Así se llama el texto corto que leyó Orhan Pamuk, escritor turco, el día que recibió el Nobel de Literatura, un 7 de diciembre de 2006. Con ese título tan evocador, “La maleta de mi padre” (que asocio inmediatamente con otra belleza, Song for My Father, del pianista de jazz Horace Silver), Pamuk hace una recapitulación personal de lo que mueve la maquinaria interna al escribir letras e historias con esas letras, y claro, de su padre –quien murió antes de que ganara el Nobel–. Mi padre me regaló la versión impresa cuando cambie de carrera. Él, que nunca había estado de acuerdo con mi decisión de abandonar Derecho, me regaló uno de los textos más hermosos sobre la profesión que había elegido. Y debo decir que fue muy provechosa su lectura. Esto es algo de lo que dice:
Un escritor es alguien que pasa años pacientemente tratando de descubrir el otro sujeto que vive adentro de él, y el mundo que lo hace ser quien es. Escribir es convertir la mirada interna en palabras, es estudiar ese mundo en el cual la persona permanece cuando se vuelve a sí misma, y lo hace con paciencia, obstinación y gozo. Cuando me siento en la mesa, por días, meses, años, lentamente añadiendo nuevas palabras a una página vacía, siento como si estuviera creando un nuevo mundo, como si me estuviera convirtiendo en esa otra persona adentro de mí, de la misma manera en que alguien podría construir un puente o un domo, piedra por piedra. Las piedras que usamos los escritores son las palabras. Cuando las sostenemos en las manos, sintiendo las formas en que cada una de ellas se conectan, mirándolas a veces de lejos, a veces acariciándolas con nuestros dedos y las puntas de nuestras plumas, moviéndolas de un lado a otro, año tras año, pacientemente y con esperanza, creamos nuevos mundos.
El secreto de un escritor no es su inspiración –porque nunca es claro de dónde viene– sino su testarudez, su paciencia. Aquel encantador dicho turco, ‘cavar un pozo con una aguja’, parece haber sido hecho con los escritores en mente.
Han pasado 5 años de que decidiera dedicarme a las letras como actividad profesional y me siento muy contento de haberlo hecho. He vivido ese tiempo en ese mundo y he sido esa otra persona que describe Pamuk. Hoy escribo como profesión y tengo un par de trabajos de ficción que esperan el visto bueno para ser publicados y que entregaré en unos meses. Por necio, paciente y testarudo. No podría ser más cierto: es el trabajo duro y constante lo que hace al escritor y a la obra literaria. El final, teclear la última palabra, contiene una satisfacción tan rara que nunca he podido describir. Como un orgullo y una liberación juntos.
Y hoy dedico este post a mi padre, sin el que nunca habría hecho nada y que siempre, para bien o para mal, siempre ha estado presente en mi vida. Y lo seguirá estando.
Hoy es el “Bloomsday”. 16 de junio: el día en el que transcurre la narración de Ulises, la gigantesca, homérica y pavorosa novela de James Joyce (en foto) que suma las 250 mil palabras de locura, vulgaridad, culteranismo y belleza. Los círculos literarios (y los fans) de Joyce llaman a este día Bloomsday, en honor a Leopold Bloom, el personaje central del libro que, por repetir lo que más se ha dicho, es una suerte de Odiseo irlandés que va y viene en un día completo del Dublín de principios del siglo XX.
Ya que me lo regaló una novia muy linda un primero de enero, y dado que Ulises tiene demasiadas páginas, tardé todo aquel año (2006) en leerlo: lo hice tirado en la cama, en un sillón de casa-de-Padre-y-Madre donde me ponía a leer, en cafes de distinta decoración y en el archivo fotográfico de cierta casa editorial en la que trabajé durante todo ese año. Durante las comidas y las tardes de hueva, me sentaba encima de una silla comodísima y proseguía con la lectura deUlises.
Vi pasar todas las estaciones durante ese año. Hay pasajes del libro que asocio con el frío, otros con el calor, otros con el otoño y la Navidad. Cuando lo acabé terminó el año. Empezó eñ 2007, dejé mi trabajo y al poco tiempo entré a la carrera que siempre quise estudiar. Todo cambió rápidamente.
No tengo otro libro que me haya regalado un recuerdo tan fuerte y tan vívido y tan emotivo como este. A pesar de ser un libro tan cabrón con el lector. Te pone una putiza. Te pone a dudar si el autor es un lunático o tú eres demasiado idiota como para entender lo que está tratando de decir. Al final no lo descifré; pero se quedó adentro de mí.
Y este es mi breve pero sentido festejo del Bloomsday desde un nublado México, DF.
Y bueno, ha sido una semana extraña, pero ya estamos otra vez en viernes. Viernes de Audio, como bien ustedes saben. Y todavía en el bloque “Instrumental”, que espero estén disfrutando tanto como yo. Esta vez elegí un clip que no fue creado expresamente para una película, pero que ha sido usado exitosamente en muchas de mis favoritas. Creo que no vale la pena mencionarlas. Si no la ubican... bueh, la palabra Manchester puede ayudarles. E igual no les haría mal apagar la compu y encender un libro, de vez en cuando.
Como sea, es viernes. Viernes de tarde lluviosa, de día nublado, de calor a ratos. Viernes de Euro y de una selección inglesa llena de yarbles. Y ya se acerca julio y todo lo que conlleva. Y estoy contento esta tarde, por extraño que parezca. Y me siento bien dejando que la lluvia me moje, viendo que el sol brilla por su ausencia (a ratos) y pensando en ella. Este día me permito un poco de idealización. Y se siente muuuuy bien.
Que tengan un gran fin de semana.
En muchos sentidos, E.T. The Extra-Terrestrial es una película perfecta. Es un filme de ciencia ficción con trazos de Peter Pan cuyo guión, dirección y actuaciones son impecables. El tratamiento del mundo adulto (durante gran parte de la película en tomas cerradas y con voz afuera de cámara, con excepción de la madre) versus el mundo de los niños es brillante. Simplemente, tomemos la licencia del director en el curioso detalle de que la madre de Elliot, Gerty y Michael nunca ve a E.T. (la subyacente idea peterpanesca es, culeramente, que los adultos no pueden ver lo que los niños ven), nunca hasta que un escuadrón biohazard toma su casa (en una escena muy atemorizante, sobre todo cuando la ves a los 9 años de edad, como yo). Están las escenas inmortales que se han convertido en cliché, la música sinfónica de John Williams y las referencias cruzadas. Y además es una película proxémica, que depende de movimientos, efectos sonoros, tomas oscuras para hablar con la audiencia. No podría ser un filme mudo, pero sí casi sin diálogos. Claro que tiene algunos one-liners clásicos. Corte a: mi sobrina, de dos años y medio se sintió completamente empática con E.T. cuando lo escuchó decir por primera vez “iii-tii-fon-joooom”. A pesar de la carraspera, es una fonética clara y directa. Pero de todo, hay una escena que siempre me ha impactado. Es una escena perfecta. Me refiero a aquella en que Elliot, medio borracho y ya casi crudo por la conexión “psíquica” con E.T., arma un desmadre en la clase de disección de las ranas. Toda la construcción, desde las chelas que toma el cuellolargo, hasta el detape de las ranas, es un tesoro cinematográfico. El momento climático es cuando E.T. mira en la tele la escena del beso de The Quiet Man, en la que John Wayne le para la trompa a Maureen O’Hara. Elliot hace lo mismo con la chica bonita del salón (la futura playmate noventera y chica Baywatch, Erika Eleniak). El instante toma la banda sonora de The Quiet Man, donde el sonido de un ventarrón es lo único audible. El beso en el salón de clases tiene un gag y un desenlace musical. Los niños dejan escapar a las ranas por la ventana. A Elliot se lo llevan regañado a la dirección, y la chica recién besada tuerce su pie coquetamente:
SHAPE \* MERGEFORMAT
Cada vez que veo esta escena se me hace un nudo en la garganta. Creo que Spielberg no ha la superado en 30 años. Ni lo hará, mi lic.
Sonrisa resplandeciente entre tanto espejismo.
Hoy fue un buen día. Espero que a ustedes les haya ido igual de bien en este caluroso inicio de semana. Por cierto, propongo a Schevchenko para presidente. El tipo es mi héroe.
Allá por el 2003 era un adolescente arruinado por el amor. Y vaya que cabe tanta esperanza en la desesperanza de un adolescente. Alcohol, poesía y blasfemia fueron tres hadas que se hicieron presentes para darme la palmada en el hombro. Una tarde particularmente desesperada se me ocurrió vender mi alma al Diablo. Encerrado en mi habitación me puse a gritar: “Si existes, ¡aparécete hijo de puta!”. No hubo respuesta salvo tres hadas perennes: alcohol, poesía y blasfemia.
(…)
Corte a: The Imaginarium of Doctor Parnassus o cómo vencer al tiempo con la chaqueta onírica. La película de Terry Gilliam tiene un mandamiento: “Imaginación, lo que me gusta sobre todo de ti es que no perdonas”. Su bofetada hace preguntarse ¿bajo qué circunstancias venderías tu alma al Diablo?
1 El alma por un trago de cerveza a las 15:30 horas un viernes después del trabajo.
Mi canción favorita del Zooropa de U2 se llama “The Wanderer”. Bono la escribió expresamente para Johnny Cash y, según la siempre confiable Wikipedia, se grabó en Dublín en febrero de 1993. Quizá su pasajes más bellos sea:
I went out walking Under an atomic sky Where the ground won’t turn And the rain it burns Like the tears when I say goodbye
Esta es la canción:
Para alguien como yo, que creció con la amenaza del mundo terminando en medio de un hongo atómico alzándose ominosamente en el horizonte (producto de los cómics y la tele, ya que no me tocó la Guerra fría, sic), la idea de Johnny Cash con esa voz grave caminando por las calles del mid-west americano, en un pueblucho abandonado, recordándonos el fin del mundo, era francamente decadente. Melancólica. El mismísimo fin del mundo. Xoder.
I went drifting Through the capitals of tin Where men can’t walk Or freely talk And sons turn their fathers in I stopped outside the church house Where the citizens like to sit They say they want the Kingdom But they don’t want God in it
Esta es la versión de U2 en vivo sin Johnny Cash para el tributo I Walk The Line: A Night For Johnny Cash. Joaquin Phoenix hizo la intro:
Yeah, I went with nothing But the thought you’ll be there too Looking for you Yeah, I went with nothing Nothing but the thought of you I went wandering
Será el fin del mundo, el cielo y la tierra y el agua estarán radiactivas, inyectadas de veneno. Pero nada debe doler tanto como pasar el fin del mundo solo. Extrañando a alguien. “Quizá morimos solo porque nadie quiere morirse con nosotros”, diría Octavio Paz.
El bloque conocido como "Instrumental" presenta este viernes una pieza que nacio cuando Todd Solondz le pidió a la banda indie favorita de Escocia que hiciera el soundtrack para su película Storytelling. Corría el año 2000 y, ¡oh, sorpresa!, el mundo no se había acabado y los suburbios gringos seguían siendo la cocina de la gran mentira americana. Pero entonces aún se valía: todavía no caían las Torres Gemelas, había una economía más o menos estable y un tal Gustavo Kuerten se coronaba en Roland Garros.
Un año después, cuando se estrenó la película, llegaron las Invasiones Bárbaras (así como el bicampeonato de Kuerten en el French Open). Pero los suburbios seguían siendo esos lugares raros, ambivalentes, tenebrosos, extraños, bellos y terribles. Todo a la vez. Solondz le pidió a la banda que el sonido que crearan debía ser el equivalente musical a una mujer lavando ropa. Y así suena la vida, a veces. Sobretodo en un viernes entre quincenas en el que Federer es eliminado del Abierto Francés. En fin.
Los suburbios son monótonos, además. Las cosas ahí suceden de manera natural, casi imperceptible. Las tragedias llegan como las puestas de sol, cuando las casas parecen arder en llamas. Así pasan. Así podemos enterarnos de desamores, embarazos, vergüenzas, venganzas, suicidios, adulterios, homicidios. Y vidas vacías. Los suburbios son los lugares donde pasan estas cosas, donde vemos a esta gente y convivimos con ellas. Y eso sucede, ya sea en Jersey, Glasgow o en aquella ciudad-dormitorio de la periferia del DF que fue sede del Mundial México 1986.
Que pasen un buen fin de semana.
Ayer, por la mañana, murió el gran Ray Bradbury a la prematura edad de 91 años. ¿Quién fue? Bueh, pues un escritor de ciencia-ficción que nada más es autor de al menos uno de los libros más bellos del mundo: Crónicas Marcianas, publicado en 1950. Yo lo leí en 2001 y, claro, me voló la tapa de los sesos. Me puso a soñar con los veranos del cohete y con matrimonios marcianos monótonos viviendo en casas de cristal y libros que cantan. Y, en cierta manera, los libros del maese Bradbury cantaban. Casi todos ellos contenían tal belleza que era casi imposible leerlos en silencio. Como dijo Borges: “Sus líneas tenían la potestad de recordarnos que fueron primero música y así deben verse y leerse”. Para muestra, aquí un fragmento:
“Los hombres de la Tierra llegaron a Marte. Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Dejaban mujeres odiosas, trabajos odiosos o ciudades odiosas; venían para encontrar algo, dejar algo o conseguir algo; para desenterrar algo, enterrar algo o abandonar algo. Venían con sueños ridículos o sueños nobles o sin sueños. El dedo del gobierno indicaba desde carteles de cuatro colores, en innumerables ciudades: HAY TRABAJO PARA USTED EN EL CIELO. ¡VISITE MARTE! Y los hombres se lanzaban al espacio. Al principio solo unos pocos, unas docenas, porque casi todos se sentían enfermos aun antes que el cohete dejara la Tierra. Enfermaban de soledad, porque cuando uno ve que su casa se reduce al tamaño de un puño, de una nuez, de una cabeza de alfiler, y luego desaparece detrás de una estela de fuego, uno siente que no ha nacido nunca, que no hay ciudades, que no está en ninguna parte.” Crónicas Marcianas, 1950.
Descase en paz, maestro, ya que nunca será olvidado.
Y bueno, mañana inicia el torneo anteriormente conocido como Mundial sin Pobres, pero ahora llamado simplemente Eurocopa. Hay quienes opinan que la Euro tiene un nivel más alto que los Mundiales, ya que solo participan 16 equipos, todos de probada calidad. Pero bueh, eso no significa que no haya partidos malos. Ni le quita el que sea un torneo menos mediático que el Mundial, quizá por ser local, quizá por considerarse más esnob. Digo, no es lo mismo que unos compadres mexicanos armen su desmadrito en alguna calle de Ciudad del Cabo, como ocurrió en el Mundial pasado; a la fiesta que unos alemanes puedan organizar en el centro de Cracovia. Por lo tanto, mañana no habrá tanto ausentismo laboral, no pondrán megapantalla en el Zócalo ni pasarán la totalidad de los partidos en el metro ni tendremos muchos folclor. Pero si belleza. Ah, y también a algunos de los mejores futbolistas del planeta. Así que solo será algo bueno que ver en la tele, y eso ya es ganancia. Mis favoritos, como siempre, son los ingleses, aunque creo que los que tienen más posibilidades de ganar (en parte porque ya les toca), son los alemanes. Veremos que pasa.
Y bueno, una semana más esta a punto de terminar. Una semana marcada por eventos astronómicos, por marchas y más marchas, regreso a clases, prueba Enlace y campañas políticas más sucias que nunca. Y un tanto retro, también. Hablando de esto, creo que el PAN tiene el honor de haber creado el peor comercial político de la historia, al menos en México. Y esas son palabras mayores. Creo que tal distinción merece ser mencionada. Y ridiculizada, claro.
Hablando de videos (esta vez de los que valen la pena), ayer fue lanzado el tráiler del esperadísimo western de Quentin Tarantino llamado Django Unchained (recuerden: the “D” is silent). El hervidero de twitter (de carácter global) solo nos indica lo ya obvio: el nombre Tarantino, desde Kill Bill, ya es garantía para el gran público. El otrora héroe del cine indie ya es un Dios del box-office. Para muestra es que quizá más de la mitad del público que vaya a ver su épica del oeste este diciembre, nunca ha visto sus primeras películas y no tiene ni puta idea de quién es Django. Y eso es genial. Tarantino ya está en el recito que ocupan Woody Allen, Martin Scorsese y Steven Spielberg (y un poco también James Cameron), lo que indica que el tipo puede hacer una película sobre esquimales que se van de vacaciones a Acapulco y la gente la va a ir a ver. ¿Por qué? Porque sería una película de Quentin Tarantino. Esas son las Grandes Ligas, mi lic.
Yo claro que estoy babeando por la puta película (soy bien predecible, ya saben). Es una de mis razones por las que no me gustaría que el mundo se acabará en la fecha que los mayas dijeron, ya que seguro llegará a México en el primer trimestre del 2013. No puedo esperar.

Ah, en un comentario casi off-topic (pero no tanto), acabo de terminar la segunda temporada de The Walking Dead. Wow, la verdad es que les salió mejor de lo que esperaba. No solo es una gran segunda parte, ya que continua muy bien con la temporada anterior y sirve de buena introducción de lo que se viene, sino que además la profundidad de la historia alcanza niveles de genialidad. Somos testigos del desarrollo de una relación amorosa entre sobrevivientes, y eso considerando que el Holocausto no es precisamente el lugar ideal para tal cosa. Claro, también hay sexo sin compromiso, pero eso no es tan interesante. Enamorarse de verdad cuando el mundo esta hecho mierda y no se ve un futuro posible… bueh, eso requiere yarbles. También hay muchos problemas morales, hay muchas decisiones difíciles, muchos “buenos” al final del día resultan no ser tan buenos y algunos “malos” resultan no serlo tanto (es un poco predecible, pero bien escrito, hasta eso). Surgen depredadores donde no se esperaría. Hay nuevas amenazas, además de los walkers (zombies, pues). Hay nuevos personajes, pero solo un par son importantes en la trama (eso sí, mucho). Hay muchas cosas repetitivas (en esta ocasión, la temporada se compone de 13 episodios, de 45 minutos cada uno, aprox.) y creo que a veces llega a estar sobredialogada, aunque la acción sigue siendo buena. Las muertes son más crudas (hay que ahorrar balas, así que hay que arreglárselas con cuchillos, palas, piedras y eso), pero no son ingeniosas para nada. Y hay menos. Ya saben, la serie en sí no es tan sorprendente ni nada del otro mundo, sobretodo si ustedes conocen de películas y libros de zombies, pero es entretenida. La fortaleza de la serie son los personajes y las historias de estos no dejan de ser interesantes. Jugar al héroe es peligroso, así como asumir responsabilidades innecesarias. Hay pocos momentos de humor, lo que la hace un tanto pesada, pero en contraste contiene al menos dos putazos dramáticos muy bien logrados. En realidad me gustó y creo que la tercera temporada puede ser, incluso, mejor. Y eso sería todo. No veo a la serie manteniendo un nivel decente más allá de eso. Así que esperemos que se acabe en la siguiente temporada. De lo contrario, solo será pan con lo mismo, lo cual sería triste.
Como sea, todavía hay cosas que valen la pena. Y ya está lloviendo afuera, aunque no muy fuerte, no hay viento y el clima es fresco, hasta eso. En resumen, una noche que se presume grandiosa.
Háganla posible.