Venus, 2012
Marty se va de fin de semana al lago con su novia cumshotera. Ese es más o menos el final de una de las películas esenciales de los ochenta. Y si saben de mi inclinación nerdácea, podrán imaginarse que Volver al futuro fue importante. Corte a: la camioneta Toyota de la foto. El tumbaburros. Los faros de halógeno. El pulido encerado de Biff. Dicho irresponsablemente, McFly vuelve al futuro no por las mamonas ideas cuánticas del Doc Brown, ajá, el continuo espacio-tiempo le vale madres, lo que él quiere es regresar para tener una oportunidad con la jeva durante un fin de semana en el lago. En esa camioneta. En esa hermosa 4×4 Xtra Cab Truck. A mí no me interesa el DeLorean, y lo digo en serio. Creo que porque una máquina en el tiempo en realidad no es una opción viable para moverse en lo cotidiano. Aunque sea un auto tan hermoso como un DeLorean. Tiene el mismo valor práctico que la Millennium Falcon. Y con la troca Toyota de McFly no sucede eso. Es un sueño para él, sin duda, pero es algo que se puede alcanzar trabajando y ahorrando, ya saben, el good ol’ combo que nuestros padres nos enseñaron. Te quieres ver con esa troca y con esa jeva a bordo. Yo tenía 10 años cuando vi por primera vez Volver al futuro y creo que desde entonces me traumó el caso de la pick-up Toyota de McFly. Con el tiempo tuve una linda troca S-10 con cabina extendida, mi vehículo durante buena parte de la universidad. No fue la Toyota de McFly pero no me quejo. Y mi chica no fue ella, pero tampoco me quejo. La vida ha sido generosa. Ahora bien, me conformaría con una camioneta Toyota aunque fuera usada. Y si no fuera negra, la pintaría de negro. Y si no tuviera tumbaburros, le pondría un tumbaburros, nada escandaloso, algo relativamente discreto, si es que tal cosa aplica para un tumbaburros. Es más: si no fuera una pick-up Toyota y solo una camioneta Toyota de esas que usan las señoras (o un Corolla, para el caso), pero me garantizara la confiabilidad y la ingeniería que uno espera de los motores japoneses, me conformaría. Porque no todos tenemos la suerte de McFly. Y por lo mismo, quizá sea más sabio apreciar lo que viene, sea lluvia, sol, nieve, lodazal, nubarrones, ventisca o el fenómeno meteorológico de El Nino. Es bonito soñar que tendrás una 4×4 Xtra Cab Truck con Claudia Wells adentro, pero es más bonito estar aquí. Creo que por eso me gusta tanto aquella frase de Babe: “That’ll do pig, that’ll do”. Así la vida sabe mejor.
:)
Pues sí, hoy inicia otro mes. Viernes de quincena y como ya es costumbre aquí en su blog favorito, Viernes de Audio. Este mes iniciamos un nuevo bloque al que hemos titulado: “Instrumental” (bien original; como siempre, mi lic). Durante todo junio pasaremos piezas instrumentales, compuestas para películas, y comenzamos este mes con esta joyita rescatada por el maese Tarantino. Una pieza digna de ser escuchada por una carita cumshotera en un café francés de los 40, mientras lee y fuma y bebe café a sorbos. Espero que les agrade. Y si no les gusta… bueh, creo que tienen un problema.
Buen fin de semana.
Cuando regresas de comer y te agarra un sueño del caraxo, cuando son las diez de la mañana y ya llevas cinco cigarros, cuando estás sobando las nalgas equivocadas… o lamiendo los huevos indicados, cuando hablas de tu segunda esposa como el tema más común del mundo, cuando los videos de trannies te parecen kinkys, cuando ya no tienes ganas de mentarle la madre al taxista que se te acaba de cerrar, cuando sabes preparar leche de fórmula, cuando pides facturas con el IVA desglosado, cuando no recuerdas a qué se dedicaba Bib Fortuna, cuando encuentras frases sobadas cada dos segundos en todos lados, cuando eres tú el que dices las frases sobadas, cuando lo que dice el resto del mundo parece una prolongada voz en off, di lo que dijo Bob Dylan en la canción que compuso para Wonder Boys: “I used to care/ things have changed”.
A fines de los noventa, Barry Sonnenfeld retomó el cómic semi-underground The Men in Black y lo convirtió en un smash hit hollywoodense. No precisamente la mejor o más dura de las ciencias ficciones, MiB tenía buen humor, buenos efectos visuales, buen cotorreo veraniego, y una improbable química entre los dos personajes principales, el agente K (Tommy Lee Jones) y el agente J (Will Smith). En el subtexto, MiB sugería que no todo en el mundo es como aparenta: estamos rodeados de conspiraciones, los extraterrestres caminan entre nosotros y los secretos del universo le han sido dados a apenas unos cuantos. Ah: y Michael Jackson era extraterrestre.
El mood de MiB era perfecto para el ánimo milenarista del mundo. En 1997, año de su estreno, nos ocupaba pensar que no solo el mundo estaba a punto de acabarse, sino que la realidad no era lo que nos imaginábamos. O simplemente que la realidad termina siendo más extraña de lo que pensábamos. MiB explotó esas ideas con una comedia ligera de perros parlanchines y alienígenas insectoides (el maravilloso villano de la primera parte, Vicent D’Onofrio). El famoso parque de la Feria Mundial de Nueva York ocultaba una nave espacial.
MiB II apestó en grande. Así es que me la voy a saltar.
Mis expectativas con MiB3 eran bajas. Bajísimas. ¿Para qué volver a una serie cuya primera parte fue hace 15 años, con un mediocre episodio intermedio y un Tommy Lee Jones en proceso de momificación? Con sorpresa, miré cómo el villano fue introducido con elegancia a pesar de ser grotesco y estereotipado, sus motivos sin revelar pero, bueh, su proceder clarísimo y predecible (caer en la Tierra a armar algún tipo de alboroto, seguramente una catástrofe de proporciones planetarias). Este villano (Boris el Animal), que almacena un bicho letal en su mano, anda en moto y al parecer posee superfuerza –y la falta de oxígeno se la pela durísimo–, mantiene la tensión de una manera agradable. Es un buen hijo de puta.
K y J, también para mi sorpresa, siguen manteniendo el mojo como clásica pareja dispareja, entre desaveniencias y discusiones pedorras y bizantinas. En cierto momento, Boris el Animal viaja en el tiempo al pasado para matar a K y desencadenar, duh, una catástrofe de proporciones planetarias.
El guardián del dispositivo y la técnica para viajar en el tiempo es un nerd de una tienda de electrónicos neoyorquina; el tipo es tan pero tan nerdáceo que resulta un evidente homenaje-sátira al fan de la ciencia ficción en general. Pero MiB 3 también se autoparodia (conté dos referencias a Frank el Pug, por ejemplo), y sus realizadores al parecer le han escondido algunos easter eggs (me pareció escuchar el clásico sonido de la Millennium Falcon pujando sin querer arrancar de El Imperio contraataca). El viaje al pasado es el pretexto ideal para explotar la estética Mad Men y meternos de lleno a la atmósfera nostálgica de la carrera espacial, el Apollo XI, etc. Josh Brolin como el joven K es un win.
El final de MiB3 es muy cursi pero muy conmovedor. Gracias a que la cinta es bastante entretenida, y no deja de lado esos tradicionales rompecabezas que cuestionan nuestra idea de la realidad (en esta ocasión los enigmas vienen de la mano de un bizarro alienígena que puede ver diferentes planos temporales, o diferentes futuros probables con anticipación), ese final viene completamente al caso. Es un bonito cierre para una serie de películas que ya no da para más.
Ah: y Lady Gaga sí es extraterrestre. Aunque no hace grandes esfuerzos por encubrirlo ;)