84rd Academy Awards
Era como un episodio de La Dimensión Desconocida: el premio Oscar a la mejor película del 2011 fue para The Artist, la película muda en blanco y negro que parecía por demás humilde frente a las grandes producciones contra las que competía, pero que terminó ganando porque… bueh, porque es una película condenadamente divertida e impecable (próximamente mi reseña). Su victoria parece ser la vuelta de Hollywood a homenajear su esencia, por lo cual también fue una noche de humillación para Martin Scorsese. Una más.
The Artist y Hugo fueron las grandes triunfadoras de la noche, pero El Artista ganó en las categorías principales de Mejor Película, Mejor Director (Michel Hazanavicius) y Mejor Actor. La Invención de Hugo Cabret, por su parte, arrasó en categorías técnicas –lo cual parece normal si consideramos que una de las más grandes fortalezas de la película es su tecnología en 3-D. Ambas películas evocan el pasado de Hollywood, la temática durante toda la noche de la premiación: la celebración por lo retro.
La mayor sorpresa de la noche la dio Meryl Streep al ganar su tercer Oscar por su impecable actuación como La Dama de Hierro (léase por favor con voz del Perro Bermúdez). Ella misma dijo que había escuchado a la mitad de Norteamérica diciendo: “¿¡Otra vez!?” Fue un premio merecido, claro, pero creo que la favorita de propios y extraños era Viola Davis por La Chacha (así le puso Artecinema, ¿no?). El franchute Jean Dujardin, ganador como mejor actor por The Artist, solo pudo decirle a los gringos: ¡”Me encanta su país!” Bien original el muchachote, ya ven. Como sea, agradeció la inspiración de la gran estrella del cine mudo Douglas Fairbanks, quién a la postre fue el host en la primera entrega de los Oscar.
Después de la caída de los últimos tiempos del rating de la ceremonia, en parte por host no muy afortunados, esta vez tuvimos una ceremonia bastante entretenida, una mejora sin reservas. Todo el espectáculo trataba de remontarnos a la época dorada de Hollywood, en un teatro vestido para parecer lo más cercano a un palacio del cine tradicional. El espectáculo en general tuvo un ritmo rápido (aunque la duración fue la tradicional), enriquecido por fragmentos de películas clásicas y adornado de más por capsulas en las que algunos actores hablaban de cómo el cine los había inspirado (lo cual no fue taaan inspirador. Para citar al maese Crystal: yo nunca he sentido eso viendo películas. Snif).
La presión estaba sobre el host de este año, Billy Crystal, quién le entro como bateador emergente, luego de la baja de Eddie Murphy. Y, como siempre, el tipo hizo un trabajo estupendo. Fue una conducción muy cagada, con un humor inteligente y con una improvisación envidiable. Al principio se aventó la puntada de improvisar un mini musical para cada una de las películas nominadas en la categoría grande (un pequeño gran giño que no decía por donde iban a estar los tiros). Después del letargo casi permanente en el que nos sumieron Anne Hathaway y James Franco el año pasado, el trabajo de Crystal fue como un balazo en la rodilla. Fue lo que es, el segundo mejor maestro de ceremonias de los Oscar (solo por detrás del legendario e insuperable Bob Hope), incluso llegando a superarse a sí mismo, año con año.
De vuelta a la premiación, el momento más emotivo de la noche fue el triunfo de Octavia Spencer como Mejor Actriz de Reparto por su personaje de La Chacha (¡qué así le pusieron!). Fue, sin duda, la mejor ovación de la noche. Y, claro, la señora Spencer dio un speach enternecedor, cortado solamente por su llanto incontrolable. Se ve que sí se emocionó. Por otro lado, el premio más pronosticado de la noche fue el Oscar como Mejor Actor de Reparto que se llevó en buen Christopher Plummer (nuestro Tolstoi favorito) por su trabajo en Beginners. Con sus 82 años cumplidos, se convirtió en el más estarrio ganador de la estatuilla, a la que le dijo en su discurso: “eres solo dos años mayor que yo, ¿dónde has e4stado toda mi vida?” Bueh, supongo que algunas cosas es mejor nunca saberlas. Como sea, el señor fue honrado con una ovación de pie, lo cual no es de extrañar; en la alfombra roja había bromeado con un reportero acerca de que si no recibía un aplauso de pie, lo exigiría. Es mejor así, supongo.
La querida Rango se llevó el Oscar por Mejor Película Animada; premio muy merecido para una gran cinta western dirigida por el responsable de la tres primeras entregas de Piratas del Caribe. El mejor documenta fue para Udefeated, la inspiradora historia de Bill Courtney, coach del equipo de americano de North Memphis, Tennessee. El tipo no es remunerado, solamente es un voluntario, quién no solamente se encarga de las cuestiones propias del deporte, sino que se preocupa por las vidas de sus alumnos fuera del emparrillado. Como se darán cuenta, no la he visto, pero le traigo ganas, eso que ni qué.
Woody El Maestro Allen ganó el Oscar por Mejor Guión Original gracias a su scrip de Midnight in Paris, su fantasía entretenida sobre un escritor mágicamente transportado al París de Hemingway, Fitzgerald y Dalí; que a la vez en su película más taquillera ever. El maese Allen ha sido nominado en 23 ocasiones al Oscar (en diferentes categorías), pero nunca va a la ceremonia. Esta vez no fue la excepción. Seguramente estaba tocando el clarinete en algún bar neoyorquino o viendo un partido (repetido) de los Knicks en casa. El tipo es mi héroe. El Oscar para Mejor Guión Adaptado fue para el crú de The Desendants, con Alexander Payne a la cabeza. No he visto la película, pero supongo que es, ya saben, buena.
La Mejor Canción Original fue para Bret McKenzie y su Man of Muppet de, ejem, la película de Los Muppets! Como sea, no es una de las mejores canciones de la historia ni mucho menos, pero por lo menos era mejor que su única competencia, la canción principal de Rio. Si, Rio, la película animada del año pasado. Sí, yo tampoco la vi. Hablando de música, tuvimos un espectáculo bastante padre de Cirque Du Soleil (así se escribe, ¿no?) en el que le rendían homenaje (¡¡¡uno más!!!) a la escena de Cary Grant en North by Northwest, con la música de Danny Elfman de fondo.
Este año el miembro de la audiencia detonante de la mayoría de los chistes fue Martin Scorsese. Y sí, fue otra noche de decepción, aunque no para él (supongo), sino de sus fans que esperaban verlo triunfar ahora sí en una noche de Oscar. Y otra vez no se pudo, snif. En mi opinión, Hugo es una mejor película que The Artist, pero eso es lo que menos tiene que ver a la hora de los premios.
Y todo lo anterior solo dejaron un tema que discutir en todos los desayunos de negocios en la industria de Hollywood de este lunes: ¿cómo caraxos podemos hacer el remake hollywoodense de una película muda en donde todos hablan inglés y en donde todos los actores, excepto 2, son americanos?
Eso los mantendrá ocupados un rato.