¿Estás en tu Día?

Arr

Como quizá ustedes saben (pero si no, aquí estoy yo para contarles), el pasado 12 de marzo (¡qué rápido pasa el tiempo!, ¿verdad, mi lic?) se celebró el Día Internacional del Tuitero. Lo de “internacional” es un decir, pues según esta nota tan sólo fue celebrado por México, Venezuela y Colombia, así que seguro pensaron que el Día Trinacional del Tuitero no sonaba tan bien. El caso es que alguien, en algún lugar de los países arriba mencionados, decidió que valía la pena instaurarse. Esto me puso muy triste. Y a ustedes no les gusto cuando estoy triste, así que me explico…

Hay demasiados Días Internacionales. Y Días Nacionales. Y Días Mundiales. Y seguro ya deben haber inventado el Día Universal de algo, con todo lo erróneo que es el concepto de “universal” hasta que no hagamos contacto con civilizaciones extraterrestres. En fin, me puse a hacer una lista sustanciosa de los Días que nos falta por celebrar. Si tú representas a uno de los grupos que voy a mencionar a continuación, es necesario que te organices con el resto de tu gremio para que se les reconozca con un Día Nacional, Internacional, Mundial, Global o Universal. Creo que no es necesario acudir con ninguna dependencia regulatoria, basta con decir “hemos declarado que hoy es el Día Mundial de Sacarse Borrita del Ombligo” y ¡listo! Ya es legal. En fin, pónganse las pilas si quieren que se reconozca el:

  • Día Nacional de Tomarse Fotos en el Espejo y Subirlas a Facebook.
  • Día Nacional de Tomarse Fotos en el Espejo y Subirlas a Facebook sin Adelgazarse con Photoshop.
  • Día Internacional de Patearle las Gónadas al Imbécil que Quiere Iniciar Charla en el Elevador Hablando Sobre el Clima.
  • Día Nacional de Hablarle por Teléfono a tu Ex y Decirle que Fuiste un(a) Estúpido(a) a ver si te Regala un “Pity Fuck”.
  • Día Mundial de Cambiar tu Cepillo de Dientes por uno Cuyas Cerdas no Parezcan los Bigotes de Pablo Morsa.
  • Día Mundial de Acosar Sexualmente al Tu Bloggero Favorito.
  • Día Global de los Días Mundiales.
  • Día Internacional de Dejar de Hacer Chistes de Gordas Cada Vez que se Habla de Adele.
  • Día Nacional de Referirse a uno Mismo en Tercera Persona (Gerardo es muy fan de este día, y Gerardo piensa que debería celebrarse el 28 de julio, en su honor).
  • Día Global de No Consumir Nada Producido por Carlos Slim, Bill Gates, Ronald McDonald, George Lucas, Mickey Mouse y Niurka Marcos.
  • Día Mundial de Permitirle a tu Novio(a) Mirar a una Persona Atractiva sin Armarle una Escenita.
  • Día Global de Matar Hormigas con una Lente de Aumento.
  • Día Global de No Justificar la Matanza de Hormigas Diciendo: “Una Hormiga Mató a mi Padre”.
  • Día Nacional del Orgullo Sateluco (hay que tener cuidado de no programarlo en la misma fecha del Día Nacional del Orgullo Coapo, para evitar broncas).
  • Día Internacional de la Mujer Fácil.
  • Día Mundial de Reconocer que Lees el TV Notas.
  • Día Global de Borrar de Facebook a los Amigos que Suben Fotos de sus Niños en el Festival Escolar.
  • Día Nacional de Vacunarte Contra el Pie de Atleta.
  • Día Mundial de Abofetear al Vegetariano que Insinúa que Eres un Asesino por Comer Carne Animal.
  • Día Internacional de Borrar el Blog que No Has Actualizado Desde Hace Tres Meses.
  • Día Global de Reconocer que Nunca Aprenderás a Tocar Guitarra.
  • Día Mundial de César Bono.
  • Día Nacional de Abrazar al Taquero.
  • Día Internacional de Esterilizar a Cristian Castro.
  • Día Mundial de las Personas que se Parecen a sus Mascotas.
  • Día Internacional del Inter de Tijuana.
  • Día Mundial del #HASHTAGPENDEJOENTUITER.
  • Día Global del Combate Contra la Globalización.
  • Día Universal de Ashley Greene.
  • Día Internacional de la Ayuda Psicológica para las Mascotas que Permanecen en la Habitación Mientras sus Dueños Tienen Relaciones Sexuales.
  • Día Nacional del Reembolso Económico a Quienes Pagaron por ver La Otra Familia en Cine.
  • Día Global De Ezkribyr Komo Ynvezil.
  • Día Internacional de Admitir que a Nadie le Interesa tu Estúpida Idea para una Película.
  • Día Mundial de Quemar un Disco de Arjona. O a Arjona. Mejor a Arjona.
  • Día Internacional del DJ de Antro de Strippers.
  • Día Global de “Spoilerarle” una Película a un Amigo.
  • Día Nacional de Estornudar Sobre un Pastel De Bodas.
  • Día Mundial de Aplaudir Tres Veces Cuando Veas un Escote Memorable.
  • Día Internacional de Dejarte Un Bigote Hitleriano.
  • Día Nacional de Bailar en tu Lugar Cuando Escuches la Palabra “Pro-Activo” en Una Junta.
  • Día Global de Admitir que No Entendiste la Película que Calificaste como “Una Mierda”.
  • Día Mundial de Regalar Toda la Ropa de tu Clóset que No Va de Acuerdo a tu Edad y Estilo de Vida.
  • Día Internacional de Responder a las Preguntas con Otra Pregunta (puede coincidir con el Día Internacional de Abofetear al Prójimo).
  • Día Mundial de No Decir “A Dónde Tú Quieras” Cuando Te Pregunten Dónde Ir a Comer.
  • Día Global de Donar Saliva, y, por último…
  • El Día Internacional del Hombre.

Creo que son todos los Días que quedan por asignar, pero seguro se me escapó uno que otro. Quedan cordialmente invitados a decirme cuáles faltan. Porque hoy, justo hoy, es el Día Mundial de Escribir Cualquier Pendejada con Tal de Salir del Paso.

Los dejo con la canción del día:


Envidia de orgasmo… qué calor

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Au lecteur: No sé ustedes qué piensen, pero esta primavera/ verano el calor se ha sentido peor que nunca. Imagino por todo el país a cientos de miles de mexicanos sentados en quicios de banquetas, en sus bancas y hamacas preferidas, con la bebida de su preferencia y la lengua de fuera buscando métodos para aplacar las ondas cálidas en axilas, cabeza, pierna y pecho. La Segob ya había advertido, por ahí del natalicio del Benemérito de las Américas, que en abril, mayo y junio se alcanzarían temperaturas de hasta 45 grados centígrados (en estados como Sinaloa, Sonora, Veracruz y Guerrero). En el DF, el peor escenario previsto ha sido de 34 grados (¿la onda cálida está subsidiada también o qué?), y de todos modos siento los pies como si me estuvieran friendo un huevo en las plantas (no se aceleren, no es albur). Por supuesto, no me quejo: seguramente ya van varias muertes por calor en el interior de la República.

Así es que pueden imaginarme, a las dos de la mañana de un día común y corriente, acostado en la cama del departamento de una chica que aquí llamaremos Charlotte ( jaja, sonó a “En la cama con Madonna”), intentando que el maldito calor me dejé conciliar el maldito sueño para levantarme al siguiente maldito día. Pero no puedo. Entonces, y esta es la parte churrigueresca del asunto, escucho un extraño ruido, como el quejido de un perro. Arf. Y otra vez. Arf, arf. Dos y tres quejidos, y como Charlotte no tiene perro, me levanto a ver qué sucede. En efecto, el quejido viene de otro departamento, y no precisamente de un perro, sino de una mujer que, aparentemente, está participando en ‘el acto sexual’. Pueden imaginarme, playera y boxers, realmente entusiasmado, junto a la ventana, de mirón o, en este caso, de escuchón. El “arf” se convierte en un “growl” y el “growl” en un “auuuuuu”, lo que me prende sobremanera, aunque no puedo decir lo mismo de Charlotte (creo que no te maneja lo que es el voyeur). La anónima mujer parecía habérsela pasado muy bien, y yo también, aunque mi prendidez bajó cuando escuché, fuerte y claro, el grave tono de un hombre haciendo “ahhhhhh”. Disculpen, pero eso no me interesa. Platicando con un amigo la semana pasada, llegamos a la conclusión de que lo peor de una película porno es que el director se ponga creativo y, justo en el momento del orgasmo, enfoque el rostro del hombre en éxtasis. Desagradable. Así es que el supuesto orgasmo del fulano me bajó las pilas. Desanimado, volví a la cama. Cuál sería mi sorpresa al escuchar de nuevo el “arf”. Corro a la ventana, y pronto el “arf” se transforma en “growl” y “auuuuu”. Dios, pensé, este cabrón ya hizo que se viniera dos veces. Bueno, la cosa no paró ahí, ya que siguieron dándole al ‘esconde el salami’ unos treinta minutos más. Sobra decir que aquello me escandalizaba, básicamente porque todos los hombres creemos que, en términos del ‘acto sexual’, somos los mejores para darle placer a las mujeres (también llegamos a conclusiones estúpidas como que las mujeres sólo tienen sexo por amor, o que lo que a una le agrada le gusta a todas las demás). Cuando el fulano del departamento de abajo, que seguramente escupe al comer, prefiere ver DVD doblados al español y su punto álgido del día es resolver una fórmula de Excel puede cabalgar de esa manera durante unos 40 minutos, uff, una onda más cálida que la onda cálida 2012 1/2 se apodera de mi estómago, un sentimiento que Milan Kundera quizá llamaría litost, pero que yo prefiero decirle, simple y sencillamente, envidia de orgasmo. Y no me malinterpreten: no creo que mis orgasmos (y los de otras personas) sean malos. Simplemente, en los orgasmos no hay forma de ganar. Es como con los autos: por mucho que te guste tu nuevo coche, siempre habrá alguien que tenga uno mejor.

Charlotte, por cierto, no es como la Charlotte fresoide de Sex and the City. Ella dice que es Carrie… claro que todas dicen que son Carrie. ¿Por qué las impredecibles mujeres a veces son tan predecibles? 

Sister Christian, by Night Ranger

(download)

Madre ama esta canción. Yo amo la escena de Boogie Nights en donde es utilizada. Madre ama, igual que yo, a Paul Thomas Anderson. Las cosas generalmente se dan bien entre nosotros. 

 

Vimos Boogie Nights un sábado en la cineteca. En la old good cineteca. Caraxo, extraño ese lugar.

 

Feliz fin de semana.



Sister Christian, oh the time has come 
And you know that you're the only one to say 
Okay 

Where you goin', what you looking for? 
You know those boys don't want to play no more with you 
It's true 

You're motoring 
What's your price for flight, 
And finding Mister Right? 
You'll be all right tonight 

Babe, you know you're growing up so fast 
And momma's worrying that you won't last to say 
Let's play 

Sister Christian, there's so much in life 
Don't you give it up before your time is due 
It's true 
It's true (Yeah) 

You're motoring 
You've got him in your sights 
And driving through the night 
You're motoring 
What's your price for flight, 
And finding Mister Right? 
You'll be all right tonight 

You're motoring 
What's your price for flight, 
And finding Mister Right? 
You'll be all right tonight 
You're motoring 
What's your price for flight, 
And finding Mister Right? 
You'll be all right... 
Tonight 

Sister Christian, oh the time has come 
And you know that you're the only one to say 
Okay 
But you're motoring

Un pequeño post sobre la identidad y los queridos X-Men

X-men-first-class-cast

Creo que lo que siempre me ha llamado la atención de la serie X-Men, y por lo que quizá sea mi propiedad favorita de Marvel, es el tema de la identidad y los problemas internos que surgen en la búsqueda de esa identidad. Más allá de las piruetas y el espectáculo visual, los hombres X son personas solas con problemas de autoestima, devaluados por la sociedad y con grandes dificultades para aceptarse tal como son. La salida simplona sería decir que es una metáfora sobre la adolescencia o alguna tontería por el estilo –y no tenemos por qué no imaginarnos que Lee y Kirby no pensaron en ese demográfico cuando crearon a los primeros personajes en los 60–, pero me temo que es más complicado. El proceso, el arco por el que debe pasar una persona para formar su identidad y su personalidad es algo realmente macabro. En un mundo dominado por esterotipos mediáticos es difícil mantener la compostura cuando tu panza es demasiado abultada, tu nariz demasiado aguileña, tu pelo demasiado oscuro, tus chichis demasiado pequeñas (o demasiado grandes), tu cuerpo demasiado delgado (y sin curvas) o eres demasiado gordito. O demasiado “listo” (¡nerd!). O demasiado “burro” (¡estúpido!). El concepto de lo “gordibueno” es una defensa de la gente cárnica ante el ataque de las putasflacasdelatelevisión. Las gordas odian a las flacas, las flacas odian a las “buenas”, los feos odian a los jetita y se escudan detrás del “soy un feo con onda”. La vida bien puede irse en esto, y no solo es un caso de estereotipos físicos sino mentales, de pose, de estilo, de status: como decir “yo soy geek” para refugiarme en un cliché que me da identidad automática, me conecta con otras personas y me hace sentir menos mal con todo eso que he conceptualizado como mis “deficiencias”. En verdad, nuestras conexiones sociales son mucho más simples de lo que parecen. Chica fresa ama a Mirrey. Mirrey le rompe el corazón. Chica fresa voltea (hacia abajo) a ver al nerd. Nerd y chica fresa descubren que para el amor no hay estereotipos. Consuman su amor [rolling credits]. Con esa historia fantasea mucha gente 24 x 7. Todo mundo juega un papel en su contexto social, y muchas veces más de un papel: en un día podemos ser doce personajes distintos, depende (por lo general) qué deseamos obtener y a quién deseamos chantajear. Cuántas veces no he escuchado “ese guey me caga” solo por leer durante 45 segundos su timeline en Twitter. Habrá quien diga que no necesitamos más para conectar o no socialmente, y en ese caso yo soy un romántico. Conocer a alguien como realmente es lleva un poco más que seguirlo en Twitter durante unos días. Conocer a la gente, aceptar y ser aceptado, eso lleva tiempo y un duro trabajo, parafraseando a aquel Somerset de Seven. El problema es que el largo tramo de la aceptación puede ser un poco terrorífico: voltearte a ver y admitir que no eres tan guapo, ni tan geek (o tan conservador como tus padres quisieran, para el caso), ni tan gracioso, y tampoco tan feo y despreciable, y que aunque no tengas los 13.3 kg de nalgas ni chichis –eso va para las lectoras– que exigen las revistas para caballeros, puedes ser un bello ser humano. Si han leído hasta aquí, intuirán que estos temas no son exclusivamente para adolescentes: el problema de la aceptación, de dejar de fingir algo que NO somos y comenzar a ser LO que somos, es cosa que nos acompañará toda la vida. Porque así está configurada nuestra sociedad. Nuestro mundo. La muerte social hoy equivale a la muerte física de nuestros ancestros los cavernícolas –y hay quien dice que, entre nuestros ancestros, el que moría socialmente en el clan (por feo, tonto, deforme, lento, poco hábil, etc) efectivamente tenía pocas probabilidades de sobrevivir. Digamos que hace 20 mil años yo era (lo sé) parte del clan del los lobos, sí, mi tótem era el lobo: y quien se metiera conmigo tenía que meterse con mis hermanos los lobo, también. De esa manera fantasiosa justificamos nuestra mente gregaria, nuestra ansia por ser aceptados, nuestro terror a morir, a la no-existencia. Y de eso se trata X-Men en términos muy generales. Nuestros problemas de identidad desde la perspectiva de un mutante que no es aceptado por la mayoría. El enfoque suele ser menos sociológico y más naif: Mystique romanceando con Beast y discutiendo sobre lo culero que es el mundo con los meta-humanos cuando en realidad lo que quieren es encuerarse y darle gusto al cuerpo. Magneto, el mutante primus inter pares (“primero entre los iguales”), viene de un mundo donde quien es diferente es perseguido y exterminado (El Holocausto). Charles Xavier es el desagregado social por excelencia de nuestros tiempos, el minusválido. Y así, X-Men está lleno de felices imágenes patéticas que reflejan nuestros incansables conflictos sociales. Sí, incansables. Nunca habrá mujer satisfecha con su cuerpo, eso lo asumimos ya como un hecho. Y nunca habrá un hombre que admita que otro hombre puede ser bello o más bello que él. Así es la competencia social. Amo X-Men porque refleja este intrígulis. Habla tanto de nosotros: cómo nos hacemos a un lado, cómo tenemos miedo, cómo (quizá) en el fondo no deseamos ser descubiertos por los demás. Una bella frase de Hellboy, recuerdo, es aquella que dice (en boca de Abraham Sapien): “If there’s trouble, all we freaks have is each other”. Los pobres frikis siempre solos, siempre alienados. El friki es un rebelde, mutante o no, cuestiona y cambia, modifica las estructuras. Los paradigmas, que le llaman. Y no debe sorprendernos que el friki rebelde sea tema dominante en las artes, y en el cine (que hoy nos ocupa): desde The Outsiders hasta esta X-Men: First Class. El rebelde nunca es comprendido cabalmente (muchas veces pierde la vida en el proceso), pero inevitablemente provoca el cambio. El buen rebelde, sin embargo, puede ser también alguien vulnerable: con el corazón a flor de piel. Vale la pena. Si algo he aprendido todos estos años gracias a X-Men es que ser vulnerable en las relaciones personales es un riesgo, pero paga. Y paga bien. 

Yo fui un híbrido social: lo suficientemente rarito como para juntarme con otros raritos, y lo suficientemente seguro de mí mismo para tener mi propia bandita. Siempre fue así. Sigue siendo así, de alguna forma. Hoy día que los temas de los “raritos” dominan en buena parte lo que la gente oye, ve en el cine y en la tele, y tiene en sus teléfonos, hoy día en que ya no es tan extraño ver una sala de cine VIP (a 133 pesos el boleto) llena de gente dispuesta a ver una película de superhéroes (eso qué), uno pensaría que ser rarito ya no es tan raro. Y sí: ya no es tan raro. Pero sí sigue siendo raro: la mayoría prefiere a Luis Miguel sobre Pixies. A Adal Ramones sobre Monty Python.

Así las cosas.

Memoirs de la Nostromo y el Space Jockey

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En 1979, casi 1980, se estrenó Alien, o como la conocimos en México, Alien, el octavo pasajero, una de las películas más importantes en la carrera de Ridley Scott. Se trataba de una monster movie muy original que combinaba el terror con la ciencia ficción en una atmósfera tensa, sucia, decadente, como inspirada en los botaderos de basura. O los deshuesaderos. La estética Alien quizá provenga de una época desesperanzadora en la que la crisis energética (en aquel México, el de López Portillo, comenzaba la crisis económica que nos ha perseguido hasta estos días), la delincuencia, el terrorismo, los secuestros de aviones y los desastres naturales eran cosa común en los encabezados de los diarios. El futuro, o esa era la idea visual detrás de Alien (y que terminó magistralmente con Blade Runner, su opera magna), era un lugar familiar por sucio y poco funcional. Tal como funcionaba 1979. O 2012, para el caso. Este futuro era distópico, al menos en la forma –y digo en la forma porque la estética googie, también conocida como "Raygun Gothic", era lo que dominaba la idea del futuro como un lugar pulcro y próspero, como diseñado por los Supersónicos. (Un ejemplo googie: esta sala de abordar espacial–con frontdesk del Hilton, ¡haciendo eco al famoso Hilton en la Luna!– de una popular película de Kubrick.)

No sucedía lo mismo con Alien. Los siete protagonistas humanos, Dallas, Kane, Lambert, Ripley, Ash, Brett y Parker + 1 gato (Jones), viajan a bordo de la nave estelar USCSS Nostromo, un viejo y vulgar remolque, una grúa del espacio de proporciones gigantescas. La Nostromo no tiene nada de googie: goteras, suciedad, claroscuros, maquinaria pesada… a sugerencia del guionista Dan O'Bannon, Ridley Scott le encargó al demencial H.R. Giger el diseño de arte del filme, lo que incluyó la creación de la criatura que le dio título a la cinta, el xenomorfo "biomecánico" que acaba aniquilando a casi toda la tripulación de la Nostromo.

Mi hermano era gran fan de Alien a mediados de los ochenta. Mi hermano tenía la bendita costumbre de coleccionar tarjetas Topps. Su rango iba del beisbol y el futbol americano, a Los ángeles de Charlie y Kiss (la banda). Entre las rarezas tenía unas tarjetas de plástico de Hulk, el hombre increíble, Encuentros cercanos del tercer tipo Alien. Guau: tarjetas Topps de Alien. Aún atesoro varias de las tarjetas sobrevivientes en una caja de tenis. Y aún huelen a chicle.

Entre las tarjetas, había una que despertaba un misterio. UN MISTERIO. Se trataba de la tarjeta no. 43 de Alien con la leyenda "Fantastic Space Jockey". Y si, es la imagen que adorna el post.

El Space Jockey. Es decir, el esqueleto aquel del planeta aquel en donde la Nostromo aterrizaba (y donde se le metía la criatura al pobre Kane), tenía nombre. Space Jockey. ¿Qué diablos quería decir eso, quién se lo había puesto? El Space Jockey aparecía apenas unos segundos en Alien, pero se convirtió en tremendo easter egg de la cultura geek ochentera. ¿Qué especie era aquella? ¿Portaba un traje biomecánico o ese era su cuerpo? ¿Había muerto operando una especie de telescopio (la teoría favorita de mi hermano: le gustaba pensar que el Space Jockey era un científico, un benévolo extraterrestre que había tenido la mala suerte de toparse con el xenomorfo de Giger) o un cañón, un arma de destrucción masiva? No exagero al decir que el Space Jockey le dio al fandom el mismo nivel de obsesión que la pregunta: ¿por qué Obi-Wan Kenobi desaparece al morir en Star Wars?

Y ahora viene Prometheus, la semi-precuela de Alien que (esperamos) no apestará porque no tiene un tratamiento "precueloso" a la serie original, y porque la dirige Ridley Scott. A medida que han avanzado los avances… ¡sorpresa! El Space Jockey hace su aparición. En un rol prominente. El sueño húmedo de los geeks al descubierto: ¿al fin conoceremos el origen del misterioso Space Jockey? TOTAL NERD BLISS.

El bello nombre de la astronave Nostromo proviene de una novela del siglo XIX del polaco Joseph Conrad, Nostromo, A Tale of the Seaboard. Un lindo homenaje a un escritor que amaba escribir historias del mar, de embarcaciones, de tripulaciones enfrentándose a lo desconocido.

Habemus Papam

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¡Qué terrible cosa ser elegido Papa! Cargar con tal responsabilidad a una edad tan grande. Según datos obtenidos en un libro de Dan Brown (y después revisado por mi… en un libro que seguramente es igual de especulativo, pero que tiene mejor reputación), en promedio, un Papa trabaja unas 18 horas al día, los siete días de la semana y muere de agotamiento a los 5 años. Cuando eres Papa, eres el representante de miles de millones de católicos (perdónenme, pero desconozco la cifra exacta) ante Dios, su mediador elegido para velar por sus necesidades ante el Creador. Y, claro, también tienes que atender un montón de asuntos más mundanos, como política exterior, hacer frente a escándalos, embarcarte en viajes apostólicos a distintas partes del mundo, cuidar la economía de la Iglesia y un sinfín de cosas más. Estar en la cima de una de las organizaciones más antiguas y enmarañadas del mundo como lo es la Iglesia católica, con tantas fallas, con tanto por hacer, tanto que corregir, tanto que continuar, tanto que acallar… solo eso debe volver loco a cualquiera; ya no digamos lo demás. Tantas presiones, tanta atención, tanta responsabilidad, tanto terrenal como divina. ¡Tantas cosas! Siempre me he preguntado si un joven sacerdote, al momento de ser ordenado, se pone a sí mismo como meta llegar a ocupar la Silla de San Pedro. En realidad sonaría natural: todos nosotros queremos llegar a lo más alto en nuestro trabajo y claro que el papado debe ser la cima de toda carrera sacerdotal. Pero tener tal carga sobre los hombros, soportar el peso de tal cruz… ¿es deseable? Claro que para ciertas personas, supongo, si lo es.  Para progresar dentro de la estructura de la Iglesia (y espero que esto no se lo tomen a mal, simplemente es un hecho que menciono), uno debe tener tanta ambición como cualquier político que quiera escalar peldaños en su partido. La mayoría de los cardenales (de la Iglesia, no los de Arizona… aunque igual y aplica también para ellos), detrás de sus rostros apacibles y la paz espiritual que irradia su porte, también son maquiavélicos hombres que han sorteado temporales y superado obstáculos para llegar hasta donde están, lo cual no es necesariamente malo. Ellos se dan una idea de lo que es ser Papa, mucho mejor de la que nosotros jamás tendremos, y supongo que es válido decir que para ellos no sería una cosa tan terrible el ser elegido Papa. Sin embargo, Habemus Papam, la película italiana de Nanni Moretti que nos ocupa en esta ocasión, nos habla de un hombre que nunca quiso tal responsabilidad y que ahora la tiene… por voluntad divina.

La película inicia con el funeral de un Pontífice (no nos dicen cuál, pero nos damos una idea), tras lo cual vemos el principio del rito de elección más secreto y antiguo del mundo occidental: el Cónclave (¡A la BatiWikipedia, Robin!). Tal rito, realizado en las profundidades de una capilla Sixtina cerrada a cal y canto, completamente aislada del mundo exterior, tiene como propósito que los cardenales venidos de todo el mundo puedan elegir un sucesor por voluntad divina (por eso el encierro). La película nos pone en la cámara de un reportero, el cual nos muestra el rostro de los cardenales conforme caminan en procesión hacia su lugar de reclusión. Son rostros viejos, sabios, de todos los colores y razas del mundo (o al menos de casi todos), pero también rostros un poco angustiados. Y es que aunque muchos hayan soñado con ser algún día Vicarios de Cristo en la tierra, bueh, tener la posibilidad tan cerca es otra cosa completamente diferente. El director nos hace escuchar sus pensamientos y todos claman un mantra desesperado: “¡Yo no, Señor! ¡Por favor no! ¡No soy digno!”.

Claro que, como todo, aquí también hay favoritos. El reportero nos los nombra y después, cuando somos testigos de las votaciones, los nombres de los favoritos se repiten constantemente. Pero ninguno alcanza la mayoría requerida. Algo de lo más representativo del Cónclave es la manera en la que se comunican sus deliberaciones al mundo exterior: mediante el color del humo que es expulsado por la chimenea colocada en el techo de la capilla. Humo negro indica una votación fallida. Humo blanco indica que se ha llegado a una decisión.

Sin embargo, la decisión no llega en el Cónclave hasta que, en una votación crucial, como producto de alguna alquimia sagrada, parece que los cardenales se inclinan por el mismo hombre.  “¡Melville!... ¡Melville!... ¡Melville!” se escucha mientras se llega a un consenso y la cámara nos muestra a un anciano asustado que casi parece encogerse dentro de sus vestiduras a cada mención de su nombre.

El cardenal Melville es interpretado por Michel Piccoli, de 86 años, ganador del premio al mejor actor en el festival de Cannes de 1980 y un favorito de ese gran cineasta ateo llamado Luis Buñuel, con quién realizó 7 películas, entre ellas La Vía Láctea, en la que interpretó al Marqués de Sade. Eso por sí solo bastaría para una carrera, pero el maese Piccoli a trabajo además en más de 200 películas, virtualmente estando bajo el mando de cada director notable. Y, sin embargo, él mismo ha reconocido a este papel como uno de sus más entrañables, al que se ha entregado con más amor.

De vuelta a la película, nos resulta claro que Melville es una elección de compromiso: un hombre viejo, muy querido, que se supone capaz, pero que también es posible que tenga un reinado breve, de algunos años solamente, pero los suficientes para organizar a la Iglesia después de un pontificado largo, como el que se presume tuvo su antecesor. Entonces los Guardias Suizos toman posiciones en un balcón con vista a la Plaza de San Pedro (el balcón de la oficina del Papa, desde el cual le habla al mundo y lo bendice cada día), mientras un portavoz del vaticano y un cardenal aparecen y le anuncian al mundo la buena nueva: Habemus Papam! ¡Tenemos Papa! Y entonces, antes de que se anuncie el nombre del nuevo pontífice, un grito sobrenatural (sin duda el sonido más autentico de terror) nos estremece hasta la médula. Y el anuncio llega a su fin. Todos los ojos están ahora puestos en Melville (ahora conocido como Su Santidad), quién luce acobardado en su silla, con la cara hundida en las manos. La imagen de la desesperación vestida de blanco.

Simplemente no puede hacerlo. Pide ser perdonado y excusado de su servicio, pero eso es imposible.  La voluntad de Dios se ha manifestado a través de los cardenales y ellos no tienen la menor intención de hacer caso omiso. Instando a los funcionarios del vaticano, Su Santidad consigue un poco más de tiempo, un poco de descanso. Incluso se dispone todo para que se reúna con el mejor psicoanalista de Italia (interpretado por Moretti, el director), aunque ellos no son los más grandes entusiastas del psicoanálisis. Ni los más creyentes. Todo esto resulta en una escena comiquísima, pero la confusión sigue, así como la incapacidad para cumplir con el deber. Luego, Su Santidad se las arregla para salir de la Ciudad del Vaticano y escaparse a las calles de Roma. Dado que su elección no se ha hecho pública, es solo otro anciano caminando por la Ciudad Eterna.

He aquí los elementos de la comedia, pero no es de bajo perfil ni de mal gusto; se trata aquí de una película que es respetuosa de la Iglesia católica y en donde no se lanzan golpes bajos al papado (alguien del Vaticano por ahí dice una grosería por teléfono, pero eso pasa, supongo). Mientras, el Papa vaga de forma anónima por las calles, conociendo a todo tipo de gente, disfrutando de simples placeres cotidianos que no ha experimentado en años. Siendo un hombre joven, había soñado ser actor y he aquí que en este momento se encuentra con una compañía de teatro que le ofrece su amistad. La vida es así, a veces.

Piccoli aporta calor humano a las escenas. La película intercala sus aventuras con lo que acontece dentro del Vaticano. Y es que debido a que se considera el anuncio del nuevo pontífice como el término oficial de Cónclave, se establece que el aislamiento de los cardenales continúe hasta que la crisis se resuelva. A ellos se une el psicoanalista, quién tampoco puede salir y quién resulta ser el catalizador y animador de los juegos de cartas e incluso organiza un torneo mundial de voleibol. Hay argumentos a través del establecimiento de las canchas, de las reglas, del formato y la composición de los equipos y de los grupos donde irán. Y resulta claro que los cardenales no se han divertido así desde hace mucho tiempo. Moretti (quién, por cierto, ha jugado polo acuático de manera profesional, representando a su país y todo) es un director muy apreciado, cuyas películas suelen ser calurosamente humanistas.

Habemus Papam es una cinta con un gran corazón. Gran parte de eso proviene de Piccoli, quién a sus 86 años nos demuestra que está lejos de ser caduco y que bien puede engañar al equipo de seguridad del Vaticano durante su escape. Y lo creemos. Toma su papel con una seriedad absoluta, dando la debida importancia a las responsabilidades aterradoras que esta por asumir. Una gran parte de la trama se compone de la tradición del Vaticano y de la política, pero esta no es una película cínica. Todo lo contrario. Dios ha hablado y está en el Vaticano hacer lo mejor que pueda. Como antes. Como siempre.


Noche azul... Y Lampard rifa

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Como la gran mayoría de ustedes saben, mi equipo de futbol favorito de esta galaxia y sus alrededores es el Manchester United (aunque del cómo me convertí en un red devil de por vida es mejor hablar en otro post). Debido a mi amor por los diablos rojos (los de a de veras), es que he seguido con más atención la Premier League británica que, por ejemplo, la Serie A italiana o la propia LFP española, lo que me ha permitido apreciar muchos juegos del Chelsea, el equipo que nos ocupa este día. El equipo que me alegro el día.

Gracias a mi afición por la Premier, desde hace mucho me he inclinado por los equipos ingleses en las competiciones europeas, lo que me ha hecho gozar más las victorias de estos últimos, como aquella épica coronación del Liverpool en contra del Milán de Kaká (quizá el mejor partido de futbol que he visto en mi vida). Y también, claro, sufrí como propias las derrotas del Arsenal, un equipo con un juego grandioso, pero que siempre ha tenido muy mala suerte. Por lo cual, se puede adivinar que la victoria del Chelsea sobre el Bayern Munich en la Final de la Champions League de este día tuvo ese sabor especial de todas las coronaciones inglesas. Pero además, aquí hay que agregar otro factor: la consagración de uno de mis jugadores favoritos de siempre. Y estoy hablando de Frank Lampard.

Lampard es de esos jugadores que nacen, si acaso, cada generación. Uno de los mediocampistas más aguerridos, pero a la vez más elegantes a la hora de jugar. Con un toque privilegiado, una técnica exquisita y una capacidad de liderazgo innata, el tipo estaba llamado a ser uno de los grandes ganadores del futbol actual. Sin embargo, tomó su decisión: se quedó en el Chelsea y ahí de ha mantenido, un tanto a la sombra del panorama mundial y hasta del panorama local: hay que recordar que el gran capitán del equipo es John Terry y la figura indiscutible es Didier Drogba. Sin embargo, Lampard es eterno. Siendo ya un veterano, su calidad no ha disminuido ni un ápice, así como su nivel de entrega para con el equipo de sus amores. Él podrá no ser la estrella, pero es el que más corre, es que más participa y el que más sobresale en los momentos difíciles. Estamos hablando de un tipo que sin tener los reflectores de un Xavi Hernández o la fama de un Ozil, se lleva a los 2 de calle y por mucho.

Frank Lampard es el integrante más talentoso de la llamada Generación de Oro inglesa, aunque nunca pudo ganar nada con su selección. Y esa maldición parecía acompañarlo en su club, donde parecía que nunca iba a dar el gran paso. Pero al final se hizo justicia y hoy levantó la Orejona. Y pocos lo han merecido tanto como él.

Pero el Chelsea no es un puñado de individualidades. Hoy nos dieron un ejemplo de un juego de conjunto casi perfecto… tanto que es difícil decidir quién fue el protagonista del encuentro. Lampard, como siempre, se mató en el terreno de juego. Ashley Cole estuvo impasable en la defensa.  Chec, el eterno guardamenta de indumentaria tan identificable, dio el partido de su vida, sobretodo en la ronda de penales. Y claro, Didier. Didie, a quién tanto le debía el futbol. Drogba es un crak en toda la extensión de la palabra, pero tenía el problema de que siempre fallaba en los momentos importantes. Recordemos aquella final de Champions del 2008, contra el ManU, cuando se fue expulsado de una manera casi infantil, estúpida. O la lesión que lo marginó del pasado Mundial. Sin embargó, Didie cobró lo que le debían el día de hoy. Fue gracias a su insistencia incisiva y siempre peligrosa que el Bayern no se agregó nunca alegremente al ataque. Fue un gol suyo el que revivió al equipo a 4 minutos del final, cuando estaban más que muertos. Y fueron sus pies los que anotaron el penal definitivo. Didier hoy vivió una noche mágica de redención al estilo Ronaldo en el 2002. Y eso también me alegró.

Y claro, hay que decir que quizá más allá de los jugadores, quién disfrutó más de este titulo fue aquél tipo impecablemente vestido a quién Didie le pasó la Copa en el paroxismo de la celebración. Ese es Roman Abramóvich, un multimillonario ruso que un buen día, por allá del 2003, decidió comprar un equipo de futbol solamente porque le encantó su estadio. A partir de que llegó al Chelsea, Abramóvich ha convertido al humilde equipo londinense con una historia más que nada perdedora en un protagonista de la Premier y un contendiente serio en Europa. Y todo esto lo ha logrado poniendo mucho, pero mucho dinero en el equipo (¡saludos a Jorge Vergara!). Y con esto, Abramóvich no solo ha creado a un gigante europeo prácticamente de la nada, sino que también ha cambiado para siempre el concepto en el que se comercializa el futbol moderno. Las contrataciones millonarias, los estadios de primer mundo, los derechos de transmisión de las Ligas, el impacto global de la Champions, el pagar cifras escandalosas por poner una marca en la playera de un equipo… bueh, todo eso comenzó en Stanford Bridge. Y ya dio resultado. El sueño de Abramóvich era ganar la Champions y ya lo logró. Y solo él nos puede decir si pagar 500 millones de euros es poco por cumplir un sueño. Déjenme preguntárselo cuando lo vea.

Hoy el día fue azul. Y la noche pinta bien. Albricias por el Chelsea.

The Chain, by Fleetwood Mac

(download)

Solo Fleetwood Mac. Solo Rumors. Y muchos recuerdos.

Que tengan un buen fin de semana.   

 

Listen to the wind blow, watch the sun rise

Run in the shadows
Damn your love, damn your lies

And if you don't love me now
You will never love me again
I can still hear you saying you would never break the chain
And if you don't love me now
You will never love me again
I can still hear you saying you would never break the chain

Listen to the wind blow, down comes the night

Run in the shadows
Damn your love, damn your lies

Break the silence
Damn the dark, damn the light

And if you don't love me now
You will never love me again
I can still hear you saying you would never break the chain
And if you don't love me now
You will never love me again
I can still hear you saying you would never break the chain
And if you don't love me now
You will never love me again
I can still hear you saying you would never break the chain

Chain...keeps us together
(run into the shadows)
Chain...keeps us together
(run into the shadows)
Chain...keeps us together
(run into the shadows)