nunca se debe ser perfecto en ninguno de los dos aspectos, si se quiere conservar la diversión.

Al final Moneyball es una película muy disfrutable, con muy buen ritmo y con esos momentos que nos fascinan en el cine de deportes. Las actuaciones son muy buenas en general, aunque me parece que Pitt está un poco sobrevaluado. Al final Beane Y Brand quizá si se volaron la barda sin darse cuenta (gran momento, por cierto), pero para otros quizá el terminar de plano con el “beisbol chiquito” sea la muerte del juego de pelota en general. Y es que el “beisbol chiquito” a veces es lo más divertido de ver y lo que hace que el coach desquite su sueldo. Es tradición (y ya saben lo que opinan ciertas personas sobre la tradición).

En fin, ya inició otra temporada, otra oportunidad para que Billy Beane gane una Serie Mundial, lo cual luce tan lejano como que otro equipo le rompa su racha de 20 victorias consecutivas. Pero todo puede pasar. Ya saben lo que dicen: dont stop believing!

 

Y sí, lo tengo que decir: Let´s go, Yankees!   

Years, from Bartholomäus Traubeck




Artist Bartholomäus Traubeck created this piece, titled “Years,” by rigging his record player’s tone arm with a PlayStation Eye camera so he could take a disc of wood – a thin cross section of a tree – and listen to it as if it were an LP. The rings of years are picked up by the camera and and translated through Ableton Live to give them life in sound. The result: a beautiful, sad and eerie piano concerto.

Me siento como Homero Simpson despues de ver Twink Peaks.


La Biblia en gore

Rey_david

Soy fan de los antiguos jueces y reyes de Israel. Sus aventuras, guerras y actos de brutalidad me fascinaban en la pubertad/adolescencia. Quizá mi maestra de Catecismo habría querido que me enamorara de las historias del jovial Jesús (y sí me gustan, simplemente no soy tan fan), pero la verdad es que yo estaba más en la onda de los Jueces de Israel o, para el caso, las imágenes oscuras del Apocalypshit. Hoy recordé, por virtud de My Morning Jacket, a Gedeón, aquel juez de Israel que le partió la mandarina en gajos a unos 15 mil madianitas con sólo 300 hombres. Ajá, 300 (y si el recuento histórico es verídico, unos 600 años antes de la Batalla de las Termópilas). Poco antes, Dios había hecho que los madianitas se atacaran a sí mismos con sus propias espadas. Gedeón decapitó a los dos jefes, Oreb y Zeeb. Después, comenzó a perseguir a los reyes madianitas, y al pararse en dos ciudades (Sucot y Penuel) a pedir pan para sus tropas, lo mandaron al cuerno. ¿Qué hizo el gran Gedeón? Les dijo, palabras más, palabras menos: “Miren cabrones, voy a ir a putearme a los reyes madianitas y después regreso a matarlos a todos ustedes por no quererme ayudar”. Y así lo hizo: alcanzó a Zébaj y Salmuná, los reyes madianitas, y asesinó a los hombres y ancianos de las ciudades, dejando un generoso y sangriento legado de viudas en la región. La historia de Gedeón se encuentra en cualquier Biblia católica en el libro de Jueces-6.

Los reyes son también la onda. En el libro de Samuel viene el relato de Goliat, el gigante filisteo que se me figura como el Superinmortal de 300. La batalla con David es intensa. El desenlace es heroico:

David fue corriendo y se paró junto al filisteo; le agarró la espada, se la sacó de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza. Al ver que su héroe estaba muerto, los filisteos huyeron. Inmediatamente, los hombres de Israel y de Judá lanzaron el grito de guerra y persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Ecrón. Muchos filisteos cayeron heridos de muerte por el camino de Dos Puertas, hasta Gat y Ecrón. Después, los israelitas volvieron de su encarnizada persecución contra los filisteos y saquearon su campamento. David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén, pero dejó las armas en su propia carpa.

Libro de Samuel, 17:51

La Biblia es hermosa.


Superstar

La Crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret es un novelón por sí solo. Un mito fundacional, el brillante preámbulo al cierre del ciclo cósmico de la jornada del héroe (digo preámbulo porque el verdadero cierre del paso de Jesús no es su muerte, sino su resurrección). Pero no solo es brillante por su manufactura narrativa, también lo es por sus alcances e influencia. Haya sido un personaje histórico, real, de carne y hueso o no, las andanzas del nazareno, y particularmente su nacimiento y muerte, han determinado el curso de la civilización occidental durante los dos últimos milenios. No soy católico (ya no; alguna vez lo fui, pero ya no), pero creo que durante la Semana Santa muchos católicos deberían soltar quince minutos las Margaritas y piñas coladas y meditar un poco en el misterioso y bello relato que sustenta su fe. Y los no católicos y los ateos deberían ampliar su mente que, a veces, es más cerrada que la de Torquemada, y reconocer la elemental importancia de estas fechas y su significado meramente simbólico. Yo digo. Pero si quieren me pueden mandar al diablo. A mí qué.

By the way, la expresión hosanna se puede traducir como "salve". Así lo escenificó Andrew Lloyd Webber en la absolutamente hermosa Jesus Christ Superstar:

 

Sin duda es uno de mis musicales favoritos y una película perfecta para ver este día. Hay que aplicarse.

Smokey Day, by The Zombies

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Y para este Viernes Santo, les traemos a la banda favorita de Yisus Resucitado. Yeah!

 

Smokey day, hey
Bring the dust of dusty evening
Weave the spell of evening
Into patterns of my life

Smokey day, hey
How her perfume still entrances
Soft, serene, she dances
Moving sweetly through my life

Smokey day, hey
Hear the call of plaintive voices
Does it whisper
Voices calling gently through the night

Smokey day, hey
Your enchanting light is leaving
Silver haze is leaving
And bringing to me peaceful night

Todo es un Remix

Uno de los problemas cuando eres niño y te aficionas a cierto tipo de películas y libros e historietas, es que quieres imitar a toda costa a tus héroes. Y no me refiero a aventarte como idiota por la ventana –vieja leyenda urbana la del chamaco que se creyó Superman y se mató desde un tercer piso–, sino a emular a los creadores de los relatos. O así me funcionaba la golová cuando era un pequeño nerdito que se incendiaba a grados histéricos con cuentos de Indy Jones, piratas espaciales esquivando asteroides y criaturas gigerianas asesinando mineros a bordo de la Nostromo. Luego vi Apocalypse Now y dije: quiero coverear esa madre. Luego leí Heart of Darkness y dije: lo de Coppola es un cover, diablos. No estaba tan errado. (Ahora quiero coverear ambas.) Luego supe que todo Shakespeare es un cover de algo más: leyendas, cuentos tradicionales, chismarrajos de la época. El quehacer literario como un largo, largo trip de remixes. Siempre me valió madres, en realidad. Me refiero al “qué dirán”. No tengo un pelo de originalidad, pero ustedes tampoco. Nadie. Hasta el pobre diablo que escribió el Eclesiastés lo sabía. Entonces, nunca me resultó un problema. Nunca me confundí, ni nada. Toda mi vida he escrito con pedacería de otros (cine, literatura, cómics, hasta videojuegos), me he autofusilado y me he robado las historias vividas en carne propia y las de mis amigos –con permisos de autoría solicitados con chela en mano, por lo general. Mi trabajo actual de ficción tiene ese feeling también: retazos generosos de Apocalypse Now, Aliens (“game over, man!”), Blade RunnerX-Men, Leone, Kurosawa, you name it. Probablemente nunca gane un pomposo premio literario así es que, ¿para qué preocuparme? ¿Por qué no divertirme?

Y las referencias, claro. Mientras haya lectores que las cachen, todo estará bien. The lioness has rejoined her cub, and all is right in the jungle. Esa bella magia entre la obra y el lector. Sí.

Un video sobre Tarantino y el arte del remix que me topé por ahí:

<p>Everything Is A Remix: KILL BILL from robgwilson.com on Vimeo.</p>

Y la despedida, deseando que la pasen bomba en los Santos Días, jeje.