Mia Farrow
Amo el futbol porque puede jugarse en cualquier tipo de clima: en la nieve, bajo la lluvia, en un lodazal, con el sol de las doce del día cayendo a plomo, con neblina, de noche, de día, a pesar de lo que digan los políticos y los terroristas, a pesar de la Bolsa y la película Black Sunday, a pesar de que la televisión privilegie el América vs Guadalajara, a pesar de los desastres naturales. Katrina inundó el Superdome de Louisiana pero los Santos no dejaron de jugar un solo partido en 2005. Los ataques del 9/11 recorrieron una semana el calendario, pero todos los equipos llevaron a cabo sus 16 partidos.
Amo el futbol por su simpleza castrense: por lo general gana el equipo que tiene mayor tiempo de posesión del ovoide. Poseer el ovoide es sinónimo de posesión del territorio. Por eso, suele suceder que gana aquel que domina el terreno, como en una guerra. Y digo suele suceder porque hay excepciones. A veces no gana “el equipo que comete menos errores”, ni las defensivas ganan todos los campeonatos. El pigskin, el balón (que no “la pelota”), es la posesión más preciada adentro del campo (que no “la cancha”), pero también hay que saber llevarla a las diagonales. Dicho en otros términos: no solo hay que gustarle a la morra, hay que ligársela y cogérsela bien, amigos. Y cuidarla y quererla, nadie quiere un fumble en su propia yarda 5. Amo el futbol por el touchdown. Amo al futbol por la vergüenza de propinar un safety: el safety vale poco (2 puntos), pero su costo se mide en moral. Y, oh sí, amo al futbol por el sack: madrear al quarterback atrás de la línea de golpeo es casi el único momento glamoroso de los defensivos, de esos tipejos feos y peleoneros que no suelen salir en los encabezados de los noticiosos deportivos pero que, mierda, cómo se divierten. Los quarterbacks podrán ser el alma de un partido, y de su escuadra, pero hay que aclarar algo: un quarterback sin un equipo detrás es un pelele talentoso con una diana dibujada en el pecho, y un quarterback que solo está ahí para sonreír en la foto es… un pelele talentoso con una diana dibujada en el pecho.
Amo el futbol. Y amo que haya regresado la NFL. Los domingos otra vez se llenan con partidos en estadios llenos. Los lunes, por la mañana, en revisar las secciones deportivas, y por las noches, en ver el MNF encervezado. Me encanta ser un bruto predecible. Amo a las porristas, los encabronamientos de los head coaches, los primero y gol en la yarda 1, las tackleadas con lesión, las recepciones a una sola mano, encabronarme por un castigo injusto, brincar cuando mi equipo hace algo bueno o la caga monumentalmente. Amo los partidos de mi equipo del alma desde 1996 –año en el que oficialmente empecé a ver transmisiones por la televisión, a la tierna edad de 8 años–, los Patriotas de Nueva Inglaterra. El futbol viene pegado con el otoño, con las últimas lluvias y el frío, con las fiestas de esta época del año, con el día de acción de gracias en el que tantas veces me fui de pinta de la escuela (y el año pasado, de la redacción), con los recuerdos de mi infancia. Luego de ver con tristeza la cobertura desmedida que le da la prensa nacional al panbol –como si fuera el único deporte que la gente le interese ver… y no me vengan con el argumento de “es lo que la mayoría prefiere”, no porque no sea cierto, sino porque prácticamente invalida a las demás opciones–, al fin ha vuelto la NFL, mi amor otoñal, la que nunca me ha dejado plantado, la que nunca me ha quedado mal…
Amo el futbol por el gol de campo de Adam Vinatieri con el que los Patriotas ganaron su primer Super Bowl contra los favoritos y virtualmente invencibles Rams, en aquel ya lejano 2002 de Winter Olympics. Amo que Vinatieri y los Pats hayan aplicado la misma dos temporadas después, ahora contra las panteras de Jack Delhomme. Amo el futbol por Tom Brady, Randy Moss, Lawrence Taylor, Walter Payton cruzando el campo como un ninja, Jack Lambert, Randy White, Matt Millen, John Riggins, Mike Singletary, Ray Lewis, ¡La bomba!, el Hail Mary y la Inmaculada Recepción, Daryl Johnston, Ed “Too Tall” Jones, Drew Bress tirándose 300 yardas por aire en un mal día, Marcus Allen haciendo una escapada mágica en el Super Bowl XVIII, Tebow pegándole a los Steelers, el Music City Miracle, Dwight Clark atrapando ese pase imposible encima de Everson Wall en 1981, Alvin Harper atrapando ese pase encima de Eric Davis en 1992, Eli Manning y sus Gigantes arruinando la temporada perfecta de los Pats en un juegazo, los Gigantes derrotando a los Bills, los Gigantes volviéndole a ganar a los Pats, Tom Brady levantando el Lombardi por tercera vez, John Elway levantando el Lombardi, Brett Favre levantando el Lombardi.
Amo el futbol porque el Super Bowl es un partido entre campeones, no una “final”.
El gran George Carlin alguna vez comparó el beisbol con el futbol. Esto es algo de lo que dijo:
Baseball is a nineteenth-century pastoral game.
Football is a twentieth-century technological struggle.
Baseball is played on a diamond, in a park. The baseball park!
Football is played on a gridiron, in a stadium, sometimes called Soldier Field or War Memorial Stadium.
Baseball begins in the spring, the season of new life.
Football begins in the fall, when everything’s dying.
Baseball is concerned with ups – who’s up?
Football is concerned with downs – what down is it?
Baseball has the sacrifice.
Football has hitting, clipping, spearing, piling on, personal fouls, late hitting and unnecessary roughness.
Y lo último resume la mística del futbol. Héroes y villanos. Dioses y payasos. El tercer down, caraxo. ¿Cuántos de nosotros no nos hemos sentido en medio de un tercer down crucial en nuestras vidas laborales, o en la escuela, o en una relación amorosa? O en una “cuarta y una”. Sabes que si avanzas esa yarda vas a meter el touchdown. Y si no la avanzas, vas a regresar a casa sin NADA. Esa es la mística por la cual Jack Youngblood de los Rams jugó con una pierna rota. Por qué Rocky Bleier de los Steelers regresó de Vietnam sin poder caminar y acabó ganando cuatro Super Bowls. Por qué Joe Namath un día le ganó el campeonato a un equipo de 13-1, y en cadena nacional. Todas esas historias son reales y se han pasteurizado en tarjetas de Hallmark y en los gritos ridículos de los comentaristas de la televisión. Pero son reales. Uno metaboliza como quiere esas historias. Amo el futbol porque me remite a tantos recuerdos personales. El costal donde guardaba mi utilería. El olor de los guantes Mizuno sudados. Y las muñequeras Saranac. Las tardes obsesionadas de Madden NFL en una casa de Ciudad Nezahualcóyotl. La emoción de mi primer PlayStation y el dineral que me costó este juego en la fayuca. El coraje que hizo mi padre cuando Leon Lett hizo su gran tontería en el juego de Acción de Gracias de 1993. La rolita ridícula de los Houston Oilers. Un calendario de los San Diego Chargers que tenía pegado en mi habitación hace muchos años –el equipo de mi hermano y la habitación que compartimos. Las fiestas descomunales que hacíamos en casa de algún dude para ver el Super Bowl con un par de docenas de borrachos. Los rants en Twitter, navegando entre comentarios villamelones y expertos.
Tengo algún tiempo en desacuerdo con cómo se han dado las cosas en la NFL. La agencia libre. Los excesos del sponsorship. El bajo nivel competitivo. Pero amo al futbol. Así es que esta bella época del año, el otoño, “cuando todo se está muriendo”, en realidad pienso que trae nueva vida. Es una renovación, la verdadera primavera. Y tiene un nombre.
Kickoff, le llaman.
¿Por qué esta triste Cristiano Ronaldo?
Desde el pasado fin de semana, la prensa deportiva ibérica y mundial ha tenido esta interrogante en sus primeras planas (o, al menos, en sus artículos principales). Y sí, es exagerado. Mucho. Dedicarle tanta tinta y tanto espacio a la tristeza de un solo ser humano, cuando hay tantos otros que sufren más que él y cuyas quejas son mucho más genuinas y de las que no nos enteramos. Pero bueno, dirán algunos, ellos no son famosos. Enciendan un fuego en el patio de sus casas y nadie les hará caso, salvo alguno que otro vecino metiche. Ahora que si encienden el mismo fuego dentro de la Capilla Sixtina… bueh, eso ya es otra cosa.
Aun así, la tristeza del 7 del Real Madrid da para mucho material. No dudo que haya personas genuinamente preocupadas por la infelicidad del jugador, que para ellos es casi un familiar. O al menos el responsable directo de muchas de sus alegrías dentro de un estadio o frente a un televisor. Y claro que hay más, mucha más gente que se burla indiscriminadamente de la depresión de la Barbie, como le llaman. Muchas veces aquella canción de La Banda Machos (ajá, la de La Niña Fresa) ha adornado las notas televisivas que hablan sobre el tema. Aquellas en las que vemos las imágenes de un Cristianos que no festeja sus goles, que camina hacia el centro del campo con una expresión de molestia, de desagrado, como si alguien cercano a él se acabara de tirara un gas particularmente apestoso. Y es que la noticia corrió como pólvora: Cristiano no es feliz. Cristiano se puede marchar. No dudo que más de un aficionado madridista haya perdido el sueño pensando en que CR7 los puede dejar. Otra vez, piensan, regresará la hegemonía del Barcelona. Otra vez la puta Era Blaugrana.
A mi, tengo que ser sincero, la idea me preocupa un poco.
Pero quizá la nota ha generado tanto escándalo y ha tenido tanta difusión por otra razón, quizá más más compleja y rocambolesca que nada, pero no por ello puede estar totalmente equivocada. ¿Por qué Cristiano Ronaldo es infeliz cuando lo tiene todo? O al menos, pensamos, tiene todo lo que la sociedad nos dice que nos hará felices. Nuestra cultura nos manda en post de ciertas cosas que, nos promete, nos darán felicidad. Y de esas Cristiano tiene en demasía: un cuerpo perfecto, popularidad, un trabajo fantástico, una novia joven y hermosa y rubia, fama y dinero suficiente para vivir con lujo unas 5 vidas. Y aun así no es feliz. ¿Es qué la sociedad nos ha mentido? Y sí es así, entonces, ¿cuál es el verdadero camino de la felicidad? No dudo que esta idea sea, hasta cierto punto, aterradora para mucha gente que pone su fe en el sistema. Y es que hay que ponerla en algo. La religión católica nos decía que el mundo es un valle de lágrimas, pero que si salimos de él con algo de dignidad, podemos llegar a un estado de felicidad perfecta… cuando estemos muertos. Es por eso que mucha gente dejó de lado a Jesucristo y adapto las reglas de la sociedad, las cuales nos hablan de una vida feliz mientras respiramos. Pero, no siempre. La cara de Cristiano es la de un hombre que lo tiene todo… y nada, como dicen en Iron Man.
Si Cristiano Ronaldo no es feliz, ¿quién puede serlo?
O igual, no sé, ¿por qué Cristiano no aparenta que es feliz, como, ejem, Tony Stark en Iron Man? Digo, el tipo no es el primer deportista profesional que no esta contento. Vaya, no es el único en circulación ahora, seguro. Después de que se destapó la bomba, los dirigentes del Barcelona se apresuraron a decirle a todo el mundo que los jugadores blaugranas sí son felices. Lo cual no es más que un eufemismo para aclarar que son lo bastante machines para guardarse las cosas que los molestan. Y es que ese es el punto para que la infelicidad de CR7 sea un toppic mundial: todo es un argot publicitario. Y es que, al parecer, la respuesta es más banal de lo que imaginamos, pero también es la primera que se nos viene a la mente cuando es cuchamos la pregunta: ¿por qué Cristiano esta triste? Porque quiere más.
He ahí el camino de la felicidad, señores.
Y es que Cristiano ya habló y aclaró que su tristeza no tiene nada que ver con el dinero, sino más bien es una cuestión de falta de cariño, reconocimiento y apoyo, cosas en las que creíamos también era millonario. Al parecer Cristiano esperaba recibir el premio que Andrés Iniesta recibió con toda justicia en esta semana (el de Mejor Jugador de Europa, por parte de la UEFA) y, al no tenerlo, se destapó todo: que si el club no le hace la debida promoción, que si sus compañeros no le son incondicionales… Y bla, bla, bla. La verdad es que no podemos decir si a Cristiano Ronaldo le falla la cabeza o le falta madurez, pero esta claro como el agua que sus asesores no sirven ni para ser destazados por narcos mexicanos. Quienes debían ser sus consejeros, actúan solamente como paleros, según parece solo en post de una comisión generosa en lugar de preocuparse por el bienestar de su cliente. La comparación con Lionel Messi no es periodística, es personal (y yo diría que hasta obsesiva). Cristiano y su entorno persiguen a Messi tan encarnizadamente, que han terminado por creer que la diferencia entre ambos, es una simple cuestión de marketing. Yo una vez leí que a Salieri, eminente compositor de la corte de Viena, le ocurría exactamente lo mismo cuando hablaban de Mozart.
No, esperen, creo que eso lo vi en una película.
Supongo que aquí cabría muy bien la pregunta: ¿usted es feliz, amable lector? Pero por suerte no soy tan predecible (a veces). En realidad, la felicidad es tan personal y conseguirla depende tanto de uno, que la pregunta es muchas veces tan idiota como aquella sobre cuál es nuestra película favorita. Cristiano, con sus caprichos y berrinches, parece habernos mostrado el camino de la felicidad: las cosas que no podemos comprar. Estar rodeados, no de hipócritas, sino de gente que nos quiere y que nos apoya incondicionalmente. Yo lo tengo. Y sí, quizá no me veo como Cristiano, no juego como él y no podría juntar el dinero que él tiene ni siquiera rencarnado 10 veces, pero creo que soy feliz, o intento serlo. O al menos, por el momento, no estoy deprimido. Lo cual no lo puede decir él, supongo. Recuerdo particularmente que aquel gol de campo del gane, obra de Vinatieri, en los últimos segundos del Super Bowl del 2002 contra los Rams me hizo muy feliz. Igual que aquella tarde, con aquella chica. Aquél abrazo, aquél beso, aquél simplemente estar juntos por el placer de estarlo. Ese cumpleaños que no se arruinó. Aquella navidad que no apestó tanto. Esos son los momentos que valen la pena, los que recordamos en nuestro lecho de muerte. Los que nos hace felices. Supongo que todos hemos aprendido a las malas lo que nos decían nuestros padres: aquello de que el dinero no trae la felicidad (aunque ayuda un chíngo, no podemos negarlo). Cristiano, al parecer, ya es parte del club.
Sí, es humano.
Pero también es futbolista profesional. Los futbolistas de hoy ocupan el lugar que antes tenían las estrellas de cine o los dioses del rock. La llegada de un equipo de elite a una ciudad no se diferencia mucho de lo que en su día fueron los arribos de The Beatles antes de un concierto: admiración, desmayos y un cordón de policías para protegerse del mundo real.
Lo demás viene de corrido.
Hay tanta gente que se cree más de lo que es sin que nadie se lo diga, que debe ser casi imposible no perder el norte cuando cada domingo te aclaman mil o cien mil personas. No es tan extraño por tanto, que Cristiano diga que esta triste. El chico es una flor de invernadero, y es fácil que confunda el viento con la infelicidad. Lo raro, lo verdaderamente extraordinario, es lo de Andrés Iniesta. Su posición, entre los mejores jugadores del mundo, le expone a los mismos peligros que otros compañeros de profesión. No es solo ser rico (que ya debe ser difícil), sino que lo tienes todo pagado. En esas condiciones, contener la vanidad debe ser más difícil que ganar el Balón de Oro. No hagamos, pues, leña con los caprichos de Cristiano, ya que quizá a nosotros nos bastara con una novia rusa para ir por la vida reventando espejos. Quedémonos con los tipos felices, con Iniesta, humilde hasta desarmar; o Cazorla, triunfador en la Premier y entusiasta vocacional. Alguien dijo por ahí que si amas la vida, ella te corresponderá, y para comprobar que la fórmula funciona solo tenemos que ver los Juegos Paralímpicos, repletos de gente que ama la vida.
Al margen de la competición, de la exigencia y el cansancio, son felices. O intenta serlo. Y de eso se trata.
Hoy inicia la Temporada de la NFL, por cierto. Eso me ha hecho muy feliz esta tarde.
El cine de Santo, el Enmascarado de Plata, es uno de los caprichos más extraños de la cultura pop. ¿Qué diablos le vieron las generaciones pasadas? ¿Qué diablos le vemos las actuales? Es difícil de responder. De las diecinueve películas que he visto del personaje (su extensa filmografía, si el IMdB no se equivoca, contempla 54 largometrajes), no puedo decir que una sola sea remotamente buena. Claro que la ‘calidad’ no es el fuerte del cine de René Cardona, Alfonso Corona Blake, Miguel Delgado y demás cineastas de clase B que filmaron al Santo. De hecho, elevarlo al pedestal de lo kitsch se ha vuelto una especie de lugar común y orgullo nacional. En los noventa (o quizá fue antes), comenzó a propagarse la noticia oscura de que “en Francia hay un culto alrededor del Santo”. El comentario lleva tirabuzón: por un lado, implica que los mexicanos no tenemos el suficiente criterio para apreciar las delicias kitsch del Santo, y por otro, que en el fondo así somos los mexicanos: como las langostas del sobadísimo chiste sobre nuestra idiosincracia.
Pero insisto: las películas no son buenas. Y además, son aburridísimas. Con su carcajada ocasional, pero son aburridas. Se necesita un estómago de acero para soportar 80 o 90 minutos de peleas repetitivas, tramas idiotas y actuaciones ridículas. Por suerte, existe el fast forward; nos evita la pena de ver que todos los chalanes de villanos pelean como luchadores (¿uh?) y que el Santo podrá darse de cates sin su elegantísimo pulóver de cuello de tortuga, pero que jamás se quitará los pantalones de vestir impecablemente planchados (y combinados con mocasín). ¿Cuál es el encanto? Ver murciélagos con cables y monstruos que caminan como Frankenstein con artritis es algo que Ed Wood Jr. ya había explorado una década antes que el cine del Santo. Ni siquiera la música a go-go produce gracia. En verdad, es algo que me elude. Así es que le pregunté a un amigo que sabe de cine:
YO: Oye, ¿qué opinas del Santo?
MI AMIGO: ¿Cómo? ¿De Santo, Santo? ¿O de Santo el que está ahorita?
YO: Santo, el Enmascarado de Plata. El Santo clásico.
MI AMIGO: Ah. Pues no sé. No soy fan.
YO: ¿No te parece que ya no hay figuras icónicas en México como él?
MI AMIGO: Sí, pero ahora ya no está cool.
YO: ¿Por?
MI AMIGO: La explotación de su imagen está culera.
YO: Es que se volvió Mexican Condechi. ¿Tú crees que es el superhéroe mexicano?
MI AMIGO: Sí. De hecho, era como el James Bond mexicano. Tenía su onda de galán trajeado.
YO: Jaja. Galán trajeado con cuello de tortuga y blazer.
MI AMIGO: Ajá. Pero el plus es que él era reaaaaal.
YO: Sí, hacía sus ondas en el cuadrilátero.
MI AMIGO: Exacto. Eso le daba realismo a su desmadre.
YO: Pero también es el rey del pulp-cheese-B movie mexicano.
MI AMIGO: Jaja, sí.
YO: Yo me cagaba de la risa con sus películas
MI AMIGO: Pero lo cagado es justo eso: su realidad como luchador. Me gusta Santo contra Las Mujeres Vampiro. Porque están bien badass.
YO: Odio que nadie haya actualizado ese estilo. ¿Te parecería estúpido que hoy hicieran una película del Santo con la estética Mauricio Garcés?
MI AMIGO: Pues depende. Podría ser como onda Grindhouse.
YO: Es que no entiendo por qué los gringos de inmediato pueden tomar un icono cultural o cierta estética, revolverla, replantearla y hacerla actual.
MI AMIGO: Creo que es porque tanto el público como los que están a cargo de eso entienden bien lo que quieren. Aquí hay que explicárselo a la gente. Y entonces caen en mil tropiezos idiotas. Además, son pocos los directores mexicanos que realmente han aprendido del cine mundial. Como Del Toro.
Para este post, y con el afán de refrescarme en el tema, me compré el DVD de Santo contra la hija de Frankenstein (1972). Durante mis épocas de primearia era fan de cacharlas en el canal 9 y sentarme a verlas completitas con una bolsa de Doritos nachos y un gran vaso de helada agua de limón. Tiene todos los ingredientes clásicos, pero ya maltrechos: las heroínas están pasaditas de peso y edad, las escenas gratuitas de lucha libre son soporíferas y la villana, la mentada hija de Frankenstein (¡!), está más acartonada que de costumbre. Se nota que ya habían pasado las épocas de gloria del encapuchado, como en la esencial Santo en el museo de cera (1963). Apagué el DVD y, en silencio, llegó la hora de las conclusiones: Sí, creo que la mamila estética de diseñador condesero no ha hecho más que revolcar motifs predecibles sesenteros, y no ha propuesto nada nuevo. Sí, creo que ha habido una sobreexplotación del personaje, pero no para bien. Sí, creo que la miniserie de Cartoon Network (2004) pasó sin pena ni gloria. Sí, creo que debería resucitar el cómic (que dejó de publicarse en 1987), pero con referentes actuales. Sí, creo que falta una colección seria en DVD con verdaderos documentales de fondo y extras valiosos. Sí, creo que hay algo de mágico en la máscara de luchador, y que a pesar de todo lo que he dicho en este post, el Santo logró romper esa fina barrera de lo olvidable y convertirse en un fenómeno pop, que puede ser reinterpretado ad infinitum y mezclar lo agrio con lo dulce, lo clásico con lo moderno. Sí: creo que el personaje de Rodolfo Guzmán Huerta, es un patrimonio nacional. Y que fue nuestro último héroe. Y que quisiera verlo de nuevo, en la ficción, pateando traseros. Revisado, revitalizado, reelaborado. Nos urge, nos urge tener un héroe.
Después de todo, ya estamos en septiembre, señores.
Hace algunos meses, en una peda glamorosa, un viejo pana me empezó a hablar de algo que él llamaba "el lado vulnerable de la cama". Cuando un hombre y una mujer, digamos, del tipo de hombre y mujer que están emparentados por el sexo o en su defecto por el amor, y pasan la noche (o varias noches) juntos, escoger el lado de la cama en el que se va a dormir, según él, no es cosa que deba dejarse a segundo término. El hombre (el macho), según él, debía acostarse en "el lado vulnerable de la cama", a saber, el que está junto a la puerta, y la mujer (la hembra), en el de la esquina cerca de una pared o ventana o whatever. Por si fuera poco, mi pana insistía en que era un tema que muchos de nosotros ni siquiera razonábamos y simplemente llevábamos a cabo. Creepy,
Al escucharlo defender vehementemente su creencia, me parecía más un asunto de obsesividad-ansiedad de su parte (como si al tipo lo aterrorizara que alguien fuera a entrar a llevarse a la jeva o algo). Sin embargo, no se detuvo en motivos personales sino en (beodos) argumentos de cortejo y apareamiento de las especies. Es decir, a pesar de que un hombre ha "llevado" a una mujer a la cama –con todo y lo esquemático y conservador que puede sonar ello–, desde su perspectiva el cortejo no ha terminado. El hombre debe demostrar que es capaz de darle soporte a la mujer: estabilidad financiera, capacidad de procrear y seguridad física (esencialmente lo que hace este dude con sus ocelos policromados). Así pues, acostarse del lado vulnerable de la cama es una manera de demostrar la cualidad defensora del macho. En aquel momento, me resultó interesante hacer un sondeo con amigos y comprobar que varios, sin tener la mínima puta idea de esto, sí ocupaban el lado vulnerable de la cama y le otorgaban a su pareja el lado "protegido" de la misma. Sé que suena riesgoso hablar de estas cosas en nuestra modernísima sociedad donde las mujeres, ejem, exigen igualdad de condiciones. Pero así fue nuestra conversación. Y que sirva de disclaimer: estábamos bien pedos.
Septiembre ya está aquí y con él llega el mejor invento en la historia de la humanidad, por mucho: el fútbol americano de la NFL. Y con él, llega el segundo mejor invento en la historia de la humanidad: el Fantasy Football.
Si necesitas que te explique lo que es el Fantasy Football, creo que este no es el blog para ti. Vete a leer a Martha Debayle o algo. Ah, pero si eres de los privilegiados que entienden el avasallador encanto de armar un equipo estratégicamente estructurado con jugadores de todas las escuadras disponibles en la NFL, sumar los puntos que anoten tus pupilos cada semana y con ello humillar a tu contrincante, sabes que pocos cosas son tan adictivas y tan satisfactorias.
Olvídense del “fútbol fantástico” que pretenden venderte con el panbol. El americano tiene todos los ingredientes necesarios para involucrarte de lleno: una gran variedad de estadísticas para sumar puntos, juegos suficientemente espaciados que permiten actuar con estrategia y cobertura adecuada en los medios para que puedas emocionarte hasta por un Jaguares – Bengalíes.
Ahora bien, gracias a Dios vivimos en una época moderna, y hoy las ligas en la red son el estándar, así que podemos darnos el lujo de organizarlas y participar en ellas sin mayores preocupaciones que las de ver a qué dueño nos empinamos con alguna transferencia de jugador leonina y ventajosa. “La sana competencia”, que le denominan…
Para facilitarles la vida a quienes vayan a participar de una de estas ligas, o para que se animen los que no lo hacen aún, aquí les ofrezco esta humilde guía para que no den demasiadas lástimas y disfruten al máximo la experiencia:
Familiarízate con el tipo de liga en la que vas a jugar. No todos los Fantasy Football (FF para ahorrar espacio) tienen los mismos sistemas de competencia. Hay ligas donde tu equipo alinea a dos QBs por semana. En otras los touchdowns por pase cuentan 4 puntos en vez de 6, con el fin de que los quarterbacks tengan un valor equitativo con los receptores y corredores. En otras más hay el sistema de keepers, donde el equipo que selecciones esta campaña te permitirá quedarte con un cierto número de jugadores en los años venideros (son las ligas donde llevan muchos años jugando juntos, y se conocen entre sí mejor que a sus esposas). El caso es que si no sabes de qué va tu liga, cuáles son sus reglas y minucias, corres el grave riesgo de ser chamaqueado.
Prepara tu draft. Hay dos grandes sistemas de selección de jugadores: rondas de ida y vuelta (snake draft) y subasta (auction draft). La primera depende de la suerte: se rifan los turnos para seleccionar, y al final de cada ronda se invierte el orden. Supuestamente es para hacerlo más parejo, pero significa que si te toca la primera selección en una liga de 12 equipos… te toca elegir de nuevo hasta la número 24. La liga de subasta es democracia pura: cada equipo tiene un presupuesto de $200, y tú haces la oferta que consideres apropiada para cada jugador. Ahí tú sabes si te chutas la mitad de tu lana en Adrian Peterson o Tom Brady y repartes el resto en jugadores baratos, o si repartes la lanita de manera equitativa entre las posiciones clave. Yo juego equipos en ambos tipos de liga, pues la verdad las dos tienen su chiste.
No te claves con tu equipo. En la vida real es muy bonito que seas leal a tus Raiders, Niners, Delfines, Vikingos y hasta a tus Vaqueros y Acereros. Digo, no todos pueden tener el lujo de ser fans de los Pats. PERO esta lealtad es veneno puro en el Fantasy Football. Retacas tu equipo con los jugadores que conoces y veneras porque visten tus colores, y entonces el mercenario dueño de tu equipo contrincante alinea a puro estrella cosechado entre lo mejorcito de toda la liga y te convierte en su perra. Apoya a tu equipo, sí… pero sé inteligente a la hora de seleccionar.
No te enamores de un jugador. En cada draft hay un puñado de súper estrellas que todo mundo mira codiciosamente. Y si por azares del destino te los ganan antes de que te toque seleccionarlos, o se te lesionan en la primera semana, piensas que ya valió madre y que mejor te hubieras metido a una liga de Fantasy Matatena o algo. Craso error. No hay nadie insustituible. Y todas las temporadas surgen un par de jugadores que, de la nada, se vuelven los factores decisivos para determinar quién se lleva el primer sitio. No creas que la falta de un Michael Vick en tu equipo te va a condenar al fracaso, los jugadores clave suelen aparecer a tu alcance cuando menos los esperas. Trata de darle una checadita rápida a la agencia libre (el Limbo donde habitan los jugadores que no fueron seleccionados en el draft) al menos una vez a la semana.
No te duermas con tu equipo. Los errores clásicos son confiar en que tienes un buen plantel y ya está. No hay cosa más insultante en el Fantasy Football que un dueño que deja abandonado a su equipo a las primeras de cambio: deja en activo a los jugadores que descansan o están lesionados, no pela a los coaches que le ofrecen intercambiar jugadores, dejan a todo mundo colgado a la hora del draft, etc. Tampoco es para que vivas 24/7 pegado a la compu, pero ten al menos la decencia de cambiar a tus jugadores a tiempo cada semana y de procurar ser competitivo. Recuerda que abandonar el barco a las primeras de cambio también le echa a perder la fiesta a los demás. Pinche desconsiderado.
No selecciones novatos en la primera ronda. Esto les puede sonar como una locura después de lo que hizo Cam Newton el año pasado, pero la verdad es que lo de Newton fue lo raro: eso casi nunca pasa. Vale madre si el novato a quien le traes ganas es la primera selección global: es mejor arriesgarte con un agente libre mediocrón que aventarte por el novatín que luce mucho en pretemporada, pero que te hace desperdiciar una selección clave que pudiste aprovechar en alguien de probado valor.
Haz tu tarea. Las ligas actuales te facilitan toda clase de información para mantener a tu equipo en buenas condiciones: reportes de lesiones diarios, cambios en las titularidades de los equipos, cifras y números al por mayor, etc. Si no te preocupas por darle una checadita ocasional a dicha información, básicamente te estás metiendo a la guerra sin fusil. El conocimiento es poder, como dijo… no sé, alguin. Búscalo en Google.
La burla y el bullying son básicos. Sí, son prácticas reprobables en todos los demás ámbitos, pero en el FF son de rigor para disfrutar plenamente la experiencia. Y no, nadie se ofende. Es una actividad lúdica, y como tal debes entenderla. Es tu regresión a la hora del recreo cuando hacías llorar al tetín que no se sabía los nombres de sus muñequitos de Star Wars, o el echarle montón al alfeñique que se pandeaba en cada pelotazo cuando jugabas ‘Quemados’. ¿Cuántas oportunidades te da la vida para ser niño otra vez? Aprovéchala.
El draft es sagrado. Es lo más divertido y tensional que puedes hacer en tu patética vida de asalariado. Bueno, en la de ustedes. Yo domo tigres para ganarme la vida. El caso es que el draft te hace pensar, te pone nervioso, te hace saltar de euforia cuando te llevas al jugador esperado. Ver cómo se conforma tu demoledora escuadra es genial, anticipar los cambios, mirar los corajes que hacen otros dueños cuando les ganas al prospecto al que le tenían echado el ojo. Y claro, hablar mierda de los demás es divertidísimo. No desperdicies esta experiencia.
No te claves. Esto contradice un poco los puntos anteriores, pero es una verdad muy simple: a final de cuentas es cosa de divertirse. He jugado con dueños que sufren como mártires cada derrota de su equipo. Y sí puede llegar a ser gacho, pero piensa que al menos te brinda la anécdota deseada. En este sentido soy un experto, pues tras jugar entre dos o tres ligas anuales del 2005 a la fecha he cultivado un palmarés tristísimo: solamente 3 victorias. Y 12 segundos lugares. Soy el Cruz Azul del FF. Pero no me deprimo, sigo armando mi equipo con la paciencia de un cazador, vivo mis drafts con un fervor religioso y celebro la perspectiva de patear traseros cada nueva semana. Así que ábrete una botella del tercer mejor invento de la humanidad (la cerveza), prende la tele, miéntale la madre a Garay y a los Von Rossum y disfruta tu humillación. Porque este es mi año. Lo sé.
Viernes de quincena, de tráfico desquiciante, de protestas, del estreno de la película de dicho presidente gringo en su faceta de cazador de vampiros… Y Viernes de Audio & Lyrics también, claro.
Esta vez presentamos una canción que no necesita presentación, la cual me ha acompañado en muchas madrugadas de domingos, con los últimos vestigios de fiestas que se van consumiendo tan tristemente como cabos de velas solitarias en bibliotecas de monasterios medievales. O algo así.
Como sea, es una gran canción.
Que tengan un excelente fin de semana.Sometimes I feel so happy
Sometimes I feel so sad
Sometimes I feel so happy
But mostly you just make me mad
Baby you just make me mad
Linger on, your pale blue eyes
Linger on, your pale blue eyes Thought of you as my mountain top
Thought of you as my peak
Thought of you as everything
I've had but couldn't keep
I've had but couldn't keep If I could make the world as pure and strange as what I see
I'd put you in the mirror I put in front of me
I'd put in front of me Skip a life completely, stuff it in a cup
She said money is like us in time
It lies but can't stand up
Down for you is up It was good what we did yesterday
And I'd do it once again
The fact that you are married
Only proves that you're my best friend
But it's truly, truly a sin
Linger on, your pale blue eyes