Fourth Time Around, by Bob Dylan

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When she said,
"Don't waste your words, they're just lies,"
I cried she was deaf.
And she worked on my face until breaking my eyes,
Then said, "What else you got left?"
It was then that I got up to leave
But she said, "Don't forget,
Everybody must give something back
For something they get."

I stood there and hummed,
I tapped on her drum and asked her how come.
And she buttoned her boot,
And straightened her suit,
Then she said, "Don't get cute."
So I forced my hands in my pockets
And felt with my thumbs,
And gallantly handed her
My very last piece of gum.

She threw me outside,
I stood in the dirt where ev'ryone walked.
And after finding I'd
Forgotten my shirt,
I went back and knocked.
I waited in the hallway, she went to get it,
And I tried to make sense
Out of that picture of you in your wheelchair
That leaned up against . . .

Her Jamaican rum
And when she did come, I asked her for some.
She said, "No, dear."
I said, "Your words aren't clear,
You'd better spit out your gum."
She screamed till her face got so red,
Then she fell on the floor,
And I covered her up and then
Thought I'd go look through her drawer.

And when I was through,
I filled up my shoe, and brought it to you.
And you, you took me in,
You loved me then,
You never wasted time.
And I, I never took much,
I never asked for your crutch,
Now don't ask for mine.  

Las cosas

Buscando una tontería en mi casa, me encontré casualmente con libro que contiene un poema de Jorge Luis Borges que hace mucho no leía. Se llama Las cosas.

“El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.”

Sobre la lluvia

Scarlett

Las tardes de los últimos días han estado llenas de esa clase de lluvia que, dice Forrest Gump, es pesada y gorda. El sistema de drenaje siendo puesto a prueba por los nubarrones provenientes de… ejem, no sé donde. Es agua que viene del mar, nos dijeron en la escuela al explicarlos el ciclo del agua. Es extraño pensar de dónde viene la lluvia. Y también un poco inútil, lo cual hace inexplicable que sea tan apasionante. Bueno, no tan inexplicable.

Hay algo en la lluvia que nos recuerda el pasado, aunque no queramos. Quizá es un pasado inconsciente, creado a partir de imágenes del cinematógrafo. Viejas estaciones de trenes. Despedidas. O aquella escena en Four Weddings and A Funeral, donde la chica y el chico deciden no casarse. Ya saben quienes son los protagonistas, ¿no? Otra escena sustancial es aquella en la que Spidy salva a la chica en aquél callejón lleno de rufiancillos. La escena de la blusa mojada de Kirsten y del beso de nuestro amable vecino arácnido colgado de cabeza. Una escena que nos marcó en el 2002 y que ocasionó un dizque escándalo, ya saben por qué. O que me dicen de la escena de cantando bajo la lluvia en… Cantando Bajo la Lluvia. Una que todos conocemos, incluso los que no han visto la película. Una vez vi a una chica bailar bajo la lluvia… una escena que terminó con su cara estrellándose contra el pavimento. Si, no todos tenemos la gracia de Genne Kelly.

Supongo que hay más escenas, pero ocuparía mucho espacio enumerarlas todas. La lluvia tiene cierto encanto en el cine. Es como el auto lavado moral que muchos personajes esperan para redimirse, al final. Es como las lágrimas extralimitadas en la no tan dichosa escena del rompimiento o la despedida. Supongo que ustedes saben cómo es. La lluvia nos recuerda nuestro pasado, aunque no queramos. Muchos recuerdos están recubiertos con una cortina de agua, con lluvia, aunque cuando pasaron no estuviera lloviendo. La conversación sombría en la habitación de los padres, mientras nosotros escuchamos detrás de la puerta. En la tele se ve a Raúl Velasco. Afuera esta lloviendo.

La casa de padre y Madre tenía un techo de lámina de fibra de vidrio sobre el patio. La lluvia pesada y gorda de los últimos días sonaba como la caída de los sapos en Magnolia. Sonaba como los pianos en A Day in the Life. Un sonido que podría definir el fin del mundo. Es la lluvia que arruina las tardes nubladas y frescas y perfectas. Es la lluvia que trae el caos a la ciudad. El drenaje es puesto a prueba y casi siempre falla. El tráfico desquiciante, el Metro tardándose una hora en avanzar 12 estaciones, las fallas de energía eléctrica, las inundaciones en Ecatepec o algo. Siempre me he preguntado  cómo vive esa gente, sintiendo la angustia cuando las nubes se acumulan en el horizonte, como Sarah Connor al final de Terminator. ¿Por qué no se van? ¿Por qué siguen viviendo en un lugar en donde saben que sus cosas están destinadas a la destrucción, sus calles inevitablemente se convertirán en pantanos insalubres la tarde menos pensada? ¿Por qué quedarse? Bueh, supongo que hay un montón de razones, pero yo no las conozco. Espero que ellos sí.

La lluvia que se disfruta más es la que Forrest Gump define como la pequeña y molesta. La lluvia delgada, chiquita, que nuestras madres decían que mojaba más. La lluvia persistente, que en un techo de lámina de fibra de vidrio suena casi como un canto, un susurro de cosas buenas que han pasado o que están pasando. Es la clase de lluvia que ahuyenta a los compradores en los tianguis, a los paseantes en los parques. Lluvia espantapendejos, le llaman los comerciantes, ya que es casi una ley universal que se quitará pronto y que no será seguida por la otra, la torrencial y pesada. La lluvia pequeña y delgada es la lluvia que limpia los autos, las casas. La lluvia que hace relucir el pavimento, que invita a deslizarse por las resbalosas baldosas de la banqueta. La lluvia que invita dejarse empapar mientras caminamos a ninguna parte, con un libro en la mochila y los audífonos del iPod bien insertados en los oidos. Oyendo algo de The Zombies. O de algún soundtrack.

Esa lluvia es grandiosa, pero es arruinada por la visión de hombres con paraguas. Un hombre que se respete no debe usar paraguas. La visión de las jevas bajo el amparo de la umbrela es otra cosa. Es Scarlett Johansson en Lost in Translation. Es Catherine Deneuve en Los Paraguas de Cherburgo, la película más adorable sobre paraguas y lluvia y chicas francesas enamoradas de un ausente. Es una cinta cuyos diálogos son completamente cantados, que se volvió de culto, que ganó la Palma de Oro en Cannes y que es xodidamente melancólica. Ahí vemos las desventuras acaecidas a la dependiente de una tienda de paraguas y a su hermosa hija, durante la Francia de los 50, en un suburbio parisino. Después de ver dicha cinta, pensé que nunca había comprado un paraguas en mi vida. Es gracioso que podemos encontrar paraguas a la venta en los más diversos establecimientos. En una miscelánea perdida entre calles anónimas para los no residentes. En la dichosa tienda del mol que vende de todo. En un puesto ambulante afuera del metro, en el que también encontramos cancros sueltos, chicles y Doritos Nachos. Una tienda enteramente dedicada a vender paraguas… es una idea grandiosa lo pensamos bien. Aunque supongo que impráctica, pero es se compensa con el factor vintage de la mercancía en cuestión. Las tardes de la lluvia pequeña y delgada invitan a planear poner un local enteramente dedicado a vender paraguas, probablemente dentro de un aeropuerto. En donde trabaje una dependiente cumshotera y güerita y adorable y donde todo el día suenen, sin parar, el score de Los Paraguas de Cherburgo. Y seguramente la dependiente terminaría atendiendo a los clientes usando solamente versos en francés.

Ya saben, la lluvia nos hace pensar así.

Así las tardes últimamente en la ciudad. Me gusta pensar que, en algún lugar, alguna carita cumshotera observa la lluvia por la ventana, con una taza de café en las manos y la idea de un gran libro en la mente. Las tardes de lluvia torrencial tienen el don de inspirar. Inspirar un cuento corto, una postal, una llamada de disculpa. Las tardes de lluvia torrencial nos hacen sentir agradecidos de tener un techo sobre nosotros, un lugar al cual podemos llamar hogar, al cual podemos llegar a calentar nuestros huesos junto al fuego, junto a ella. Esas cosas en la que casi nunca pensamos, pero que están ahí. Las que nos hacen creer genuinamente que somos afortunados por estar acompañados.

Creo que aquí le paramos. Ya es tarde y se está nublando. Y seguro va a llover igual de fuerte que en los últimos días. Y en una de esas y se va la luz. Lo cual no esta nada bien. Lo peor que le puede pasar a alguien es que se le vaya la luz en su casa. En el trabajo es otra cosa. La lluvia vista desde el 12° piso de un edifico es algo que vale la pena ver. Aunque sea unos momentos, mientras nos preparamos un café.   

Where Do You Go To (My Lovely), by Peter Sarstedt

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Viernes de Audio y Lyrics...

Felíz fin de semana. :)

You talk like Marlene Dietrich
And you dance like Zizi Jeanmaire
Your clothes are all made by Balmain
And there’s diamonds and pearls in your hair, yes there are.

You live in a fancy apartment
Off the Boulevard of St. Michel
Where you keep your Rolling Stones records
And a friend of Sacha Distel, yes you do.

But where do you go to my lovely
When you're alone in your bed
Tell me the thoughts that surround you
I want to look inside your head, yes i do.

I've seen all your qualifications
You got from the Sorbonne
And the painting you stole from Picasso
Your loveliness goes on and on, yes it does.

When you go on your summer vacation
You go to Juan-les-Pines
With your carefully designed topless swimsuit
You get an even suntan, on your back and on your legs.

And when the snow falls you're found in St. Moritz
With the others of the jet-set
And you sip your Napoleon Brandy
But you never get your lips wet, no you don't.
[
But where do you go to my lovely
When you're alone in your bed
would you Tell me the thoughts that surround you
I want to look inside your head, yes I do.

Your name is heard in high places
You know the Aga Khan
He sent you a racehorse for Christmas
And you keep it just for fun, for a laugh ha-ha-ha

They say that when you get married
It'll be to a millionaire
But they don't realize where you came from
And I wonder if they really care, or give a damn

But where do you go to my lovely
When you're alone in your bed
Tell me the thoughts that surround you
I want to look inside your head, yes i do.

I remember the back streets of Naples
Two children begging in rags
Both touched with a burning ambition
To shake off their lowly brown tags, they try

So look into my face Marie-Claire
And remember just who you are
Then go and forget me forever
But I know you still bear
the scar, deep inside, yes you do

I know where you go to my lovely
When you're alone in your bed
I know the thoughts that surround you
`Cause I can look inside your head.

The Amazing Spider-Man

Amazing-spider-man

Viene un desplaye largo. Y hay spoilers. Advertidos están.

Ayer por la tarde vi The Amazing Spider-Man, en un miércoles de cine como Dios manda: en IMAX 3D, con palomitas y nachos y refresco y sin compañía. No puedo decir que la odie, porque no lo hice. No puedo decir que no es una buena película, porque lo es; al menos cumple con su objetivo y tiene bien claro lo que quiere lograr y lo hace. Y se ve increíble, pero eso ya lo diremos más adelante.

The Amazing Spider-Man es la película menos publicitada de araña, ever. Creo que debemos comenzar por eso. Y es que aunque hay comerciales en tele abierta y cable, aunque muchas marcas se casaron con la imagen (como Burger King) y aunque llevan buen box-office mundial, la verdad es que el fenómeno alrededor de esta película no es nada comparado al de la cinta del 2002. Y ya no digamos las subsecuentes secuelas. Esta película, de hecho, contaba con un arma de doble filo antes de arribar a taquilla: nadie esperaba nada de ella. Por muchas razones, quizá siendo la más poderosa que el recuerdo de las dos primeras y grandiosas cintas de Raimi todavía se sienten frescas en el imaginario o porque nadie creía en el nuevo director ni en los nuevos protagonistas. Como sea, nadie esperaba nada de la cinta. Yo no esperaba nada. De hecho, esperaba odiarlas. Y no lo hice, porque hace lo suficiente para no ser odiada, así como hace los méritos suficientes para que salgas del cine diciendo: “bueh… he visto cosas peores”. Lo cual es cierto. Creo que es muy fácil complacer a un público que, de hecho, no esperaba nada en un principio. Pero no me malentiendan. The Amazing Spider-Man puede ser muchas cosas, pero no es una película mediocre en su conjunto, aunque si tiene muchos errores. Aunque también muchas fortalezas.

Como sea, creo que por las cuestiones de hype y publicidad, es bastante injusto comparan a esta cinta con la del 2002. Solo recordemos que en aquél verano mundialista, la película de Sam Raimi era la joya del verano, la cinta más esperada del año, quizá. En aquél entonces los tipos de Columbia decidieron no estrenar la película en diciembre del 2001 (tal cual era el plan) para no competir contra dos mastodontes: Harry Potter y The Lord of the Rings. Entonces, dedicaron los siguientes meses a crear una anticipación y expectativa tales que les trajeron filas en los cines semanas antes de que la película llegara. Y no decepcionó. Y es que quizá si la vemos ahora, el Spidy del 2002 luce muy plasticoso y lo que quieran, pero de todas formas la historia sigue estando chingona y resulta ser una película sumamente entretenida. Además de que ahí ya tenemos metida la idealización. Y contra eso es difícil competir. Ahora bien, esta vez no había tanta expectativa, como repetimos, además de que la cinta está metida entre el shock post The Avengers y el hype por The Dark Knight Rises. Es difícil abrirse paso entre esos dos, pero la cinta lo está logrando: en 6 días recaudó la friolera de 340 millones de dólares. Kudos.

Y es que es ya el año 2012 y es que The Amazing Spider-Man tiene muy en claro el público al que quiere llegar. Las cintas de Raimi eran accesibles y amadas por todos los públicos: desde niños hasta fans hardcore. La nueva película cuenta con Marc Webb en la dirección, el tipo detrás de (500) Days of Summer, un tipo que sabe contar buenas historias románticas juveniles, que tiene un muy buen manejo de la estética y el lenguaje de esta clase de contenidos. En el 2012 ya no tenemos a una pelirroja tetona y aspirante a actriz y adorable como Mary Jane Watson en el papel de la heroína, sino que tenemos a una güerita cumshotera que es asistente de laboratorio y que prepara antídotos con la misma facilidad con la que ustedes y yo nos preparamos un Nescafé llamada Gwen Stacy. Las cosas han cambiado, claro. Aunque, claro, Peter sigue siendo un nerd, aunque ahora se le añade una nueva característica: el tipo es un llorón. ¿Es qué eso les gusta a las chicas ahora, los tipos que lloran? ¿En serio? Como sea, la génesis del héroe ya todos nos la sabemos de memoria, así que Webb no se detiene nada en eso. De hecho, parece que tiene prisa por llegar a los madrazos. Claro, la tía May es la tía May, el tío Ben sigue dando buenos consejos, una araña pica a nuestro amigo y lo hace ágil y fuerte y alguien por ahí mata al tío Ben. La película presenta todo esto tan rápido como lo estoy contado, pero no creo que eso sea nada malo. Webb sabe lo presente que sigue en el público la cinta pasada y presenta el proceso de adaptación y control de los poderes arácnidos de manera sumamente acelerada, pero agradable y divertida. Y aquí sí hay disparadores de telaraña, lo cual está bien, creo. Además, el plus en esta primera parte de la historia es la génesis y el desarrollo de la relación entre Parker y la güerita. Creo que esta es la mejor parte del guión. La química entre Andrew Garfield y Emma Stone funciona tan bien que a ratos la película se siente como una chick-flick en toda regla, con música indie de fondo y sonrisas y coqueteo y besos súper románticos. Recuerda más a un episodio de Gossip Girl que a uno de, ejem, la serie de Spider animada noventera. Pero no está mal. Este es el demográfico al que está destinada la cinta. Los protagonistas son la pareja juvenil del momento, tanto dentro como fuera del set (y esto es nuevo en la franquicia, al menos que yo sepa). Creo que habría que aprovechar el escenario y las portadas en teen Vogue y todo. Aunado a esto, las actuaciones de reparto son bastante buenas en general. Martin Sheen demuestra que nació para ser el tío Ben y Denis Leary lo hace estupendo como el capitán Stacy, padre de Gwen.

Otra cosa en la que la cinta destaca es, claro, en el departamento visual. Y es que ya es el 2012 y ahora sí, el araña se ve como siempre lo hemos imaginado. Las secuencias de acción está muy bien logradas, el movimiento de la cámara, el CGI es usado con sentido común y la fotografía es muy buena. Grandes texturas, hermosos colores. La cinta es un banquete para los ojos. Ese es otro win.  

Pero bueno, el gran pecado de la cinta es sin duda su villano. El Lagarto, a.k.a., la parte mutante del doctor Curt Connors, nunca llega a funcionar a la altura de su símil en el cómic y mucho menos a los grandes villanos de las películas de superhéroes (y es que hasta en los perros hay razas, mi lic). Un científico con acento europeo, que trabaja para el Carlos Slim de Nueva York, sin carisma, de pronto se transforma en un wey supermamado y escamoso y con cola. Un freak. Creo que hizo mucha falta el hocico para evocar al Lagarto. Y creo que hizo falta que los guionistas le pusieran  más ganitas a la maquinación del doc. Y es que ya estamos en el 2012 y la amenaza de convertir a todo NY en lagartija suena bien pendeja. Igual y funcionaria en una caricatura de domingo por la mañana que vemos mientras sufrimos lo peor de la cruda, pero está claro que no funciona aquí. Y eso hace que el araña que más o menos va despegando, se quede corto si lo medimos a un pésimo antagonista. Fail.

El araña, por otro lado, comienza su camino de superhéroe tratando de cazar al asesino de su tío, pero de pronto para. ¿Por qué? El araña es llamado un forajido, un vigilante y de pronto todos los policías de NY andan tras él y todos los individuos con un celular lo filman columpiándose. Pero nadie se da cuenta de que va, sin máscara, directamente al balcón de la hija del capitán de policía. Y sí, ya sé que es una película de superhéroes, pero no mamen. Y luego, la historia de los padres de Parker. Creo que no fue buena idea meterla, aunque por lo que vemos es la piedra angular de la nueva franquicia, pero que desde siempre ha sido un dolor de yarbles para la continuidad de cómic. Y que aquí nos deja en la misma, con más dudas que respuestas, pero no in the good way. Además, el score es horrible de verdad.

Pero más allá de eso, The Amazing Spider-Man logra ser una cinta entretenida, muy divertida y muy bien filmada, lo cual es meritorio y lo cual cumple con el objetivo. La taquilla es buena y las expectativas por la inevitable secuela (programada para 2014) son altas. Pero aún así, personalmente me quedo con el Spider-Man del 2002. No sé, quizá sea la idealización. Y es que aunque hayan pasado 10 años, el recuerdo es fresco y aquella película me emocionó de una manera totalmente diferente a esta, que simplemente no odié. Y ya no digamos lo que es esta cinta comparada con Spider-Man 2 del 2004, la mejor película de cómics jamás filmada, según mi humilde opinión. La cinta de Webb es mejor que la tercera parte, pero eso no es meritorio. Spider-Man 3 es una mierda, como todos ya sabemos.

Como sea, he visto cosas peores. Y creo que a sus novias les gustará. Y eso siempre es bueno.